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Luka Dončić y el mal de Ricky Rubio

César Martín @CesarMrtn 24-10-2018

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Luka Dončić ya forma parte de ese grupo de privilegiados que ha disputado al menos un partido en la NBA. Se llevaba hablando del salto del esloveno a la mejor liga de basket del mundo prácticamente desde que se asentó en la rotación de Pablo Laso en el Real Madrid. Ahora que es un NBA con todas las letras, vamos a oír hablar mucho de él. Quizá demasiado.

Es lógico que en España haya tanta expectación en torno a Dončić. Nació en Eslovenia, pero es “uno de los nuestros”. Llegó aquí con 13 años y en el Real Madrid le hemos visto crecer tanto en el aspecto físico como en el baloncestístico. Y su talento nos ha maravillado a todos. Con 19 años (referencia a la edad, coletilla que se repite hasta la saciedad cuando una promesa del deporte nos deja boquiabiertos), su palmarés es envidiable. Europa se le iba a quedar pequeña, así que mejor cruzar el charco cuanto antes.

Desde que en el Draft se convirtiera en jugador de los Mavericks (traspasado por los Hawks), en los medios de España ha repuntado ese fenómeno que yo llamo “El mal de Ricky Rubio”: esa obsesión por convertir a un jugador español (Dončić entra aquí por lo explicado en el párrafo anterior) en poco menos que el epicentro de la NBA. Recibe el nombre del base de El Masnou porque cuando este dio el salto allá por 2011, si uno leía los titulares de los periódicos nacionales debía pensar que estábamos ante la reencarnación de Magic Johnson.

Europeo, talento precoz… el hype con Rubio en su momento fue similar al de Dončić ahora. Pero algunos confundieron el hambre con las ganas de comer. En el año rookie de Ricky fuimos testigos de noticias enteras para una simple asistencia con juegos de palabras tales como “Rickycesto” o “Ricky Mouse”. Por suerte, el esloveno no tiene un nombre que genere florituras de este tipo. O eso espero.

La temporada es larga. Dončić tendrá partidos buenos, regulares y malos. Rezo para que, de darse el último caso, no leamos titulares del estilo “Dončić contribuye en la victoria de los Mavs” y resulta que su aporte son 5 puntos. Este tipo práctica se vio en exceso con los Hernangómez la temporada pasada. Igual de sangrante es la pérdida de identidad de quienes rodean a los españoles. Véase “el entrenador de”, “el compañero de”, “el mentor de”.

Lo dicho, el hype en torno a Dončić está justificado, pero conviene no venirse arriba. Porque tener al esloveno hasta en la sopa no le va a hacer ningún favor al chaval, más bien al contrario. Lo mismo que le sucedió a Ricky Rubio en su momento. Y eso es responsabilidad de quienes tratan (tratamos) la actualidad NBA.

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Luka Dončić ya forma parte de ese grupo de privilegiados que ha disputado al menos un partido en la NBA. Se llevaba hablando del salto del esloveno a la mejor liga de basket del mundo prácticamente desde que se asentó en la rotación de Pablo Laso en el Real Madrid. Ahora que es un NBA con todas las letras, vamos a oír hablar mucho de él. Quizá demasiado.

Es lógico que en España haya tanta expectación en torno a Dončić. Nació en Eslovenia, pero es “uno de los nuestros”. Llegó aquí con 13 años y en el Real Madrid le hemos visto crecer tanto en el aspecto físico como en el baloncestístico. Y su talento nos ha maravillado a todos. Con 19 años (referencia a la edad, coletilla que se repite hasta la saciedad cuando una promesa del deporte nos deja boquiabiertos), su palmarés es envidiable. Europa se le iba a quedar pequeña, así que mejor cruzar el charco cuanto antes.

Desde que en el Draft se convirtiera en jugador de los Mavericks (traspasado por los Hawks), en los medios de España ha repuntado ese fenómeno que yo llamo “El mal de Ricky Rubio”: esa obsesión por convertir a un jugador español (Dončić entra aquí por lo explicado en el párrafo anterior) en poco menos que el epicentro de la NBA. Recibe el nombre del base de El Masnou porque cuando este dio el salto allá por 2011, si uno leía los titulares de los periódicos nacionales debía pensar que estábamos ante la reencarnación de Magic Johnson.

Europeo, talento precoz… el hype con Rubio en su momento fue similar al de Dončić ahora. Pero algunos confundieron el hambre con las ganas de comer. En el año rookie de Ricky fuimos testigos de noticias enteras para una simple asistencia con juegos de palabras tales como “Rickycesto” o “Ricky Mouse”. Por suerte, el esloveno no tiene un nombre que genere florituras de este tipo. O eso espero.

La temporada es larga. Dončić tendrá partidos buenos, regulares y malos. Rezo para que, de darse el último caso, no leamos titulares del estilo “Dončić contribuye en la victoria de los Mavs” y resulta que su aporte son 5 puntos. Este tipo práctica se vio en exceso con los Hernangómez la temporada pasada. Igual de sangrante es la pérdida de identidad de quienes rodean a los españoles. Véase “el entrenador de”, “el compañero de”, “el mentor de”.

Lo dicho, el hype en torno a Dončić está justificado, pero conviene no venirse arriba. Porque tener al esloveno hasta en la sopa no le va a hacer ningún favor al chaval, más bien al contrario. Lo mismo que le sucedió a Ricky Rubio en su momento. Y eso es responsabilidad de quienes tratan (tratamos) la actualidad NBA.

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Muy orgulloso

Adrià Campmany @campmany_adria
08-11-2021