_Tokyo 2020

El salto olímpico de Desirée Vila

David Orenes @david_lrl 18-08-2021

Agosto. Centro de Alto rendimiento de Sant Cugat. A escasos días de los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020, el recinto se ha convertido en una burbuja donde los deportistas ultiman su preparación antes de viajar a tierras niponas. Nadie puede salir más que para coger el avión que les llevará a un sueño que estuvo a punto de esfumarse.

Como no puede ser de otra manera, cada deportista español que acudirá a los Juegos cuenta con una historia fascinante que le convirtió en un ejemplo de superación, abriendo puertas que en su día les cerraron. No siempre se encuentra la llave al momento, a veces hay que estar en paz con uno mismo y tomar impulso para dar definitivamente el salto. Eso mismo le ocurrió a Desirée Vila (Gondomar, Vigo, 1998), nuestra protagonista y probablemente la cara más visible de la expedición nacional rumbo a Tokio. Con apenas 16 años y consolidada como una gran promesa de la gimnasia acrobática en nuestro país, sufrió un grave accidente que le obligó a pasar por el quirófano y finalmente a perder su pierna derecha. Caracterizada por su incontrolable dinamismo, a los pocos días de salir del hospital ya estaba dando saltos en el jardín de su casa probando qué podía y qué no podía hacer con una sola pierna.

“Aquello también fue algo malo, en parte. Porque era demasiado impaciente, me costó entender que la recuperación iba a ser larga, que no aprendes de un día para otro, que las heridas necesitaban cicatrizar”, nos explica Desirée, que tardó dos años en volver a practicar deporte de verdad. “Volví al colegio, seguí estudiando y quise disfrutar de las cosas que no podía vivir cuando era gimnasta, como salir de fiesta, hacer lo típico que hace una chica joven. Me di un parón de recuperación física y psicológica. Y dos años después… ¡empezó mi locura de vida, de ir para adelante y para atrás todo el rato!”.

La gallega pasó de no subir fotos a Instagram por el miedo al “qué dirán” a dar charlas ante cientos de personas, escribir un libro (‘Lo único incurable son las ganas de vivir’) donde cuenta una experiencia que sirve de ejemplo para mucho, y a tener alta presencia en las redes (Youtube, Instagram o TikTok) donde ha creado una comunidad importante que le ha llevado a ser un personaje más que público. En esa “nueva vida” no podía faltar, por supuesto, el deporte y la máxima competición. Y eso que al principio Desirée fue reacia. Sus padres la ‘obligaron’ a utilizar prótesis y experimentó por fin lo que era correr de nuevo. Fue entonces cuando miembros de la selección española de atletismo paralímpico contactaron con la familia para que la joven se uniera a los entrenamientos.

Desirée Vila.

“Empecé a hacer atletismo por probar, para aprender a correr. Cuando se me planteó competir, no estaba muy segura de si quería o no, porque te empiezas a poner objetivos, a motivarte más, entrenar más horas… No sabía si era lo que quería, si estaba preparada mentalmente para volver a la rutina que tenía antes. Siendo gimnasta era muy duro entrenar todos los días, renunciar a estar con tus amigos, ir al cine y tantas cosas. Pero una vez tomé la decisión me gustó, vi que se me daba bien y empecé a ir a las competiciones internacionales”. Tras disputar un europeo, surgió la oportunidad de instalarse en la Residencia Blume, donde compartió el día a día con los mejores deportistas del país, todos con el mismo sueño: ir a los Juegos Olímpicos o Paralímpicos. “Allí te impregnas de ese ambiente, esas ganas de querer estar en los Juegos. Y me dije: yo no voy a ser menos”.

No hay mayor motivación para un deportista que tener los cinco anillos en el horizonte. Aunque el camino no ha sido precisamente fácil, sobre todo cuando te cruzas con una pandemia llamada covid-19. “Fue duro porque cancelaron muchas competiciones, podías competir a nivel nacional pero fuera era más complicado por las cuarentenas y las PCR’s. Había mucha incertidumbre, incluso hasta hace muy poquito no se sabía 100% seguro si se iban a celebrar los Juegos. Entrenar con esa incertidumbre es muy duro, porque no tienes una planificación muy clara, llega un momento en el que te planteas si merece la pena todo lo que estás dejando atrás por algo que no sabes si se va a poder llevar a cabo o no”, confiesa la pontevedresa, que no obstante ha logrado adquirir una fortaleza mental reseñable. “Me he mantenido bastante segura, y además he crecido mucho como deportista porque he trabajado con una psicóloga deportiva que me ha ayudado a superar la presión, a afrontar el miedo y a disfrutar de las competiciones, que antes me costaba muchísimo. Para mí ha sido una bendición”, añade.

Otro de sus puntos fuertes tiene que ver con la madurez, impropia a su edad (23 años). “Hombre, también es verdad que los deportistas en general somos mucho más maduros que el resto, porque aprendemos a ser responsables desde el minuto uno. Pero sí, los paralímpicos tenemos ese plus por nuestra historia personal de superación. En mi caso evidentemente con 16 años me tocó madurar y dejar atrás tonterías de niña, y tirar adelante porque no me quedaba otra”

Desirée Vila (Iberdrola)

Desirée obtuvo el billete a Tokio en mayo, solo dos meses después de soplar las velas del quinto aniversario de su amputación. Fue en el Mitin de Basauri, al superar la mínima (4,07) en la prueba de salto de longitud T63 con una marca de 4,17. Se trataba del récord de España y de la cuarta mejor marca mundial de todo el año, un logro que la coloca como una de las grandes ‘outsiders’. ¿Es la medalla el objetivo? “Quiero disfrutar mucho de la experiencia, eso lo primero, porque después de haber trabajado tanto me lo merezco y nos lo merecemos todos. Y mi objetivo siempre va a ser mejorar mi marca. Voy a competir contra las mejores y ojalá pueda llevarme una medalla y subir al podio. Está difícil, es complicado porque hay mucho nivel en unos Juegos Paralímpicos. Pero oye, soñar es gratis y yo voy a darlo todo. Además, ¡es que puede pasar cualquier cosa! Que las favoritas no tengan su mejor día, que se caigan, que den positivo por covid-19 y no puedan competir… Este año pueden pasar tantas cosas que hay que estar preparada”.

Los Paralímpicos están acostumbrados a vivir en el anonimato, salvo contadas excepciones como la laureada Teresa Perales (ganadora de 26 medallas y reconocida con el premio Princesa de Asturias de los deportes). Otra cabeza visible es la propia Desirée, una novata en los Juegos pero no en el escaparate: solo en TikTok cuenta con más de 760.000 seguidores, una cifra que asume con responsabilidad, dispuesta a aprovechar el altavoz del que dispone para atraer a más público. “Yo espero que de alguna manera esa voz que tengo en mis redes tenga una pequeña repercusión. Evidentemente no todo el mundo va a ver los Juegos por mí, pero mira, si son 5, 10, 15 o 20 personas más que lo van a ver porque me conocen, pues bienvenido sea. Realmente es importante que se nos dé a conocer y que en algún momento lleguemos a esa igualdad en cuanto a visualización respecto a los Juegos Olímpicos”, reivindica la gallega, señalando como principal atractivo la excelente preparación del equipo español.

“Estoy teniendo la oportunidad de verlos entrenar y la verdad es que no parece que hayamos tenido un año de parón. Vamos con muchísimo nivel, muy preparados. La concentración que tenemos (en el CAR de Sant Cugat) no estoy segura de que se haya hecho en muchos más países. Ha sido una iniciativa del CPE, y vamos a ser de los países con menos incidencia. Eso nos va a dar una ventaja”. En Río 2016 España firmó una buena actuación, logrando 31 medallas, 11 menos que en Londres pero mejor posición en el medallero por los nueve oros conquistados. Nuestro país se puede considerar una gran potencia: en Sydney 2000 fuimos cuartos en el medallero con 106 preseas (38 oros). Otro aliciente para seguir de cerca el evento. “Los olímpicos nos dejaron buen sabor de boca, pero los paralímpicos nos vamos a rebelar”. De eso no hay duda.

Imagen de cabecera: Iberdrola

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Agosto. Centro de Alto rendimiento de Sant Cugat. A escasos días de los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020, el recinto se ha convertido en una burbuja donde los deportistas ultiman su preparación antes de viajar a tierras niponas. Nadie puede salir más que para coger el avión que les llevará a un sueño que estuvo a punto de esfumarse.

Como no puede ser de otra manera, cada deportista español que acudirá a los Juegos cuenta con una historia fascinante que le convirtió en un ejemplo de superación, abriendo puertas que en su día les cerraron. No siempre se encuentra la llave al momento, a veces hay que estar en paz con uno mismo y tomar impulso para dar definitivamente el salto. Eso mismo le ocurrió a Desirée Vila (Gondomar, Vigo, 1998), nuestra protagonista y probablemente la cara más visible de la expedición nacional rumbo a Tokio. Con apenas 16 años y consolidada como una gran promesa de la gimnasia acrobática en nuestro país, sufrió un grave accidente que le obligó a pasar por el quirófano y finalmente a perder su pierna derecha. Caracterizada por su incontrolable dinamismo, a los pocos días de salir del hospital ya estaba dando saltos en el jardín de su casa probando qué podía y qué no podía hacer con una sola pierna.

“Aquello también fue algo malo, en parte. Porque era demasiado impaciente, me costó entender que la recuperación iba a ser larga, que no aprendes de un día para otro, que las heridas necesitaban cicatrizar”, nos explica Desirée, que tardó dos años en volver a practicar deporte de verdad. “Volví al colegio, seguí estudiando y quise disfrutar de las cosas que no podía vivir cuando era gimnasta, como salir de fiesta, hacer lo típico que hace una chica joven. Me di un parón de recuperación física y psicológica. Y dos años después… ¡empezó mi locura de vida, de ir para adelante y para atrás todo el rato!”.

La gallega pasó de no subir fotos a Instagram por el miedo al “qué dirán” a dar charlas ante cientos de personas, escribir un libro (‘Lo único incurable son las ganas de vivir’) donde cuenta una experiencia que sirve de ejemplo para mucho, y a tener alta presencia en las redes (Youtube, Instagram o TikTok) donde ha creado una comunidad importante que le ha llevado a ser un personaje más que público. En esa “nueva vida” no podía faltar, por supuesto, el deporte y la máxima competición. Y eso que al principio Desirée fue reacia. Sus padres la ‘obligaron’ a utilizar prótesis y experimentó por fin lo que era correr de nuevo. Fue entonces cuando miembros de la selección española de atletismo paralímpico contactaron con la familia para que la joven se uniera a los entrenamientos.

Desirée Vila.

“Empecé a hacer atletismo por probar, para aprender a correr. Cuando se me planteó competir, no estaba muy segura de si quería o no, porque te empiezas a poner objetivos, a motivarte más, entrenar más horas… No sabía si era lo que quería, si estaba preparada mentalmente para volver a la rutina que tenía antes. Siendo gimnasta era muy duro entrenar todos los días, renunciar a estar con tus amigos, ir al cine y tantas cosas. Pero una vez tomé la decisión me gustó, vi que se me daba bien y empecé a ir a las competiciones internacionales”. Tras disputar un europeo, surgió la oportunidad de instalarse en la Residencia Blume, donde compartió el día a día con los mejores deportistas del país, todos con el mismo sueño: ir a los Juegos Olímpicos o Paralímpicos. “Allí te impregnas de ese ambiente, esas ganas de querer estar en los Juegos. Y me dije: yo no voy a ser menos”.

No hay mayor motivación para un deportista que tener los cinco anillos en el horizonte. Aunque el camino no ha sido precisamente fácil, sobre todo cuando te cruzas con una pandemia llamada covid-19. “Fue duro porque cancelaron muchas competiciones, podías competir a nivel nacional pero fuera era más complicado por las cuarentenas y las PCR’s. Había mucha incertidumbre, incluso hasta hace muy poquito no se sabía 100% seguro si se iban a celebrar los Juegos. Entrenar con esa incertidumbre es muy duro, porque no tienes una planificación muy clara, llega un momento en el que te planteas si merece la pena todo lo que estás dejando atrás por algo que no sabes si se va a poder llevar a cabo o no”, confiesa la pontevedresa, que no obstante ha logrado adquirir una fortaleza mental reseñable. “Me he mantenido bastante segura, y además he crecido mucho como deportista porque he trabajado con una psicóloga deportiva que me ha ayudado a superar la presión, a afrontar el miedo y a disfrutar de las competiciones, que antes me costaba muchísimo. Para mí ha sido una bendición”, añade.

Otro de sus puntos fuertes tiene que ver con la madurez, impropia a su edad (23 años). “Hombre, también es verdad que los deportistas en general somos mucho más maduros que el resto, porque aprendemos a ser responsables desde el minuto uno. Pero sí, los paralímpicos tenemos ese plus por nuestra historia personal de superación. En mi caso evidentemente con 16 años me tocó madurar y dejar atrás tonterías de niña, y tirar adelante porque no me quedaba otra”

Desirée Vila (Iberdrola)

Desirée obtuvo el billete a Tokio en mayo, solo dos meses después de soplar las velas del quinto aniversario de su amputación. Fue en el Mitin de Basauri, al superar la mínima (4,07) en la prueba de salto de longitud T63 con una marca de 4,17. Se trataba del récord de España y de la cuarta mejor marca mundial de todo el año, un logro que la coloca como una de las grandes ‘outsiders’. ¿Es la medalla el objetivo? “Quiero disfrutar mucho de la experiencia, eso lo primero, porque después de haber trabajado tanto me lo merezco y nos lo merecemos todos. Y mi objetivo siempre va a ser mejorar mi marca. Voy a competir contra las mejores y ojalá pueda llevarme una medalla y subir al podio. Está difícil, es complicado porque hay mucho nivel en unos Juegos Paralímpicos. Pero oye, soñar es gratis y yo voy a darlo todo. Además, ¡es que puede pasar cualquier cosa! Que las favoritas no tengan su mejor día, que se caigan, que den positivo por covid-19 y no puedan competir… Este año pueden pasar tantas cosas que hay que estar preparada”.

Los Paralímpicos están acostumbrados a vivir en el anonimato, salvo contadas excepciones como la laureada Teresa Perales (ganadora de 26 medallas y reconocida con el premio Princesa de Asturias de los deportes). Otra cabeza visible es la propia Desirée, una novata en los Juegos pero no en el escaparate: solo en TikTok cuenta con más de 760.000 seguidores, una cifra que asume con responsabilidad, dispuesta a aprovechar el altavoz del que dispone para atraer a más público. “Yo espero que de alguna manera esa voz que tengo en mis redes tenga una pequeña repercusión. Evidentemente no todo el mundo va a ver los Juegos por mí, pero mira, si son 5, 10, 15 o 20 personas más que lo van a ver porque me conocen, pues bienvenido sea. Realmente es importante que se nos dé a conocer y que en algún momento lleguemos a esa igualdad en cuanto a visualización respecto a los Juegos Olímpicos”, reivindica la gallega, señalando como principal atractivo la excelente preparación del equipo español.

“Estoy teniendo la oportunidad de verlos entrenar y la verdad es que no parece que hayamos tenido un año de parón. Vamos con muchísimo nivel, muy preparados. La concentración que tenemos (en el CAR de Sant Cugat) no estoy segura de que se haya hecho en muchos más países. Ha sido una iniciativa del CPE, y vamos a ser de los países con menos incidencia. Eso nos va a dar una ventaja”. En Río 2016 España firmó una buena actuación, logrando 31 medallas, 11 menos que en Londres pero mejor posición en el medallero por los nueve oros conquistados. Nuestro país se puede considerar una gran potencia: en Sydney 2000 fuimos cuartos en el medallero con 106 preseas (38 oros). Otro aliciente para seguir de cerca el evento. “Los olímpicos nos dejaron buen sabor de boca, pero los paralímpicos nos vamos a rebelar”. De eso no hay duda.

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