_Fórmula 1

Quien no arriesga no gana

Abraham Marqués @AbrahamMarques_ 21-01-2019

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Quien no arriesga no gana. Que se lo digan a Niki Lauda y James Hunt en el último Gran Premio de 1976. Los dos amigos, y máximos rivales en pista, llegaron a Japón con opciones de ganar el título. El país del sol naciente debutaba en la Fórmula 1 con una carrera en un circuito construido al pie monte Fuji. Lauda llegó a tener una ventaja de más de 30 puntos en el campeonato, pero tras perderse dos Grandes Premios por su grave accidente en Nürburgring y pilotar en las últimas carreras del campeonato teniendo su cara en muy mal estado, aterrizó en Japón con tres puntos de ventaja sobre James Hunt. La valentía de Niki, las opciones de Hunt, el debut de Japón y un campeonato en juego hicieron que todas las cámaras apuntaran a la Fórmula 1. Bernie Ecclestone se encargó de ello.

El espectáculo estaba servido y todo el mundo esperaba el desenlace de la gran batalla. Con lo que no se contaba era con una lluvia que hacía imposible pilotar de forma segura. Los pilotos se reunieron, y de forma casi unánime se negaron a correr la carrera. Hasta James Hunt, el gran necesitado de que se disputara la carrera para tener opciones de ganar el título, se negaba a participar. Se lo dejó bien claro a Tedy Mayer, jefe de McLaren: “Yo no salgo ahí. No corro, ¿me oyes?”. El miedo era evidente, pero se iba a correr, no había vuelta atrás. La Fórmula 1 no podía permitirse el lujo de suspender una carrera en la que había tantos ojos puestos. Los organizadores del Gran Premio no paraban de presionar para que los pilotos saliesen a pista. No cesaron hasta que lo consiguieron.

El Gran Premio dio comienzo y Niki Lauda no tardó mucho en retirarse. En el segundo giro, entró en boxes y decidió abandonar. Vio la muerte demasiado cerca en el Gran Premio de Alemania y no iba a tentar a la suerte una segunda vez. Una de las frases célebres del austriaco cobró más sentido que nunca ese día: “La única victoria importante en este negocio es el día que abandonas el paddock con vida”. Niki arriesgo su segunda corona por mantenerse a salvo. Todo dependía del resultado de Hunt en la carrera.

Por su parte, James decidió arriesgar su físico en aras de conseguir su primer título mundial. Estuvo a punto de no conseguirlo, pues por problemas en sus neumáticos pasó de liderar la carrera a ser sexto. Necesitaba ser tercero para proclamarse campeón del mundo. En una remontada a la desesperada tras su paso por boxes en las últimas vueltas de carrera, comenzó a pilotar de manera endiablada, rebasando todos los coches que se encontraba en su camino sin saber si estaba ganando posiciones o pasando a doblados. Al terminar la carrera, se fue directo a recriminarle a su equipo la mala gestión de los neumáticos, ya que pensaba que se le había escapado el título. No sabía que había ganado el campeonato.

James Hunt se llevó una increíble sorpresa al recibir la noticia. Había conseguido arrebatarle el mundial a Niki Lauda por solo un punto, ya que cruzó la meta en tercera posición. Su rival se encontraba camino del aeropuerto cuando el piloto de McLaren se proclamó campeón del mundo. El esfuerzo sobrehumano de Lauda de volver a la parrilla tan solo un mes y medio después de su accidente no fue suficiente para que se llevara el título.

Cada uno arriesgó lo suyo y ganó lo que le correspondía. Hunt puso su vida en peligro y consiguió su sueño de ser campeón del mundo. Lauda puso en juego su bicampeonato. Lo perdió, pero ganó lo que deseaba: salir de Fuji con vida.

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Quien no arriesga no gana. Que se lo digan a Niki Lauda y James Hunt en el último Gran Premio de 1976. Los dos amigos, y máximos rivales en pista, llegaron a Japón con opciones de ganar el título. El país del sol naciente debutaba en la Fórmula 1 con una carrera en un circuito construido al pie monte Fuji. Lauda llegó a tener una ventaja de más de 30 puntos en el campeonato, pero tras perderse dos Grandes Premios por su grave accidente en Nürburgring y pilotar en las últimas carreras del campeonato teniendo su cara en muy mal estado, aterrizó en Japón con tres puntos de ventaja sobre James Hunt. La valentía de Niki, las opciones de Hunt, el debut de Japón y un campeonato en juego hicieron que todas las cámaras apuntaran a la Fórmula 1. Bernie Ecclestone se encargó de ello.

El espectáculo estaba servido y todo el mundo esperaba el desenlace de la gran batalla. Con lo que no se contaba era con una lluvia que hacía imposible pilotar de forma segura. Los pilotos se reunieron, y de forma casi unánime se negaron a correr la carrera. Hasta James Hunt, el gran necesitado de que se disputara la carrera para tener opciones de ganar el título, se negaba a participar. Se lo dejó bien claro a Tedy Mayer, jefe de McLaren: “Yo no salgo ahí. No corro, ¿me oyes?”. El miedo era evidente, pero se iba a correr, no había vuelta atrás. La Fórmula 1 no podía permitirse el lujo de suspender una carrera en la que había tantos ojos puestos. Los organizadores del Gran Premio no paraban de presionar para que los pilotos saliesen a pista. No cesaron hasta que lo consiguieron.

El Gran Premio dio comienzo y Niki Lauda no tardó mucho en retirarse. En el segundo giro, entró en boxes y decidió abandonar. Vio la muerte demasiado cerca en el Gran Premio de Alemania y no iba a tentar a la suerte una segunda vez. Una de las frases célebres del austriaco cobró más sentido que nunca ese día: “La única victoria importante en este negocio es el día que abandonas el paddock con vida”. Niki arriesgo su segunda corona por mantenerse a salvo. Todo dependía del resultado de Hunt en la carrera.

Por su parte, James decidió arriesgar su físico en aras de conseguir su primer título mundial. Estuvo a punto de no conseguirlo, pues por problemas en sus neumáticos pasó de liderar la carrera a ser sexto. Necesitaba ser tercero para proclamarse campeón del mundo. En una remontada a la desesperada tras su paso por boxes en las últimas vueltas de carrera, comenzó a pilotar de manera endiablada, rebasando todos los coches que se encontraba en su camino sin saber si estaba ganando posiciones o pasando a doblados. Al terminar la carrera, se fue directo a recriminarle a su equipo la mala gestión de los neumáticos, ya que pensaba que se le había escapado el título. No sabía que había ganado el campeonato.

James Hunt se llevó una increíble sorpresa al recibir la noticia. Había conseguido arrebatarle el mundial a Niki Lauda por solo un punto, ya que cruzó la meta en tercera posición. Su rival se encontraba camino del aeropuerto cuando el piloto de McLaren se proclamó campeón del mundo. El esfuerzo sobrehumano de Lauda de volver a la parrilla tan solo un mes y medio después de su accidente no fue suficiente para que se llevara el título.

Cada uno arriesgó lo suyo y ganó lo que le correspondía. Hunt puso su vida en peligro y consiguió su sueño de ser campeón del mundo. Lauda puso en juego su bicampeonato. Lo perdió, pero ganó lo que deseaba: salir de Fuji con vida.

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