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Las otras medidas del deporte

Diego G. Argota @DiegoGArgota21 21-05-2019

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Triatlón

Uno ve una serie de corredores, más o menos en fila, finitos, con paso firme, casi acompasados con un movimiento perfecto de cabeza. Una técnica perfecta que les hace ceder el menor tiempo posible a cada zancada. Unos cuerpos exageradamente definidos, con un porcentaje de grasa irrisorio y casi inexistente y una sensación de poder seguir manteniendo ese estilo durante horas. Y entonces, en el mismo pelotón, un muchacho rubio desentona. Va jadeando, con una zancada desacompasada, cuerpo echado hacia adelante y una sensación de estar pidiendo una bombona de oxígeno que comprendemos cuando vemos su cara roja cerca de explotar. Es robusto, corpulento, diríamos incluso gordo comparado con el resto de los compañeros de cabeza y su aspecto es más de un tren a punto de descarrilar que de un triatleta de élite.

Pero así es Kristian Blummenfelt, el patito feo del grupo que rompe con todos los cánones habidos y por haber en un deporte tan completo como duro como es el triatlón. Nacido en Noruega hace 25 años, su aspecto físico parece el de una persona que ya asoma a bastante más de 30. Le empezó picando el gusanillo del deporte jugando al fútbol, lo que realmente disfrutaba, compartiendo sus tardes de balón con piscina. Pero alguien le dijo que nunca iba a ser bueno nadando y que, si de verdad quería seguir haciéndolo y practicando deporte, lo compaginara con otro tipo de actividad. Le hablaron del triatlón y pasó a formar parte de un programa de la Federación de Noruega y entrenar junto a Gustav Iden y Casper Stornes como futuros posibles triatletas de élite. Desde el primer día sus registros fueron envidiables.

Hoy, el Toro, como le llaman en su país, o el Vikingo, como se le conoce en el circuito, es uno de los mayores peligros con los que tiene que lidiar la Armada española liderada por Noya, Mola y Alarza. Blummenfelt, que ya fue tercero en las Series Mundiales en 2017 (precisamente tras Mola y Noya) y quinto el año pasado, destaca sobre el resto por sus medidas. Con 1’77m de altura, pesa 76kg. Algo totalmente normal para corredores amateur o para gente que simplemente hace algo de deporte como hobby, pero algo totalmente nuevo para un deportista de élite que ejecuta la cantidad de kilómetros anuales que hace el noruego.

Para hacerse una idea, Mario Mola, que mide lo mismo que Blummenfelt, pesa 16 kilos menos. Y Gómez-Noya, que tiene una altura igual a ellos y ya es considerado uno de los más corpulentos del pack, está en algo intermedio, 69 kilogramos. Frodeno, dominador absoluto de la disciplina en larga y media distancia, con permiso estos últimos años de Patrick Lange, mide 1’94 metros y pesa incluso un kilo menos que el noruego.

Su Índice de Masa Corporal se sitúa en 24,3, lo que está a unas pocas décimas de ser catalogado como sobrepeso, pero tiene a su favor su Vo2max, que está en 87ml/kg, superior a muchos de los mejores atletas de élite y clavado al de algunos de los mejores de siempre como Induráin o Kilian Jornet.

El propio Blummenfelt ha comentado en multitud de ocasiones que pesando menos podría ser mucho más rápido, sobre todo en la carrera a pie. Por eso, su preocupación principal no es bajar de peso, sino no subir más. Así, es muy meticuloso con los entrenamientos en el gimnasio, en los que trata de ganar músculo pero sin aumentar ni un solo gramo. “Ya peso bastante”, suele decir entre risas el tipo que este año ha batido el récord histórico en un Ironman 70.3.

Lo hizo en Bahrain el pasado diciembre, llevando a cabo un plan meticulosamente estudiado y preparado con sus dos compañeros de entrenamiento desde hace años: Iden y Stones, compatriotas, que compartieron con él los puestos del cajón. Blummenfelt finalizó la prueba en 3:29:04, recortando exactamente en cinco minutos el mejor registro hasta la fecha en la distancia y ejecutando una media maratón final a 1:06:58.

Ahora, sus miras están puestas nuevamente en las Series Mundiales ITU donde, tras seis segundos puestos en los últimos años, busca que por fin le llegue la victoria. Para ello entrena unas cuatro horas diarias de media. Obviando los días de descanso y los días de competición y viaje, es normal verle realizar entrenamientos que superan las ocho horas de práctica. El año pasado, sumando las tres disciplinas, cubrió 1170 horas de entrenamiento. Su entrenador le ha pedido llegar a las 1300 para rozar la excelencia. Y todo ello sin contar los días de rodillo y de entrenamiento de gimnasio, estiramientos y masaje.

Su ranking actual en las ITU World Series es tercero, precisamente detrás de Mario Mola y Javi Gómez-Noya. Desde esta temporada, el noruego ha cambiado la marca Nike por Reebok y ha aprovechado el bajón de algunos atletas como los hermanos Brownlee para, junto a Vicent Luis, situarse como la alternativa a los españoles. A su favor, además, juega el simple hecho de ser siempre el más joven en las posiciones de cabeza. Con un Noya ya algo más mayor y con la mira puesta en distancias más largas (aunque este año haya vuelto a sus orígenes con Tokio 2020 en mente), el reinado del gallego y de Mola no puede ser eterno.

Esa, la medalla en Tokio, es el otro gran objetivo de un Blummenfelt que parece no tener techo pese a todos los hándicaps que su metabolismo le ha puesto. Fue 13º en Río, con tan solo 22 años y ahora, el calor infernal que se prevé para el evento de Japón podrían venir como anillo al dedo a un atleta que ha demostrado ya saberse manejar como pez en el agua en las condiciones más difíciles. Un sufridor nato. Un pequeño barrilete cósmico que mira a la cara a los mejores del mundo en una disciplina en la que el físico, parece que para todos menos para él, es fundamental.

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Uno ve una serie de corredores, más o menos en fila, finitos, con paso firme, casi acompasados con un movimiento perfecto de cabeza. Una técnica perfecta que les hace ceder el menor tiempo posible a cada zancada. Unos cuerpos exageradamente definidos, con un porcentaje de grasa irrisorio y casi inexistente y una sensación de poder seguir manteniendo ese estilo durante horas. Y entonces, en el mismo pelotón, un muchacho rubio desentona. Va jadeando, con una zancada desacompasada, cuerpo echado hacia adelante y una sensación de estar pidiendo una bombona de oxígeno que comprendemos cuando vemos su cara roja cerca de explotar. Es robusto, corpulento, diríamos incluso gordo comparado con el resto de los compañeros de cabeza y su aspecto es más de un tren a punto de descarrilar que de un triatleta de élite.

Pero así es Kristian Blummenfelt, el patito feo del grupo que rompe con todos los cánones habidos y por haber en un deporte tan completo como duro como es el triatlón. Nacido en Noruega hace 25 años, su aspecto físico parece el de una persona que ya asoma a bastante más de 30. Le empezó picando el gusanillo del deporte jugando al fútbol, lo que realmente disfrutaba, compartiendo sus tardes de balón con piscina. Pero alguien le dijo que nunca iba a ser bueno nadando y que, si de verdad quería seguir haciéndolo y practicando deporte, lo compaginara con otro tipo de actividad. Le hablaron del triatlón y pasó a formar parte de un programa de la Federación de Noruega y entrenar junto a Gustav Iden y Casper Stornes como futuros posibles triatletas de élite. Desde el primer día sus registros fueron envidiables.

Hoy, el Toro, como le llaman en su país, o el Vikingo, como se le conoce en el circuito, es uno de los mayores peligros con los que tiene que lidiar la Armada española liderada por Noya, Mola y Alarza. Blummenfelt, que ya fue tercero en las Series Mundiales en 2017 (precisamente tras Mola y Noya) y quinto el año pasado, destaca sobre el resto por sus medidas. Con 1’77m de altura, pesa 76kg. Algo totalmente normal para corredores amateur o para gente que simplemente hace algo de deporte como hobby, pero algo totalmente nuevo para un deportista de élite que ejecuta la cantidad de kilómetros anuales que hace el noruego.

Para hacerse una idea, Mario Mola, que mide lo mismo que Blummenfelt, pesa 16 kilos menos. Y Gómez-Noya, que tiene una altura igual a ellos y ya es considerado uno de los más corpulentos del pack, está en algo intermedio, 69 kilogramos. Frodeno, dominador absoluto de la disciplina en larga y media distancia, con permiso estos últimos años de Patrick Lange, mide 1’94 metros y pesa incluso un kilo menos que el noruego.

Su Índice de Masa Corporal se sitúa en 24,3, lo que está a unas pocas décimas de ser catalogado como sobrepeso, pero tiene a su favor su Vo2max, que está en 87ml/kg, superior a muchos de los mejores atletas de élite y clavado al de algunos de los mejores de siempre como Induráin o Kilian Jornet.

El propio Blummenfelt ha comentado en multitud de ocasiones que pesando menos podría ser mucho más rápido, sobre todo en la carrera a pie. Por eso, su preocupación principal no es bajar de peso, sino no subir más. Así, es muy meticuloso con los entrenamientos en el gimnasio, en los que trata de ganar músculo pero sin aumentar ni un solo gramo. “Ya peso bastante”, suele decir entre risas el tipo que este año ha batido el récord histórico en un Ironman 70.3.

Lo hizo en Bahrain el pasado diciembre, llevando a cabo un plan meticulosamente estudiado y preparado con sus dos compañeros de entrenamiento desde hace años: Iden y Stones, compatriotas, que compartieron con él los puestos del cajón. Blummenfelt finalizó la prueba en 3:29:04, recortando exactamente en cinco minutos el mejor registro hasta la fecha en la distancia y ejecutando una media maratón final a 1:06:58.

Ahora, sus miras están puestas nuevamente en las Series Mundiales ITU donde, tras seis segundos puestos en los últimos años, busca que por fin le llegue la victoria. Para ello entrena unas cuatro horas diarias de media. Obviando los días de descanso y los días de competición y viaje, es normal verle realizar entrenamientos que superan las ocho horas de práctica. El año pasado, sumando las tres disciplinas, cubrió 1170 horas de entrenamiento. Su entrenador le ha pedido llegar a las 1300 para rozar la excelencia. Y todo ello sin contar los días de rodillo y de entrenamiento de gimnasio, estiramientos y masaje.

Su ranking actual en las ITU World Series es tercero, precisamente detrás de Mario Mola y Javi Gómez-Noya. Desde esta temporada, el noruego ha cambiado la marca Nike por Reebok y ha aprovechado el bajón de algunos atletas como los hermanos Brownlee para, junto a Vicent Luis, situarse como la alternativa a los españoles. A su favor, además, juega el simple hecho de ser siempre el más joven en las posiciones de cabeza. Con un Noya ya algo más mayor y con la mira puesta en distancias más largas (aunque este año haya vuelto a sus orígenes con Tokio 2020 en mente), el reinado del gallego y de Mola no puede ser eterno.

Esa, la medalla en Tokio, es el otro gran objetivo de un Blummenfelt que parece no tener techo pese a todos los hándicaps que su metabolismo le ha puesto. Fue 13º en Río, con tan solo 22 años y ahora, el calor infernal que se prevé para el evento de Japón podrían venir como anillo al dedo a un atleta que ha demostrado ya saberse manejar como pez en el agua en las condiciones más difíciles. Un sufridor nato. Un pequeño barrilete cósmico que mira a la cara a los mejores del mundo en una disciplina en la que el físico, parece que para todos menos para él, es fundamental.

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