_Motociclismo

La desconexión de Marc Márquez

Swinxy @Swinxy 31-08-2021

Primera vuelta del Gran Premio de Gran Bretaña en Silverstone. La adrenalina de los pilotos se dispara de una forma inversamente proporcional a los centímetros libres de asfalto en cada curva. Todo el mundo busca su sitio y los toques se suceden, hasta ahí todo normal.

De repente, dos pilotos por los suelos. Marc Márquez y Jorge Martín. La repetición confirma lo sucedido: Márquez había intentado superar a Martín por el interior, perdiendo la rueda delantera al acelerar y acabando por los suelos, arrastrando al madrileño. Una caída realmente típica, especialmente en la primera vuelta, en la que el que intenta el adelantamiento por el interior yerra en el cálculo y la física se encarga del resto: la moto se va hacia fuera, donde está el adelantado. Los dos al suelo.

¿Qué es lo novedoso? Que a Marc Márquez no le había sucedido nunca desde que está en MotoGP. Con la de Silverstone, ha disputado 138 carreras en la categoría reina. Es la primera en la que no pasa ni una sola vez por línea de meta.

Hasta entonces, sus abandonos más recientes eran Motorland 2015 y Mugello este mismo año, ambos en el segundo giro. Pero jamás se había quedado fuera de carrera tan pronto. Y, lo que es lo peor de todo siempre en estos casos, arruinando la carrera de otro piloto. Por supuesto fue a pedir perdón al box de Martín, que aceptó y encajó las disculpas con gran deportividad. Pero el cero no se lo quita nadie.

No me sale nada este año”, se lamentaba Márquez tras lo sucedido. Cierto: salvo su magnífica victoria en Sachsenring, no ha pasado del séptimo puesto. Y ya son diez carreras desde su retorno. No solo eso. Si bien es cierto que todavía está lejos del excelso nivel que exhibió en todo 2019 y en los albores de 2020 hasta la fatídica caída de Jerez, en las últimas carreras ya está demostrando tener la velocidad para estar delante.

Ese parece ser, precisamente, el origen del problema de Marc Márquez. Que vuelve a verse cerca de las victorias. Durante los primeros grandes premios desde su retorno, se lo tomó con calma y se dedicó a sumar kilómetros, acabar carreras y recuperar sensaciones. Séptimo en Portimao y noveno en Jerez, donde se vio lastrado por una mala clasificación. Bien.

Fue cogiendo confianza y llegaron los errores. Tres ceros seguidos, algo inaudito en su trayectoria en MotoGP y que solo le había pasado al inicio de Moto2 2011. Después llegó el delirio en Sachsenring, y por más que el propio Márquez insistiese en catalogarlo como una excepción (que lo fue) en su proceso de rehabilitación, el sabor de la victoria siempre tiene consecuencias para quienes la tienen como droga. Tan pronto como la vuelves a probar, el mono regresa.

Ese mono es lo que acaba provocando una desconexión entre su nivel actual sobre la moto y el que tiene en su cabeza. Sea por cuestiones técnicas, físicas o (seguramente) una mezcla de ambas, su nivel de pilotaje no es el mismo que hace año y pico. Está por ver si volverá a serlo. De momento no lo es.

Sin embargo, cuando se ve cerca de las victorias, asume los riesgos que asumía entonces. Y lo que en su día fueron exhibiciones en condiciones difíciles se convierten en caídas, como la de hace quince días en Austria o unos meses atrás en Le Mans. Y lo que en su día fueron adelantamientos magistrales se convierten en desastres como el de Silverstone con Martín.

Fue un movimiento temerario, demasiado arriesgado y, a todas luces, innecesario.

Frustrado, Márquez se lamenta de que este año no le sale nada, y tiene razón. Pero quizás debería ir más allá y preguntarse por qué no le sale nada. Seguramente la respuesta es que su cabeza intenta cosas que el binomio moto-cuerpo todavía no pueden hacer.

Hasta que ese binomio vuelva a ser el de antes, es su cabeza la que debe intervenir para calmar sus ansias y restablecer la conexión con su nivel actual, que ya es muy alto. Y, desde esa reconexión, seguir trabajando en volver a ser el de antes.

Imagen de cabecera: @marcmarquez93

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Primera vuelta del Gran Premio de Gran Bretaña en Silverstone. La adrenalina de los pilotos se dispara de una forma inversamente proporcional a los centímetros libres de asfalto en cada curva. Todo el mundo busca su sitio y los toques se suceden, hasta ahí todo normal.

De repente, dos pilotos por los suelos. Marc Márquez y Jorge Martín. La repetición confirma lo sucedido: Márquez había intentado superar a Martín por el interior, perdiendo la rueda delantera al acelerar y acabando por los suelos, arrastrando al madrileño. Una caída realmente típica, especialmente en la primera vuelta, en la que el que intenta el adelantamiento por el interior yerra en el cálculo y la física se encarga del resto: la moto se va hacia fuera, donde está el adelantado. Los dos al suelo.

¿Qué es lo novedoso? Que a Marc Márquez no le había sucedido nunca desde que está en MotoGP. Con la de Silverstone, ha disputado 138 carreras en la categoría reina. Es la primera en la que no pasa ni una sola vez por línea de meta.

Hasta entonces, sus abandonos más recientes eran Motorland 2015 y Mugello este mismo año, ambos en el segundo giro. Pero jamás se había quedado fuera de carrera tan pronto. Y, lo que es lo peor de todo siempre en estos casos, arruinando la carrera de otro piloto. Por supuesto fue a pedir perdón al box de Martín, que aceptó y encajó las disculpas con gran deportividad. Pero el cero no se lo quita nadie.

No me sale nada este año”, se lamentaba Márquez tras lo sucedido. Cierto: salvo su magnífica victoria en Sachsenring, no ha pasado del séptimo puesto. Y ya son diez carreras desde su retorno. No solo eso. Si bien es cierto que todavía está lejos del excelso nivel que exhibió en todo 2019 y en los albores de 2020 hasta la fatídica caída de Jerez, en las últimas carreras ya está demostrando tener la velocidad para estar delante.

Ese parece ser, precisamente, el origen del problema de Marc Márquez. Que vuelve a verse cerca de las victorias. Durante los primeros grandes premios desde su retorno, se lo tomó con calma y se dedicó a sumar kilómetros, acabar carreras y recuperar sensaciones. Séptimo en Portimao y noveno en Jerez, donde se vio lastrado por una mala clasificación. Bien.

Fue cogiendo confianza y llegaron los errores. Tres ceros seguidos, algo inaudito en su trayectoria en MotoGP y que solo le había pasado al inicio de Moto2 2011. Después llegó el delirio en Sachsenring, y por más que el propio Márquez insistiese en catalogarlo como una excepción (que lo fue) en su proceso de rehabilitación, el sabor de la victoria siempre tiene consecuencias para quienes la tienen como droga. Tan pronto como la vuelves a probar, el mono regresa.

Ese mono es lo que acaba provocando una desconexión entre su nivel actual sobre la moto y el que tiene en su cabeza. Sea por cuestiones técnicas, físicas o (seguramente) una mezcla de ambas, su nivel de pilotaje no es el mismo que hace año y pico. Está por ver si volverá a serlo. De momento no lo es.

Sin embargo, cuando se ve cerca de las victorias, asume los riesgos que asumía entonces. Y lo que en su día fueron exhibiciones en condiciones difíciles se convierten en caídas, como la de hace quince días en Austria o unos meses atrás en Le Mans. Y lo que en su día fueron adelantamientos magistrales se convierten en desastres como el de Silverstone con Martín.

Fue un movimiento temerario, demasiado arriesgado y, a todas luces, innecesario.

Frustrado, Márquez se lamenta de que este año no le sale nada, y tiene razón. Pero quizás debería ir más allá y preguntarse por qué no le sale nada. Seguramente la respuesta es que su cabeza intenta cosas que el binomio moto-cuerpo todavía no pueden hacer.

Hasta que ese binomio vuelva a ser el de antes, es su cabeza la que debe intervenir para calmar sus ansias y restablecer la conexión con su nivel actual, que ya es muy alto. Y, desde esa reconexión, seguir trabajando en volver a ser el de antes.

Imagen de cabecera: @marcmarquez93