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Los Washington Redskins y su polémica sin fin

César Martín @CesarMrtn 29-03-2018

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Qué tendrá Washington D.C. para que
sus equipos nunca lleven un nombre adecuado. El equipo de baloncesto, los
Bullets, pasó a llamarse Wizards por la asociación de las balas con la
violencia, pero es que desde hace ya unas cuantas décadas es el equipo de
fútbol americano el que sufre presiones para que cambie de denominación. Porque
no son pocos los que piensas que Washington Redskins es un nombre racista.

Hablar de los Redskins (“Pieles Rojas”) es hablar de uno de los
equipos históricos del deporte estadounidense: cinco títulos nacionales (tres
de ellos, Super Bowls) y un valor estimado de 3.100 millones de dólares según
la revista Forbes. La franquicia fue creada en 1932 como Boston Braves, un
nickname idéntico al del equipo de béisbol de la NL. En aquel entonces era muy
frecuente que los equipos de football
copiaran el nombre de los de béisbol, aunque no tuvieran relación alguna entre
ellos. Al cabo de un año cambiaron su apelativo por otro relacionado con los
nativos americanos: Redskins.

El motivo del cambio fue un
homenaje del dueño del equipo al entrenador William Henry Dietz, quien decía
ser de la tribu siux, aunque esto sigue generando controversia más de cincuenta
años después de su muerte. También se dijo que en el equipo había unos cuantos
jugadores de ascendencia nativa. De todas formas, este supuesto tributo al
espíritu valiente y guerrero no estuvo muy bien visto porque, si bien en origen
la palabra redskin no tenía
connotaciones racistas, en los siglos XIX y XX sí.

En 1937 los Redskins se
establecieron en Washington D.C., donde se han consolidado como una de las
franquicias más reconocibles de la NFL. Polémicas por el nombre incluidas. Las
primeras quejas, lideradas por la comunidad nativo-americana, contra el uso del
término piel roja se dieron en la década de los sesenta. Pero las protestas no se
hicieron notorias hasta los noventa, cuando la corrección política empezó a ser
una de las prioridades de la sociedad norteamericana. Desde entonces, al
despacho de los sucesivos propietarios (primero Jack Kent Cooke y Daniel Snyder
ahora) no han parado de llegar cartas, llamadas, e-mails, etc. reclamando un
nuevo nombre para el equipo.

Los amerindios siempre han
reivindicado que ellos no son mascotas de nadie y que el hecho de que equipos
sin vínculos nativos usen según qué términos en los nombres sólo sirve para caricaturizarles
como salvajes y para consolidar los estereotipos étnicos. En la capital estadounidense
el debate llegó a las esferas más altas de la política, empezando por la
alcaldesa Muriel Bowser y terminando por el expresidente Barack Obama. Ambos
son caras visibles de la oposición al término. No son las únicas: The Washington Post anunció en 2014 que
no volverían a usar la palabra Redskins para referirse al equipo a no ser que fuera
estrictamente necesario. El prestigioso periodista y narrador Bob Costas sigue
ese mismo patrón en sus retransmisiones desde 2013. Y el antiguo árbitro de la
NFL Mike Carey pidió no mediar los choques del conjunto capitalino por
considerar que llevaban un nombre ofensivo.

Daniel Snyder, dueño del equipo
desde 1999, siempre se mostrado tajante ante un posible cambio de denominación:
Nunca lo haremos”. Un ‘no’ tan
contundente que tiene un motivo detrás. Los equipos de la NFL, además de ser clubes
deportivos, son un negocio. Son una marca. Forbes estima que 226 de los 3.100
millones de dólares del valor de los Redskins proceden de la marca: nombre,
logotipo, productos, etc. Conviene recordar que el equipo se llama Washington
Redskins desde hace más de ochenta años. Un rebranding
no sólo implicaría un alto coste económico, sino también sentimental. Es muy
probable que un washingtoniano no esté tan identificado con el nuevo nombre que
con el que lleva su equipo desde siempre.

Actualmente los Redskins juegan en
Landover (Maryland), a las afueras de la capital. Snyder quiere llevar de nuevo
al equipo dentro de los límites del Distrito de Columbia. Para ello habría que
reformar (o demoler) el mítico RFK Memorial Stadium, pero la alcaldesa se niega
a acoger a la franquicia mientras no cambie de nombre.

¿Realmente les molesta a los
nativos americanos que un equipo se llame Redskins? Al parecer, no mucho: una
encuesta realizada por el Washington Post
en 2016 señaló que de todos los amerindios encuestados, un 90% no se sentía
ofendido. Aquí se entra ya en el terreno de si hay que cambiar haciendo caso a los
que están molestos (aunque sean minoría) o mantener el statu quo respetando a
la famosa mayoría silenciosa. Se haga lo que se haga, habrá un bando
disconforme.

Los Washington Redskins no son el
único equipo de las grandes ligas estadounidenses con referencias a los nativos
en su nombre: Golden State Warriors, Kansas City Chiefs, Atlanta Braves,
Cleveland Indians… todos con mayor o menor grado de polémica. En el caso de
estos últimos, la controversia radica en que la insignia
de la gorra es un dibujo de un indio bastante estereotipado.

En el ámbito colegial ya ha habido unas
cuantas universidades cuyos equipos llevaban Redskins por nombre y lo
cambiaron, véase la de Utah (ahora Uties) y la de Miami en Ohio (ahora
RedHawks), entre otras. ¿Cambiarán los Redskins de la NFL de nombre algún día?
A corto plazo no parece muy probable. Del mismo modo, tampoco tiene pinta de
que vayan a cesar las protestas contra el naming del equipo. Porque esta es una
polémica que está lejos de acabar.

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Qué tendrá Washington D.C. para que
sus equipos nunca lleven un nombre adecuado. El equipo de baloncesto, los
Bullets, pasó a llamarse Wizards por la asociación de las balas con la
violencia, pero es que desde hace ya unas cuantas décadas es el equipo de
fútbol americano el que sufre presiones para que cambie de denominación. Porque
no son pocos los que piensas que Washington Redskins es un nombre racista.

Hablar de los Redskins (“Pieles Rojas”) es hablar de uno de los
equipos históricos del deporte estadounidense: cinco títulos nacionales (tres
de ellos, Super Bowls) y un valor estimado de 3.100 millones de dólares según
la revista Forbes. La franquicia fue creada en 1932 como Boston Braves, un
nickname idéntico al del equipo de béisbol de la NL. En aquel entonces era muy
frecuente que los equipos de football
copiaran el nombre de los de béisbol, aunque no tuvieran relación alguna entre
ellos. Al cabo de un año cambiaron su apelativo por otro relacionado con los
nativos americanos: Redskins.

El motivo del cambio fue un
homenaje del dueño del equipo al entrenador William Henry Dietz, quien decía
ser de la tribu siux, aunque esto sigue generando controversia más de cincuenta
años después de su muerte. También se dijo que en el equipo había unos cuantos
jugadores de ascendencia nativa. De todas formas, este supuesto tributo al
espíritu valiente y guerrero no estuvo muy bien visto porque, si bien en origen
la palabra redskin no tenía
connotaciones racistas, en los siglos XIX y XX sí.

En 1937 los Redskins se
establecieron en Washington D.C., donde se han consolidado como una de las
franquicias más reconocibles de la NFL. Polémicas por el nombre incluidas. Las
primeras quejas, lideradas por la comunidad nativo-americana, contra el uso del
término piel roja se dieron en la década de los sesenta. Pero las protestas no se
hicieron notorias hasta los noventa, cuando la corrección política empezó a ser
una de las prioridades de la sociedad norteamericana. Desde entonces, al
despacho de los sucesivos propietarios (primero Jack Kent Cooke y Daniel Snyder
ahora) no han parado de llegar cartas, llamadas, e-mails, etc. reclamando un
nuevo nombre para el equipo.

Los amerindios siempre han
reivindicado que ellos no son mascotas de nadie y que el hecho de que equipos
sin vínculos nativos usen según qué términos en los nombres sólo sirve para caricaturizarles
como salvajes y para consolidar los estereotipos étnicos. En la capital estadounidense
el debate llegó a las esferas más altas de la política, empezando por la
alcaldesa Muriel Bowser y terminando por el expresidente Barack Obama. Ambos
son caras visibles de la oposición al término. No son las únicas: The Washington Post anunció en 2014 que
no volverían a usar la palabra Redskins para referirse al equipo a no ser que fuera
estrictamente necesario. El prestigioso periodista y narrador Bob Costas sigue
ese mismo patrón en sus retransmisiones desde 2013. Y el antiguo árbitro de la
NFL Mike Carey pidió no mediar los choques del conjunto capitalino por
considerar que llevaban un nombre ofensivo.

Daniel Snyder, dueño del equipo
desde 1999, siempre se mostrado tajante ante un posible cambio de denominación:
Nunca lo haremos”. Un ‘no’ tan
contundente que tiene un motivo detrás. Los equipos de la NFL, además de ser clubes
deportivos, son un negocio. Son una marca. Forbes estima que 226 de los 3.100
millones de dólares del valor de los Redskins proceden de la marca: nombre,
logotipo, productos, etc. Conviene recordar que el equipo se llama Washington
Redskins desde hace más de ochenta años. Un rebranding
no sólo implicaría un alto coste económico, sino también sentimental. Es muy
probable que un washingtoniano no esté tan identificado con el nuevo nombre que
con el que lleva su equipo desde siempre.

Actualmente los Redskins juegan en
Landover (Maryland), a las afueras de la capital. Snyder quiere llevar de nuevo
al equipo dentro de los límites del Distrito de Columbia. Para ello habría que
reformar (o demoler) el mítico RFK Memorial Stadium, pero la alcaldesa se niega
a acoger a la franquicia mientras no cambie de nombre.

¿Realmente les molesta a los
nativos americanos que un equipo se llame Redskins? Al parecer, no mucho: una
encuesta realizada por el Washington Post
en 2016 señaló que de todos los amerindios encuestados, un 90% no se sentía
ofendido. Aquí se entra ya en el terreno de si hay que cambiar haciendo caso a los
que están molestos (aunque sean minoría) o mantener el statu quo respetando a
la famosa mayoría silenciosa. Se haga lo que se haga, habrá un bando
disconforme.

Los Washington Redskins no son el
único equipo de las grandes ligas estadounidenses con referencias a los nativos
en su nombre: Golden State Warriors, Kansas City Chiefs, Atlanta Braves,
Cleveland Indians… todos con mayor o menor grado de polémica. En el caso de
estos últimos, la controversia radica en que la insignia
de la gorra es un dibujo de un indio bastante estereotipado.

En el ámbito colegial ya ha habido unas
cuantas universidades cuyos equipos llevaban Redskins por nombre y lo
cambiaron, véase la de Utah (ahora Uties) y la de Miami en Ohio (ahora
RedHawks), entre otras. ¿Cambiarán los Redskins de la NFL de nombre algún día?
A corto plazo no parece muy probable. Del mismo modo, tampoco tiene pinta de
que vayan a cesar las protestas contra el naming del equipo. Porque esta es una
polémica que está lejos de acabar.

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