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María José Martínez: «La intención es acabar 2019, todo dependerá de cómo me vaya»

Alejandro Pérez @aperezgom 30-05-2019

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A sus 36 años, María José Martínez (Yecla, 1982) compite y disfruta sus últimos meses en la élite. No pone fecha, pero admite que la retirada está cerca. Madre desde 2014, al comenzar esta gira de tierra cambió de pareja en los dobles. De la eslovena Andreja Klepac a la española Sara Sorribes. Durante el Mutua Madrid Open 2019 se sienta con Sphera Sports para hablar del cambio, de compaginar ser madre y tenista y de una retirada cada vez más cercana.

Primeros torneos con su nueva pareja de dobles, Sara Sorribes. ¿A qué se ha debido el cambio?

Llevábamos (con la eslovena Andreja Klepac) dos años y tres meses y decidimos poner punto y final. No pensábamos continuar juntas ya desde el final de 2018 pero ni ella ni yo encontramos a nadie y decidimos jugar en Australia, donde nos fue bastante bien. Después de Miami decidimos cerrar nuestra etapa como compañeras de trabajo, pero nos seguimos llevando muy bien fuera de la pista. Contacté con Sara, ella conmigo y pensamos que era una buena mezcla. Su clasificación era algo menor y en algún torneo entramos al límite. Pero creo que esto es una inversión y estamos con muchas ganas.

Pasa de jugar con una compañera de 33 años a hacerlo con una de 22. ¿Qué supone ese cambio?

En según qué situaciones todavía está un poco verde porque es joven, pero lo suple mucho con las ganas y lo competitiva que es. Le gusta mucho jugar los dobles, le gusta jugar en la volea. Tenemos un juego parecido. Con Andreja era diferente porque ella apretaba detrás y yo me movía más delante. Con Sara quizás es un juego de ambas delante. Es diferente, pero me apetecía el cambio, lo vi como una inversión, un proyecto bonito y decidí lanzarme.

¿Ganar su primer título en el segundo torneo les ha sorprendido (en Rabat, 29 de abril al 5 de mayo)?

En Stuttgart nos quedamos con mal sabor de boca porque no pudimos expresar nuestro tenis (derrota en primera ronda). Era tierra batida bajo techo, todo fue muy rápido. No nos acabamos de encontrar. Ella también estaba un poco nerviosa el primer día. Generalmente yo no juego torneos de la categoría de Rabat (International) pero decidimos ir a jugar para rodarnos como pareja. Y al final ganamos el torneo. Fue una muy buena decisión porque ahora ya nos entendemos un poquito mejor y ella está más tranquila. La confianza cambia de ir a Madrid perdiendo el primer partido en Stuttgart a ganando un torneo.

¿Qué objetivos se marcan en esta nueva aventura?

Mi único objetivo es disfrutar dentro de la pista, ser valientes y vivir el momento. Lo demás viene solo, los resultados vienen. Con mirar más allá sólo consigues presión. A mí, para lo poquito que me queda ya, sólo quiero seguir disfrutando de este deporte.

Antes de comenzar la andadura con Sara Sorribes, el equipo de Copa Federación consiguió el ascenso al Grupo Mundial en Bélgica. ¿Cómo ha vivido las dos series de este año, en Japón y en Bélgica?

Lo importante es que entre todo el equipo hemos hecho piña. Y eso se ha notado. En Japón, Georgina fue la protagonista porque ganó los tres partidos. En dobles yo tuve algo que ver. Y nos faltaba un paso más, en Bélgica, donde estuvieron Carla y Garbiñe. Garbiñe no estuvo tan fina, pero estuvo hasta el final. Lo conseguimos en los dobles y estuvimos apoyando todo lo que pudimos desde fuera de la pista.

Para 2020, en la Copa Federación, ¿qué objetivo hay?

Dependemos mucho de si va a haber 8 o 16 equipos en el Grupo Mundial, algo que todavía no se sabe. Es un gran paso estar en el Grupo Mundial, algo que nos merecíamos.

Durante la temporada, los partidos de dobles no tienen la atención que los individuales. Y en Copa Federación, como ha pasado este año, el dobles resulta decisivo. ¿Cómo analiza esta diferencia de protagonismo?

Estoy muy adaptada a esto y es lo que hay. Dicen que vende el individual. Yo creo que los dobles también son bonitos y entretenidos de ver. Los derechos de TV y los patrocinadores principales apuestan por eso. Ojalá se le hiciera un poquito más de caso. Pero para lo poco que me queda, no lo veré.

Hablando de retiradas, David Ferrer ha dicho adiós en el Mutua Madrid Open 2019.

Ha sido todo un ejemplo. Ha tenido una carrera larguísima y buenísima. Ha sido un gran competidor y un gran luchador. Como persona, un 10.

Respecto a usted, la retirada no está demasiado lejos. Con el cambio de pareja, ¿cómo se plantea el final de su carrera?

Este año la intención es acabarlo. En principio dije que éste sería mi último año y la intención era acabar en Australia porque es un torneo que me encanta. Todo será en función de cómo me vaya.

¿Cómo ha cambiado su visión del tenis desde que es madre?

Cuando eres madre, priorizas. El tenis ha sido toda mi vida, pero en el momento que fui madre, las prioridades cambian. Mi familia primero y luego el tenis. Hay que jugar y hay que compaginar. No pueden acompañarme siempre, pero para mí la familia es la prioridad número 1. El tenis lo hago porque es un medio de vida y al final me encanta. Si no, no habría vuelto de nuevo.

¿Qué facilidades ponen los torneos para compaginar la competición con la maternidad con un servicio de guardería?

Si quitas los cuatro Grand Slam, no lo hay. Poco a poco, es un servicio que se va a empezar a ofrecer en los torneos porque cada vez empiezan a haber más. Tampoco es tan complicado para el torneo el destinar un espacio a poner cuatro juegos y dos personas que se encarguen de los niños. A veces mi marido viene a ver los partidos con la niña y no lo disfruta igual que si estuviera solo. En los Grand Slam sí que lo tienes.

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A sus 36 años, María José Martínez (Yecla, 1982) compite y disfruta sus últimos meses en la élite. No pone fecha, pero admite que la retirada está cerca. Madre desde 2014, al comenzar esta gira de tierra cambió de pareja en los dobles. De la eslovena Andreja Klepac a la española Sara Sorribes. Durante el Mutua Madrid Open 2019 se sienta con Sphera Sports para hablar del cambio, de compaginar ser madre y tenista y de una retirada cada vez más cercana.

Primeros torneos con su nueva pareja de dobles, Sara Sorribes. ¿A qué se ha debido el cambio?

Llevábamos (con la eslovena Andreja Klepac) dos años y tres meses y decidimos poner punto y final. No pensábamos continuar juntas ya desde el final de 2018 pero ni ella ni yo encontramos a nadie y decidimos jugar en Australia, donde nos fue bastante bien. Después de Miami decidimos cerrar nuestra etapa como compañeras de trabajo, pero nos seguimos llevando muy bien fuera de la pista. Contacté con Sara, ella conmigo y pensamos que era una buena mezcla. Su clasificación era algo menor y en algún torneo entramos al límite. Pero creo que esto es una inversión y estamos con muchas ganas.

Pasa de jugar con una compañera de 33 años a hacerlo con una de 22. ¿Qué supone ese cambio?

En según qué situaciones todavía está un poco verde porque es joven, pero lo suple mucho con las ganas y lo competitiva que es. Le gusta mucho jugar los dobles, le gusta jugar en la volea. Tenemos un juego parecido. Con Andreja era diferente porque ella apretaba detrás y yo me movía más delante. Con Sara quizás es un juego de ambas delante. Es diferente, pero me apetecía el cambio, lo vi como una inversión, un proyecto bonito y decidí lanzarme.

¿Ganar su primer título en el segundo torneo les ha sorprendido (en Rabat, 29 de abril al 5 de mayo)?

En Stuttgart nos quedamos con mal sabor de boca porque no pudimos expresar nuestro tenis (derrota en primera ronda). Era tierra batida bajo techo, todo fue muy rápido. No nos acabamos de encontrar. Ella también estaba un poco nerviosa el primer día. Generalmente yo no juego torneos de la categoría de Rabat (International) pero decidimos ir a jugar para rodarnos como pareja. Y al final ganamos el torneo. Fue una muy buena decisión porque ahora ya nos entendemos un poquito mejor y ella está más tranquila. La confianza cambia de ir a Madrid perdiendo el primer partido en Stuttgart a ganando un torneo.

¿Qué objetivos se marcan en esta nueva aventura?

Mi único objetivo es disfrutar dentro de la pista, ser valientes y vivir el momento. Lo demás viene solo, los resultados vienen. Con mirar más allá sólo consigues presión. A mí, para lo poquito que me queda ya, sólo quiero seguir disfrutando de este deporte.

Antes de comenzar la andadura con Sara Sorribes, el equipo de Copa Federación consiguió el ascenso al Grupo Mundial en Bélgica. ¿Cómo ha vivido las dos series de este año, en Japón y en Bélgica?

Lo importante es que entre todo el equipo hemos hecho piña. Y eso se ha notado. En Japón, Georgina fue la protagonista porque ganó los tres partidos. En dobles yo tuve algo que ver. Y nos faltaba un paso más, en Bélgica, donde estuvieron Carla y Garbiñe. Garbiñe no estuvo tan fina, pero estuvo hasta el final. Lo conseguimos en los dobles y estuvimos apoyando todo lo que pudimos desde fuera de la pista.

Para 2020, en la Copa Federación, ¿qué objetivo hay?

Dependemos mucho de si va a haber 8 o 16 equipos en el Grupo Mundial, algo que todavía no se sabe. Es un gran paso estar en el Grupo Mundial, algo que nos merecíamos.

Durante la temporada, los partidos de dobles no tienen la atención que los individuales. Y en Copa Federación, como ha pasado este año, el dobles resulta decisivo. ¿Cómo analiza esta diferencia de protagonismo?

Estoy muy adaptada a esto y es lo que hay. Dicen que vende el individual. Yo creo que los dobles también son bonitos y entretenidos de ver. Los derechos de TV y los patrocinadores principales apuestan por eso. Ojalá se le hiciera un poquito más de caso. Pero para lo poco que me queda, no lo veré.

Hablando de retiradas, David Ferrer ha dicho adiós en el Mutua Madrid Open 2019.

Ha sido todo un ejemplo. Ha tenido una carrera larguísima y buenísima. Ha sido un gran competidor y un gran luchador. Como persona, un 10.

Respecto a usted, la retirada no está demasiado lejos. Con el cambio de pareja, ¿cómo se plantea el final de su carrera?

Este año la intención es acabarlo. En principio dije que éste sería mi último año y la intención era acabar en Australia porque es un torneo que me encanta. Todo será en función de cómo me vaya.

¿Cómo ha cambiado su visión del tenis desde que es madre?

Cuando eres madre, priorizas. El tenis ha sido toda mi vida, pero en el momento que fui madre, las prioridades cambian. Mi familia primero y luego el tenis. Hay que jugar y hay que compaginar. No pueden acompañarme siempre, pero para mí la familia es la prioridad número 1. El tenis lo hago porque es un medio de vida y al final me encanta. Si no, no habría vuelto de nuevo.

¿Qué facilidades ponen los torneos para compaginar la competición con la maternidad con un servicio de guardería?

Si quitas los cuatro Grand Slam, no lo hay. Poco a poco, es un servicio que se va a empezar a ofrecer en los torneos porque cada vez empiezan a haber más. Tampoco es tan complicado para el torneo el destinar un espacio a poner cuatro juegos y dos personas que se encarguen de los niños. A veces mi marido viene a ver los partidos con la niña y no lo disfruta igual que si estuviera solo. En los Grand Slam sí que lo tienes.

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