_Fórmula 1

Un disparo innecesario

Max Verstappen nunca se ha caracterizado por ser un piloto políticamente correcto, más bien todo lo contrario. El holandés, caracterizado por ser agresivo en la pista, suele decir lo que piensa. A pesar de su corta edad, ha protagonizado muchos capítulos más o menos polémicos en la historia reciente de la Fórmula 1. El hecho de que sea el piloto más joven que ha debutado en la categoría -lo hizo con 17 años, 5 meses y 15 días- le lleva a acumular 100 Grandes Premios con tan solo 22 años. Con un carácter como el suyo, da para mucho que hablar.

Casi nunca se ha aguantado sus impulsos. Ya le vimos en el Gran Premio de Brasil de 2018 encararse con Esteban Ocon al final de la carrera por colisionar contra él al desdoblarse, hecho por el cual el piloto de Red Bull perdió la victoria. En el pasado Gran Premio de México declaró que no bajó su ritmo con banderas amarillas durante la clasificación porque los pilotos son muy conscientes de lo que hacen. Es bueno que los pilotos se desmarquen de las típicas declaraciones estándar y se muestren tal y como son, pero Max Verstappen se pasó de frenada en esta ocasión.

Tras su imprudente actitud durante el Gran Premio de México, ha realizado un ataque tan gratuito como innecesario a la escudería Ferrari. El holandés los tachó de tramposos al término del Gran Premio de Estados Unidos, hecho que no sentó nada bien en el seno del equipo italiano.

Getty Images

La polémica surge a raíz de una petición de Red Bull donde solicitaban a la FIA que aclarara el control del flujo de combustible. Éste se mide por intervalos, no de forma continua. Los austriacos creen que Ferrari aumenta su flujo entre cada intervalo de medición para así tener más potencia. La Federación contestó que está prohibido cualquier elemento que sirva para elevar el flujo después del punto de medición. Con esta aclaración parecía zanjado el asunto.

Casualidades de la vida, o tal vez no, Ferrari bajó drásticamente de rendimiento en el siguiente Gran Premio. En la carrera celebrada en Austin, el monoplaza italiano tuvo un ritmo muy inferior al de Mercedes y Red Bull. En ningún momento tuvieron opciones de podio y Charles Leclerc, su único piloto en pista tras el abandono de Sebastian Vettel, cruzó la meta mucho después de los tres primeros pilotos.

Max Verstappen no se mordió la lengua una vez terminado el Gran Premio y acusó a Ferrari de tramposos. Así lo manifestó cuando le preguntaron en Ziggo Sport sobre qué pensaba acerca del bajón de rendimiento del SF90 respecto a las carreras anteriores: “Es lo que pasa cuando dejas de hacer trampas”. Con esta acusación tan directa se está cerrando una puerta a la que quizás pueda querer llamar en un futuro no muy lejano.

Getty Images

Este tipo de ataques entre equipos no pasa a mayores si se da entre escuderías de la zona media. Que un piloto se busque enemistades con un equipo que lucha por ser noveno o décimo puede ser un problema en el futuro, pero no demasiado grave. Max Verstappen ha disparado a un equipo mucho más poderoso y puede que la bala termine en su propio pie. Atacar de esta manera a Ferrari, el equipo con más títulos de la historia, no es muy buena idea. Más que nada porque, en un futuro no muy lejano, el proyecto de Red Bull puede que no funcione y quiera buscar un nuevo equipo.

El holandés es un piloto que ha sido deseado por todos los equipos grandes, incluido Ferrari. Nadie duda de que puede ganar campeonatos si tiene el monoplaza adecuado. Tras lo acontecido en Austin, puede que los de Maranello empiecen a no mirarle con tan buenos ojos. Ya han mostrado su profundo malestar por ello a través de Mattia Binotto.

El único que sale perdiendo con esto es el actual piloto de Red Bull. Es muy joven y su carrera puede dar muchas vueltas. Le conviene no crearse enemistades con quien podría establecer amistades en un futuro. Hasta su propio padre ha salido a comentar que se ha equivocado con este tipo de acusaciones.

El mundo da muchas vueltas y, lo que hoy es negro, mañana se transforma en blanco. Pero mejor no oscurecer nada para no tener que blanquearlo. Si Max sigue disparando de esta manera, se puede quedar muy solo en la Fórmula 1. Su sitio está con un monoplaza de los grandes, pero para ello debe tener buena relación con estos equipos.

Al igual que rectificó después de México declarando que se equivocó no respetando las banderas amarillas, es muy probable que haya recapacitado acerca de sus afirmaciones sobre Ferrari. Que puede que esté en lo cierto y que los italianos hicieran trampas, pero esto no debe hacer que entre en una pelea en la que pierde mucho más de lo que gana. No debe disparar mucho más de esta manera. Su sitio está en Red Bull y puede que por muchos años, pero esto no debe hacer que ponga trabas a su relación con otros equipos. Debe moderarse con sus palabras fuera de la pista o puede perder oportunidades de luchar por el campeonato por hablar más de la cuenta. Aunque se esté en lo cierto, a veces es mejor permanecer callado. 

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Max Verstappen nunca se ha caracterizado por ser un piloto políticamente correcto, más bien todo lo contrario. El holandés, caracterizado por ser agresivo en la pista, suele decir lo que piensa. A pesar de su corta edad, ha protagonizado muchos capítulos más o menos polémicos en la historia reciente de la Fórmula 1. El hecho de que sea el piloto más joven que ha debutado en la categoría -lo hizo con 17 años, 5 meses y 15 días- le lleva a acumular 100 Grandes Premios con tan solo 22 años. Con un carácter como el suyo, da para mucho que hablar.

Casi nunca se ha aguantado sus impulsos. Ya le vimos en el Gran Premio de Brasil de 2018 encararse con Esteban Ocon al final de la carrera por colisionar contra él al desdoblarse, hecho por el cual el piloto de Red Bull perdió la victoria. En el pasado Gran Premio de México declaró que no bajó su ritmo con banderas amarillas durante la clasificación porque los pilotos son muy conscientes de lo que hacen. Es bueno que los pilotos se desmarquen de las típicas declaraciones estándar y se muestren tal y como son, pero Max Verstappen se pasó de frenada en esta ocasión.

Tras su imprudente actitud durante el Gran Premio de México, ha realizado un ataque tan gratuito como innecesario a la escudería Ferrari. El holandés los tachó de tramposos al término del Gran Premio de Estados Unidos, hecho que no sentó nada bien en el seno del equipo italiano.

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La polémica surge a raíz de una petición de Red Bull donde solicitaban a la FIA que aclarara el control del flujo de combustible. Éste se mide por intervalos, no de forma continua. Los austriacos creen que Ferrari aumenta su flujo entre cada intervalo de medición para así tener más potencia. La Federación contestó que está prohibido cualquier elemento que sirva para elevar el flujo después del punto de medición. Con esta aclaración parecía zanjado el asunto.

Casualidades de la vida, o tal vez no, Ferrari bajó drásticamente de rendimiento en el siguiente Gran Premio. En la carrera celebrada en Austin, el monoplaza italiano tuvo un ritmo muy inferior al de Mercedes y Red Bull. En ningún momento tuvieron opciones de podio y Charles Leclerc, su único piloto en pista tras el abandono de Sebastian Vettel, cruzó la meta mucho después de los tres primeros pilotos.

Max Verstappen no se mordió la lengua una vez terminado el Gran Premio y acusó a Ferrari de tramposos. Así lo manifestó cuando le preguntaron en Ziggo Sport sobre qué pensaba acerca del bajón de rendimiento del SF90 respecto a las carreras anteriores: “Es lo que pasa cuando dejas de hacer trampas”. Con esta acusación tan directa se está cerrando una puerta a la que quizás pueda querer llamar en un futuro no muy lejano.

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Este tipo de ataques entre equipos no pasa a mayores si se da entre escuderías de la zona media. Que un piloto se busque enemistades con un equipo que lucha por ser noveno o décimo puede ser un problema en el futuro, pero no demasiado grave. Max Verstappen ha disparado a un equipo mucho más poderoso y puede que la bala termine en su propio pie. Atacar de esta manera a Ferrari, el equipo con más títulos de la historia, no es muy buena idea. Más que nada porque, en un futuro no muy lejano, el proyecto de Red Bull puede que no funcione y quiera buscar un nuevo equipo.

El holandés es un piloto que ha sido deseado por todos los equipos grandes, incluido Ferrari. Nadie duda de que puede ganar campeonatos si tiene el monoplaza adecuado. Tras lo acontecido en Austin, puede que los de Maranello empiecen a no mirarle con tan buenos ojos. Ya han mostrado su profundo malestar por ello a través de Mattia Binotto.

El único que sale perdiendo con esto es el actual piloto de Red Bull. Es muy joven y su carrera puede dar muchas vueltas. Le conviene no crearse enemistades con quien podría establecer amistades en un futuro. Hasta su propio padre ha salido a comentar que se ha equivocado con este tipo de acusaciones.

El mundo da muchas vueltas y, lo que hoy es negro, mañana se transforma en blanco. Pero mejor no oscurecer nada para no tener que blanquearlo. Si Max sigue disparando de esta manera, se puede quedar muy solo en la Fórmula 1. Su sitio está con un monoplaza de los grandes, pero para ello debe tener buena relación con estos equipos.

Al igual que rectificó después de México declarando que se equivocó no respetando las banderas amarillas, es muy probable que haya recapacitado acerca de sus afirmaciones sobre Ferrari. Que puede que esté en lo cierto y que los italianos hicieran trampas, pero esto no debe hacer que entre en una pelea en la que pierde mucho más de lo que gana. No debe disparar mucho más de esta manera. Su sitio está en Red Bull y puede que por muchos años, pero esto no debe hacer que ponga trabas a su relación con otros equipos. Debe moderarse con sus palabras fuera de la pista o puede perder oportunidades de luchar por el campeonato por hablar más de la cuenta. Aunque se esté en lo cierto, a veces es mejor permanecer callado. 

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