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La calma antes de la tempestad

Diego G. Argota @Diego21Garcia 12-03-2019

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Diego Pablo Simeone pudo reservar a gran parte de sus jugadores antes de la batalla de Turín. Como también hiciera la Juventus en su duelo ante el Udinese, con la ventaja de tener la Serie A en el bolsillo desde hace más de un mes pese a estar aún en marzo, el Atleti dejó a varios de sus hombres clave en el banquillo de inicio o en el descanso ante un Leganés que no opuso la resistencia que acostumbra.

Los de Pellegrino, mermados por las ausencias también, no plantaron demasiada resistencia en un partido que se cocinó a fuego lento con un ritmo bajo y que resolvió Saúl recogiendo el rebote del penalti que falló tras un chispazo de Correa, quien tuvo que hacer de Griezmann.

El francés, que lo ha jugado todo este curso, obtuvo unos 45 merecidos minutos de descanso cuando el técnico argentino decidió que se quedara en la caseta tras ser titular. Por él, además, ingresó su compatriota Lemar, de quien se espera mucho, que cada día va a más, pero que aún está muy lejos de la etiqueta que se le puso antes de llegar.

Ante el Leganés vimos cómo Giménez está recuperando su mejor momento de forma, cómo Thomas sigue siendo intermitente y mucho más válido en la medular en partidos de menor exigencia y cómo Vitolo sigue sin encontrar su sitio. Las lesiones han condicionado toda su andadura en el Atlético y cuando ha tenido ocasiones, aunque sean pocas, él no ha respondido en base al caché que le acompaña.

No fue fácil para el Atlético ganar, por mucho que el Leganés apenas compareciera, porque ojo y medio estaba mirando en Italia. Meter la pierna de más o darse una carrera innecesaria podía suponer perderse la cita europea y más en una temporada en la que el Atlético sale a más de un lesionado por semana.

Muestra de la banalidad del partido estuvo en las porterías. El Atlético metió un gol, de penalti y chutó dos veces, las dos al palo. Nada más. Salvo el penalti y un disparo lejano de Griezmann, Lunin no se lució. El Leganés no probó a Oblak más que desde 30 metros, con dos disparos sin un ápice de peligro. Y ya es raro que el esloveno no se tenga que lucir al menos una vez.

Así, con las pilas cargadas y con el único problema de las ausencias por la gente en la enfermería más las sanciones de Thomas y Costa, el Atlético afronta el primer envite serio de la temporada, con un resultado favorabilísimo pero nada definitivo ante un equipo que antes de empezar la competición estaba en lo más alto de los candidatos al título. El partido a partido como recorrido para la final del Metropolitano, a la que es imposible mirar de reojo. Pero antes, la batalla de Turín. 

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Diego Pablo Simeone pudo reservar a gran parte de sus jugadores antes de la batalla de Turín. Como también hiciera la Juventus en su duelo ante el Udinese, con la ventaja de tener la Serie A en el bolsillo desde hace más de un mes pese a estar aún en marzo, el Atleti dejó a varios de sus hombres clave en el banquillo de inicio o en el descanso ante un Leganés que no opuso la resistencia que acostumbra.

Los de Pellegrino, mermados por las ausencias también, no plantaron demasiada resistencia en un partido que se cocinó a fuego lento con un ritmo bajo y que resolvió Saúl recogiendo el rebote del penalti que falló tras un chispazo de Correa, quien tuvo que hacer de Griezmann.

El francés, que lo ha jugado todo este curso, obtuvo unos 45 merecidos minutos de descanso cuando el técnico argentino decidió que se quedara en la caseta tras ser titular. Por él, además, ingresó su compatriota Lemar, de quien se espera mucho, que cada día va a más, pero que aún está muy lejos de la etiqueta que se le puso antes de llegar.

Ante el Leganés vimos cómo Giménez está recuperando su mejor momento de forma, cómo Thomas sigue siendo intermitente y mucho más válido en la medular en partidos de menor exigencia y cómo Vitolo sigue sin encontrar su sitio. Las lesiones han condicionado toda su andadura en el Atlético y cuando ha tenido ocasiones, aunque sean pocas, él no ha respondido en base al caché que le acompaña.

No fue fácil para el Atlético ganar, por mucho que el Leganés apenas compareciera, porque ojo y medio estaba mirando en Italia. Meter la pierna de más o darse una carrera innecesaria podía suponer perderse la cita europea y más en una temporada en la que el Atlético sale a más de un lesionado por semana.

Muestra de la banalidad del partido estuvo en las porterías. El Atlético metió un gol, de penalti y chutó dos veces, las dos al palo. Nada más. Salvo el penalti y un disparo lejano de Griezmann, Lunin no se lució. El Leganés no probó a Oblak más que desde 30 metros, con dos disparos sin un ápice de peligro. Y ya es raro que el esloveno no se tenga que lucir al menos una vez.

Así, con las pilas cargadas y con el único problema de las ausencias por la gente en la enfermería más las sanciones de Thomas y Costa, el Atlético afronta el primer envite serio de la temporada, con un resultado favorabilísimo pero nada definitivo ante un equipo que antes de empezar la competición estaba en lo más alto de los candidatos al título. El partido a partido como recorrido para la final del Metropolitano, a la que es imposible mirar de reojo. Pero antes, la batalla de Turín. 

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