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Ivanisevic y Rafter: Dr.Jekyll, Mr.Hyde y los Teletubbies

Gonzalo de Melo @gonzalodemelo 17-03-2020

Wimbledon 2001. En un escenario con tenistas como Pete Sampras, André Agassi, Safin, Kafelnikov, Moyà o un jovencísimo Federer se colaron Goran Ivanisevic y Pat Rafter. El australiano aseguró que sería su última edición en la hierba londinense; Ivanisevic venía de perder tres finales en los 90, precisamente ante Agassi (1992) y Sampras (1994 y 1998), que en 2001 vio como Federer lo apeaba de su Grand Slam predilecto.

Hablemos primero de Pat Rafter. Siendo el número 1 más efímero de la historia de la ATP (lo fue durante una sola semana), Pat era uno de los tenistas más queridos en el circuito. Uno de los estandartes del saque-volea, de juego agresivo y de la última hornada de tenistas australianos que se hicieron querer en el mundo del tenis; luego ya vendrían Lleyton Hewitt, Kyrgios o Tomic, siendo Australia uno de los países de referencia histórica en el deporte de la raqueta.

Pat era la antítesis de Ivanisevic; diestro, revés a una mano y sosegado en pista. Goran era zurdo, de revés a dos manos y capaz de romperse la camiseta tras pasar de ronda, además de ser considerado como uno de los tenistas que más raquetas destrozó a lo largo de su carrera. A medida que el croata fue pasando de rondas, en sus ruedas de prensa empezó a hablar de su particular Dr. Jekyll y Mr.Hyde: “Existen tres Goran: el bueno, el malo y el 911, que es el teléfono de emergencia al que llamo cuando las cosas se complican. El 911 sabe cómo poner en orden a los otros dos”.

El Goran que todos conocíamos jugó esa edición de Wimbledon con una wild-card. A la postre sería la única wild-card en los más de cien años de historia del torneo que levantaría el trofeo de campeón. Al ser el número 125 del ranking en ese momento, Ivanisevic sabía que el suyo sería un camino de piedras. La primera fue en segunda ronda, cuando se enfrentaba a Moyà en el mejor momento de la carrera del balear. Ganó en 4 sets tras perder el primero. Tras el partido, se sentó en rueda de prensa, y entre risas soltó: “Hasta ahora todo va bien. El Goran bueno y el Goran malo parece que están tranquilos. Los dos están viviendo en Londres, no como otras veces, que uno está en Londres y el otro no tengo ni idea por dónde anda”.

Tercera ronda. Andy Roddick. Un cañonero de primer nivel, y eso que Goran fue durante años el tenista con más aces del circuito. Y sucedió lo mismo que con Moyà. 4 sets y que pase el siguiente: “Todos los Goran parecen tranquilos”. Y eso que necesitó varias pelotas de partido para pasar a la segunda semana de competición: “En esos match-balls me asusté y pensé que era el momento de llamar al 911. Es como una especie de Zen. Observó la situación y y me dijo que no me alarmara. Los dos Goran están bien. No has roto ninguna raqueta y todo parece tranquilo. Me dijo que siguiera sacando”.

Sin raquetas rotas, y con la cabeza del que se ve con posibilidades reales, Ivanisevic ganó en octavos de final el único partido que ganaría por la vía rápida de los 3 sets para enfrentarse en cuartos de final contra Marat Safin. En octavos de final, tras ganar a Rusedski, volvieron a reunirse los dos Goran, sin utilizar al de emergencia: “Hoy los dos Goran han jugado juntos, han luchado juntos, han vivido juntos. Ha sido perfecto”.

Ivanisevic se lo creyó, y pasó por encima de todo un Safin, que vio como Ivanisevic se destrozaba la camiseta para celebrar su billete para la semifinal: “Estaba feliz. Igual Sergio Tachinni, mi patrocinador, no estaba muy de acuerdo en que me sacara la camiseta. Deberé tatuarme el logo de la marca en el cuerpo”.

Todo el apoyo y simpatía que recibió en cada uno de sus partidos vivió su paréntesis en la semifinal. Enfrente estaba Tim Henman, uno de los tenistas británicos que sufrió la presión de ganar Wimbledon (Fred Perry murió antes de que Andy Murray rompiera la sequía ganando su primer Wimbledon). Y apareció la lluvia inglesa. Y aparecieron los Teletubbies en la vida de Goran.

Tres días de partido entre interrupción e interrupción, e Ivanisevic se refugió en los Teletubbies.La semana pasada, mi entrenador me dijo que tenía que distraerme cuando no estaba en pista. Me dijo que había un programa de televisión que me ayudaría. Era un programa para niños que se llamaba los Teletubbies. No lo había visto en mi vida y no paré de reír. Era muy divertido y me encantó Tinky Winky desde el primer instante. Desde ese día pongo el despertador para no perderme los Teletubbies. Estos días, con tanta lluvia, me han ayudado mucho. Hoy no podía dormir y sólo esperaba que llegara la hora del programa”.

5 sets, con un 6-0 en contra de por medio, e Ivanisevic estaba en la final. Pat, por su lado, tuvo un camino mucho más tranquilo en la final, aunque en semifinales ganó a Agassi. Una de las finales más imprevistas e imprevisibles de la historia. Con lluvia, con Rafter anunciando su retirada al año siguiente, con un Ivanisevic de wild-card que se ganó al público con su histrionismo, su tenis y una historia de odio y amor al tenis, a Wimbledon y a todas esas interrupciones que hicieron que se alargara el torneo, y hasta la final.

Una final de 5 sets, con varios match-ball desaprovechados a su favor, con dobles faltas al servicio en un 8-7 y con servicio de Ivanisevic, con rezos y agradecimientos divinos por una bola que se va al pasillo, y con la pelota de Rafter que golpeó la red para que Ivanisevic escribiera la historia más increíble que jamás se ha escrito en el All England Lawn Tennis and Croquet Club.

Ivanisevic dedicó el título a Drazen Petrovic, lloró, se saltó todo protocolo, subió la grada para abrazar a toda su bancada y recordó a sus queridos Teletubbies, para olvidar al Goran bueno, el malo y el de emergencia: “Ayer por la noche no hubo ángeles ni nadie en mis sueños, porque no dormí pensando en la final. Por supuesto que vi los Teletubbies; no me los podía perder”.

Hoy Ivanisevic es el entrenador de Djokovic; Rafter se retiró con solo 28 años, aquejado por una lesión de hombro. Fue padre al poco tiempo, y habiendo ganado dos US Open, se le vio incluso sonriente por la victoria de Ivanisevic. Al fin y al cabo, él levantó más Grand Slam, y la historia lo recordará como al simpático perdedor de una de las finales más recordadas en Wimbledon.

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Wimbledon 2001. En un escenario con tenistas como Pete Sampras, André Agassi, Safin, Kafelnikov, Moyà o un jovencísimo Federer se colaron Goran Ivanisevic y Pat Rafter. El australiano aseguró que sería su última edición en la hierba londinense; Ivanisevic venía de perder tres finales en los 90, precisamente ante Agassi (1992) y Sampras (1994 y 1998), que en 2001 vio como Federer lo apeaba de su Grand Slam predilecto.

Hablemos primero de Pat Rafter. Siendo el número 1 más efímero de la historia de la ATP (lo fue durante una sola semana), Pat era uno de los tenistas más queridos en el circuito. Uno de los estandartes del saque-volea, de juego agresivo y de la última hornada de tenistas australianos que se hicieron querer en el mundo del tenis; luego ya vendrían Lleyton Hewitt, Kyrgios o Tomic, siendo Australia uno de los países de referencia histórica en el deporte de la raqueta.

Pat era la antítesis de Ivanisevic; diestro, revés a una mano y sosegado en pista. Goran era zurdo, de revés a dos manos y capaz de romperse la camiseta tras pasar de ronda, además de ser considerado como uno de los tenistas que más raquetas destrozó a lo largo de su carrera. A medida que el croata fue pasando de rondas, en sus ruedas de prensa empezó a hablar de su particular Dr. Jekyll y Mr.Hyde: “Existen tres Goran: el bueno, el malo y el 911, que es el teléfono de emergencia al que llamo cuando las cosas se complican. El 911 sabe cómo poner en orden a los otros dos”.

El Goran que todos conocíamos jugó esa edición de Wimbledon con una wild-card. A la postre sería la única wild-card en los más de cien años de historia del torneo que levantaría el trofeo de campeón. Al ser el número 125 del ranking en ese momento, Ivanisevic sabía que el suyo sería un camino de piedras. La primera fue en segunda ronda, cuando se enfrentaba a Moyà en el mejor momento de la carrera del balear. Ganó en 4 sets tras perder el primero. Tras el partido, se sentó en rueda de prensa, y entre risas soltó: “Hasta ahora todo va bien. El Goran bueno y el Goran malo parece que están tranquilos. Los dos están viviendo en Londres, no como otras veces, que uno está en Londres y el otro no tengo ni idea por dónde anda”.

Tercera ronda. Andy Roddick. Un cañonero de primer nivel, y eso que Goran fue durante años el tenista con más aces del circuito. Y sucedió lo mismo que con Moyà. 4 sets y que pase el siguiente: “Todos los Goran parecen tranquilos”. Y eso que necesitó varias pelotas de partido para pasar a la segunda semana de competición: “En esos match-balls me asusté y pensé que era el momento de llamar al 911. Es como una especie de Zen. Observó la situación y y me dijo que no me alarmara. Los dos Goran están bien. No has roto ninguna raqueta y todo parece tranquilo. Me dijo que siguiera sacando”.

Sin raquetas rotas, y con la cabeza del que se ve con posibilidades reales, Ivanisevic ganó en octavos de final el único partido que ganaría por la vía rápida de los 3 sets para enfrentarse en cuartos de final contra Marat Safin. En octavos de final, tras ganar a Rusedski, volvieron a reunirse los dos Goran, sin utilizar al de emergencia: “Hoy los dos Goran han jugado juntos, han luchado juntos, han vivido juntos. Ha sido perfecto”.

Ivanisevic se lo creyó, y pasó por encima de todo un Safin, que vio como Ivanisevic se destrozaba la camiseta para celebrar su billete para la semifinal: “Estaba feliz. Igual Sergio Tachinni, mi patrocinador, no estaba muy de acuerdo en que me sacara la camiseta. Deberé tatuarme el logo de la marca en el cuerpo”.

Todo el apoyo y simpatía que recibió en cada uno de sus partidos vivió su paréntesis en la semifinal. Enfrente estaba Tim Henman, uno de los tenistas británicos que sufrió la presión de ganar Wimbledon (Fred Perry murió antes de que Andy Murray rompiera la sequía ganando su primer Wimbledon). Y apareció la lluvia inglesa. Y aparecieron los Teletubbies en la vida de Goran.

Tres días de partido entre interrupción e interrupción, e Ivanisevic se refugió en los Teletubbies.La semana pasada, mi entrenador me dijo que tenía que distraerme cuando no estaba en pista. Me dijo que había un programa de televisión que me ayudaría. Era un programa para niños que se llamaba los Teletubbies. No lo había visto en mi vida y no paré de reír. Era muy divertido y me encantó Tinky Winky desde el primer instante. Desde ese día pongo el despertador para no perderme los Teletubbies. Estos días, con tanta lluvia, me han ayudado mucho. Hoy no podía dormir y sólo esperaba que llegara la hora del programa”.

5 sets, con un 6-0 en contra de por medio, e Ivanisevic estaba en la final. Pat, por su lado, tuvo un camino mucho más tranquilo en la final, aunque en semifinales ganó a Agassi. Una de las finales más imprevistas e imprevisibles de la historia. Con lluvia, con Rafter anunciando su retirada al año siguiente, con un Ivanisevic de wild-card que se ganó al público con su histrionismo, su tenis y una historia de odio y amor al tenis, a Wimbledon y a todas esas interrupciones que hicieron que se alargara el torneo, y hasta la final.

Una final de 5 sets, con varios match-ball desaprovechados a su favor, con dobles faltas al servicio en un 8-7 y con servicio de Ivanisevic, con rezos y agradecimientos divinos por una bola que se va al pasillo, y con la pelota de Rafter que golpeó la red para que Ivanisevic escribiera la historia más increíble que jamás se ha escrito en el All England Lawn Tennis and Croquet Club.

Ivanisevic dedicó el título a Drazen Petrovic, lloró, se saltó todo protocolo, subió la grada para abrazar a toda su bancada y recordó a sus queridos Teletubbies, para olvidar al Goran bueno, el malo y el de emergencia: “Ayer por la noche no hubo ángeles ni nadie en mis sueños, porque no dormí pensando en la final. Por supuesto que vi los Teletubbies; no me los podía perder”.

Hoy Ivanisevic es el entrenador de Djokovic; Rafter se retiró con solo 28 años, aquejado por una lesión de hombro. Fue padre al poco tiempo, y habiendo ganado dos US Open, se le vio incluso sonriente por la victoria de Ivanisevic. Al fin y al cabo, él levantó más Grand Slam, y la historia lo recordará como al simpático perdedor de una de las finales más recordadas en Wimbledon.

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