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LA VIDA CON MOU

David Orenes @david_lrl 08-03-2019

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La historia reciente del Real Madrid está dividida en tres partes bien diferenciadas. Todas ellas están marcadas por un entrenador llamado José Mourinho, que se sentó en el banquillo entre 2010 y 2013 y que dejó un recuerdo difícilmente borrable, tanto para sus seguidores como para sus detractores.

La primera parte es la vida antes de Mou. Los seis años anteriores a su llegada. En ese tiempo, el Madrid había perdido gran parte de su esencia y cabalgaba entre la humillación y el despropósito. En esta etapa, un pequeño oasis: el Madrid de Capello ganó una Liga impensable con más corazón que cualquier otra cosa, y el de Schuster otra que quedará para siempre en la memoria por el pasillo que tuvo que hacer el Barça de Rijkaard en el Bernabéu antes de encajar una goleada que no se ha vuelto a repetir.

Fue un espejismo en el sofocante desierto. Tras la destitución de Schuster, poco después de la eliminación ante un Segunda B (el Real Unión) en Copa del Rey, comenzó probablemente la época más oscura de la historia del club. Un 2-6 del Barça de Guardiola para llevarse la Liga (además de otros cinco títulos más), un 4-0 del Liverpool con el famoso ‘chorreo’ de Boluda, el sustituto de un Ramón Calderón que tuvo que dimitir tras un escándalo de proporciones insuperables…

El regreso de Florentino Pérez, que se gastó 257 millones en un solo verano para fichar a Cristiano, Kaká, Benzema y compañía, no fue suficiente para evitar otro año catastrófico: eliminado ante otro Segunda B en Copa, esta vez con un 4-0 en el ya eterno ‘Alcorconazo’; eliminado en octavos por sexta vez consecutiva, esta vez ante el Lyon, lo que llevó al Madrid a perder su condición de cabeza de serie y a descender al puesto nº30 en el ranking de clubes del IFFHS; y en Liga, el Barça vuelve a proclamarse campeón tras ganar los dos Clásicos (1-0 y 0-2).

Aquí empieza la segunda parte, ‘La vida con Mou’. El preparador portugués llega al Bernabéu tras ganar su segunda Champions, esta vez con el insospechado Inter de Milán. Rápidamente cambia al equipo, lo hace más competitivo, más seguro de sí mismo, con un juego todavía lejos del nivel que puede dar, pero capaz de plantarle cara a un Barça que parece invencible. En el primer año gana la Copa del Rey (de caer ante un Segunda B a ser campeón) derrotando a los azulgranas en la final. En el segundo gana la Liga con un récord de puntos y goles, con un estilo marcado por la pegada en las transiciones rápidas. En las tres temporadas de blanco, el Madrid no vuelve a caer en octavos de Champions y se mete siempre entre los cuatro mejores del continente. Su peor año, el último, dejó al equipo segundo en Liga, finalista de Copa y semifinalista en Champions. El Madrid volvió a ser cabeza de serie en Europa, dejó de perder ante equipos de divisiones inferiores, dejó de ser martirizado por el Barça (no perdió en cinco partidos consecutivos con los culés) y volvió a ser considerado un equipo difícil de batir en todo el mundo.

Y aquí empieza la tercera parte. Mourinho se marcha dejando al vestuario quemado, la afición enfrentada y dividida y a España entera sabiendo quién es y cómo se las gasta. Dedos en el ojo, acusaciones graves en sala de prensa, provocaciones, conflictos con jugadores… Su despedida era inevitable, y los anti-Mou dirán (con razón) que ésta, la tercera parte, es la mejor de todas. Y tanto. Desde su marcha, el Madrid ha ganado cuatro Champions en cinco años, además de otros títulos (Liga, Copa, Supercopas, Mundialitos) con Ancelotti y Zidane al mando, dos entrenadores que supieron encontrar la tecla y gestionar un vestuario siempre complicado en el momento oportuno.

Pero no se equivoquen. Sin la segunda parte nunca se habría llegado a la tercera, porque salir del agujero de la primera era el paso más difícil hacia la gloria. De ser ridiculizado ante el Alcorcón a ser el rey de Europa durante tres años seguidos hay un proceso largo, de casi una década, en el que José tiene gran parte de culpa.

Hoy, Mourinho suena con más fuerza que nunca para volver a ser entrenador del conjunto blanco. Unos se acordarán de cómo se fue, dejando un incendio tras otro, como lo ha hecho en el Chelsea y en el Manchester United.Otros recordarán cómo vino, en unas circunstancias muy parecidas a las de ahora. El Madrid de Solari está a 12 puntos del Barça, equipo que le ha ganado este año 5-1 y 0-1 en Liga y 0-3 en Copa; y está eliminado en Champions tras caer por 1-4 ante el Ajax en octavos, ronda en la que el equipo blanco no era eliminado desde 2010. Es decir, desde la temporada anterior a la llegada del técnico luso.

No es solo lo dramática de la situación a nivel de resultados. El Madrid no juega a nada, no tiene gol tras la venta de su mejor jugador, tiene a algunas de sus estrellas deprimidas y sin solución aparente (Bale, Isco, Marcelo) y se encomienda, como en los años oscuros, a canteranos como Reguilón y jóvenes promesas como Vinicius. Habría que valorar si es conveniente la llegada de Mourinho ahora, a final de temporada o nunca, porque tomar una decisión así implica una gran revolución, acompañada de fichajes, salidas y ruido, mucho ruido. ¿Necesita el Madrid una gran revolución? ¿Necesita un entrenador como Mourinho? Muchos dirán que no, otros dirán que sí. El futuro del Madrid depende más que nunca de los pasos que se den en los despachos.

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La historia reciente del Real Madrid está dividida en tres partes bien diferenciadas. Todas ellas están marcadas por un entrenador llamado José Mourinho, que se sentó en el banquillo entre 2010 y 2013 y que dejó un recuerdo difícilmente borrable, tanto para sus seguidores como para sus detractores.

La primera parte es la vida antes de Mou. Los seis años anteriores a su llegada. En ese tiempo, el Madrid había perdido gran parte de su esencia y cabalgaba entre la humillación y el despropósito. En esta etapa, un pequeño oasis: el Madrid de Capello ganó una Liga impensable con más corazón que cualquier otra cosa, y el de Schuster otra que quedará para siempre en la memoria por el pasillo que tuvo que hacer el Barça de Rijkaard en el Bernabéu antes de encajar una goleada que no se ha vuelto a repetir.

Fue un espejismo en el sofocante desierto. Tras la destitución de Schuster, poco después de la eliminación ante un Segunda B (el Real Unión) en Copa del Rey, comenzó probablemente la época más oscura de la historia del club. Un 2-6 del Barça de Guardiola para llevarse la Liga (además de otros cinco títulos más), un 4-0 del Liverpool con el famoso ‘chorreo’ de Boluda, el sustituto de un Ramón Calderón que tuvo que dimitir tras un escándalo de proporciones insuperables…

El regreso de Florentino Pérez, que se gastó 257 millones en un solo verano para fichar a Cristiano, Kaká, Benzema y compañía, no fue suficiente para evitar otro año catastrófico: eliminado ante otro Segunda B en Copa, esta vez con un 4-0 en el ya eterno ‘Alcorconazo’; eliminado en octavos por sexta vez consecutiva, esta vez ante el Lyon, lo que llevó al Madrid a perder su condición de cabeza de serie y a descender al puesto nº30 en el ranking de clubes del IFFHS; y en Liga, el Barça vuelve a proclamarse campeón tras ganar los dos Clásicos (1-0 y 0-2).

Aquí empieza la segunda parte, ‘La vida con Mou’. El preparador portugués llega al Bernabéu tras ganar su segunda Champions, esta vez con el insospechado Inter de Milán. Rápidamente cambia al equipo, lo hace más competitivo, más seguro de sí mismo, con un juego todavía lejos del nivel que puede dar, pero capaz de plantarle cara a un Barça que parece invencible. En el primer año gana la Copa del Rey (de caer ante un Segunda B a ser campeón) derrotando a los azulgranas en la final. En el segundo gana la Liga con un récord de puntos y goles, con un estilo marcado por la pegada en las transiciones rápidas. En las tres temporadas de blanco, el Madrid no vuelve a caer en octavos de Champions y se mete siempre entre los cuatro mejores del continente. Su peor año, el último, dejó al equipo segundo en Liga, finalista de Copa y semifinalista en Champions. El Madrid volvió a ser cabeza de serie en Europa, dejó de perder ante equipos de divisiones inferiores, dejó de ser martirizado por el Barça (no perdió en cinco partidos consecutivos con los culés) y volvió a ser considerado un equipo difícil de batir en todo el mundo.

Y aquí empieza la tercera parte. Mourinho se marcha dejando al vestuario quemado, la afición enfrentada y dividida y a España entera sabiendo quién es y cómo se las gasta. Dedos en el ojo, acusaciones graves en sala de prensa, provocaciones, conflictos con jugadores… Su despedida era inevitable, y los anti-Mou dirán (con razón) que ésta, la tercera parte, es la mejor de todas. Y tanto. Desde su marcha, el Madrid ha ganado cuatro Champions en cinco años, además de otros títulos (Liga, Copa, Supercopas, Mundialitos) con Ancelotti y Zidane al mando, dos entrenadores que supieron encontrar la tecla y gestionar un vestuario siempre complicado en el momento oportuno.

Pero no se equivoquen. Sin la segunda parte nunca se habría llegado a la tercera, porque salir del agujero de la primera era el paso más difícil hacia la gloria. De ser ridiculizado ante el Alcorcón a ser el rey de Europa durante tres años seguidos hay un proceso largo, de casi una década, en el que José tiene gran parte de culpa.

Hoy, Mourinho suena con más fuerza que nunca para volver a ser entrenador del conjunto blanco. Unos se acordarán de cómo se fue, dejando un incendio tras otro, como lo ha hecho en el Chelsea y en el Manchester United.Otros recordarán cómo vino, en unas circunstancias muy parecidas a las de ahora. El Madrid de Solari está a 12 puntos del Barça, equipo que le ha ganado este año 5-1 y 0-1 en Liga y 0-3 en Copa; y está eliminado en Champions tras caer por 1-4 ante el Ajax en octavos, ronda en la que el equipo blanco no era eliminado desde 2010. Es decir, desde la temporada anterior a la llegada del técnico luso.

No es solo lo dramática de la situación a nivel de resultados. El Madrid no juega a nada, no tiene gol tras la venta de su mejor jugador, tiene a algunas de sus estrellas deprimidas y sin solución aparente (Bale, Isco, Marcelo) y se encomienda, como en los años oscuros, a canteranos como Reguilón y jóvenes promesas como Vinicius. Habría que valorar si es conveniente la llegada de Mourinho ahora, a final de temporada o nunca, porque tomar una decisión así implica una gran revolución, acompañada de fichajes, salidas y ruido, mucho ruido. ¿Necesita el Madrid una gran revolución? ¿Necesita un entrenador como Mourinho? Muchos dirán que no, otros dirán que sí. El futuro del Madrid depende más que nunca de los pasos que se den en los despachos.

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