_Tokyo 2020

De Loida Zabala a Desirée Vila: sueños paralímpicos en Tokio

Este martes arrancan los Juegos Paralímpicos y España aterriza en Tokio con 139 deportistas (15 de apoyo), 12 más que en Río 2016. La participación femenina vuelve a ascender por tercera edición consecutiva, alcanzando un total de 41 deportistas con discapacidad, un tercio de la expedición española en tierras niponas y 13 más que hace cinco años.

Sin contar los deportes de equipo, la mayor participación femenina española reside en el atletismo, que cuenta con hasta diez mujeres. Precisamente, sus caras más visibles proceden de Galicia (la tercera comunidad con más representantes en la delegación, solo por detrás de Madrid y Cataluña), empezando por una Desirée Vila que debuta en unos Juegos y que aspira a dar la sorpresa en salto de longitud. La exgimnasta, que a los 16 años sufrió un accidente que le cambió la vida para siempre, se ha reinventado en los últimos años y además de convertirse en una baza importante del equipo español se ha erigido como una figura importante en el escaparate paralímpico, creando una comunidad destacada en redes (casi 765.000 seguidores en TikTok), escribiendo libros y dando charlas motivacionales ante cientos de personas.

Desirée Vila. (Iberdrola)

Sin embargo, la estrella del atletismo femenino español y principal opción de medalla es su inseparable compañera, Adiaratou Iglesias. De origen maliense pero afincada en Lugo, va a debutar también en unos Juegos pero llega con un bagaje con lustre: en el último Mundial logró dos platas, una en 100 metros y otra en 200. Cuenta con una discapacidad visual del 10%, pero eso no le ha impedido participar e incluso subir al podio en el último campeonato de España sub-23 absoluto (peleando con atletas sin discapacidad), logrando dos medallas de bronce en las mismas pruebas de velocidad. Por supuesto, ni veía las líneas de las calles ni la de meta.

Otra de las grandes esperanzas radica en una Susana Rodríguez que hará historia en Tokio al competir tanto en atletismo como en triatlón. Médica de profesión (su gran labor en primera línea contra el covid-19 le ha llevado a ser portada de la revista TIME) y con una deficiencia visual grave derivada de su albinismo, ha logrado la clasificación para la prueba de 1.500 metros, la misma en la que rozó la medalla en el Mundial de Dubái acabando en cuarto lugar junto a su guía Celso Comesaña. Sin embargo, es en el triatlón donde se espera el metal: con su guía Sara Loehr ha ocupado el primer puesto del ranking en los últimos años, y el quinto puesto logrado en Río 2016, meritorio entonces, tiene visos de ser superado.

Susana Rodríguez. (Iberdrola)

En triatlón competirán también las españolas Eva Moral y Rakel Mateo, ambas protagonistas de una impresionante historia de superación. La primera era triatleta sin discapacidad hasta que se cayó por un barranco de siete metros en la sierra de Madrid. Quedó parapléjica, pero no se derrumbó. Descubrió el triatlón adaptado, y solo un año después ya era campeona de España de la modalidad y bronce en las series mundiales. Se proclamó campeona del mundo en 2017 y de Europa en 2018. Ahora sueña con la medalla en Tokio, en unos Juegos que admiten por primera vez triatletas en silla de ruedas. El caso de Rakel ha sido más tortuoso. Pudo superar una anorexia que le martirizó durante una década, pero justó después se le cayeron 100 kilos encima de una pierna en el supermercado en el que trabajaba, sufriendo graves lesiones neuropáticas. El triatlón apareció en su vida, y llegó a proclamarse subcampeona continental además de ser octava en los Juegos Paralímpicos de Río. Pero ha sufrido mucho dolor, hasta el punto de tener que tomar 19 pastillas al día en algunas temporadas. En febrero, su médico le dijo que si se amputaba la pierna le auguraba un futuro sin medicación. Rakel aceptó y en tiempo récord ha tenido que aprender a nadar, montar en bici y correr de nuevo, así que estará en Tokio sin cartel de favorita pero con una sonrisa de oreja a oreja.

Eva Moral. (Iberdrola)

La natación es, tras el atletismo, el segundo deporte con más participación española femenina. Y probablemente el que cuente con más opciones de medalla. Empezando por la legendaria Teresa Perales, que a sus 45 años competirá en sus sextos Juegos Olímpicos con la intención de agrandar un palmarés de leyenda (26 medallas paralímpicas), aunque mermada por una lesión de hombro que sufrió el pasado mes de mayo. Otra de las figuras es Michelle Alonso (doble campeona paralímpica en 100 braza) que será la abanderada española junto a Ricardo Ten. Nuria Marqués, gran revelación en Río (ganó un oro y una plata con apenas 16 años) llega a Japón como vigente campeona del mundo en 200 estilos. Sarai Gascón, que ha ganado seis medallas desde Pekín 2008 (cinco platas y un bronce) sueña con el oro que se le ha escapado en las tres últimas ediciones de los Juegos.

Si nos vamos al resto de deportes, encontramos de todo. Empezando por una Josefa Benítez que a sus 51 años y tras ser subcampeona paralímpica en Londres 2012 en ciclismo en tándem, competirá también en Tokio. Pero ha cambiado la bici ¡por el remo! Formará parte de la embarcación de cuatro con timonel, prácticamente recién creada y con poca experiencia. Junto a ella estarán también Verónica Rodríguez y María Estíbaliz Armendáriz. En piragüismo, Inés Felipe se convertirá en la primera mujer española en competir en este deporte en unos Paralímpicos. Maricarmen Rubio, que participa en sus terceros Juegos Olímpicos en la modalidad de tiro con arco, eleva la edad media de la representación española (cumplirá 60 en septiembre). Y Marta Arce, triple medallista paralímpica (plata en Atenas 2004 y en Pekín 2008, bronce en Londres 2012) regresa a sus 44 años en judo. El único equipo femenino que estará en Tokio es el de baloncesto en silla de ruedas, que debuta en unos Juegos.

El último deporte con representación femenina española es la halterofilia, honrada por la extremeña Loida Zabala en exclusividad en los tres últimos Juegos, en los que ha hecho pleno de diplomas. Una inflamación de médula cuando era pequeña le obligó a usar silla de ruedas, y para tener fuerza en los brazos comenzó a hacer pesas a los 12. Ha sido capaz de levantar más del doble de su peso (pesa 48 y ha superado los 100). Esta vez no estará sola: junto a ella se ha clasificado a sus 40 años Montse Alcoba, que debutará en unos Juegos que se le resistían. Había sido subcampeona mundial en 2011 y europea en 2018.

La batalla está servida, y en juego tratar de acercarse a otro gran éxito del deporte paralímpico español en Río 2016. Las mujeres lograron entonces 15 metales, una cifra que cinco años después parece muy difícil de igualar. Lo bueno es que estas deportistas no entienden de imposibles.

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Este martes arrancan los Juegos Paralímpicos y España aterriza en Tokio con 139 deportistas (15 de apoyo), 12 más que en Río 2016. La participación femenina vuelve a ascender por tercera edición consecutiva, alcanzando un total de 41 deportistas con discapacidad, un tercio de la expedición española en tierras niponas y 13 más que hace cinco años.

Sin contar los deportes de equipo, la mayor participación femenina española reside en el atletismo, que cuenta con hasta diez mujeres. Precisamente, sus caras más visibles proceden de Galicia (la tercera comunidad con más representantes en la delegación, solo por detrás de Madrid y Cataluña), empezando por una Desirée Vila que debuta en unos Juegos y que aspira a dar la sorpresa en salto de longitud. La exgimnasta, que a los 16 años sufrió un accidente que le cambió la vida para siempre, se ha reinventado en los últimos años y además de convertirse en una baza importante del equipo español se ha erigido como una figura importante en el escaparate paralímpico, creando una comunidad destacada en redes (casi 765.000 seguidores en TikTok), escribiendo libros y dando charlas motivacionales ante cientos de personas.

Desirée Vila. (Iberdrola)

Sin embargo, la estrella del atletismo femenino español y principal opción de medalla es su inseparable compañera, Adiaratou Iglesias. De origen maliense pero afincada en Lugo, va a debutar también en unos Juegos pero llega con un bagaje con lustre: en el último Mundial logró dos platas, una en 100 metros y otra en 200. Cuenta con una discapacidad visual del 10%, pero eso no le ha impedido participar e incluso subir al podio en el último campeonato de España sub-23 absoluto (peleando con atletas sin discapacidad), logrando dos medallas de bronce en las mismas pruebas de velocidad. Por supuesto, ni veía las líneas de las calles ni la de meta.

Otra de las grandes esperanzas radica en una Susana Rodríguez que hará historia en Tokio al competir tanto en atletismo como en triatlón. Médica de profesión (su gran labor en primera línea contra el covid-19 le ha llevado a ser portada de la revista TIME) y con una deficiencia visual grave derivada de su albinismo, ha logrado la clasificación para la prueba de 1.500 metros, la misma en la que rozó la medalla en el Mundial de Dubái acabando en cuarto lugar junto a su guía Celso Comesaña. Sin embargo, es en el triatlón donde se espera el metal: con su guía Sara Loehr ha ocupado el primer puesto del ranking en los últimos años, y el quinto puesto logrado en Río 2016, meritorio entonces, tiene visos de ser superado.

Susana Rodríguez. (Iberdrola)

En triatlón competirán también las españolas Eva Moral y Rakel Mateo, ambas protagonistas de una impresionante historia de superación. La primera era triatleta sin discapacidad hasta que se cayó por un barranco de siete metros en la sierra de Madrid. Quedó parapléjica, pero no se derrumbó. Descubrió el triatlón adaptado, y solo un año después ya era campeona de España de la modalidad y bronce en las series mundiales. Se proclamó campeona del mundo en 2017 y de Europa en 2018. Ahora sueña con la medalla en Tokio, en unos Juegos que admiten por primera vez triatletas en silla de ruedas. El caso de Rakel ha sido más tortuoso. Pudo superar una anorexia que le martirizó durante una década, pero justó después se le cayeron 100 kilos encima de una pierna en el supermercado en el que trabajaba, sufriendo graves lesiones neuropáticas. El triatlón apareció en su vida, y llegó a proclamarse subcampeona continental además de ser octava en los Juegos Paralímpicos de Río. Pero ha sufrido mucho dolor, hasta el punto de tener que tomar 19 pastillas al día en algunas temporadas. En febrero, su médico le dijo que si se amputaba la pierna le auguraba un futuro sin medicación. Rakel aceptó y en tiempo récord ha tenido que aprender a nadar, montar en bici y correr de nuevo, así que estará en Tokio sin cartel de favorita pero con una sonrisa de oreja a oreja.

Eva Moral. (Iberdrola)

La natación es, tras el atletismo, el segundo deporte con más participación española femenina. Y probablemente el que cuente con más opciones de medalla. Empezando por la legendaria Teresa Perales, que a sus 45 años competirá en sus sextos Juegos Olímpicos con la intención de agrandar un palmarés de leyenda (26 medallas paralímpicas), aunque mermada por una lesión de hombro que sufrió el pasado mes de mayo. Otra de las figuras es Michelle Alonso (doble campeona paralímpica en 100 braza) que será la abanderada española junto a Ricardo Ten. Nuria Marqués, gran revelación en Río (ganó un oro y una plata con apenas 16 años) llega a Japón como vigente campeona del mundo en 200 estilos. Sarai Gascón, que ha ganado seis medallas desde Pekín 2008 (cinco platas y un bronce) sueña con el oro que se le ha escapado en las tres últimas ediciones de los Juegos.

Si nos vamos al resto de deportes, encontramos de todo. Empezando por una Josefa Benítez que a sus 51 años y tras ser subcampeona paralímpica en Londres 2012 en ciclismo en tándem, competirá también en Tokio. Pero ha cambiado la bici ¡por el remo! Formará parte de la embarcación de cuatro con timonel, prácticamente recién creada y con poca experiencia. Junto a ella estarán también Verónica Rodríguez y María Estíbaliz Armendáriz. En piragüismo, Inés Felipe se convertirá en la primera mujer española en competir en este deporte en unos Paralímpicos. Maricarmen Rubio, que participa en sus terceros Juegos Olímpicos en la modalidad de tiro con arco, eleva la edad media de la representación española (cumplirá 60 en septiembre). Y Marta Arce, triple medallista paralímpica (plata en Atenas 2004 y en Pekín 2008, bronce en Londres 2012) regresa a sus 44 años en judo. El único equipo femenino que estará en Tokio es el de baloncesto en silla de ruedas, que debuta en unos Juegos.

El último deporte con representación femenina española es la halterofilia, honrada por la extremeña Loida Zabala en exclusividad en los tres últimos Juegos, en los que ha hecho pleno de diplomas. Una inflamación de médula cuando era pequeña le obligó a usar silla de ruedas, y para tener fuerza en los brazos comenzó a hacer pesas a los 12. Ha sido capaz de levantar más del doble de su peso (pesa 48 y ha superado los 100). Esta vez no estará sola: junto a ella se ha clasificado a sus 40 años Montse Alcoba, que debutará en unos Juegos que se le resistían. Había sido subcampeona mundial en 2011 y europea en 2018.

La batalla está servida, y en juego tratar de acercarse a otro gran éxito del deporte paralímpico español en Río 2016. Las mujeres lograron entonces 15 metales, una cifra que cinco años después parece muy difícil de igualar. Lo bueno es que estas deportistas no entienden de imposibles.

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