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Matt Le Tissier: “Lo que mantiene a la gente interesada en el fútbol son las historias de los equipos pequeños”

Hay algo de luto en las retiradas de los más grandes. Matt Le Tissier, nada de Le God, como nos reclama antes de empezar la entrevista, apagó una de las luces más importantes de los seguidores de todo el mundo cuando colgó las botas. De las que más alumbraban. Eso es lo mejor que tiene el fútbol: que un tipo nacido en Guernsey, una isla en la que “fue feliz jugando a todos los deportes y ganando en casi todo”, entre dos mundos, iluminara a futboleros de España, Inglaterra, Japón o cualquier otra parte del globo. Era la oscuridad lo que nos esperaba al acecho, como siempre, cuando levantó los brazos ante la afición del Southampton, los de toda la vida, para decir que era la última vez que pisaba eso que le llamaban césped durante la mejor etapa de su carrera. El balompié lloraba porque perdía a uno de los hombres más fieles que jamás conoció. Todo tiene un final, sí. Nos sabemos la teoría muy bien, pero la práctica es durísima.

Llevábamos mucho tiempo esperando el momento. Había nervios. Los primeros escarceos con él llegaron a base de colgar goles suyos en nuestras redes sociales. Los hacía de todos los colores. Le gustó y nos empezó a seguir. Días más tarde, le estábamos enviando un zoom para desoxidar nuestro inglés de Barcelona. Borja, Gonzalo y yo no nos esperábamos otra cosa: Le Tissier es un tipo mundano. Podría estar hablándote horas sin aburrirte -ni aburrirse él mismo- porque transmite igual que transmitía en el verde con sus regates y disparos. Siempre lúcido. Siempre divertido.

No fue un jugador normal. Rechazar al Tottenham y al Chelsea fue algo más que un simple no a dos grandes conjuntos de la liga. Significó negarse a Glenn Hoddle y a Terry Venables, futuros seleccionadores de la selección inglesa. Quizás por ello su carrera internacional no fue demasiada larga. Incomprensible. El combinado nacional, además, no pasaba por su mejor momento. Puede que ocurriera “por esa falta de espíritu de equipo que la selección acabó arrastrando muchos años”. Por lo demás, como gran puente entre el fútbol inglés añejo y el actual, es crítico con algunos presidentes que deciden despedir entrenadores a mansalva. Hemos cambiado mucho. “Siento que hay muy poca paciencia. Creo que es contraproducente que los presidentes, en cuanto las cosas van mal, tengan esa poca paciencia. Ellos mismo están admitiendo que se equivocan contratando y que a lo mejor no son tan buenos para el trabajo que realizan”.

Borja Pardo: ¿Qué diferencia hay entre la Premier League actual y la de antes?

Le Tissier: La atención a los detalles. Ahora es mucho más grande en cuanto al análisis que se hace, las estadísticas, cómo los clubes compran a los jugadores… Creo que la diferencia es el profesionalismo de los jugadores. Antes teníamos una vida mucha más tranquila fuera del fútbol. No teníamos que comportarnos todo el rato porque no te podían hacer una foto y que la viera todo el mundo.

Decía Oscar Wilde que “la vida era demasiado seria como para tomársela en serio”. Matt se lo toma al pie de la letra. “Como aficionado del Southampton, me encantaría que otros equipos se fueran a otro lado así tendríamos la posibilidad de ganar la liga”, afirma cuando le preguntamos sobre ese espanto llamado Superliga. Acaba diciendo que, por supuesto, sería malo para su Soton porque “no le gusta el elitismo”. Al final, resume, “lo que mantiene a la gente interesada en el fútbol son las historias de los equipos pequeños que pueden ganar a los grandes de vez en cuando”.

No parece arrepentirse, en la imagen que proyecta sobre el zoom, de nada de lo que ocurrió en su carrera. A la hora de asemejarse con un par de futbolistas cree que se parece a Rickie Lambert y a Dimitar Berbatov; “un futbolista que jugaba al ritmo que él quería”. Parece que esos premios que le otorgaron colocándole entre los mejores de la historia no le afectan. Él parece verse como un futbolista más.

Gonzalo de Melo: ¿Cómo ves la lucha por el título en la Premier League?

Le Tissier: Creo que hay muchos equipos con opciones. Es la temporada más abierta con muchos equipos que podrían ganar el título. Aun así, creo que va a ser muy difícil superar al Manchester City.

La conversación es una mezcla entre el ayer y el hoy. Como las charlas de toda la vida con el amigo de turno. Toca recordar lo malo, también. El de Guernsey tiró 48 penaltis. Solo falló uno. Era obligatorio preguntarle: “Yo siempre intentaba ver dónde iba a tirarse el guardameta y luego decidía. Hay que tener mucha confianza para hacerlo, pero yo la tenía. Aunque yo tenía un lugar favorito. Ese día, vi que Mark Crossley iba hacia allí y cambié. Entonces vi que el portero no se había ido del todo. Me lo paró. Lo peor de todo no fue fallarlo, sabía que en algún momento iba a ocurrir. Lo peor fue que el rechace me llegó y lo mandé por encima del larguero”.

Su apellido le ha hecho jugar malas pasadas. Reconoce, con sorna, que algún equipo francés ha contactado con él por “la atracción de su nombre”. En su día tuvo una llamada de Gérard Houllier, asistente de Michel Platini, para convencerle a que jugara con Francia. “Podía quitarle el puesto a Zidane”, afirma con una sonrisa. Pero eso nunca iba a suceder. Le Tissier nunca tuvo antepasados franceses.

BP: ¿Es verdad que Ronnie Ekelund fue el mejor compañero que tuviste?

LT: Es cierto. Desde el primer día de entrenamiento lo supe. Era una delicia jugar con él. Sentía que él sabía lo que iba a hacer. Jugó unos pocos partidos en el Southampton, pero me marcó mucho. Su visión era increíble, tenía gol… Aquel dúo que forjamos fue el mejor que hemos tenido en el Soton.

Todavía, afortunadamente, nos queda la hemeroteca. Especialmente para él, que sigue echando de menos ese momento en el que se colocaba delante de sus aficionados para celebrar un tanto. Como aquella falta ante el Wimbledon: una de las más especiales de la historia del balompié inglés. Una clase de orfebrería sin cobrar a nadie. Todos seguimos embobados con esa obra maestra. “Cuando levanté el balón pensé que no era lo suficientemente alto, ahora en la televisión no parece así, y pensé que tenía que golpear muy rápido. Pero pensándolo bien eso hizo que le golpeara mejor y que entrara por debajo del larguero. Lo raro es que esa fue la única vez que lo intenté en mi carrera. No sé por qué”.

Llegó el tiempo del final. Nos avisan que la reunión, si no hacemos nada, acabará en cinco minutos. Borja decide alargarla un pelín más, pero no queremos quitarle demasiado tiempo al bueno de Matt. Declara que le gusta el fútbol español y que espera que el “Atlético de Madrid pueda dar un puñetazo a los grandes y ganar LaLiga este curso”. Aunque el Athletic Club, entidad que le dio el One Club Award, es el club de sus amores en España. Es imposible no quererle a él, ni a su sempiterno Southampton. Nos devolvió luz en un momento muy oscuro. Aunque fuera con una simple llamada de zoom. Eso lo dice todo.

Imagen de cabecera: Phil Cole /Allsport

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Hay algo de luto en las retiradas de los más grandes. Matt Le Tissier, nada de Le God, como nos reclama antes de empezar la entrevista, apagó una de las luces más importantes de los seguidores de todo el mundo cuando colgó las botas. De las que más alumbraban. Eso es lo mejor que tiene el fútbol: que un tipo nacido en Guernsey, una isla en la que “fue feliz jugando a todos los deportes y ganando en casi todo”, entre dos mundos, iluminara a futboleros de España, Inglaterra, Japón o cualquier otra parte del globo. Era la oscuridad lo que nos esperaba al acecho, como siempre, cuando levantó los brazos ante la afición del Southampton, los de toda la vida, para decir que era la última vez que pisaba eso que le llamaban césped durante la mejor etapa de su carrera. El balompié lloraba porque perdía a uno de los hombres más fieles que jamás conoció. Todo tiene un final, sí. Nos sabemos la teoría muy bien, pero la práctica es durísima.

Llevábamos mucho tiempo esperando el momento. Había nervios. Los primeros escarceos con él llegaron a base de colgar goles suyos en nuestras redes sociales. Los hacía de todos los colores. Le gustó y nos empezó a seguir. Días más tarde, le estábamos enviando un zoom para desoxidar nuestro inglés de Barcelona. Borja, Gonzalo y yo no nos esperábamos otra cosa: Le Tissier es un tipo mundano. Podría estar hablándote horas sin aburrirte -ni aburrirse él mismo- porque transmite igual que transmitía en el verde con sus regates y disparos. Siempre lúcido. Siempre divertido.

No fue un jugador normal. Rechazar al Tottenham y al Chelsea fue algo más que un simple no a dos grandes conjuntos de la liga. Significó negarse a Glenn Hoddle y a Terry Venables, futuros seleccionadores de la selección inglesa. Quizás por ello su carrera internacional no fue demasiada larga. Incomprensible. El combinado nacional, además, no pasaba por su mejor momento. Puede que ocurriera “por esa falta de espíritu de equipo que la selección acabó arrastrando muchos años”. Por lo demás, como gran puente entre el fútbol inglés añejo y el actual, es crítico con algunos presidentes que deciden despedir entrenadores a mansalva. Hemos cambiado mucho. “Siento que hay muy poca paciencia. Creo que es contraproducente que los presidentes, en cuanto las cosas van mal, tengan esa poca paciencia. Ellos mismo están admitiendo que se equivocan contratando y que a lo mejor no son tan buenos para el trabajo que realizan”.

Borja Pardo: ¿Qué diferencia hay entre la Premier League actual y la de antes?

Le Tissier: La atención a los detalles. Ahora es mucho más grande en cuanto al análisis que se hace, las estadísticas, cómo los clubes compran a los jugadores… Creo que la diferencia es el profesionalismo de los jugadores. Antes teníamos una vida mucha más tranquila fuera del fútbol. No teníamos que comportarnos todo el rato porque no te podían hacer una foto y que la viera todo el mundo.

Decía Oscar Wilde que “la vida era demasiado seria como para tomársela en serio”. Matt se lo toma al pie de la letra. “Como aficionado del Southampton, me encantaría que otros equipos se fueran a otro lado así tendríamos la posibilidad de ganar la liga”, afirma cuando le preguntamos sobre ese espanto llamado Superliga. Acaba diciendo que, por supuesto, sería malo para su Soton porque “no le gusta el elitismo”. Al final, resume, “lo que mantiene a la gente interesada en el fútbol son las historias de los equipos pequeños que pueden ganar a los grandes de vez en cuando”.

No parece arrepentirse, en la imagen que proyecta sobre el zoom, de nada de lo que ocurrió en su carrera. A la hora de asemejarse con un par de futbolistas cree que se parece a Rickie Lambert y a Dimitar Berbatov; “un futbolista que jugaba al ritmo que él quería”. Parece que esos premios que le otorgaron colocándole entre los mejores de la historia no le afectan. Él parece verse como un futbolista más.

Gonzalo de Melo: ¿Cómo ves la lucha por el título en la Premier League?

Le Tissier: Creo que hay muchos equipos con opciones. Es la temporada más abierta con muchos equipos que podrían ganar el título. Aun así, creo que va a ser muy difícil superar al Manchester City.

La conversación es una mezcla entre el ayer y el hoy. Como las charlas de toda la vida con el amigo de turno. Toca recordar lo malo, también. El de Guernsey tiró 48 penaltis. Solo falló uno. Era obligatorio preguntarle: “Yo siempre intentaba ver dónde iba a tirarse el guardameta y luego decidía. Hay que tener mucha confianza para hacerlo, pero yo la tenía. Aunque yo tenía un lugar favorito. Ese día, vi que Mark Crossley iba hacia allí y cambié. Entonces vi que el portero no se había ido del todo. Me lo paró. Lo peor de todo no fue fallarlo, sabía que en algún momento iba a ocurrir. Lo peor fue que el rechace me llegó y lo mandé por encima del larguero”.

Su apellido le ha hecho jugar malas pasadas. Reconoce, con sorna, que algún equipo francés ha contactado con él por “la atracción de su nombre”. En su día tuvo una llamada de Gérard Houllier, asistente de Michel Platini, para convencerle a que jugara con Francia. “Podía quitarle el puesto a Zidane”, afirma con una sonrisa. Pero eso nunca iba a suceder. Le Tissier nunca tuvo antepasados franceses.

BP: ¿Es verdad que Ronnie Ekelund fue el mejor compañero que tuviste?

LT: Es cierto. Desde el primer día de entrenamiento lo supe. Era una delicia jugar con él. Sentía que él sabía lo que iba a hacer. Jugó unos pocos partidos en el Southampton, pero me marcó mucho. Su visión era increíble, tenía gol… Aquel dúo que forjamos fue el mejor que hemos tenido en el Soton.

Todavía, afortunadamente, nos queda la hemeroteca. Especialmente para él, que sigue echando de menos ese momento en el que se colocaba delante de sus aficionados para celebrar un tanto. Como aquella falta ante el Wimbledon: una de las más especiales de la historia del balompié inglés. Una clase de orfebrería sin cobrar a nadie. Todos seguimos embobados con esa obra maestra. “Cuando levanté el balón pensé que no era lo suficientemente alto, ahora en la televisión no parece así, y pensé que tenía que golpear muy rápido. Pero pensándolo bien eso hizo que le golpeara mejor y que entrara por debajo del larguero. Lo raro es que esa fue la única vez que lo intenté en mi carrera. No sé por qué”.

Llegó el tiempo del final. Nos avisan que la reunión, si no hacemos nada, acabará en cinco minutos. Borja decide alargarla un pelín más, pero no queremos quitarle demasiado tiempo al bueno de Matt. Declara que le gusta el fútbol español y que espera que el “Atlético de Madrid pueda dar un puñetazo a los grandes y ganar LaLiga este curso”. Aunque el Athletic Club, entidad que le dio el One Club Award, es el club de sus amores en España. Es imposible no quererle a él, ni a su sempiterno Southampton. Nos devolvió luz en un momento muy oscuro. Aunque fuera con una simple llamada de zoom. Eso lo dice todo.

Imagen de cabecera: Phil Cole /Allsport