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Pecco Bagnaia, tutta una nuova vita

Swinxy @Swinxy 08-11-2022

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Moto GP Pecco Bagnaia

El punto es la unidad más simple, irreductiblemente mínima, de la comunicación visual;​ es una figura geométrica sin dimensión, tampoco tiene longitud, área, volumen, ni otro ángulo dimensional. No es un objeto físico. Describe una posición en el plano, determinada respecto de un sistema de coordenadas preestablecidas.

Es imposible saber en qué punto exacto del Ricardo Tormo estaba Pecco Bagnaia cuando Álex Rins cruzaba la línea de meta y convertía matemáticamente al italiano en campeón del mundo de MotoGP 2022.

Desde ese momento, Bagnaia se convirtió en el punto a seguir. Por los focos, por las cámaras, por los micrófonos. Por fin lo había conseguido.

Por sin se había convertido en el punto de intersección entre dos sueños que parecían ser semirrectas hasta que el piloto italiano las ha convertido en segmentos, uniendo sus destinos en el mejor sitio posible: la placa con su nombre en el icónico trofeo de MotoGP, justo encima de la del primer título de Marc Márquez.

Uno de esos sueños es el de Valentino Rossi. El que nació cuando acogió en su regazo a su ‘hermanito’ Marco Simoncelli, y que tras la muerte del 58 decidió convertir en una misión: encargarse de buscar su propio relevo. Entendió que solamente lo podía hacer él.

Así que hizo lo mismo que había hecho siempre: dotó al sueño de trabajo para hacerlo realidad, creando la VR46 Riders Academy y compaginando su misión de conquistar el décimo título mundial en pista con la de asegurar muchos más para el futuro de sus pupilos, implementando el VR46 Racing Team.

Un sueño que ya cristalizó con el título de Franco Morbidelli en 2017 para acabar con ocho años de sequía italiana de títulos. Ya solo faltaba poner la guinda al pastel devolviendo a Italia a lo más alto de MotoGP.

Años antes, en 2013, Ducati anunció la contratación de Gigi Dall’Igna. El objetivo era claro: reiniciar el proyecto Desmosedici, agotado tras años de declive con Casey Stoner primero y Valentino Rossi después, para volver a reinar en la categoría reina como en aquel inolvidable 2007.

Con Andrea Dovizioso como baluarte en pista, la mente de Dall’Igna empezó a funcionar a mil por hora, pariendo inventos muchas veces criticados a nivel estético… para terminar siendo copiados por la competencia, que empezó a ir siempre a rebufo de Borgo Panigale. Aun así, una y otra vez se daban de bruces con Marc Márquez, teniendo que conformarse con coleccionar victorias parciales y subcampeonatos globales.

Tras dejar ir a Dovi, y ante la negativa de los grandes nombres de MotoGP, Ducati decidió entregar su futuro al joven Pecco Bagnaia, una maniobra muy criticada por dejar fuera del equipo oficial al más consolidado Johann Zarco.

Con el título de Moto2 bajo el brazo, Bagnaia se convertía en el primer piloto VR46 en llegar a un equipo oficial de MotoGP. Ya en la segunda mitad de 2021 ilusionó a todo el mundo, escenificando en Valencia el relevo del motociclismo italiano cuando, tras dar rueda a Valentino Rossi en la Qualy, se hizo con la victoria el domingo antes de dejar todo el protagonismo a su maestro en su adiós.

Un año después, el sueño de Valentino Rossi y el sueño de Gigi Dall’Igna y Ducati han confluido en el mismo punto, consumando el gran sueño de ver a un piloto italiano llevando a una moto italiana a la cima de MotoGP.

Un punto que es, ahora, un punto de partida. Si hace un año Valencia ponía el punto final a tutta una vita dedicada al motociclismo, en este 2022 ha asistido a la coronación de Pecco Bagnaia, que a su vez es el inicio de un sueño compartido.

Un sueño que supone tutta una nuova vita. Para Pecco Bagnaia, para Valentino Rossi, para Gigi Dall’Igna, para Ducati y para todos los tifosi. Su historia siempre será amarilla. Su futuro es una nuvola rossa.

Imagen de cabecera: Ducati

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El punto es la unidad más simple, irreductiblemente mínima, de la comunicación visual;​ es una figura geométrica sin dimensión, tampoco tiene longitud, área, volumen, ni otro ángulo dimensional. No es un objeto físico. Describe una posición en el plano, determinada respecto de un sistema de coordenadas preestablecidas.

Es imposible saber en qué punto exacto del Ricardo Tormo estaba Pecco Bagnaia cuando Álex Rins cruzaba la línea de meta y convertía matemáticamente al italiano en campeón del mundo de MotoGP 2022.

Desde ese momento, Bagnaia se convirtió en el punto a seguir. Por los focos, por las cámaras, por los micrófonos. Por fin lo había conseguido.

Por sin se había convertido en el punto de intersección entre dos sueños que parecían ser semirrectas hasta que el piloto italiano las ha convertido en segmentos, uniendo sus destinos en el mejor sitio posible: la placa con su nombre en el icónico trofeo de MotoGP, justo encima de la del primer título de Marc Márquez.

Uno de esos sueños es el de Valentino Rossi. El que nació cuando acogió en su regazo a su ‘hermanito’ Marco Simoncelli, y que tras la muerte del 58 decidió convertir en una misión: encargarse de buscar su propio relevo. Entendió que solamente lo podía hacer él.

Así que hizo lo mismo que había hecho siempre: dotó al sueño de trabajo para hacerlo realidad, creando la VR46 Riders Academy y compaginando su misión de conquistar el décimo título mundial en pista con la de asegurar muchos más para el futuro de sus pupilos, implementando el VR46 Racing Team.

Un sueño que ya cristalizó con el título de Franco Morbidelli en 2017 para acabar con ocho años de sequía italiana de títulos. Ya solo faltaba poner la guinda al pastel devolviendo a Italia a lo más alto de MotoGP.

Años antes, en 2013, Ducati anunció la contratación de Gigi Dall’Igna. El objetivo era claro: reiniciar el proyecto Desmosedici, agotado tras años de declive con Casey Stoner primero y Valentino Rossi después, para volver a reinar en la categoría reina como en aquel inolvidable 2007.

Con Andrea Dovizioso como baluarte en pista, la mente de Dall’Igna empezó a funcionar a mil por hora, pariendo inventos muchas veces criticados a nivel estético… para terminar siendo copiados por la competencia, que empezó a ir siempre a rebufo de Borgo Panigale. Aun así, una y otra vez se daban de bruces con Marc Márquez, teniendo que conformarse con coleccionar victorias parciales y subcampeonatos globales.

Tras dejar ir a Dovi, y ante la negativa de los grandes nombres de MotoGP, Ducati decidió entregar su futuro al joven Pecco Bagnaia, una maniobra muy criticada por dejar fuera del equipo oficial al más consolidado Johann Zarco.

Con el título de Moto2 bajo el brazo, Bagnaia se convertía en el primer piloto VR46 en llegar a un equipo oficial de MotoGP. Ya en la segunda mitad de 2021 ilusionó a todo el mundo, escenificando en Valencia el relevo del motociclismo italiano cuando, tras dar rueda a Valentino Rossi en la Qualy, se hizo con la victoria el domingo antes de dejar todo el protagonismo a su maestro en su adiós.

Un año después, el sueño de Valentino Rossi y el sueño de Gigi Dall’Igna y Ducati han confluido en el mismo punto, consumando el gran sueño de ver a un piloto italiano llevando a una moto italiana a la cima de MotoGP.

Un punto que es, ahora, un punto de partida. Si hace un año Valencia ponía el punto final a tutta una vita dedicada al motociclismo, en este 2022 ha asistido a la coronación de Pecco Bagnaia, que a su vez es el inicio de un sueño compartido.

Un sueño que supone tutta una nuova vita. Para Pecco Bagnaia, para Valentino Rossi, para Gigi Dall’Igna, para Ducati y para todos los tifosi. Su historia siempre será amarilla. Su futuro es una nuvola rossa.

Imagen de cabecera: Ducati

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