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Adiós a los Washington Redskins

César Martín @CesarMrtn 17-07-2020

El auge del movimiento Black Lives Matter se ha llevado por delante uno de los nombres más reconocibles y a la vez más polémicos de la NFL: el de los Washington Redskins. La franquicia de la capital estadounidense cambiará su denominación tras 87 años usando el controvertido término.

La ola de protestas antirracistas vividas en los Estados Unidos puso a los Redskins en el punto de mira… otra vez. Y es que la controversia de su nombre (y su logo) no es algo reciente ni mucho menos. Los Washington Redskins se llamaban así desde 1933, cuando todavía estaban en Boston, y las primeras protestas en contra de ese naming se dieron en la década de los sesenta.

La adopción del término redskin salió del fundador y primer dueño del equipo, George Preston Marshall. Originalmente la franquicia se llamaba Boston Braves, copiando el nombre del equipo de béisbol de la ciudad de Massachussets y que hoy juega en Atlanta. Para distinguirse de ellos, pero al mismo tiempo mantener vínculos con la población amerindia, Marshall se decantó por rebautizar a su equipo como Redskins. Se supone que también era un homenaje al entonces entrenador del equipo William Henry Dietz, quien decía ser siux, aunque esa supuesta pertenencia nunca ha quedado esclarecida del todo.

La ironía es que Marshall no era un tipo muy abierto de mente. La prueba de ello es que su equipo fue el último de toda la NFL en contar con un jugador afroamericano en sus filas. “Ficharemos negros cuando los Harlem Globetrotters fichen blancos”, llegó a decir. Otra frase suya de ese estilo fue: “¿Por qué negros? ¿Por qué no de otra raza? Hemos tenido jugadores que jugaban como chicas, pero nunca jugadoras chicas”. Finalmente, Marshall sucumbió a las presiones del mismísimo gobierno federal: o contrataba a un jugador negro, o el equipo sería expulsado de la capital. Así, en 1962 los Washington Redskins ficharon a Bobby Mitchell, el primer jugador afroamericano de su historia.

Pero la integración no acabó con las polémicas racistas en el Distrito de Columbia. La denominación Redskins no gustaba en algunos sectores de la población estadounidense, tanto nativa como no nativa. Con mayor o menor intensidad y frecuencia, empezó a haber protestas en distintos puntos del país, pero ningún propietario parecía por la labor de cambiar el nombre.

Cuando parecía que la controversia por el nombre de la franquicia estaba enfriada, la muerte de George Floyd asfixiado bajo la rodilla de un policía blanco hizo que muchas reivindicaciones antirracistas cogiesen muchísima fuerza y algunas de ellas volvieron a poner el foco en los Redskins. Ante esta situación, la franquicia tuvo un par de gestos muy simbólicos a finales de junio para intentar calmar los ánimos. El primero fue retirar el número 49 que lució el anteriormente nombrado Bobby Mitchell, fallecido un par de semanas antes. A lo largo de la historia del equipo, sólo Sammy Baugh había recibido tal honor de manera oficial. El segundo fue el de eliminar el nombre de George Preston Marshall (recordemos, su fundador y primer dueño) del Ring of Fame de su estadio. Sobre el tema del nombre, oídos sordos.

Daniel Snyder, propietario de los Redskins desde 1999, declaró en septiembre de 2013 que NUNCA (“Ponlo en mayúsculas”, le dijo la prensa) le cambiaría el nombre a la franquicia. Pero si Marshall sucumbió en su momento al poder del gobierno, Snyder lo hizo ante el poder del dinero. Y es que los principales patrocinadores del equipo, tales como FedEx (que da nombre a su estadio), Nike (que eliminó de su catálogo todos los productos relacionados con el equipo), PepsiCo y Bank of America comenzaron a presionar para que la franquicia adoptase una nueva imagen. Ya no hablamos de pequeños grupos de personas quejándose, sino de grandes empresas que aportan millones de dólares en las arcas del equipo.

Los jugadores del Washington Redskins en un partido en 2019.

En Landover ya no podían mirar más para otro lado y el 3 de julio anunciaron en redes sociales una profunda revisión del nombre. Diez días después, hicieron oficial que habría un cambio tanto de denominación como de logo. En ese último comunicado, los todavía Redskins señalaron que su nueva imagen buscará “[…] inspirar a nuestros sponsors, fans y comunidad para los próximos cien años”. En ese orden. Y se menciona un par de veces. Curioso.

Así termina una etapa de casi nueve décadas para una de las franquicias históricas de la National Football League. La sexta más antigua de toda la liga. Un palmarés de dos títulos de NFL y tres Super Bowls, además de catorce títulos de división. El equipo de Sammy Baugh, Darrell Green, Joe Theismann, Art Monk, Larry Brown, John Riggins, Mark Moseley, The Hogs, Joe Gibbs y George Allen, entre otras leyendas. Hasta siempre, Washington Redskins.

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El auge del movimiento Black Lives Matter se ha llevado por delante uno de los nombres más reconocibles y a la vez más polémicos de la NFL: el de los Washington Redskins. La franquicia de la capital estadounidense cambiará su denominación tras 87 años usando el controvertido término.

La ola de protestas antirracistas vividas en los Estados Unidos puso a los Redskins en el punto de mira… otra vez. Y es que la controversia de su nombre (y su logo) no es algo reciente ni mucho menos. Los Washington Redskins se llamaban así desde 1933, cuando todavía estaban en Boston, y las primeras protestas en contra de ese naming se dieron en la década de los sesenta.

La adopción del término redskin salió del fundador y primer dueño del equipo, George Preston Marshall. Originalmente la franquicia se llamaba Boston Braves, copiando el nombre del equipo de béisbol de la ciudad de Massachussets y que hoy juega en Atlanta. Para distinguirse de ellos, pero al mismo tiempo mantener vínculos con la población amerindia, Marshall se decantó por rebautizar a su equipo como Redskins. Se supone que también era un homenaje al entonces entrenador del equipo William Henry Dietz, quien decía ser siux, aunque esa supuesta pertenencia nunca ha quedado esclarecida del todo.

La ironía es que Marshall no era un tipo muy abierto de mente. La prueba de ello es que su equipo fue el último de toda la NFL en contar con un jugador afroamericano en sus filas. “Ficharemos negros cuando los Harlem Globetrotters fichen blancos”, llegó a decir. Otra frase suya de ese estilo fue: “¿Por qué negros? ¿Por qué no de otra raza? Hemos tenido jugadores que jugaban como chicas, pero nunca jugadoras chicas”. Finalmente, Marshall sucumbió a las presiones del mismísimo gobierno federal: o contrataba a un jugador negro, o el equipo sería expulsado de la capital. Así, en 1962 los Washington Redskins ficharon a Bobby Mitchell, el primer jugador afroamericano de su historia.

Pero la integración no acabó con las polémicas racistas en el Distrito de Columbia. La denominación Redskins no gustaba en algunos sectores de la población estadounidense, tanto nativa como no nativa. Con mayor o menor intensidad y frecuencia, empezó a haber protestas en distintos puntos del país, pero ningún propietario parecía por la labor de cambiar el nombre.

Cuando parecía que la controversia por el nombre de la franquicia estaba enfriada, la muerte de George Floyd asfixiado bajo la rodilla de un policía blanco hizo que muchas reivindicaciones antirracistas cogiesen muchísima fuerza y algunas de ellas volvieron a poner el foco en los Redskins. Ante esta situación, la franquicia tuvo un par de gestos muy simbólicos a finales de junio para intentar calmar los ánimos. El primero fue retirar el número 49 que lució el anteriormente nombrado Bobby Mitchell, fallecido un par de semanas antes. A lo largo de la historia del equipo, sólo Sammy Baugh había recibido tal honor de manera oficial. El segundo fue el de eliminar el nombre de George Preston Marshall (recordemos, su fundador y primer dueño) del Ring of Fame de su estadio. Sobre el tema del nombre, oídos sordos.

Daniel Snyder, propietario de los Redskins desde 1999, declaró en septiembre de 2013 que NUNCA (“Ponlo en mayúsculas”, le dijo la prensa) le cambiaría el nombre a la franquicia. Pero si Marshall sucumbió en su momento al poder del gobierno, Snyder lo hizo ante el poder del dinero. Y es que los principales patrocinadores del equipo, tales como FedEx (que da nombre a su estadio), Nike (que eliminó de su catálogo todos los productos relacionados con el equipo), PepsiCo y Bank of America comenzaron a presionar para que la franquicia adoptase una nueva imagen. Ya no hablamos de pequeños grupos de personas quejándose, sino de grandes empresas que aportan millones de dólares en las arcas del equipo.

Los jugadores del Washington Redskins en un partido en 2019.

En Landover ya no podían mirar más para otro lado y el 3 de julio anunciaron en redes sociales una profunda revisión del nombre. Diez días después, hicieron oficial que habría un cambio tanto de denominación como de logo. En ese último comunicado, los todavía Redskins señalaron que su nueva imagen buscará “[…] inspirar a nuestros sponsors, fans y comunidad para los próximos cien años”. En ese orden. Y se menciona un par de veces. Curioso.

Así termina una etapa de casi nueve décadas para una de las franquicias históricas de la National Football League. La sexta más antigua de toda la liga. Un palmarés de dos títulos de NFL y tres Super Bowls, además de catorce títulos de división. El equipo de Sammy Baugh, Darrell Green, Joe Theismann, Art Monk, Larry Brown, John Riggins, Mark Moseley, The Hogs, Joe Gibbs y George Allen, entre otras leyendas. Hasta siempre, Washington Redskins.

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