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Las manos mágicas de Glenson Prince

Juan Pablo Gatti @GattiJuan 02-06-2020

Dominica es una de las tantas islas que conforman el Caribe, teniendo una población bastante baja, ya que para el 2018 apenas 71 mil personas vivían allí, algo lógico si se observa que, además, es una de las naciones más pobres de la región, la cual vive del banano y del creciente turismo. Fue territorio francés y británico, esto último importante para entender que el deporte más popular durante años fue el cricket, algo común en los países pertenencientes al Commonwealth.

Justamente por esto no sorprende que su selección nacional, conocida como los Pericos, no haya podido sobresalir hasta la fecha. El equipo verde y amarillo es uno de los conjuntos más débiles de una región ya de por si bastante humilde. En su historial cuenta apenas con tres triunfos en eliminatorias mundialistas, apenas dos participaciones en la fase final de la Copa del Caribe (1994 y 1998) y un descenso a la Liga C en su primera participación en la Copa de las Naciones de la CONCACAF, donde solo pudo ganarle a San Vicente y las Granadinas en el último partido.

Sin embargo, no todo ha sido oscuridad en el fútbol de los isleños. Y es que sus hinchas pueden sentirse orgullosos de poder ver en acción a uno de los grandes porteros caribeños de los últimos años, uno que, de haber nacido en un país más grande, seguramente tendría mayor visibilidad. Hablamos de Glenson Prince.

Nacido un 17 de septiembre de 1987 en Roseau (la capital de Dominica), Prince ha desarrollado la totalidad de su carrera –de momento- dentro de clubes de la región, llegando incluso a ser parte de la fuerte liga de Trinidad y Tobago, una de las más importantes del Caribe, aunque en la actualidad es parte del Phare Petit-Canal de la vecina Guadalupe, compartiendo plantilla con su compañero de selección Glensworth Elizee.

Si bien comenzó su carrera deportiva jugando al deporte más popular del país (debido a la insistencia de su papá), a los 11 años decidió que era suficiente para él, porque sentía un apego mucho más fuerte para con el balón de cuero. Durante sus años de adolescencia se pasaba mirando a sus grandes ídolos (Erwin van del Sar, Gianluigi Buffon o Peter Schmeichel), buscando imitar su forma de jugar, algo que le sirvió para poder ganar confianza en sí mismo.

No tardó mucho en llamar la atención del entrenador Clifford Celaire, quién lo convocó en el 2005, ganándose la titularidad casi al instante y la cinta de capitán desde el 2008. Desde entonces, han pasado entrenadores y jugadores, pero él se ha mantenido inalterable, siempre firme bajo palos.

Es cierto que los Pericos suelen recibir varios goles por encuentro, pero han sido los reflejos leoninos y las estiradas apoteósicas de Prince las que han evitado desastres e incluso victorias históricas, como aquella ante San Vicente, negándole a uno de sus rivales regionales la posibilidad de subir a la máxima categoría de la Nations League. SB Nation, uno de los mejores más importantes a nivel deportivo de América del Norte, decía sobre él: “Ese arquero, Glenson Prince, merece muchos elogios por cómo jugó en ambos cruces (contra Canadá, por las eliminatorias mundialistas rumbo a Rusia 2018). Mientras sus defensores implosionaban a su alrededor a veces, Prince mantenía la línea para Dominica. Incluso le detuvo un penal de David Edgar para mantener a Canadá en cuatro goles.» Quizás a los ojos del mundo exitista en el que vivimos esto suene a algo vacío (¿quién elogia a un perdedor que recibe seis goles en una serie eliminatoria?), pero lo cierto es que uno debe llegar a comprender que el éxito también se da, muchas veces, dentro de un contexto particular. Y en ese sentido Prince siempre termina llevándose las palmas, ya que muchas veces, incluso, ha logrado mantener la valla en cero, algo impresionante.

El medio sueco Svenskafans le preguntó en su momento como era que entrenaban dentro de la selección y él contestaba algo que deja a las claras como es de humilde el fútbol en su nación: “En este momento estamos entrenando en una cancha muy pobre. Hay pequeños agujeros, tubérculos y tierra en muchas partes del mismo. Este campo está cerca de la Federación de Dominica. No entrenamos muy a menudo en el campo de cricket y los otros buenos estadios no tienen iluminación y por eso no podemos usarlos. Normalmente, comenzamos a entrenar después de las seis de la tarde porque los jugadores trabajan durante el día. La preparación para los torneos nunca puede ser buena teniendo en cuenta esto. Además, solo entrenamos durante unos tres meses antes de los torneos principales. Esto se debe a que la Asociación de Fútbol no puede permitirse mantenernos entrenando durante todo el año. Dicen que el transporte, la comida, etc. son demasiado caros para financiar durante todo un año”. Esto, sumado a que el cricket es el deporte principal y allí los clubes de esta disciplina tienen más peso a la hora de elegir los campos de entrenamiento y hasta de los partidos, hace difícil ver un crecimiento sostenido por parte de los dominiqueses.

Prince también le comentaba a la web sueca que su sueño es poder jugar en alguna liga más importante y que por ello había mandado vídeos a los Estados Unidos, donde llegó a probarse en el New York Cosmos B, aunque finalmente no quedó. Pero en YouTube, esa herramienta maravillosa en donde todo el mundo se puede dar a conocer, es posible ver varios compilados del portero, sobre todo gracias a la gran idea de la CONCACAF de realizar la Liga de las Naciones, certamen que les permite a las selecciones menores disputar muchos más partidos durante el año y, de paso, mostrar a sus jugadores a un mundo cada vez más globalizado.

El cancerbero es el jugador con más partidos disputados en la historia del seleccionado perico (56) y se lo ha ganado a pulso. Sus atajadas son milimétricas, sus arrojes temerarios, sus reflejos extraordinarios. Solo gracias a sus benditas manos Dominica ha podido derrotar a selecciones de mayor jerarquía como lo son Granada, República Dominicana o la propia San Vicente. Aunque el sueño sigue siendo uno que se le viene negando al bueno de Glenson. Y es que su generación, pese a sus avances –pocos, pero avances al fin- no ha podido siquiera llegar a la fase final de la Copa del Caribe, quizás el torneo más “accesible” al cuál pueden llegar, siendo superados en este punto por la generación de los 90´. Pero los hinchas saben que pueden estar tranquilos, ya que tienen a su salvador bajo palos. Algún día, quizás, les toque aquel premio mayor.

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Dominica es una de las tantas islas que conforman el Caribe, teniendo una población bastante baja, ya que para el 2018 apenas 71 mil personas vivían allí, algo lógico si se observa que, además, es una de las naciones más pobres de la región, la cual vive del banano y del creciente turismo. Fue territorio francés y británico, esto último importante para entender que el deporte más popular durante años fue el cricket, algo común en los países pertenencientes al Commonwealth.

Justamente por esto no sorprende que su selección nacional, conocida como los Pericos, no haya podido sobresalir hasta la fecha. El equipo verde y amarillo es uno de los conjuntos más débiles de una región ya de por si bastante humilde. En su historial cuenta apenas con tres triunfos en eliminatorias mundialistas, apenas dos participaciones en la fase final de la Copa del Caribe (1994 y 1998) y un descenso a la Liga C en su primera participación en la Copa de las Naciones de la CONCACAF, donde solo pudo ganarle a San Vicente y las Granadinas en el último partido.

Sin embargo, no todo ha sido oscuridad en el fútbol de los isleños. Y es que sus hinchas pueden sentirse orgullosos de poder ver en acción a uno de los grandes porteros caribeños de los últimos años, uno que, de haber nacido en un país más grande, seguramente tendría mayor visibilidad. Hablamos de Glenson Prince.

Nacido un 17 de septiembre de 1987 en Roseau (la capital de Dominica), Prince ha desarrollado la totalidad de su carrera –de momento- dentro de clubes de la región, llegando incluso a ser parte de la fuerte liga de Trinidad y Tobago, una de las más importantes del Caribe, aunque en la actualidad es parte del Phare Petit-Canal de la vecina Guadalupe, compartiendo plantilla con su compañero de selección Glensworth Elizee.

Si bien comenzó su carrera deportiva jugando al deporte más popular del país (debido a la insistencia de su papá), a los 11 años decidió que era suficiente para él, porque sentía un apego mucho más fuerte para con el balón de cuero. Durante sus años de adolescencia se pasaba mirando a sus grandes ídolos (Erwin van del Sar, Gianluigi Buffon o Peter Schmeichel), buscando imitar su forma de jugar, algo que le sirvió para poder ganar confianza en sí mismo.

No tardó mucho en llamar la atención del entrenador Clifford Celaire, quién lo convocó en el 2005, ganándose la titularidad casi al instante y la cinta de capitán desde el 2008. Desde entonces, han pasado entrenadores y jugadores, pero él se ha mantenido inalterable, siempre firme bajo palos.

Es cierto que los Pericos suelen recibir varios goles por encuentro, pero han sido los reflejos leoninos y las estiradas apoteósicas de Prince las que han evitado desastres e incluso victorias históricas, como aquella ante San Vicente, negándole a uno de sus rivales regionales la posibilidad de subir a la máxima categoría de la Nations League. SB Nation, uno de los mejores más importantes a nivel deportivo de América del Norte, decía sobre él: “Ese arquero, Glenson Prince, merece muchos elogios por cómo jugó en ambos cruces (contra Canadá, por las eliminatorias mundialistas rumbo a Rusia 2018). Mientras sus defensores implosionaban a su alrededor a veces, Prince mantenía la línea para Dominica. Incluso le detuvo un penal de David Edgar para mantener a Canadá en cuatro goles.» Quizás a los ojos del mundo exitista en el que vivimos esto suene a algo vacío (¿quién elogia a un perdedor que recibe seis goles en una serie eliminatoria?), pero lo cierto es que uno debe llegar a comprender que el éxito también se da, muchas veces, dentro de un contexto particular. Y en ese sentido Prince siempre termina llevándose las palmas, ya que muchas veces, incluso, ha logrado mantener la valla en cero, algo impresionante.

El medio sueco Svenskafans le preguntó en su momento como era que entrenaban dentro de la selección y él contestaba algo que deja a las claras como es de humilde el fútbol en su nación: “En este momento estamos entrenando en una cancha muy pobre. Hay pequeños agujeros, tubérculos y tierra en muchas partes del mismo. Este campo está cerca de la Federación de Dominica. No entrenamos muy a menudo en el campo de cricket y los otros buenos estadios no tienen iluminación y por eso no podemos usarlos. Normalmente, comenzamos a entrenar después de las seis de la tarde porque los jugadores trabajan durante el día. La preparación para los torneos nunca puede ser buena teniendo en cuenta esto. Además, solo entrenamos durante unos tres meses antes de los torneos principales. Esto se debe a que la Asociación de Fútbol no puede permitirse mantenernos entrenando durante todo el año. Dicen que el transporte, la comida, etc. son demasiado caros para financiar durante todo un año”. Esto, sumado a que el cricket es el deporte principal y allí los clubes de esta disciplina tienen más peso a la hora de elegir los campos de entrenamiento y hasta de los partidos, hace difícil ver un crecimiento sostenido por parte de los dominiqueses.

Prince también le comentaba a la web sueca que su sueño es poder jugar en alguna liga más importante y que por ello había mandado vídeos a los Estados Unidos, donde llegó a probarse en el New York Cosmos B, aunque finalmente no quedó. Pero en YouTube, esa herramienta maravillosa en donde todo el mundo se puede dar a conocer, es posible ver varios compilados del portero, sobre todo gracias a la gran idea de la CONCACAF de realizar la Liga de las Naciones, certamen que les permite a las selecciones menores disputar muchos más partidos durante el año y, de paso, mostrar a sus jugadores a un mundo cada vez más globalizado.

El cancerbero es el jugador con más partidos disputados en la historia del seleccionado perico (56) y se lo ha ganado a pulso. Sus atajadas son milimétricas, sus arrojes temerarios, sus reflejos extraordinarios. Solo gracias a sus benditas manos Dominica ha podido derrotar a selecciones de mayor jerarquía como lo son Granada, República Dominicana o la propia San Vicente. Aunque el sueño sigue siendo uno que se le viene negando al bueno de Glenson. Y es que su generación, pese a sus avances –pocos, pero avances al fin- no ha podido siquiera llegar a la fase final de la Copa del Caribe, quizás el torneo más “accesible” al cuál pueden llegar, siendo superados en este punto por la generación de los 90´. Pero los hinchas saben que pueden estar tranquilos, ya que tienen a su salvador bajo palos. Algún día, quizás, les toque aquel premio mayor.