_Champions League

La sombra

Cuando llegó José Mourinho podría haber escrito algo. Pero uno, a sabiendas de la magnitud del personaje, decidió esperar con cautela a sus primeros partidos. Es horrible tratar de adelantarse ante tal fenómeno, el de “Mourinho en el Tottenham”, algo que me repetía constantemente tras la traumática salida de Mauricio Pochettino. Hablar de él antes de tiempo es como hacer un análisis en diciembre sobre los cruces de octavos de final de la Champions League. ¿Por qué siguen empeñándose en hacer eso? Faltan dos meses en los que se entrelazan los turrones y la cuesta de enero y tú ya estás hablando de casi primavera. Calma. Hoy, ya suena la música de la máxima competición continental y el luso vuelve estar ahí.

Está rapado, mucho más mayor, pero sigue siendo ese hombre de mediana edad capaz de engatusar a los rivales con planteamientos empalagosos. Gritaba Julian Nagelsmann al ver que su conjunto se estampaba una y otra vez contra el Mourinho del Chelsea, del Porto o Real Madrid. O eso parecía. Timo Werner la mandó a guardar y ahora es el Tottenham que, sin arietes, tiene que obrar una remontada complejísima en el estadio del RB Leipzig. “Sin delanteros y sin mercado. La única ayuda es el público. Los aficionados del Tottenham. Es lo único que pido, porque no puedo pedirles más a los jugadores de lo que están dando”, espetaba el portugués en la previa del choque de octavos de final. Falta el emoji de pena.

Con Pochettino, los spurs eran un conjunto de difícil comprensión en el buen sentido de la palabra. Eran políglotas y hablaban de todo. Su mejunje derivó en un cóctel interesantísimo, algo semejante a los chavales que ligan con facilidad en Tinder porque tocan todos los temas con sapiencia, con carisma. No aburrían a nadie. Si un día tocaba pegar pelotazos, Fernando Llorente la esperaba. Si otro había que contragolpear, Lucas Moura y Son Heung-min sonreían pícaramente. También se podía jugar desde atrás con Harry Winks. Pero, la destrucción y la guerra también existía: estaba Mousa Sissoko. Así llegaron a la final de la máxima competición continental.

Con el argentino, los londinenses, en encuentros en los que quería dominar, introducían a Son y Moura por dentro para combinar una y otra vez por la zona de tres cuartos. A Harry Kane, jugador franquicia, también le gustaba juguetear por ahí. Con Mourinho, con su 4-2-3-1 de siempre, el Tottenham es un conjunto que quiere ensanchar más el campo con sus extremos, aunque no estén tan acostumbrados a ello. Hoy no tienen delanteros. No saben qué hacer. “Fuimos con pistolas sin balas. Tenemos un problema muy serio”. En rueda de prensa sigue jugando como antes. En el verde no suma triunfos como cuando era joven, pero sigue con una fórmula parecida a la que le dio el salto al estrellato. Parece, según él, que sigue siendo pronto para valorarle. Lástima que esto ya esté escrito. Quizás todavía no esté para rendir cuentas, pero ya hay gente que se arrepiente de la marcha del técnico argentino. Y Daniel Levy, dueño del club, tiene paciencia hasta cierto punto.

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Cuando llegó José Mourinho podría haber escrito algo. Pero uno, a sabiendas de la magnitud del personaje, decidió esperar con cautela a sus primeros partidos. Es horrible tratar de adelantarse ante tal fenómeno, el de “Mourinho en el Tottenham”, algo que me repetía constantemente tras la traumática salida de Mauricio Pochettino. Hablar de él antes de tiempo es como hacer un análisis en diciembre sobre los cruces de octavos de final de la Champions League. ¿Por qué siguen empeñándose en hacer eso? Faltan dos meses en los que se entrelazan los turrones y la cuesta de enero y tú ya estás hablando de casi primavera. Calma. Hoy, ya suena la música de la máxima competición continental y el luso vuelve estar ahí.

Está rapado, mucho más mayor, pero sigue siendo ese hombre de mediana edad capaz de engatusar a los rivales con planteamientos empalagosos. Gritaba Julian Nagelsmann al ver que su conjunto se estampaba una y otra vez contra el Mourinho del Chelsea, del Porto o Real Madrid. O eso parecía. Timo Werner la mandó a guardar y ahora es el Tottenham que, sin arietes, tiene que obrar una remontada complejísima en el estadio del RB Leipzig. “Sin delanteros y sin mercado. La única ayuda es el público. Los aficionados del Tottenham. Es lo único que pido, porque no puedo pedirles más a los jugadores de lo que están dando”, espetaba el portugués en la previa del choque de octavos de final. Falta el emoji de pena.

Con Pochettino, los spurs eran un conjunto de difícil comprensión en el buen sentido de la palabra. Eran políglotas y hablaban de todo. Su mejunje derivó en un cóctel interesantísimo, algo semejante a los chavales que ligan con facilidad en Tinder porque tocan todos los temas con sapiencia, con carisma. No aburrían a nadie. Si un día tocaba pegar pelotazos, Fernando Llorente la esperaba. Si otro había que contragolpear, Lucas Moura y Son Heung-min sonreían pícaramente. También se podía jugar desde atrás con Harry Winks. Pero, la destrucción y la guerra también existía: estaba Mousa Sissoko. Así llegaron a la final de la máxima competición continental.

Con el argentino, los londinenses, en encuentros en los que quería dominar, introducían a Son y Moura por dentro para combinar una y otra vez por la zona de tres cuartos. A Harry Kane, jugador franquicia, también le gustaba juguetear por ahí. Con Mourinho, con su 4-2-3-1 de siempre, el Tottenham es un conjunto que quiere ensanchar más el campo con sus extremos, aunque no estén tan acostumbrados a ello. Hoy no tienen delanteros. No saben qué hacer. “Fuimos con pistolas sin balas. Tenemos un problema muy serio”. En rueda de prensa sigue jugando como antes. En el verde no suma triunfos como cuando era joven, pero sigue con una fórmula parecida a la que le dio el salto al estrellato. Parece, según él, que sigue siendo pronto para valorarle. Lástima que esto ya esté escrito. Quizás todavía no esté para rendir cuentas, pero ya hay gente que se arrepiente de la marcha del técnico argentino. Y Daniel Levy, dueño del club, tiene paciencia hasta cierto punto.

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