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San Antonio Spurs ante el regreso de Kawhi Leonard

Llevo unos días pendiente de las redes sociales de los Spurs. Del inminente regreso de Kawhi Leonard, la gran estrella de San Antonio y probablemente uno de los cinco mejores jugadores del mundo. El año pasado, su equipo caía en la final del oeste a manos de Golden State Warriors por un contundente cuatro a cero. Sin embargo, hasta la lesión del alero texano, los suyos mandaban claramente en el primer partido de la serie. De hecho, los del Álamo llegaron a dominar los tres choques que les enfrentarían ese año a los californianos en regular season por diferencias, en algún momento de los mismos, de veinte puntos, imponiéndose en dos de ellos. Sin Kawhi, llegó la debacle. Y sin Kawhi arrancaron la temporada 2017-18. Una lesión en el cuádriceps, que lo ha mantenido alejado de las pistas más tiempo de lo deseado, hacía presagiar un peligroso arranque de competición.

San Antonio es una institución. Un homenaje a la vieja escuela y una vara de medir en lo que a cambios de estilo se refiere. También un espejo para el resto de la liga. A lo largo de los últimos veinte años, nada ha sido más sólido que los Spurs, quienes han sobrevivido a las retiradas de jugadores o cambios en el reglamento, y han sido rivales de cualquiera en todo tipo de situaciones, con extremos que van desde Shaquille O’Neal a Stephen Curry. Un hombre ha sido clave: Gregg Popovich, al mando de las operaciones desde 1996. Si cumple su contrato (finaliza en 2020) será el coach con más tiempo no solo en un equipo (ya lo es), sino en activo en la liga. Los asistentes también han ido variando. Hoy muchos de ellos están en otros equipos, donde han implantado en cierto sentido la filosofía spur. Pero, a pesar de que todas las caras no son las mismas, sí que lo es el estilo, la cultura.

Popovich ha adquirido conocimientos que le dan ventaja. La acumulación ininterrumpida de experiencia tiene un valor incalculable. Para él ya nada es nuevo después de más de dos décadas compitiendo. Los Spurs tienen eso ganado. Por ahí puede entenderse su continuidad en la élite y la manera de ejecutar la idea. Gregg ha disfrutado de una gran superestrella en la figura de Tim Duncan, pero de algún modo, no dependió exclusivamente de él, hecho que se demuestra cuando ya en años de prestaciones inferiores (en el caso de Duncan inferior sigue siendo mucho), los hombres de negro se presentaban cada abril entre los candidatos al título. Así, amoldándose al momento, el pasado pasó a ser presente y el presente futuro. Una especie de dinastía atemporal.

Abro twitter en la mañana y leo a Andrés Monje hacer referencia al balance de los Spurs. 19-8 es el registro. La proyección los sitúa en 57 victorias. Y Kawhi Leonard, un top 3 en la carrera por el MVP en los últimos dos años, sin debutar. ¿Cómo lo han logrado? La esencia de los Spurs en 2017 no es tan diferente a la de 1997. Popovich se ayuda de hombres grandes capaces de intercambiar sus roles. LaMarcus Aldridge y Pau Gasol no son Tim Duncan y David Robinson, pero son básicos en el ataque. En este baloncesto moderno, es normal ver cómo uno de ellos se sitúa en la cabeza de la bombilla, para buscar el corte tras bloqueo, mientras el otro se deja caer a un lateral para liberarse y tener tiro sin oposición. Y como se trata de dos jugadores de buena mano y capaces de pasar el balón, sacan casi siempre algo positivo de las situaciones de ventaja. Otro escenario los lleva a alguno de los dos a recibir el balón en el poste. No tengo el dato, pero posiblemente los Spurs estén entre los equipos que más utilizan este recurso. Ganar ventaja desde allí para anotar o asistir a algún jugador de perímetro. Esto sí que podíamos verlo en el siglo pasado. Aldridge, un jugador con un amplísimo repertorio en el poste, puede potenciar su juego cuando sus compañeros cortan por la zona pudiendo recibir. La tercera vía es iniciar una sucesión de pases que lleve la pelota hasta el lado débil. De Gasol no vamos a descubrir ahora su gran lectura del juego de ataque. Con una enorme capacidad para asistir, se ve beneficiado por el contante movimiento de los exteriores.

Y si en ataque la baja de Kawhi es muy sensible, en defensa se antojaba vital. Teniendo en cuenta que la pareja interior no es un muro, el trabajo pasa a ser grupal. Las continuas ayudas a los hombres altos deben ser compensadas con rotaciones para llegar hasta el contrario que quede libre más allá del arco, valorando el nivel de amenaza del mismo. Ayer leía el dato que los situaba entre las cinco mejores defensas del campeonato. Cualquiera lo diría.

A día de hoy, los de Pop son terceros en su conferencia y cuartos en la clasificación global. Los Spurs, de algún modo, han seguido siendo los Spurs sin su figura. Pero esto no les garantiza tener más opciones que las de superar una primera ronda. Y aunque el entrenador incida en que “un equipo tiene que jugar simplemente como tal, como si no existiera una estrella”, lo cierto es que sin Leonard no pueden ser contenders si pensamos en Warriors o Rockets.

Kawhi da algo que en San Antonio no se había visto antes. Sus condiciones provocaron que Popovich adaptara el juego a su jugador, otorgándole más carga ofensiva de la que jamás tuvo Tim Duncan. Durante el curso pasado fue capaz de resolver partidos que se decidieron por poco margen, realizando jugadas defensivas asombrosas y mostrando un arsenal ofensivo digno de cualquier cañonero histórico. Siendo capaz de dirigir el juego y asumiendo  total responsabilidad. Cualquier aficionado spur podía sentirse tranquilo llegado el punto álgido del choque. Nunca antes hubo un exterior tan determinante en la Era Popovich. Manu Ginóbili, cuyo talento natural es incuestionable, ha tenido la capacidad de ganar numerosos partidos en el clutch time, pero sus jugadas te mantenían en vilo. Con Kawhi ocurre que transmite una calma inusual.

Popovich acertó una vez más haciendo que su equipo jugase como si él nunca hubiera formado parte de la plantilla. San Antonio ha hecho justo lo que tenía que hacer en ausencia de Leonard. Ahora, con casi un tercio de temporada regular cumplido, llega el momento de descubrir cuánto de buenos son en realidad. El inminente regreso de Kawhi va a dar todavía más alternativas. Le hemos visto evolucionar hasta hacer de point-foward u ocupar la posición de cuatro (durante los playoffs de 2017 fue un recurso habitual para competir con el small-ball), cuando los rivales obligaron, por ritmo, a prescindir de uno de los interiores.

El regreso de Kawhi lo cambia todo. Los Spurs serán uno de los equipos más interesantes de ver a partir de ahora. A comienzo de curso recuerdo hablar mis compañeros Juanan Mota e Iván Libreros sobre las posibilidades de San Antonio. Y aunque yo, con la boca pequeña (y condicionado por mi sentimiento) daba cierto chance a los texanos, tenía que admitir su inferioridad cuando ellos exponían argumentos sólidos. Lo cierto es que Gay se ha adaptado mejor de lo esperado y que las bajas de Parker y Kawhi se han traducido en una mejora en el rendimiento de los Anderson, Forbes o Murray. Así que tal vez los Spurs estén más preparados de lo que pensábamos para enfrentarse a equipos superiores. Llevando la vista atrás y recordando aquel primer partido de última ronda en la Bahía, quién sabe si los Spurs no pueden volver a aleccionarnos con una nueva master class. Tal vez hablemos de pasado cuando todavía es presente. Cuando puede ser incluso futuro…

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Llevo unos días pendiente de las redes sociales de los Spurs. Del inminente regreso de Kawhi Leonard, la gran estrella de San Antonio y probablemente uno de los cinco mejores jugadores del mundo. El año pasado, su equipo caía en la final del oeste a manos de Golden State Warriors por un contundente cuatro a cero. Sin embargo, hasta la lesión del alero texano, los suyos mandaban claramente en el primer partido de la serie. De hecho, los del Álamo llegaron a dominar los tres choques que les enfrentarían ese año a los californianos en regular season por diferencias, en algún momento de los mismos, de veinte puntos, imponiéndose en dos de ellos. Sin Kawhi, llegó la debacle. Y sin Kawhi arrancaron la temporada 2017-18. Una lesión en el cuádriceps, que lo ha mantenido alejado de las pistas más tiempo de lo deseado, hacía presagiar un peligroso arranque de competición.

San Antonio es una institución. Un homenaje a la vieja escuela y una vara de medir en lo que a cambios de estilo se refiere. También un espejo para el resto de la liga. A lo largo de los últimos veinte años, nada ha sido más sólido que los Spurs, quienes han sobrevivido a las retiradas de jugadores o cambios en el reglamento, y han sido rivales de cualquiera en todo tipo de situaciones, con extremos que van desde Shaquille O’Neal a Stephen Curry. Un hombre ha sido clave: Gregg Popovich, al mando de las operaciones desde 1996. Si cumple su contrato (finaliza en 2020) será el coach con más tiempo no solo en un equipo (ya lo es), sino en activo en la liga. Los asistentes también han ido variando. Hoy muchos de ellos están en otros equipos, donde han implantado en cierto sentido la filosofía spur. Pero, a pesar de que todas las caras no son las mismas, sí que lo es el estilo, la cultura.

Popovich ha adquirido conocimientos que le dan ventaja. La acumulación ininterrumpida de experiencia tiene un valor incalculable. Para él ya nada es nuevo después de más de dos décadas compitiendo. Los Spurs tienen eso ganado. Por ahí puede entenderse su continuidad en la élite y la manera de ejecutar la idea. Gregg ha disfrutado de una gran superestrella en la figura de Tim Duncan, pero de algún modo, no dependió exclusivamente de él, hecho que se demuestra cuando ya en años de prestaciones inferiores (en el caso de Duncan inferior sigue siendo mucho), los hombres de negro se presentaban cada abril entre los candidatos al título. Así, amoldándose al momento, el pasado pasó a ser presente y el presente futuro. Una especie de dinastía atemporal.

Abro twitter en la mañana y leo a Andrés Monje hacer referencia al balance de los Spurs. 19-8 es el registro. La proyección los sitúa en 57 victorias. Y Kawhi Leonard, un top 3 en la carrera por el MVP en los últimos dos años, sin debutar. ¿Cómo lo han logrado? La esencia de los Spurs en 2017 no es tan diferente a la de 1997. Popovich se ayuda de hombres grandes capaces de intercambiar sus roles. LaMarcus Aldridge y Pau Gasol no son Tim Duncan y David Robinson, pero son básicos en el ataque. En este baloncesto moderno, es normal ver cómo uno de ellos se sitúa en la cabeza de la bombilla, para buscar el corte tras bloqueo, mientras el otro se deja caer a un lateral para liberarse y tener tiro sin oposición. Y como se trata de dos jugadores de buena mano y capaces de pasar el balón, sacan casi siempre algo positivo de las situaciones de ventaja. Otro escenario los lleva a alguno de los dos a recibir el balón en el poste. No tengo el dato, pero posiblemente los Spurs estén entre los equipos que más utilizan este recurso. Ganar ventaja desde allí para anotar o asistir a algún jugador de perímetro. Esto sí que podíamos verlo en el siglo pasado. Aldridge, un jugador con un amplísimo repertorio en el poste, puede potenciar su juego cuando sus compañeros cortan por la zona pudiendo recibir. La tercera vía es iniciar una sucesión de pases que lleve la pelota hasta el lado débil. De Gasol no vamos a descubrir ahora su gran lectura del juego de ataque. Con una enorme capacidad para asistir, se ve beneficiado por el contante movimiento de los exteriores.

Y si en ataque la baja de Kawhi es muy sensible, en defensa se antojaba vital. Teniendo en cuenta que la pareja interior no es un muro, el trabajo pasa a ser grupal. Las continuas ayudas a los hombres altos deben ser compensadas con rotaciones para llegar hasta el contrario que quede libre más allá del arco, valorando el nivel de amenaza del mismo. Ayer leía el dato que los situaba entre las cinco mejores defensas del campeonato. Cualquiera lo diría.

A día de hoy, los de Pop son terceros en su conferencia y cuartos en la clasificación global. Los Spurs, de algún modo, han seguido siendo los Spurs sin su figura. Pero esto no les garantiza tener más opciones que las de superar una primera ronda. Y aunque el entrenador incida en que “un equipo tiene que jugar simplemente como tal, como si no existiera una estrella”, lo cierto es que sin Leonard no pueden ser contenders si pensamos en Warriors o Rockets.

Kawhi da algo que en San Antonio no se había visto antes. Sus condiciones provocaron que Popovich adaptara el juego a su jugador, otorgándole más carga ofensiva de la que jamás tuvo Tim Duncan. Durante el curso pasado fue capaz de resolver partidos que se decidieron por poco margen, realizando jugadas defensivas asombrosas y mostrando un arsenal ofensivo digno de cualquier cañonero histórico. Siendo capaz de dirigir el juego y asumiendo  total responsabilidad. Cualquier aficionado spur podía sentirse tranquilo llegado el punto álgido del choque. Nunca antes hubo un exterior tan determinante en la Era Popovich. Manu Ginóbili, cuyo talento natural es incuestionable, ha tenido la capacidad de ganar numerosos partidos en el clutch time, pero sus jugadas te mantenían en vilo. Con Kawhi ocurre que transmite una calma inusual.

Popovich acertó una vez más haciendo que su equipo jugase como si él nunca hubiera formado parte de la plantilla. San Antonio ha hecho justo lo que tenía que hacer en ausencia de Leonard. Ahora, con casi un tercio de temporada regular cumplido, llega el momento de descubrir cuánto de buenos son en realidad. El inminente regreso de Kawhi va a dar todavía más alternativas. Le hemos visto evolucionar hasta hacer de point-foward u ocupar la posición de cuatro (durante los playoffs de 2017 fue un recurso habitual para competir con el small-ball), cuando los rivales obligaron, por ritmo, a prescindir de uno de los interiores.

El regreso de Kawhi lo cambia todo. Los Spurs serán uno de los equipos más interesantes de ver a partir de ahora. A comienzo de curso recuerdo hablar mis compañeros Juanan Mota e Iván Libreros sobre las posibilidades de San Antonio. Y aunque yo, con la boca pequeña (y condicionado por mi sentimiento) daba cierto chance a los texanos, tenía que admitir su inferioridad cuando ellos exponían argumentos sólidos. Lo cierto es que Gay se ha adaptado mejor de lo esperado y que las bajas de Parker y Kawhi se han traducido en una mejora en el rendimiento de los Anderson, Forbes o Murray. Así que tal vez los Spurs estén más preparados de lo que pensábamos para enfrentarse a equipos superiores. Llevando la vista atrás y recordando aquel primer partido de última ronda en la Bahía, quién sabe si los Spurs no pueden volver a aleccionarnos con una nueva master class. Tal vez hablemos de pasado cuando todavía es presente. Cuando puede ser incluso futuro…

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