_Real Madrid

Volar

Daniel Fernández-Pacheco @DFPV96 12-03-2019

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Uno
se ha acostumbrado a poner Madrid TV para vivir la absoluta felicidad que
provoca despedir un entrenador para traer a otro. Como Florentino Pérez tiene la
curiosa costumbre de hacer giros de 360 grados, hacia todos los lados para
quedarse bien mareado y en el suelo, todo el mundo lo vive con naturalidad.

De nuevo la locura se ha apoderado la
entidad de la capital, cada día más dispuestos a vivir desnortados hasta el fin
de sus días, el único estado que suele provocarles el triunfo. Parece que ir a
contracorriente del resto es un punto muy positivo. Las dos derrotas ante el
Barcelona y el hundimiento ante el Ajax abrieron un recuerdo proustiano, que
tiene una consecuencia. El de marcar el dial 68 y disfrutar de un constante déjà
vu que siempre imaginamos que algún día acabará, aunque no se asemeje una fecha
de caducidad. Salta la alarma y suena I Got You Babe, de Atrapado en el Tiempo.
Una vez más.

Uno
de los miedos del escritor puede ser el fin de su propia inspiración, no como
el presidente blanco, que parece repetir discursos años tras año: gracias por
todo. Santiago Solari y Julen Lopetegui aceptaron un cargo envenenado, el de
seguir alimentado de títulos a una plantilla saciada, que había pedido la
cuenta ya, aunque los camareros quisieran traerles más platos. Y todo sin su
perenne goleador, el que dibujó sonrisas durante dos lustros a base de mucho
corazón. El responsable merengue, sin embargo, pensó que siempre se puede
mejorar, como si su camino hacia el mayor trofeo continental, en círculo,
siempre pudiera funcionar, y por eso no tuvo reparos en desprenderse de sus dos
pilares en pleno junio. Sin despeinarse.

Pérez,
desde sus alturas y sin mancharse nunca, ajeno a cualquier culpa, suele
apreciar como su Real Madrid entra en guerra cuando huele a quemado, como
cuando se te chamusca el pollo. Gareth Bale con el golf, Isco expedientado y
Sergio Ramos haciéndose una entrevista, después de grabar su propio documental.
En el cielo no se vive mal, pensará. Y por ello, viendo la fumata blanca desde
las nubes, quiere renacer una leyenda con aura de dios, que se prometió no
volver para no convertirse en terrenal, como cuando llegó con la etiqueta de no
haberle ganado a La Roda. A Zidane le dan plenos poderes para hacer lo que
quiera, una situación contraria a lo que ha sucedido durante años, con un
presidente/director deportivo que quería acumular títulos mientras engalanaba
el Bernabéu, sin tiempo para fichar un goleador. 

El
galo tiene como objetivo reconstruir una plantilla con la que ha reinado el
mundo. Su mayor reto es decidir a quién le da la extremaunción, antes de cubrir
una serie de piezas que dejaron de existir hace unos meses. La duda ahora
reside en si de verdad el presidente podrá dejarle hacer y deshacer como le
venga en gana. Florentino, por su parte, se encuentra como Sufjan Stevens con
su apreciado Chicago. Tras cometer muchos errores, vuelve a encontrarse con
quien le hizo feliz. El francés es el único al que no le ha enseñado la puerta
de salida del coliseo merengue. Y eso es un primer paso para que crea que debe
volar junto a él. Aunque sea una vez más.

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Uno
se ha acostumbrado a poner Madrid TV para vivir la absoluta felicidad que
provoca despedir un entrenador para traer a otro. Como Florentino Pérez tiene la
curiosa costumbre de hacer giros de 360 grados, hacia todos los lados para
quedarse bien mareado y en el suelo, todo el mundo lo vive con naturalidad.

De nuevo la locura se ha apoderado la
entidad de la capital, cada día más dispuestos a vivir desnortados hasta el fin
de sus días, el único estado que suele provocarles el triunfo. Parece que ir a
contracorriente del resto es un punto muy positivo. Las dos derrotas ante el
Barcelona y el hundimiento ante el Ajax abrieron un recuerdo proustiano, que
tiene una consecuencia. El de marcar el dial 68 y disfrutar de un constante déjà
vu que siempre imaginamos que algún día acabará, aunque no se asemeje una fecha
de caducidad. Salta la alarma y suena I Got You Babe, de Atrapado en el Tiempo.
Una vez más.

Uno
de los miedos del escritor puede ser el fin de su propia inspiración, no como
el presidente blanco, que parece repetir discursos años tras año: gracias por
todo. Santiago Solari y Julen Lopetegui aceptaron un cargo envenenado, el de
seguir alimentado de títulos a una plantilla saciada, que había pedido la
cuenta ya, aunque los camareros quisieran traerles más platos. Y todo sin su
perenne goleador, el que dibujó sonrisas durante dos lustros a base de mucho
corazón. El responsable merengue, sin embargo, pensó que siempre se puede
mejorar, como si su camino hacia el mayor trofeo continental, en círculo,
siempre pudiera funcionar, y por eso no tuvo reparos en desprenderse de sus dos
pilares en pleno junio. Sin despeinarse.

Pérez,
desde sus alturas y sin mancharse nunca, ajeno a cualquier culpa, suele
apreciar como su Real Madrid entra en guerra cuando huele a quemado, como
cuando se te chamusca el pollo. Gareth Bale con el golf, Isco expedientado y
Sergio Ramos haciéndose una entrevista, después de grabar su propio documental.
En el cielo no se vive mal, pensará. Y por ello, viendo la fumata blanca desde
las nubes, quiere renacer una leyenda con aura de dios, que se prometió no
volver para no convertirse en terrenal, como cuando llegó con la etiqueta de no
haberle ganado a La Roda. A Zidane le dan plenos poderes para hacer lo que
quiera, una situación contraria a lo que ha sucedido durante años, con un
presidente/director deportivo que quería acumular títulos mientras engalanaba
el Bernabéu, sin tiempo para fichar un goleador. 

El
galo tiene como objetivo reconstruir una plantilla con la que ha reinado el
mundo. Su mayor reto es decidir a quién le da la extremaunción, antes de cubrir
una serie de piezas que dejaron de existir hace unos meses. La duda ahora
reside en si de verdad el presidente podrá dejarle hacer y deshacer como le
venga en gana. Florentino, por su parte, se encuentra como Sufjan Stevens con
su apreciado Chicago. Tras cometer muchos errores, vuelve a encontrarse con
quien le hizo feliz. El francés es el único al que no le ha enseñado la puerta
de salida del coliseo merengue. Y eso es un primer paso para que crea que debe
volar junto a él. Aunque sea una vez más.

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