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Tinus Osendarp: atleta medallista olímpico, nazi fanático o un gran tonto

José Miguel Arcos @JMArcosRuiz7 17-07-2020

La historia de Martinus Osendarp es la de la gloria de un país y el ostracismo de la traición a sus propios compatriotas. ‘Tinus’ consiguió ser medallista olímpico para los Países Bajos en los Juegos Olímpicos de Berlín 1936. De aquel héroe no quedó nada cuando, cruelmente, acabó apoyando a los nazis durante la ocupación en la II Guerra Mundial.

Tinus Osendarp es un reconocido atleta y medallista olímpico holandés cuyo origen se remonta al 21 de mayo de 1916, cuando nace en Delft en el seno de una familia dedicada a la exportación de fruta y verdura. Pronto se mudaría a escasos kilómetros: Rijswijk, municipio adyacente a La Haya. Es precisamente en la capital de Holanda Meridional donde comienza su estrecha relación con el deporte. En La Haya florece el VUC, un club que hoy en día sigue siendo amateur. Además del fútbol, deporte en el que Martinus Osendarp quiso triunfar y no tuvo suerte, el VUC ofreció a Tinus su mejor alternativa: el atletismo.

Tinus recibió con los brazos abiertos las competiciones juveniles de atletismo del verano de 1932 en Shiedam. Sus cualidades hablaron por sí solas en las pruebas de salto de longitud y ochenta metros con sendas victorias. El atletismo, a sus 16 años, ya no era una alternativa sino una realidad y su gran talento. La primera actuación internacional de Tinus fue en 1934 durante el Campeonato de Europa en Turín. Terminó quinto en los 100 metros y tercero en los 200 metros. 

“La persona blanca más rápida del mundo”

Su ascenso meteórico culminó en unos Juegos Olímpicos muy polémicos. Berlín 1936 fue organizado por los nazis y en aquel campeonato de propaganda germánica querían exponer la supuesta superioridad de la raza aria. Fue una cita a la que algunos deportistas decidieron no acudir y que, sin duda, se marca en el calendario como el germen deportivo de la rivalidad entre neerlandeses y alemanes.

Fueron los famosos juegos de Jesse Owens. A la estela de tres afroamericanos -Owens con dos oros; Matthew Robinson y Ralph Metcalfe en segunda posición- estuvo Tinus Osendarp. De estos resultados en las pruebas 100 y 200 metros se ganó el apodo de ‘la persona blanca más rápida del mundo’ por parte de la prensa alemana. Sus bronces le convirtieron en nada menos que un héroe nacional en Países Bajos… una condición que de la que él mismo se desprendería pocos años después al colaborar con los nazis durante la ocupación.

Cuenta el distinguido periodista neerlandés Auke Kok en su ‘1936: wij gingen naar Berlijn’ (1936: fuimos a Berlín), haciendo un repaso biográfico de Martinus Osendarp, que aquel ingenuo atleta pagó caro el escoger la trinchera equivocada durante la guerra. Para el comienzo de la guerra, Tinus había perdido su trabajo en las oficinas de la aerolínea KLM y su sueño de casarse y tener hijos no hacía más que posponerse mientras se preguntaba qué iba a ser de él después del atletismo.

El destino pasa a ser favorable cuando los cuerpos de policía se amplían drásticamente por orden de los alemanes. Tinus consigue un trabajo estable y bien remunerado y pasa a ser “el policía más rápido de los Países Bajos”. Si querías escapar de él debías “mejorar una marca olímpica o huir en bicicleta”, bromeaba el extinto diario holandés Algemeen Handelsblad.

No fue un policía más. Rápidamente, nunca mejor dicho, quiso dar el salto al Nationaal-Socialistische Beweging in Nederland (NSB), el movimiento nacional socialista, fascista, que se convirtió en el único partido legal neerlandés durante la II Guerra Mundial y que actuó como una filial de Hitler. Pertenecer al NSB no era más que un impulso hacia las SS, el Servicio de Seguridad en el que actuó Tinus Osendarp desde octubre de 1943, tal y como él mismo declaró tras la guerra.

Su entrada al NSB y las SS fue una huida. Sus conocidos rescatan su “complejo de inferioridad” y el desarrollo de su mente “inversamente proporcional” con respecto al físico. Por el temor de no saber qué hacer cuando se le acabara el deporte, pensó que era una buena oportunidad la entrada en la esfera nazi.

Una vez dentro de la policía, NSB y SS, Tinus pasó de realizar trabajos administrativos tales como tomar huellas digitales a formar parte del temido Comando Leemhuis, que se dedicaba a ‘cazar’ personas a escondidas. Al ex atleta se le atribuyeron 26 detenciones durante la ocupación, de las cuales 10 personas no sobrevivieron.

Entretanto, Tinus Osendarp seguía en las pistas entrenado por un compañero policía. No pudo hacer gala de las cualidades que le dieron la gloria en el pasado cuando, en una de las acciones del Comando Leemhuis, se escapó un detenido y el atleta disparó al cuerpo del individuo tras dos disparos de advertencia. Cuando el juez le preguntó por qué no usó su velocidad y condiciones físicas, Osendarp respondió que “no era un concurso, señoría”. Ya no quedaba nada del héroe deportista.

Erróneamente muerto, complejo de inferioridad, cárcel y aislamiento social

Cuando Martinus Osendarp tenía 28 años, una radio lanzó la información de que el atleta había sido asesinado con un arma de fuego en los días posteriores a la liberación. Todo lo contrario. El atleta vivió para hacer frente a su pasado. Tinus Osendarp se había ganado el odio de un país y ahora, tras la guerra, debía pagar por sus actos.

Ese mismo año, 1945, Tinus Osendarp fue encarcelado hasta su juicio por responsabilidades durante la ocupación nazi. En 1948 fue sentenciado a 12 años de cárcel por los crímenes aquí expuestos, aunque sólo cumplió cinco años del total. Desde que salió de prisión en 1953, con 37 años, hasta su jubilación en 1972, Osendarp trabajó en las minas de Limburg, cerca de la frontera con Alemania y Bélgica. Lo que tuvo que sufrir el resto de su vida -vivió hasta 2002- fue un aislamiento social de un país que realmente le odiaba mucho.

Su caso fue estudiado en 2005 por los Archivos Nacionales neerlandeses a petición de la Real Federación Holandesa de Atletismo (KNAU). Su objetivo era asegurarse bien de la historia de Tinus Osendarp, innegablemente ligada al atletismo neerlandés y a los años de ocupación. Para octubre de aquel año, la historia de Osendarp -de quien la Unión de Atletismo concluyó que perteneció dos años a las SS germánicas- y otros atletas fue rescatada en ‘Olympic Experience’, una exposición en el Estadio Olímpico de Ámsterdam.

Tinus Osendarp es considerado un gran deportista en su país, pero también gira en torno a él un aura de odio y tristeza por las decisiones que tomó. Inmediatamente después de su arresto en la liberación confesó; también se expresó abiertamente acerca de lo que hizo, alegando desconocer lo que eran los campos de concentración o desquitándose del antisemitismo.

“Claro que tengo remordimiento, pero el remordimiento siempre llega cuando es demasiado tarde”, declaración de Tinus Osendarp que bien podría convertirse en la firma de su vida. Quizá también sea acertada la corriente de historiadores deportivos neerlandeses que se preguntan si fue, además de un gran deportista, “un nazi fanático o un gran tonto”.

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La historia de Martinus Osendarp es la de la gloria de un país y el ostracismo de la traición a sus propios compatriotas. ‘Tinus’ consiguió ser medallista olímpico para los Países Bajos en los Juegos Olímpicos de Berlín 1936. De aquel héroe no quedó nada cuando, cruelmente, acabó apoyando a los nazis durante la ocupación en la II Guerra Mundial.

Tinus Osendarp es un reconocido atleta y medallista olímpico holandés cuyo origen se remonta al 21 de mayo de 1916, cuando nace en Delft en el seno de una familia dedicada a la exportación de fruta y verdura. Pronto se mudaría a escasos kilómetros: Rijswijk, municipio adyacente a La Haya. Es precisamente en la capital de Holanda Meridional donde comienza su estrecha relación con el deporte. En La Haya florece el VUC, un club que hoy en día sigue siendo amateur. Además del fútbol, deporte en el que Martinus Osendarp quiso triunfar y no tuvo suerte, el VUC ofreció a Tinus su mejor alternativa: el atletismo.

Tinus recibió con los brazos abiertos las competiciones juveniles de atletismo del verano de 1932 en Shiedam. Sus cualidades hablaron por sí solas en las pruebas de salto de longitud y ochenta metros con sendas victorias. El atletismo, a sus 16 años, ya no era una alternativa sino una realidad y su gran talento. La primera actuación internacional de Tinus fue en 1934 durante el Campeonato de Europa en Turín. Terminó quinto en los 100 metros y tercero en los 200 metros. 

“La persona blanca más rápida del mundo”

Su ascenso meteórico culminó en unos Juegos Olímpicos muy polémicos. Berlín 1936 fue organizado por los nazis y en aquel campeonato de propaganda germánica querían exponer la supuesta superioridad de la raza aria. Fue una cita a la que algunos deportistas decidieron no acudir y que, sin duda, se marca en el calendario como el germen deportivo de la rivalidad entre neerlandeses y alemanes.

Fueron los famosos juegos de Jesse Owens. A la estela de tres afroamericanos -Owens con dos oros; Matthew Robinson y Ralph Metcalfe en segunda posición- estuvo Tinus Osendarp. De estos resultados en las pruebas 100 y 200 metros se ganó el apodo de ‘la persona blanca más rápida del mundo’ por parte de la prensa alemana. Sus bronces le convirtieron en nada menos que un héroe nacional en Países Bajos… una condición que de la que él mismo se desprendería pocos años después al colaborar con los nazis durante la ocupación.

Cuenta el distinguido periodista neerlandés Auke Kok en su ‘1936: wij gingen naar Berlijn’ (1936: fuimos a Berlín), haciendo un repaso biográfico de Martinus Osendarp, que aquel ingenuo atleta pagó caro el escoger la trinchera equivocada durante la guerra. Para el comienzo de la guerra, Tinus había perdido su trabajo en las oficinas de la aerolínea KLM y su sueño de casarse y tener hijos no hacía más que posponerse mientras se preguntaba qué iba a ser de él después del atletismo.

El destino pasa a ser favorable cuando los cuerpos de policía se amplían drásticamente por orden de los alemanes. Tinus consigue un trabajo estable y bien remunerado y pasa a ser “el policía más rápido de los Países Bajos”. Si querías escapar de él debías “mejorar una marca olímpica o huir en bicicleta”, bromeaba el extinto diario holandés Algemeen Handelsblad.

No fue un policía más. Rápidamente, nunca mejor dicho, quiso dar el salto al Nationaal-Socialistische Beweging in Nederland (NSB), el movimiento nacional socialista, fascista, que se convirtió en el único partido legal neerlandés durante la II Guerra Mundial y que actuó como una filial de Hitler. Pertenecer al NSB no era más que un impulso hacia las SS, el Servicio de Seguridad en el que actuó Tinus Osendarp desde octubre de 1943, tal y como él mismo declaró tras la guerra.

Su entrada al NSB y las SS fue una huida. Sus conocidos rescatan su “complejo de inferioridad” y el desarrollo de su mente “inversamente proporcional” con respecto al físico. Por el temor de no saber qué hacer cuando se le acabara el deporte, pensó que era una buena oportunidad la entrada en la esfera nazi.

Una vez dentro de la policía, NSB y SS, Tinus pasó de realizar trabajos administrativos tales como tomar huellas digitales a formar parte del temido Comando Leemhuis, que se dedicaba a ‘cazar’ personas a escondidas. Al ex atleta se le atribuyeron 26 detenciones durante la ocupación, de las cuales 10 personas no sobrevivieron.

Entretanto, Tinus Osendarp seguía en las pistas entrenado por un compañero policía. No pudo hacer gala de las cualidades que le dieron la gloria en el pasado cuando, en una de las acciones del Comando Leemhuis, se escapó un detenido y el atleta disparó al cuerpo del individuo tras dos disparos de advertencia. Cuando el juez le preguntó por qué no usó su velocidad y condiciones físicas, Osendarp respondió que “no era un concurso, señoría”. Ya no quedaba nada del héroe deportista.

Erróneamente muerto, complejo de inferioridad, cárcel y aislamiento social

Cuando Martinus Osendarp tenía 28 años, una radio lanzó la información de que el atleta había sido asesinado con un arma de fuego en los días posteriores a la liberación. Todo lo contrario. El atleta vivió para hacer frente a su pasado. Tinus Osendarp se había ganado el odio de un país y ahora, tras la guerra, debía pagar por sus actos.

Ese mismo año, 1945, Tinus Osendarp fue encarcelado hasta su juicio por responsabilidades durante la ocupación nazi. En 1948 fue sentenciado a 12 años de cárcel por los crímenes aquí expuestos, aunque sólo cumplió cinco años del total. Desde que salió de prisión en 1953, con 37 años, hasta su jubilación en 1972, Osendarp trabajó en las minas de Limburg, cerca de la frontera con Alemania y Bélgica. Lo que tuvo que sufrir el resto de su vida -vivió hasta 2002- fue un aislamiento social de un país que realmente le odiaba mucho.

Su caso fue estudiado en 2005 por los Archivos Nacionales neerlandeses a petición de la Real Federación Holandesa de Atletismo (KNAU). Su objetivo era asegurarse bien de la historia de Tinus Osendarp, innegablemente ligada al atletismo neerlandés y a los años de ocupación. Para octubre de aquel año, la historia de Osendarp -de quien la Unión de Atletismo concluyó que perteneció dos años a las SS germánicas- y otros atletas fue rescatada en ‘Olympic Experience’, una exposición en el Estadio Olímpico de Ámsterdam.

Tinus Osendarp es considerado un gran deportista en su país, pero también gira en torno a él un aura de odio y tristeza por las decisiones que tomó. Inmediatamente después de su arresto en la liberación confesó; también se expresó abiertamente acerca de lo que hizo, alegando desconocer lo que eran los campos de concentración o desquitándose del antisemitismo.

“Claro que tengo remordimiento, pero el remordimiento siempre llega cuando es demasiado tarde”, declaración de Tinus Osendarp que bien podría convertirse en la firma de su vida. Quizá también sea acertada la corriente de historiadores deportivos neerlandeses que se preguntan si fue, además de un gran deportista, “un nazi fanático o un gran tonto”.

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Diego G. Argota @Diego21Garcia
01-07-2020