_Real Madrid

Un peón singular

Decía el ajedrecista François André Philidor que “el peón es el alma del ajedrez», quizás advirtiendo que una pieza tan elemental como franqueable -tan infravalorada – podía seguir siendo objeto de metáforas hasta el fin de nuestros días. Lo poco claro que se puede extraer sobre ellas, que al final es lo que la gente quiere, que se sea directo, es que van hacia delante a sabiendas que posiblemente solo un golpe de suerte pueda salvarlas. Partida tras partida.

Nacho Fernández llegó al primer equipo del Real Madrid como complemento y lo hizo feliz, como la madre que reúne a su gente en Navidad. El de Alcalá de Henares era el fontanero, electricista y psicólogo de una familia noble como es la plantilla blanca. Y lo mejor de todo, es que no parecía pesarle lo más mínimo. Salía en las noches frías del Bernabéu, como las de Copa del Rey, cuando al coliseo se le asemejaban calvas por las horas y el gélido ambiente de la capital española. Pero poco a poco fue haciéndose un hueco para aparecer en aquellos perennes duelos de Champions, los que todo amante del balompié sueña con vivirlos una vez y él ya cuenta con dos y tres manos.

El internacional suele centrar todas sus características en una: la velocidad. Sus esquemas empiezan ahí porque sabe que su técnica no es como la que tienen sus homólogos en defensa. Es un rasgo que le lleva a ser muy seguro y a estar concentrado, algo que no es tan común en los zagueros modernos, porque detiene los contraataques contrarios con sencillez. Además, en el lateral derecho suele leer bien cuándo y cómo debe subir la banda. Obviamente, no centra o atrae rivales para luego romper como Carvajal y Marcelo, pero sí que puede ocupar esa plaza en cualquier partido de enjundia. Y eso vale mucho.

Ahora, tras la retirada de Piqué de la selección, el madridista parece que se va a hacer fijo en el corazón de la defensa sirviendo sus aptitudes al equipo, como un peón. Sin embargo, este peón ha llegado al otro extremo del tablero para promocionarse, para convertirse en una reina. Ya no solo muere por los demás, ahora es capital para el Madrid. Ya lo decía François, Nacho ya es alma del Madrid.

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Decía el ajedrecista François André Philidor que “el peón es el alma del ajedrez», quizás advirtiendo que una pieza tan elemental como franqueable -tan infravalorada – podía seguir siendo objeto de metáforas hasta el fin de nuestros días. Lo poco claro que se puede extraer sobre ellas, que al final es lo que la gente quiere, que se sea directo, es que van hacia delante a sabiendas que posiblemente solo un golpe de suerte pueda salvarlas. Partida tras partida.

Nacho Fernández llegó al primer equipo del Real Madrid como complemento y lo hizo feliz, como la madre que reúne a su gente en Navidad. El de Alcalá de Henares era el fontanero, electricista y psicólogo de una familia noble como es la plantilla blanca. Y lo mejor de todo, es que no parecía pesarle lo más mínimo. Salía en las noches frías del Bernabéu, como las de Copa del Rey, cuando al coliseo se le asemejaban calvas por las horas y el gélido ambiente de la capital española. Pero poco a poco fue haciéndose un hueco para aparecer en aquellos perennes duelos de Champions, los que todo amante del balompié sueña con vivirlos una vez y él ya cuenta con dos y tres manos.

El internacional suele centrar todas sus características en una: la velocidad. Sus esquemas empiezan ahí porque sabe que su técnica no es como la que tienen sus homólogos en defensa. Es un rasgo que le lleva a ser muy seguro y a estar concentrado, algo que no es tan común en los zagueros modernos, porque detiene los contraataques contrarios con sencillez. Además, en el lateral derecho suele leer bien cuándo y cómo debe subir la banda. Obviamente, no centra o atrae rivales para luego romper como Carvajal y Marcelo, pero sí que puede ocupar esa plaza en cualquier partido de enjundia. Y eso vale mucho.

Ahora, tras la retirada de Piqué de la selección, el madridista parece que se va a hacer fijo en el corazón de la defensa sirviendo sus aptitudes al equipo, como un peón. Sin embargo, este peón ha llegado al otro extremo del tablero para promocionarse, para convertirse en una reina. Ya no solo muere por los demás, ahora es capital para el Madrid. Ya lo decía François, Nacho ya es alma del Madrid.

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