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Siempre nos quedará Madrid

Diego G. Argota @DiegoGArgota21 07-05-2019

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Petra Kvitova es una de las mejores raquetas del torneo femenino. Calificada actualmente en el puesto 2 de la WTA, que alcanzó la semana pasada y que tenía también a principios de año, es su mejor clasificación de siempre. Ganadora de dos Grand Slam, ambos sobre la verde hierba de Wimbledon en 2011 y 2014 y con una medalla de bronce colgada en Río en 2016, la finalista del último Australia Open, donde perdió con Osaka, defiende título en Madrid. Pero esto último estuvo muy cerca de no ocurrir. 

La tenista zurda, que creció admirando a Navratilova, saltó al primer nivel en 2010 con tan solo 20 años, y tiró la puerta abajo un año después, cuando a su primer Wimbledon añadió el de Jugadora del Año. Sumaba 19 títulos WTA (hoy lleva 27) cuando en diciembre de 2016, poco después de haber ganado su sitio en el podio de los JJOO de Río sufrió un episodio de película, pero de terror.

Un ladrón asaltó su casa de República Checa. Ella, que reside en Mónaco, se encontraba en ese momento en su hogar natal preparando la Copa Hopman y fue víctima directa del robo. Petra se intentó defender y el atacante, que apenas logró un botín de 200 euros, no dudó en agredirla con un cuchillo. Le cortó todos los dedos de su mano izquierda, la hábil, dejando unas imágenes que han sido publicadas y que no son aptas para todo el mundo. 

Dice que se dio cuenta de la gravedad de lo sucedido cuando vio que toda la casa había quedado ensangrentada. La tenista, para no sufrir los daños directos del cuchillo en el cuerpo, frenó el ataque de manera impulsiva cogiendo el cuchillo con su mano izquierda por la parte de la hoja imprimiendo toda la fuerza que pudo. Crucial para salvar quién sabe si la vida, pero aún así nefasto para una carrera de tenis al máximo nivel.

Las heridas fueron catalogadas como gravísimas, necesitó una operación de cuatro horas y se informó que el estado de sus tendones podría no tener solución, algo que a todos los efectos habría resultado crucial en su devenir deportivo. La checa, entonces número 11 del ranking, empezó un plan de recuperación que se estimaba en algo más de seis meses. Y todo fue siempre incluso mejor de lo previsto. No solo a nivel físico, sino también a nivel mental, un componente que en estas ocasiones podría haber sido crítico.

“Volveré mejor que nunca”, afirmó. Y vaya si lo hizo. Reapareció en Roland Garros unas semanas antes de lo que se imaginaba y lo hizo con victoria en su primer partido, aunque cayendo en el segundo. Le fue igual en Wimbledon y en el US Open volvió a soñar en grande al entrar entre las ocho mejores del torneo. Y eso que, sólo un mes después de aparecer, levantó el trofeo de Birmingham, cita que sirve siempre como preparación al All England Club.

Los más escépticos, o quizás los más razonables en base a lo sucedido, pensaban que la checa nunca podría recuperar su mejor nivel por mucho que sus heridas hubieran sanado. Siempre quedan secuelas que son insalvables en el máximo nivel. Así lo afirmaba además la española Anabel Medina sobre lo que se rumoreaba en el circuito cuando se informó de la gravedad de las lesiones de la checa. Lo lógico para una lesión de ese tipo habría sido una vuelta a los torneos, un par de temporadas deambulando por la parte oscura del ranking y una retirada prematura. Pero ese no fue el guión que tuvo ella en su cabeza.

Era prácticamente imposible que volviera. En 2018, un año difícil en los cuatro grandes, pudo cosechar cinco títulos. Revalidó el trofeo en la hierba de Birmingham, se impuso en San Petersburgo, doblegó a Muguruza en Doha, venció en Praga y conquistó Madrid, sin duda su gran éxito, la tercera vez que lograba un Premier Mandatory y la tercera vez que lo hacía en la capital española tras 2011 y 2015.

Y lo logró haciendo un torneo impecable. Sin dar opción a Puig, remontando a Kontaveit, barriendo a Kasátkina, sorprendiendo a su compatriota Pliskova e imponiéndose en la final a una Bertens que parecía imparable. Con su tercer trofeo en Madrid (en solo 10 años de historia) se convirtió en la jugadora más laureada en la ciudad, desempatando con Simona Halep y Serena Williams. La norteamericana ha decidido no jugar en Madrid para preparar Roland Garros mientras que la rumana, aquejada de problemas físicos en las últimas semanas, no está al 100%. 

Kvitova, en cambio, que ya ha pasado con solvencia las dos primeras rondas en la capital española, viene de ganar el torneo de Stuttgart, lo que supone que es la primera tenista del año capaz de repetir título WTA este 2019. Dispuesta a seguir escalando posiciones en la clasificación y, quién sabe, si lograr eso que nunca ha podido: el número 1, que está a solo 136 puntos. No podrá ser en este torneo, porque la checa defiende todos los puntos mientras que Osaka no tiene ninguno en juego. Pero siempre nos quedará Madrid.

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Petra Kvitova es una de las mejores raquetas del torneo femenino. Calificada actualmente en el puesto 2 de la WTA, que alcanzó la semana pasada y que tenía también a principios de año, es su mejor clasificación de siempre. Ganadora de dos Grand Slam, ambos sobre la verde hierba de Wimbledon en 2011 y 2014 y con una medalla de bronce colgada en Río en 2016, la finalista del último Australia Open, donde perdió con Osaka, defiende título en Madrid. Pero esto último estuvo muy cerca de no ocurrir. 

La tenista zurda, que creció admirando a Navratilova, saltó al primer nivel en 2010 con tan solo 20 años, y tiró la puerta abajo un año después, cuando a su primer Wimbledon añadió el de Jugadora del Año. Sumaba 19 títulos WTA (hoy lleva 27) cuando en diciembre de 2016, poco después de haber ganado su sitio en el podio de los JJOO de Río sufrió un episodio de película, pero de terror.

Un ladrón asaltó su casa de República Checa. Ella, que reside en Mónaco, se encontraba en ese momento en su hogar natal preparando la Copa Hopman y fue víctima directa del robo. Petra se intentó defender y el atacante, que apenas logró un botín de 200 euros, no dudó en agredirla con un cuchillo. Le cortó todos los dedos de su mano izquierda, la hábil, dejando unas imágenes que han sido publicadas y que no son aptas para todo el mundo. 

Dice que se dio cuenta de la gravedad de lo sucedido cuando vio que toda la casa había quedado ensangrentada. La tenista, para no sufrir los daños directos del cuchillo en el cuerpo, frenó el ataque de manera impulsiva cogiendo el cuchillo con su mano izquierda por la parte de la hoja imprimiendo toda la fuerza que pudo. Crucial para salvar quién sabe si la vida, pero aún así nefasto para una carrera de tenis al máximo nivel.

Las heridas fueron catalogadas como gravísimas, necesitó una operación de cuatro horas y se informó que el estado de sus tendones podría no tener solución, algo que a todos los efectos habría resultado crucial en su devenir deportivo. La checa, entonces número 11 del ranking, empezó un plan de recuperación que se estimaba en algo más de seis meses. Y todo fue siempre incluso mejor de lo previsto. No solo a nivel físico, sino también a nivel mental, un componente que en estas ocasiones podría haber sido crítico.

“Volveré mejor que nunca”, afirmó. Y vaya si lo hizo. Reapareció en Roland Garros unas semanas antes de lo que se imaginaba y lo hizo con victoria en su primer partido, aunque cayendo en el segundo. Le fue igual en Wimbledon y en el US Open volvió a soñar en grande al entrar entre las ocho mejores del torneo. Y eso que, sólo un mes después de aparecer, levantó el trofeo de Birmingham, cita que sirve siempre como preparación al All England Club.

Los más escépticos, o quizás los más razonables en base a lo sucedido, pensaban que la checa nunca podría recuperar su mejor nivel por mucho que sus heridas hubieran sanado. Siempre quedan secuelas que son insalvables en el máximo nivel. Así lo afirmaba además la española Anabel Medina sobre lo que se rumoreaba en el circuito cuando se informó de la gravedad de las lesiones de la checa. Lo lógico para una lesión de ese tipo habría sido una vuelta a los torneos, un par de temporadas deambulando por la parte oscura del ranking y una retirada prematura. Pero ese no fue el guión que tuvo ella en su cabeza.

Era prácticamente imposible que volviera. En 2018, un año difícil en los cuatro grandes, pudo cosechar cinco títulos. Revalidó el trofeo en la hierba de Birmingham, se impuso en San Petersburgo, doblegó a Muguruza en Doha, venció en Praga y conquistó Madrid, sin duda su gran éxito, la tercera vez que lograba un Premier Mandatory y la tercera vez que lo hacía en la capital española tras 2011 y 2015.

Y lo logró haciendo un torneo impecable. Sin dar opción a Puig, remontando a Kontaveit, barriendo a Kasátkina, sorprendiendo a su compatriota Pliskova e imponiéndose en la final a una Bertens que parecía imparable. Con su tercer trofeo en Madrid (en solo 10 años de historia) se convirtió en la jugadora más laureada en la ciudad, desempatando con Simona Halep y Serena Williams. La norteamericana ha decidido no jugar en Madrid para preparar Roland Garros mientras que la rumana, aquejada de problemas físicos en las últimas semanas, no está al 100%. 

Kvitova, en cambio, que ya ha pasado con solvencia las dos primeras rondas en la capital española, viene de ganar el torneo de Stuttgart, lo que supone que es la primera tenista del año capaz de repetir título WTA este 2019. Dispuesta a seguir escalando posiciones en la clasificación y, quién sabe, si lograr eso que nunca ha podido: el número 1, que está a solo 136 puntos. No podrá ser en este torneo, porque la checa defiende todos los puntos mientras que Osaka no tiene ninguno en juego. Pero siempre nos quedará Madrid.

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