_Real Madrid

Limbo

Daniel Fernández-Pacheco @DFPV96 16-04-2019

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En
la era de las prisas y de los avances tecnológicos nos hemos acostumbrado a
perder la paciencia. El ansia del verano ya no existe; porque el calor es un
huésped más durante todo el año. Y así todo. No hay ni tiempo para leerse las
condiciones de privacidad de Instagram confirmando que sí; que los rusos, el FBI
o Julian Assange podrán saber el dónde, cómo y cuándo del sujeto. El Real
Madrid está allí en medio, tratando de omitir su triste y melancólica temporada
sin acordarse que esto no es la introducción de Juego de Tronos. No hay opción
de supresión. Lo tienes que ver todo.

El
Madrid volvió a implementar en Butarque su 4-3-3 con uno de sus estandartes en
casa: Toni Kroos. Así los blancos colocaban a Fede Valverde en izquierda de la
salida y a Luka Modric en derecha. Sin embargo, en el lugar de Marcelo solía
habitar un Isco que le encanta estar en contacto con el balón, aunque
normalmente lo haga en zonas irrelevantes. El uruguayo, por tanto, debía
compensar las recepciones de Isco y Benzema descolgándose de manera inusual. El
jugador más adelantado del equipo solía ser Valverde, una mala empresa para los
de la capital.

El
Leganés, por su parte, identificó el flanco de Marcelo como el lugar donde
percutir todos sus ataques, sin cesar, asignando una tarea inusual a Unai
Bustinza: doblar al carrilero cuando pudiera, a pesar de ser el central diestro
del trío zaguero. Cada vez que Nyom la recibía, tratando de estar en una zona intermedia
para que el brasileño tuviera que abandonar su sector y dejar espacio a su
espalda, el vasco corría. No siempre llegaba, pero al ex del Athletic no se le
puede poner un pero. Así que ya no lo espeto más. A pesar de la soledad de
Marcelo, Braithwaite, acompañado de Guido Carrillo, no solía apuñalar allí.
Esperaba el centro lateral, acampado en el área contraria, para cargarla de
hombres con colores blanquiazules. El Leganés, después de los primeros 10
minutos de miradas, zozobra e incertidumbre, se encontraba más y más cómodo,
como si hubieran roto el hielo a base de martillazos. Se acabaron las dudas y
las mariposas. Podían ganar al Madrid.

Zidane
no se puede engañar. Más allá del buen planteamiento local a los merengues les
faltó chispa e ilusión; un cóctel doloroso para el espectador, que estaba
dispuesto a ver al triple campeón de Europa y solo vio a un conjunto confuso, displicente
y desnortado, pidiéndola cortita y al pie. Quizás el único jugador de esta
plantilla que se merezca ese lujo, el de reclamar el cuero a su bota, es Karim
Benzema, que fue el único futbolista que ojeó las famosas condiciones de
servicio que nadie lee. Ya sabía a lo que se enfrentaba a principio de curso:
la soledad.

El
segundo acto, tras el gol de Jonathan Silva al filo del descanso, no arrancó
con los pobres argumentos que el conjunto de Zidane había relatado. La única
manera de acosar a Cuéllar en los primeros 45 minutos era su centro y no
remate, por la falta de cabeceadores y acompañantes de Benzema. El Madrid
jugaba a lo mismo que el Leganés, con la única diferencia que los primeros no
sabían cómo ganar. Los segundos sí. Por ello, los blancos, en el segundo acto,
cambiaron las formas. Encontraron su tanto rápido, firmado por el único
futbolista que podía poner esa rúbrica. Casi que no hace falta ni decir quién.
Marcelo y Daniel Carvajal fueron mucho más profundos, lo que obligó a los
anfitriones a hundirse, con Braithwaite ya casi reconvertido a extremo. Pero
las ocasiones ya ni goteaban. Nunca más quisieron aparecer en una noche que
será olvidada pronto, como la mayoría de las cosas que nos suceden cada día. Todo
se queda en el limbo. El partido, que nunca acabó de agarrar vuelo, acabó con
las mismas sensaciones de la previa. Poco que ganar y mucho que perder. Los
tópicos de toda la vida y el mal Madrid de toda la temporada, deseando que los
capítulos de esta temporada se acaben lo más rápido posible. 

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En
la era de las prisas y de los avances tecnológicos nos hemos acostumbrado a
perder la paciencia. El ansia del verano ya no existe; porque el calor es un
huésped más durante todo el año. Y así todo. No hay ni tiempo para leerse las
condiciones de privacidad de Instagram confirmando que sí; que los rusos, el FBI
o Julian Assange podrán saber el dónde, cómo y cuándo del sujeto. El Real
Madrid está allí en medio, tratando de omitir su triste y melancólica temporada
sin acordarse que esto no es la introducción de Juego de Tronos. No hay opción
de supresión. Lo tienes que ver todo.

El
Madrid volvió a implementar en Butarque su 4-3-3 con uno de sus estandartes en
casa: Toni Kroos. Así los blancos colocaban a Fede Valverde en izquierda de la
salida y a Luka Modric en derecha. Sin embargo, en el lugar de Marcelo solía
habitar un Isco que le encanta estar en contacto con el balón, aunque
normalmente lo haga en zonas irrelevantes. El uruguayo, por tanto, debía
compensar las recepciones de Isco y Benzema descolgándose de manera inusual. El
jugador más adelantado del equipo solía ser Valverde, una mala empresa para los
de la capital.

El
Leganés, por su parte, identificó el flanco de Marcelo como el lugar donde
percutir todos sus ataques, sin cesar, asignando una tarea inusual a Unai
Bustinza: doblar al carrilero cuando pudiera, a pesar de ser el central diestro
del trío zaguero. Cada vez que Nyom la recibía, tratando de estar en una zona intermedia
para que el brasileño tuviera que abandonar su sector y dejar espacio a su
espalda, el vasco corría. No siempre llegaba, pero al ex del Athletic no se le
puede poner un pero. Así que ya no lo espeto más. A pesar de la soledad de
Marcelo, Braithwaite, acompañado de Guido Carrillo, no solía apuñalar allí.
Esperaba el centro lateral, acampado en el área contraria, para cargarla de
hombres con colores blanquiazules. El Leganés, después de los primeros 10
minutos de miradas, zozobra e incertidumbre, se encontraba más y más cómodo,
como si hubieran roto el hielo a base de martillazos. Se acabaron las dudas y
las mariposas. Podían ganar al Madrid.

Zidane
no se puede engañar. Más allá del buen planteamiento local a los merengues les
faltó chispa e ilusión; un cóctel doloroso para el espectador, que estaba
dispuesto a ver al triple campeón de Europa y solo vio a un conjunto confuso, displicente
y desnortado, pidiéndola cortita y al pie. Quizás el único jugador de esta
plantilla que se merezca ese lujo, el de reclamar el cuero a su bota, es Karim
Benzema, que fue el único futbolista que ojeó las famosas condiciones de
servicio que nadie lee. Ya sabía a lo que se enfrentaba a principio de curso:
la soledad.

El
segundo acto, tras el gol de Jonathan Silva al filo del descanso, no arrancó
con los pobres argumentos que el conjunto de Zidane había relatado. La única
manera de acosar a Cuéllar en los primeros 45 minutos era su centro y no
remate, por la falta de cabeceadores y acompañantes de Benzema. El Madrid
jugaba a lo mismo que el Leganés, con la única diferencia que los primeros no
sabían cómo ganar. Los segundos sí. Por ello, los blancos, en el segundo acto,
cambiaron las formas. Encontraron su tanto rápido, firmado por el único
futbolista que podía poner esa rúbrica. Casi que no hace falta ni decir quién.
Marcelo y Daniel Carvajal fueron mucho más profundos, lo que obligó a los
anfitriones a hundirse, con Braithwaite ya casi reconvertido a extremo. Pero
las ocasiones ya ni goteaban. Nunca más quisieron aparecer en una noche que
será olvidada pronto, como la mayoría de las cosas que nos suceden cada día. Todo
se queda en el limbo. El partido, que nunca acabó de agarrar vuelo, acabó con
las mismas sensaciones de la previa. Poco que ganar y mucho que perder. Los
tópicos de toda la vida y el mal Madrid de toda la temporada, deseando que los
capítulos de esta temporada se acaben lo más rápido posible. 

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