_Destacado

Una pareja casi perfecta

Joel Sierra @_JoeLSierra_ 04-12-2019

Desde el inicio del mes de octubre, el Inter ha disputado doce encuentros entre Serie A y Champions League. En ese intervalo solamente ha habido un partido en el que no hayan conseguido marcar ni Romelu Lukaku, ni Lautaro Martínez. Desde entonces, el belga ha acumulado ocho tantos, mientras que el argentino, por su parte, ha convertido doce. Una capacidad productiva mayúscula que da como resultado una media compartida de 1,67 goles por encuentro en los últimos dos meses. La pareja atacante del conjunto de Antonio Conte funciona y, además, está en pleno crecimiento futbolístico en cuanto a una mejor y más directa simbiosis sobre el terreno de juego, si es que la alta carga de minutos que están acumulando les sigue respetando a ambos.

Durante el primer mes de competición daba la sensación de que Lukaku y Lautaro compartían demasiado tiempo la misma altura, lo que les alejaba de poder relacionarse más y mejor sobre el campo. Desde el particular y extremo planteamiento esgrimido por Conte en el Camp Nou, donde Lukaku no jugó por lesión y en el que Alexis Sánchez bajaba al centro del campo para poner de cara al equipo y así favorecer una transición sistemática a muchos metros del arco rival, el técnico nerazzurro se dio cuenta de que precisaba otorgar a su ataque escalones diferentes para enfatizar su entendimiento y su peligrosidad. Una adecuación que se convirtió en una obligación desde la lesión de Stefano Sensi, el encargado previo de agitar el juego en tres cuartos, de idear jugadas en la frontal y de aportar la dosis de creatividad necesaria al último tercio.

Hasta el momento, sin embargo, la química que están demostrando Lautaro y Lukaku entre sí se está basando más bien en conexiones indirectas que en acciones directas que tengan al balón involucrado entre ellos y, en este sentido, se relaciona especialmente con un reparto de alturas y de espacios más adecuado y también, por supuesto, con los desmarques de arrastre para llevarse a buena parte de la defensa adversaria que ejecuta uno cuando es el otro integrante de la dupla el que tiene la posesión del balón o el que se encuentra en una potencial mejor disposición para el remate. De hecho, únicamente se han regalado dos asistencias el uno al otro en más de tres meses de competición, las dos que le otorgó recientemente Lukaku al exjugador de Racing en el último compromiso de la Champions disputado en Praga ante el Slavia.

Aunque en un primer momento pudiese parecer al contrario, debido a la aparentemente superior movilidad y mayor dinamismo del internacional albiceleste, está siendo Lukaku el que parte, normalmente, ya que estos roles se intercambian con mucha asiduidad durante los partidos, desde una posición más retrasada. El ariete belga toca habitualmente la pelota en zonas que van desde las inmediaciones de la medialuna al pasillo interior derecho, es decir, en plena zona de tres cuartos. El lugar desde donde atrae marcas, saca al bloque rival de su guarida, activa el juego exterior, lleva a cabo valiosos apoyos de espaldas o ejecuta una serie de limpiezas decisivas con sus movimientos sin balón para que su compañero de reparto pise muchas veces más que él la zona de gol, accediendo desde el margen izquierdo del área a situaciones muy claras de remate cercanas al punto de penalti, ya sean provocadas por un centro lateral o por un pase filtrado vertical.

Lukaku, por lo tanto, con esa inteligente lectura del juego colectivo que posee, que muchas veces pasa increíblemente desapercibida y que es aún más increíblemente infravalorada, es de los dos el que más se relaciona con la pelota, con la construcción ofensiva y con el último o el penúltimo pase, mientras que Lautaro se enfoca más en trazar la ruptura decisiva, en atacar el espacio, en vivir en el límite del fuera de juego o en buscar el cabezazo en el punto de penalti. En definitiva, en el volumen de ocasiones y en la pura finalización. Los datos son bastante elocuentes: Lukaku viene promediando en Serie A 2,9 disparos, 22,2 pases y 0,6 remates de cabeza; Lautaro, en cambio, llega hasta los 4,2 remates por partido, baja a 13,1 pases por encuentro y suma 0,8 testarazos, tocando un 35% de balones más dentro del área respecto a los que toca el belga en ese mismo espacio.

El talento a efectos tácticos y también técnicos que posee Lukaku, a pesar de que en absoluto le impide actuar como un nueve de corte clásico cuando tiene que hacerlo, le ha permitido a Conte añadir unos matices creativos fundamentales para inyectar mordiente, pegada, pausa y una mejor compenetración en su vital pareja de atacantes y, como consecuencia, hacerlo en toda su fase ofensiva. Con ellos y su nueva repartición de alturas, Conte ha paliado, además, la ausencia prolongada de Sensi, que tan problemática se antojaba para evitar ser un equipo excesivamente plano en esa zona. Como añadido, el belga y el argentino conforman una dupla tan amenazante rellenando el área como galopando en transición y son mucho más peligrosos en ambas situaciones de juego cuando actúan coordinadamente.

La estructura interista depende, en buena medida, de ellos dos, de su productividad, de su capacidad rematadora, de su generación de ocasiones, de su fortaleza en el cuerpo a cuerpo, de sus movimientos lejos del arco para poner de cara o estirar al equipo según convenga por el sector izquierdo o el derecho indistintamente, para que uno venga a buscar el balón y el otro vaya a encontrar la profundidad, de su complementariedad. Su gran campo de mejora como pareja, ahora que han comprendido que se necesitan el uno al otro tanto como los necesita su equipo para mantener el ritmo ganador actual, está en su relación asociativa a través del balón. Y dado que cada vez se buscan más y cada vez se encuentran mejor, no cabe esperarse otra cosa que su vínculo directo continúe mejorando. Por números, Lautaro y Lukaku son ya una de las mejores parejas ofensivas del continente, pero es que, a poco que sepan encontrarse recíprocamente a través del último pase de una forma más intuitiva, podemos estar ante una de esas duplas capaces de marcar una época.

Sp_

siguenos en:

©2019 Copyright Sphera Sports | Derechos reservados

Desde el inicio del mes de octubre, el Inter ha disputado doce encuentros entre Serie A y Champions League. En ese intervalo solamente ha habido un partido en el que no hayan conseguido marcar ni Romelu Lukaku, ni Lautaro Martínez. Desde entonces, el belga ha acumulado ocho tantos, mientras que el argentino, por su parte, ha convertido doce. Una capacidad productiva mayúscula que da como resultado una media compartida de 1,67 goles por encuentro en los últimos dos meses. La pareja atacante del conjunto de Antonio Conte funciona y, además, está en pleno crecimiento futbolístico en cuanto a una mejor y más directa simbiosis sobre el terreno de juego, si es que la alta carga de minutos que están acumulando les sigue respetando a ambos.

Durante el primer mes de competición daba la sensación de que Lukaku y Lautaro compartían demasiado tiempo la misma altura, lo que les alejaba de poder relacionarse más y mejor sobre el campo. Desde el particular y extremo planteamiento esgrimido por Conte en el Camp Nou, donde Lukaku no jugó por lesión y en el que Alexis Sánchez bajaba al centro del campo para poner de cara al equipo y así favorecer una transición sistemática a muchos metros del arco rival, el técnico nerazzurro se dio cuenta de que precisaba otorgar a su ataque escalones diferentes para enfatizar su entendimiento y su peligrosidad. Una adecuación que se convirtió en una obligación desde la lesión de Stefano Sensi, el encargado previo de agitar el juego en tres cuartos, de idear jugadas en la frontal y de aportar la dosis de creatividad necesaria al último tercio.

Hasta el momento, sin embargo, la química que están demostrando Lautaro y Lukaku entre sí se está basando más bien en conexiones indirectas que en acciones directas que tengan al balón involucrado entre ellos y, en este sentido, se relaciona especialmente con un reparto de alturas y de espacios más adecuado y también, por supuesto, con los desmarques de arrastre para llevarse a buena parte de la defensa adversaria que ejecuta uno cuando es el otro integrante de la dupla el que tiene la posesión del balón o el que se encuentra en una potencial mejor disposición para el remate. De hecho, únicamente se han regalado dos asistencias el uno al otro en más de tres meses de competición, las dos que le otorgó recientemente Lukaku al exjugador de Racing en el último compromiso de la Champions disputado en Praga ante el Slavia.

Aunque en un primer momento pudiese parecer al contrario, debido a la aparentemente superior movilidad y mayor dinamismo del internacional albiceleste, está siendo Lukaku el que parte, normalmente, ya que estos roles se intercambian con mucha asiduidad durante los partidos, desde una posición más retrasada. El ariete belga toca habitualmente la pelota en zonas que van desde las inmediaciones de la medialuna al pasillo interior derecho, es decir, en plena zona de tres cuartos. El lugar desde donde atrae marcas, saca al bloque rival de su guarida, activa el juego exterior, lleva a cabo valiosos apoyos de espaldas o ejecuta una serie de limpiezas decisivas con sus movimientos sin balón para que su compañero de reparto pise muchas veces más que él la zona de gol, accediendo desde el margen izquierdo del área a situaciones muy claras de remate cercanas al punto de penalti, ya sean provocadas por un centro lateral o por un pase filtrado vertical.

Lukaku, por lo tanto, con esa inteligente lectura del juego colectivo que posee, que muchas veces pasa increíblemente desapercibida y que es aún más increíblemente infravalorada, es de los dos el que más se relaciona con la pelota, con la construcción ofensiva y con el último o el penúltimo pase, mientras que Lautaro se enfoca más en trazar la ruptura decisiva, en atacar el espacio, en vivir en el límite del fuera de juego o en buscar el cabezazo en el punto de penalti. En definitiva, en el volumen de ocasiones y en la pura finalización. Los datos son bastante elocuentes: Lukaku viene promediando en Serie A 2,9 disparos, 22,2 pases y 0,6 remates de cabeza; Lautaro, en cambio, llega hasta los 4,2 remates por partido, baja a 13,1 pases por encuentro y suma 0,8 testarazos, tocando un 35% de balones más dentro del área respecto a los que toca el belga en ese mismo espacio.

El talento a efectos tácticos y también técnicos que posee Lukaku, a pesar de que en absoluto le impide actuar como un nueve de corte clásico cuando tiene que hacerlo, le ha permitido a Conte añadir unos matices creativos fundamentales para inyectar mordiente, pegada, pausa y una mejor compenetración en su vital pareja de atacantes y, como consecuencia, hacerlo en toda su fase ofensiva. Con ellos y su nueva repartición de alturas, Conte ha paliado, además, la ausencia prolongada de Sensi, que tan problemática se antojaba para evitar ser un equipo excesivamente plano en esa zona. Como añadido, el belga y el argentino conforman una dupla tan amenazante rellenando el área como galopando en transición y son mucho más peligrosos en ambas situaciones de juego cuando actúan coordinadamente.

La estructura interista depende, en buena medida, de ellos dos, de su productividad, de su capacidad rematadora, de su generación de ocasiones, de su fortaleza en el cuerpo a cuerpo, de sus movimientos lejos del arco para poner de cara o estirar al equipo según convenga por el sector izquierdo o el derecho indistintamente, para que uno venga a buscar el balón y el otro vaya a encontrar la profundidad, de su complementariedad. Su gran campo de mejora como pareja, ahora que han comprendido que se necesitan el uno al otro tanto como los necesita su equipo para mantener el ritmo ganador actual, está en su relación asociativa a través del balón. Y dado que cada vez se buscan más y cada vez se encuentran mejor, no cabe esperarse otra cosa que su vínculo directo continúe mejorando. Por números, Lautaro y Lukaku son ya una de las mejores parejas ofensivas del continente, pero es que, a poco que sepan encontrarse recíprocamente a través del último pase de una forma más intuitiva, podemos estar ante una de esas duplas capaces de marcar una época.

_Destacado

Cosas del Madrid

Daniel Fernández-Pacheco @DFPV96
13-12-2019

_Destacado

Un gigante dormido

David Orenes @david_lrl
13-12-2019