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Valentino Rossi, Marc Márquez y Fabio Quartararo: legado, presente y futuro

El Gran Premio del ‘Made in Italy’ y la Emilia-Romaña de MotoGP no fue uno más. Es uno de esos que pasará a la historia del motociclismo. Y no solo por el nombrecito, que ya de por sí se las traía; sino porque en él compartieron protagonismo tres talentos únicos, pertenecientes a tres generaciones distintas: Fabio Quartararo se proclamaba campeón del mundo y Marc Márquez se hacía con la victoria en la última carrera de Valentino Rossi en Italia.

Es posible que, dentro de muchos años, las generaciones venideras oigan hablar de los tres y se fascinen con la coexistencia en pista durante las temporadas 2019 y 2021 (y un rato de 2020). También es posible que, cuando eso suceda, los mayores del lugar les hablen de este fin de semana, donde los tres compartieron los focos por diversos motivos. Son legado, presente y futuro.

VALENTINO ROSSI, EL LEGADO

Desde que anunció su retirada a final de año, la temporada de Valentino Rossi no se ha descrito en resultados sino en despedidas. Su amor por MotoGP es tal que seguramente no querría despedirse nunca, pero sabe que tiene que hacerlo. Pese a todo, siempre tiene guardada una sonrisa para la afición al término de la carrera, da igual como haya ido.

De todas esas despedidas, y sin contar la definitiva en Valencia, la más emotiva ha sido la de este fin de semana. En Misano, a un puñado de kilómetros de su Tavullia. Para un piloto que arrastra legiones de fans en cada punto del globo, tener que despedirse de sus vecinos supone una nostalgia extraordinaria: ¿cuántos de los asistentes a Misano le verían trastear cuando todavía no era el piloto que cambiaría el motociclismo para siempre?

La grandeza de lo conseguido por Rossi es que todos los aficionados que durante más de dos décadas han acudido a los circuitos a verle ganar son los mismos que ahora mismo acuden sabiendo que no va a ganar. Acuden a verle. Aunque salga último. Una vez asumido que las victorias y los podios son algo del pasado, es la hora de rendir la merecida pleitesía y al mismo tiempo disfrutar de su legado, desde la amarilla comunión de las gradas hasta el dejado en pista.

Un legado que tendría que haber comenzado con Marco Simoncelli, de cuya muerte se cumplieron diez años el sábado. Una efeméride desgarradora conmemorada en su propia casa, tan cerca de Cattolica, por los que son sus continuadores en MotoGP: un Pecco Bagnaia que hizo saltar a los tifosi casi hasta el final, un Franco Morbidelli que poco a poco va recuperando su versión previa a la lesión y, por supuesto, el último de sus siete horrocruxes: Luca Marini.

MARC MÁRQUEZ, PRESENTE

El sexto horrocrux de Rossi es precisamente el español Marc Márquez, el último de los múltiples archirrivales que ha tenido en la categoría reina; y que en Misano se coló en la fiesta del motociclismo local, que hasta la 23ª de las 27 vueltas de la carrera de MotoGP vibró con un Bagnaia cuyo ritmo llegó a hacer claudicar al de Cervera, que había dado por bueno un segundo puesto que ya significaba muchísimo.

Fue su primer podio en un circuito de derechas desde la lesión que le dejó un curso en blanco y otro medio en gris. Las victorias en Sachsenring y Misano y el segundo puesto en Aragón (tras Bagnaia) dejaban entrever una recuperación que debía ser refrendada con un gran resultado fuera de su zona de confort, donde había sufrido desconexiones impropias de su nivel. Él mismo lo ha reconocido en los últimos tiempos: pese a que las curvas a izquierdas siempre fueron su fuerte, tras la lesión había notado una diferencia todavía mayor con las de derechas.

El clima de Misano también ayudó: el agua que empapó y/o humedeció el asfalto durante viernes y sábado añadió a la carrera dominical una dosis de improvisación, pese a que todos habían corrido allí tres semanas antes. Una circunstancia que Márquez aprovechó para, apoyado en una grandiosa salida que le permitió huir de luchas iniciales, enlazar dos victorias consecutivas, lo que deja un mensaje unívoco de cara al próximo 2022.

El mensaje que está presente. Presente y cada vez más preparado para encarar la reconquista del trono. Si volverá a estar al nivel previo a la lesión es una incógnita ya casi secundaria. Lo que está quedando patente en este tramo final de curso es que está a un nivel suficiente como para luchar por el próximo título.

FABIO QUARTARARO, EL FUTURO

Por último, mientras Rossi se bañaba en la masa amarilla de las gradas y Márquez descorchaba el champán en el podio liderando el doblete del Repsol Honda por delante de un exultante Pol Espargaró que por fin pisaba el podio con su nueva máquina, todas las miradas se iban al piloto que había perdido el podio en la última vuelta tras ser adelantado por Enea Bastianini.

La medalla de chocolate no pudo ser más dulce para Fabio Quartararo, que había llegado a Misano dependiendo de sí mismo para después verse abocado a un conservadurismo que le obligaba a la remontada desde la 13ª posición de parrilla. Remontada que afrontó con una madurez impropia para sus 22 años y que fue la confirmación definitiva de todo lo mostrado durante el curso: que se está convirtiendo en un piloto total.

Tocado por la varita del talento, el Diablo ha vivido una montaña rusa desde su irrupción en el CEV de 2013, replicando esos altibajos desde su llegada a MotoGP hace dos años. Ya en 2019, su año de ‘rookie’, se dedicó a mirar a los ojos una y otra vez a Márquez, al que no pudo batir. En 2020, sin el de Honda en pista, descubrió lo que es ganar a los mejores y luego se hartó de perd… de aprender.

En este 2021, talento y aprendizaje han ido de la mano sobre la moto número 20 hasta alcanzar el pináculo del motociclismo de velocidad: Fabio Quartararo ha devuelto a Yamaha a lo alto y ya es el 28º octavo campeón de la historia de la clase reina. De sus 27 predecesores, once no lograron repetir, y cuesta pensar que vaya a ser uno de ellos. Porque, aunque evidentemente ya es presente, si algo es Quartararo es el futuro de MotoGP. Y ese futuro ya está aquí.

Imagen de cabecera: Moto GP

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El Gran Premio del ‘Made in Italy’ y la Emilia-Romaña de MotoGP no fue uno más. Es uno de esos que pasará a la historia del motociclismo. Y no solo por el nombrecito, que ya de por sí se las traía; sino porque en él compartieron protagonismo tres talentos únicos, pertenecientes a tres generaciones distintas: Fabio Quartararo se proclamaba campeón del mundo y Marc Márquez se hacía con la victoria en la última carrera de Valentino Rossi en Italia.

Es posible que, dentro de muchos años, las generaciones venideras oigan hablar de los tres y se fascinen con la coexistencia en pista durante las temporadas 2019 y 2021 (y un rato de 2020). También es posible que, cuando eso suceda, los mayores del lugar les hablen de este fin de semana, donde los tres compartieron los focos por diversos motivos. Son legado, presente y futuro.

VALENTINO ROSSI, EL LEGADO

Desde que anunció su retirada a final de año, la temporada de Valentino Rossi no se ha descrito en resultados sino en despedidas. Su amor por MotoGP es tal que seguramente no querría despedirse nunca, pero sabe que tiene que hacerlo. Pese a todo, siempre tiene guardada una sonrisa para la afición al término de la carrera, da igual como haya ido.

De todas esas despedidas, y sin contar la definitiva en Valencia, la más emotiva ha sido la de este fin de semana. En Misano, a un puñado de kilómetros de su Tavullia. Para un piloto que arrastra legiones de fans en cada punto del globo, tener que despedirse de sus vecinos supone una nostalgia extraordinaria: ¿cuántos de los asistentes a Misano le verían trastear cuando todavía no era el piloto que cambiaría el motociclismo para siempre?

La grandeza de lo conseguido por Rossi es que todos los aficionados que durante más de dos décadas han acudido a los circuitos a verle ganar son los mismos que ahora mismo acuden sabiendo que no va a ganar. Acuden a verle. Aunque salga último. Una vez asumido que las victorias y los podios son algo del pasado, es la hora de rendir la merecida pleitesía y al mismo tiempo disfrutar de su legado, desde la amarilla comunión de las gradas hasta el dejado en pista.

Un legado que tendría que haber comenzado con Marco Simoncelli, de cuya muerte se cumplieron diez años el sábado. Una efeméride desgarradora conmemorada en su propia casa, tan cerca de Cattolica, por los que son sus continuadores en MotoGP: un Pecco Bagnaia que hizo saltar a los tifosi casi hasta el final, un Franco Morbidelli que poco a poco va recuperando su versión previa a la lesión y, por supuesto, el último de sus siete horrocruxes: Luca Marini.

MARC MÁRQUEZ, PRESENTE

El sexto horrocrux de Rossi es precisamente el español Marc Márquez, el último de los múltiples archirrivales que ha tenido en la categoría reina; y que en Misano se coló en la fiesta del motociclismo local, que hasta la 23ª de las 27 vueltas de la carrera de MotoGP vibró con un Bagnaia cuyo ritmo llegó a hacer claudicar al de Cervera, que había dado por bueno un segundo puesto que ya significaba muchísimo.

Fue su primer podio en un circuito de derechas desde la lesión que le dejó un curso en blanco y otro medio en gris. Las victorias en Sachsenring y Misano y el segundo puesto en Aragón (tras Bagnaia) dejaban entrever una recuperación que debía ser refrendada con un gran resultado fuera de su zona de confort, donde había sufrido desconexiones impropias de su nivel. Él mismo lo ha reconocido en los últimos tiempos: pese a que las curvas a izquierdas siempre fueron su fuerte, tras la lesión había notado una diferencia todavía mayor con las de derechas.

El clima de Misano también ayudó: el agua que empapó y/o humedeció el asfalto durante viernes y sábado añadió a la carrera dominical una dosis de improvisación, pese a que todos habían corrido allí tres semanas antes. Una circunstancia que Márquez aprovechó para, apoyado en una grandiosa salida que le permitió huir de luchas iniciales, enlazar dos victorias consecutivas, lo que deja un mensaje unívoco de cara al próximo 2022.

El mensaje que está presente. Presente y cada vez más preparado para encarar la reconquista del trono. Si volverá a estar al nivel previo a la lesión es una incógnita ya casi secundaria. Lo que está quedando patente en este tramo final de curso es que está a un nivel suficiente como para luchar por el próximo título.

FABIO QUARTARARO, EL FUTURO

Por último, mientras Rossi se bañaba en la masa amarilla de las gradas y Márquez descorchaba el champán en el podio liderando el doblete del Repsol Honda por delante de un exultante Pol Espargaró que por fin pisaba el podio con su nueva máquina, todas las miradas se iban al piloto que había perdido el podio en la última vuelta tras ser adelantado por Enea Bastianini.

La medalla de chocolate no pudo ser más dulce para Fabio Quartararo, que había llegado a Misano dependiendo de sí mismo para después verse abocado a un conservadurismo que le obligaba a la remontada desde la 13ª posición de parrilla. Remontada que afrontó con una madurez impropia para sus 22 años y que fue la confirmación definitiva de todo lo mostrado durante el curso: que se está convirtiendo en un piloto total.

Tocado por la varita del talento, el Diablo ha vivido una montaña rusa desde su irrupción en el CEV de 2013, replicando esos altibajos desde su llegada a MotoGP hace dos años. Ya en 2019, su año de ‘rookie’, se dedicó a mirar a los ojos una y otra vez a Márquez, al que no pudo batir. En 2020, sin el de Honda en pista, descubrió lo que es ganar a los mejores y luego se hartó de perd… de aprender.

En este 2021, talento y aprendizaje han ido de la mano sobre la moto número 20 hasta alcanzar el pináculo del motociclismo de velocidad: Fabio Quartararo ha devuelto a Yamaha a lo alto y ya es el 28º octavo campeón de la historia de la clase reina. De sus 27 predecesores, once no lograron repetir, y cuesta pensar que vaya a ser uno de ellos. Porque, aunque evidentemente ya es presente, si algo es Quartararo es el futuro de MotoGP. Y ese futuro ya está aquí.

Imagen de cabecera: Moto GP

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Gracias, de corazón

Sergio Merino Rueda @SergioMerino8
17-11-2021

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Nuestra canción

Cristina Caparrós @criscaparros
15-11-2021