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LaMarcus Aldridge, un legado imborrable

Juan Díaz @JuandiRgz 21-04-2021

Las despedidas nunca fueron fáciles, especialmente cuando toca decir adiós antes de tiempo. El pasado miércoles llegó el punto y final de la carrera de uno de esos jugadores que hacía posible que la NBA fuese la mejor liga del mundo desde las sombras. LaMarcus Aldridge deja el baloncesto tras ser uno de los mejores jugadores de los Portland Trail Blazers de todos los tiempos y un pilar en los últimos Spurs de Greg Popovich.

Su legado nunca estará definido por todos los puntos y rebotes que consiguió durante sus quince temporadas, pero si por el eterno menosprecio al que fue sometido. El reconocimiento a su carrera, en líneas generales, siempre estará muy por debajo de lo que un siete veces All-Star y cinco veces All-NBAmerecería.

La herencia que dejó en Portland es un tema delicado, con varias capas y difícil de comprender. La polémica está servida desde 2014, cuando afirmó que quería quedarse en el equipo y consolidar su legado como el mejor Blazer de todos los tiempos, para después firmar por los Spurs en la agencia libre. Años después, mientras estaba en San Antonio, dijo que le gustaría volver a jugar algún día con Damian Lillard y terminar en Portland su carrera, pero cuando se le presentó esa oportunidad esta primavera, eligió Brooklyn.

A pesar de ello, son muchos los aficionados Blazers que siguen teniendo en alta estima a LaMarcus. La admiración llega hasta el punto de que Lillard, la imagen más representativa de la franquicia, ha pedido que retiren su dorsal en señal de respeto.

El borrón que representó su controvertida salida y una inoportuna retirada prematura que impide su regreso a la franquicia de su vida, no deben de tapar los buenos años que Aldridge regaló a los aficionados de Oregón. Los Blazers de verdad todavía recordarán con una sonrisa los buenos tiempos, como la serie de playoffs de 2014 ante los Rockets, sin duda uno de los momentos más representativos para ellos en la última década.

En el transcurso de la eliminatoria, defender a Aldridge se presentó como un enigma imposible de resolver para los Rockets. Los Blazers se llevaron la serie con su estrella promediando casi 30 puntos y 12 rebotes por partido. Su superioridad fue tal que los programas de debate deportivo estadounidense se llegaron a plantear si era el mejor ala pívot del momento. En pleno auge de la era del triple, Aldridge reivindicaba la importancia del tiro de media distancia cada partido que jugaba.

Seguramente esto último fuese lo que llamó la atención de los Spurs y de Greg Popovich, uno de los entrenadores con más recelo de entregar su juego a los lanzamientos de tres puntos. En San Antonio, Aldridge fue pieza angular de un equipo que destacaba por su regularidad y consistencia. Sin embargo, su estancia en la ciudad texana coincidió con el declive de una de las franquicias más exitosas del siglo XXI que ostentaba un ritmo ganador imposible de sostener.

Por un motivo u otro, la carrera de LaMarcus nunca será recordada como se merece. Pero sería injusto dejar que el bueno de Aldridge pase a los anales de la historia sin gratitud en su despedida. Para siempre quedarán esas gráficas de tiro tan frecuentadas en las últimas temporadas en las que los lanzamientos de media distancia desde el lado derecho tenían su firma. Su nombre está justo al lado del de muchas otras superestrellas de la liga, justo donde le corresponde.

Imagen de cabecera: ImagoImages

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Las despedidas nunca fueron fáciles, especialmente cuando toca decir adiós antes de tiempo. El pasado miércoles llegó el punto y final de la carrera de uno de esos jugadores que hacía posible que la NBA fuese la mejor liga del mundo desde las sombras. LaMarcus Aldridge deja el baloncesto tras ser uno de los mejores jugadores de los Portland Trail Blazers de todos los tiempos y un pilar en los últimos Spurs de Greg Popovich.

Su legado nunca estará definido por todos los puntos y rebotes que consiguió durante sus quince temporadas, pero si por el eterno menosprecio al que fue sometido. El reconocimiento a su carrera, en líneas generales, siempre estará muy por debajo de lo que un siete veces All-Star y cinco veces All-NBAmerecería.

La herencia que dejó en Portland es un tema delicado, con varias capas y difícil de comprender. La polémica está servida desde 2014, cuando afirmó que quería quedarse en el equipo y consolidar su legado como el mejor Blazer de todos los tiempos, para después firmar por los Spurs en la agencia libre. Años después, mientras estaba en San Antonio, dijo que le gustaría volver a jugar algún día con Damian Lillard y terminar en Portland su carrera, pero cuando se le presentó esa oportunidad esta primavera, eligió Brooklyn.

A pesar de ello, son muchos los aficionados Blazers que siguen teniendo en alta estima a LaMarcus. La admiración llega hasta el punto de que Lillard, la imagen más representativa de la franquicia, ha pedido que retiren su dorsal en señal de respeto.

El borrón que representó su controvertida salida y una inoportuna retirada prematura que impide su regreso a la franquicia de su vida, no deben de tapar los buenos años que Aldridge regaló a los aficionados de Oregón. Los Blazers de verdad todavía recordarán con una sonrisa los buenos tiempos, como la serie de playoffs de 2014 ante los Rockets, sin duda uno de los momentos más representativos para ellos en la última década.

En el transcurso de la eliminatoria, defender a Aldridge se presentó como un enigma imposible de resolver para los Rockets. Los Blazers se llevaron la serie con su estrella promediando casi 30 puntos y 12 rebotes por partido. Su superioridad fue tal que los programas de debate deportivo estadounidense se llegaron a plantear si era el mejor ala pívot del momento. En pleno auge de la era del triple, Aldridge reivindicaba la importancia del tiro de media distancia cada partido que jugaba.

Seguramente esto último fuese lo que llamó la atención de los Spurs y de Greg Popovich, uno de los entrenadores con más recelo de entregar su juego a los lanzamientos de tres puntos. En San Antonio, Aldridge fue pieza angular de un equipo que destacaba por su regularidad y consistencia. Sin embargo, su estancia en la ciudad texana coincidió con el declive de una de las franquicias más exitosas del siglo XXI que ostentaba un ritmo ganador imposible de sostener.

Por un motivo u otro, la carrera de LaMarcus nunca será recordada como se merece. Pero sería injusto dejar que el bueno de Aldridge pase a los anales de la historia sin gratitud en su despedida. Para siempre quedarán esas gráficas de tiro tan frecuentadas en las últimas temporadas en las que los lanzamientos de media distancia desde el lado derecho tenían su firma. Su nombre está justo al lado del de muchas otras superestrellas de la liga, justo donde le corresponde.

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