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Real Madrid, empate inútil para alejarse del título

Alejandro Centellas @alexcalonso 04-05-2014

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Alejandro CENTELLAS De Valencia llegó la sorpresa y en Madrid se certificó la importancia de la misma. Una noche a priori intrascendente se convirtió en un examen para intentar igualar al empollón de la clase. El disparo de Cristiano Ronaldo, que desbarató el siempre felino Diego Alves, fue la consumación de un inicio acorde a las circunstancias. No es un novedad, lo hemos visto muchas veces con el Madrid de local. La idea es clara: buscar un zarpazo relámpago para buscar la comodidad y seguir el camino con menos peso en las alforjas. Aunque el zarpazo pudo llegar de los rizos de Parejo si el poste no hubiera dicho lo contrario.

En menos de 20 minutos de partido, el público frunció el ceño cuando vio las dudas de Illarramendi en el centro del campo. Ancelotti dijo que, siguiendo el curso natural de la evidencia, el recambio de Xabi Alonso en Lisboa sería Illarramedni. No sabemos si considerase el futuro dueño de un centro del campo rodeado de pirañas le puso nervioso, pero lo cierto es que durante la primera media hora se vio al tolosarra con la mente en las calles lisboetas. El cambio de Di María por Illarramendi nos llevó a pensar en un cambio de idea de Ancelotti para Lisbota. Los compañeros de baile tampoco ayudaron: Javi Fuego, Parejo y Feghouli son jugadores de tronío, complementados a la perfección para dibujar un centro del campo, como poco, diligente. El caso particular del de Coslada es especial; viendo jugar a Parejo vemos a un futbolista realmente técnico que podría encajar en los planes de un equipo más grande. Quizás don Alfredo Di Stéfano no se equivocó tanto.  Todo esto lo pensamos en un partido, en una primera parte, con poca historia. No fue de las más brillantes del Madrid ni el Valencia pasó demasiados apuros para contrarrestar las tímidas llegadas del equipo de Ancelotti. Las ocasiones llegaban de forma eventual, producto de las delicias individuales del Madrid más que de un dominio compacto del juego. El público es soberano; los pitos se mimetizaron con los aplausos. Solo Mathieu, en los albores del descanso, pudo transformar los aplausos y pitos en un silencio sepulcral después de cabecear a gol un saque de esquina. No era la mejor forma de afrontar una remontada en Liga.

La segunda parte comenzó con polémica. Di María envió un centró que fue cortado por la mano de Joao Pereira. La mano, que en la repetición se vio clara, se archivó en el cajón del debate entre mano voluntaria o involuntaria. Después llegó el goteo de ocasiones, que se perdieron entre imprecisiones y actuaciones soberbias de Diego Alves. Y poco minutos después, llegó el empate a cargo de Sergio Ramos. El centrarl se ha convertido, en los últimos partidos, en el delantero goleador que tanto buscaba el Madrid; en los momentos más cruciales siempre ha aparecido la cabeza de Sergio Ramos para solventar los problemas. Problemas pasajeros, porque el Valencia no se conformó con un empate a domicilio y volvió a darle la vuelta al marcador con el disparo de Parejo a pase de Feghouli. La tormeta volvía a asomar por el Santiago Bernabéu.

El Madrid entró en una crisis existencial, una duda entre dar por perdida la Liga o seguir luchando. Las piernas ya no respondían, recordando quizá el incendio de Munich, y los jugadores de arriba no estaban por la labor de defender una tarea prácticamente indefendible. Asumieron que la oportunidad se había escapado, que nunca estuvieron tan cerca de agarrar del cuello al león y por una falta de convicción le habían devorado la mano. La única salvación fue el golazo de Cristiano Ronaldo, ya con el tiempo cumplido. El taconazo limpió la imagen de un Madrid confundido y exhausto. El partido se esfumó y con él, la oportunidad del Madrid de, al menos, asustar al líder de la Liga. Otra vez será.

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Alejandro CENTELLAS De Valencia llegó la sorpresa y en Madrid se certificó la importancia de la misma. Una noche a priori intrascendente se convirtió en un examen para intentar igualar al empollón de la clase. El disparo de Cristiano Ronaldo, que desbarató el siempre felino Diego Alves, fue la consumación de un inicio acorde a las circunstancias. No es un novedad, lo hemos visto muchas veces con el Madrid de local. La idea es clara: buscar un zarpazo relámpago para buscar la comodidad y seguir el camino con menos peso en las alforjas. Aunque el zarpazo pudo llegar de los rizos de Parejo si el poste no hubiera dicho lo contrario.

En menos de 20 minutos de partido, el público frunció el ceño cuando vio las dudas de Illarramendi en el centro del campo. Ancelotti dijo que, siguiendo el curso natural de la evidencia, el recambio de Xabi Alonso en Lisboa sería Illarramedni. No sabemos si considerase el futuro dueño de un centro del campo rodeado de pirañas le puso nervioso, pero lo cierto es que durante la primera media hora se vio al tolosarra con la mente en las calles lisboetas. El cambio de Di María por Illarramendi nos llevó a pensar en un cambio de idea de Ancelotti para Lisbota. Los compañeros de baile tampoco ayudaron: Javi Fuego, Parejo y Feghouli son jugadores de tronío, complementados a la perfección para dibujar un centro del campo, como poco, diligente. El caso particular del de Coslada es especial; viendo jugar a Parejo vemos a un futbolista realmente técnico que podría encajar en los planes de un equipo más grande. Quizás don Alfredo Di Stéfano no se equivocó tanto.  Todo esto lo pensamos en un partido, en una primera parte, con poca historia. No fue de las más brillantes del Madrid ni el Valencia pasó demasiados apuros para contrarrestar las tímidas llegadas del equipo de Ancelotti. Las ocasiones llegaban de forma eventual, producto de las delicias individuales del Madrid más que de un dominio compacto del juego. El público es soberano; los pitos se mimetizaron con los aplausos. Solo Mathieu, en los albores del descanso, pudo transformar los aplausos y pitos en un silencio sepulcral después de cabecear a gol un saque de esquina. No era la mejor forma de afrontar una remontada en Liga.

La segunda parte comenzó con polémica. Di María envió un centró que fue cortado por la mano de Joao Pereira. La mano, que en la repetición se vio clara, se archivó en el cajón del debate entre mano voluntaria o involuntaria. Después llegó el goteo de ocasiones, que se perdieron entre imprecisiones y actuaciones soberbias de Diego Alves. Y poco minutos después, llegó el empate a cargo de Sergio Ramos. El centrarl se ha convertido, en los últimos partidos, en el delantero goleador que tanto buscaba el Madrid; en los momentos más cruciales siempre ha aparecido la cabeza de Sergio Ramos para solventar los problemas. Problemas pasajeros, porque el Valencia no se conformó con un empate a domicilio y volvió a darle la vuelta al marcador con el disparo de Parejo a pase de Feghouli. La tormeta volvía a asomar por el Santiago Bernabéu.

El Madrid entró en una crisis existencial, una duda entre dar por perdida la Liga o seguir luchando. Las piernas ya no respondían, recordando quizá el incendio de Munich, y los jugadores de arriba no estaban por la labor de defender una tarea prácticamente indefendible. Asumieron que la oportunidad se había escapado, que nunca estuvieron tan cerca de agarrar del cuello al león y por una falta de convicción le habían devorado la mano. La única salvación fue el golazo de Cristiano Ronaldo, ya con el tiempo cumplido. El taconazo limpió la imagen de un Madrid confundido y exhausto. El partido se esfumó y con él, la oportunidad del Madrid de, al menos, asustar al líder de la Liga. Otra vez será.

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Fernando Evangelio @ferevangelio
05-04-2021