_Leganés

Huracán En-Nesyri

Joel Sierra @_JoeLSierra_ 26-02-2019

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Su fichaje tenía el potencial, pero parecía faltarle la adecuada aproximación técnica y una mayor domesticación de sus virtudes para poder tener un impacto notable en la élite española desde el momento de su aterrizaje en Butarque, justo después de la etapa en el Málaga en la que arrastró las mismas dudas y la misma falta de certezas. Y, a pesar de ello, Youssef En-Nesyri se ha convertido para Mauricio Pellegrino y su Leganés en el arma principal para amenazar, castigar y dañar a sus rivales.

Si el excelso talento concreto de un Rubén Pérez que es el gran baluarte competitivo e identitario del equipo a nivel colectivo desde su incuestionable timón en el centro del campo y la nueva estructura táctica de base, compuesta por tres defensores centrales y dos carrileros, tan extendida en la actual Primera División, pasan por ser los motivos que están permitiendo al conjunto pepinero no perder sus partidos; el explosivo delantero marroquí ha sido, es y apunta a seguir siendo, por su parte, la razón principal que está acercando al ‘Lega’ a ganarlos.

Cuando parecía que Guido Carrillo se asentaba firmemente en el once titular a base de su casi incomparable capacidad para bajar balones e incluso melones del cielo, ha sido él y no En-Nesyri el que se ha terminado por caer de la titularidad con el cambio de sistema y con la llegada de un jugador del mismo ritmo alto, profundo y alborotador que el magrebí como es el danés Martin Braithwaite, con el que el joven africano se reparte de un modo más natural, sencillo y efectivo los espacios dentro de un equipo que acostumbra a replegar bastante abajo y a necesitar vías rápidas de salida.

El internacional marroquí ha asumido, por lo tanto, parte de ese trabajo en los envíos directos que realizaba el argentino y redobla no ya la profundidad que también pueden darle los carrileros al equipo, sino la anchura a la que puede actuar con sus caídas a los costados y su incidencia revoltosa por todo el frente del ataque, incluso en inferioridad numérica ante la zaga rival. No es casualidad que En-Nesyri pase por ser ahora mismo uno de los jugadores más temibles del campeonato en los duelos directos a campo abierto para los centrales de casi cualquier equipo. Y todo ello sin proteger especialmente el cuero, sin una conducción en absoluto brillante y sin ser tampoco un definidor extremadamente certero.

A falta de que la acumulación de experiencia al más alto nivel vaya convirtiéndolo en un nueve un poco más reposado, más complejo y también más útil en diferentes contextos y que, al mismo tiempo, vaya domando asimismo al boxeador puramente instintivo que ahora mismo lleva dentro; En-Nesyri, con su fuerza natural, su zancada, su energía contagiosa que provoca que sucedan muchas cosas y la desbordante confianza actual con la que está jugando configuran un crochet repentino y altamente determinante para un equipo que siempre ha preferido abrigarse y encajar que desprotegerse y recibir.

Tan irregular e impreciso a veces como siempre intenso en su manera de incordiar y de intimidar, Youssef En-Nesyri, que volvió a ser el mejor de su equipo ante el Valencia y el que más creyó en el merecido pero postrero empate de su equipo, es ese tipo de púgil capaz en cualquier momento de reaparecer en la pelea y conectar el fulgurante golpe en la mandíbula surgido de la práctica nada que lleve al rival a la lona y le impida volver a levantarse después de haber contado hasta diez. Oro en paño para Pellegrino y su Leganés en el ring de Butarque, donde a En-Nesyri ya solo le falta entrar en bata de satén y salir con el puño en alto.

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Su fichaje tenía el potencial, pero parecía faltarle la adecuada aproximación técnica y una mayor domesticación de sus virtudes para poder tener un impacto notable en la élite española desde el momento de su aterrizaje en Butarque, justo después de la etapa en el Málaga en la que arrastró las mismas dudas y la misma falta de certezas. Y, a pesar de ello, Youssef En-Nesyri se ha convertido para Mauricio Pellegrino y su Leganés en el arma principal para amenazar, castigar y dañar a sus rivales.

Si el excelso talento concreto de un Rubén Pérez que es el gran baluarte competitivo e identitario del equipo a nivel colectivo desde su incuestionable timón en el centro del campo y la nueva estructura táctica de base, compuesta por tres defensores centrales y dos carrileros, tan extendida en la actual Primera División, pasan por ser los motivos que están permitiendo al conjunto pepinero no perder sus partidos; el explosivo delantero marroquí ha sido, es y apunta a seguir siendo, por su parte, la razón principal que está acercando al ‘Lega’ a ganarlos.

Cuando parecía que Guido Carrillo se asentaba firmemente en el once titular a base de su casi incomparable capacidad para bajar balones e incluso melones del cielo, ha sido él y no En-Nesyri el que se ha terminado por caer de la titularidad con el cambio de sistema y con la llegada de un jugador del mismo ritmo alto, profundo y alborotador que el magrebí como es el danés Martin Braithwaite, con el que el joven africano se reparte de un modo más natural, sencillo y efectivo los espacios dentro de un equipo que acostumbra a replegar bastante abajo y a necesitar vías rápidas de salida.

El internacional marroquí ha asumido, por lo tanto, parte de ese trabajo en los envíos directos que realizaba el argentino y redobla no ya la profundidad que también pueden darle los carrileros al equipo, sino la anchura a la que puede actuar con sus caídas a los costados y su incidencia revoltosa por todo el frente del ataque, incluso en inferioridad numérica ante la zaga rival. No es casualidad que En-Nesyri pase por ser ahora mismo uno de los jugadores más temibles del campeonato en los duelos directos a campo abierto para los centrales de casi cualquier equipo. Y todo ello sin proteger especialmente el cuero, sin una conducción en absoluto brillante y sin ser tampoco un definidor extremadamente certero.

A falta de que la acumulación de experiencia al más alto nivel vaya convirtiéndolo en un nueve un poco más reposado, más complejo y también más útil en diferentes contextos y que, al mismo tiempo, vaya domando asimismo al boxeador puramente instintivo que ahora mismo lleva dentro; En-Nesyri, con su fuerza natural, su zancada, su energía contagiosa que provoca que sucedan muchas cosas y la desbordante confianza actual con la que está jugando configuran un crochet repentino y altamente determinante para un equipo que siempre ha preferido abrigarse y encajar que desprotegerse y recibir.

Tan irregular e impreciso a veces como siempre intenso en su manera de incordiar y de intimidar, Youssef En-Nesyri, que volvió a ser el mejor de su equipo ante el Valencia y el que más creyó en el merecido pero postrero empate de su equipo, es ese tipo de púgil capaz en cualquier momento de reaparecer en la pelea y conectar el fulgurante golpe en la mandíbula surgido de la práctica nada que lleve al rival a la lona y le impida volver a levantarse después de haber contado hasta diez. Oro en paño para Pellegrino y su Leganés en el ring de Butarque, donde a En-Nesyri ya solo le falta entrar en bata de satén y salir con el puño en alto.

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Huracán En-Nesyri

Joel Sierra @_JoeLSierra_
26-02-2019

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Cuatro cosas

David Orenes @david_lrl
11-02-2019