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El momento Koke

Diego G. Argota @Diego21Garcia 31-03-2020

En su primera gran temporada como el máximo peso pesado del vestuario, Koke ha recogido el brazalete y ha cumplido (está cumpliendo, si es que alguna vez termina la campaña) con creces. Bañando semana tras semana por la crítica pública, la misma que duda del hacer de Simeone y cuestiona la salud de un club que vive la mejor época de su vida, Koke ha trabajado en silencio para seguir siendo el mismo jugador fundamental desde que debutara, allá en tiempos de Quique Sánchez Flores. Quizás no tenga el carisma de Gabi, el lustre de Torres o el liderazgo que desprendía Godín, pero el vallecano, toda una vida en rojiblanco, es sin duda la prolongación del entrenador sobre el campo.

Llama mucho la atención que un jugador con una polivalencia suma, con un derroche de empeño y sin apenas lagunas tácticas ni técnicas, nunca haya contado en demasía para la selección española cuando parecía claro candidato al relevo generacional que dejaban los Xavi e Iniesta. Koke, que tiene solo 28 años, se convertirá en menos de dos en el jugador con más partidos en la historia del Atlético de Madrid, donde entró con seis años y con cuyo primer equipo debutó antes de la mayoría de edad. Koke ha formado parte de la Roja desde su categoría Sub16 y ha pasado por todas. La Sub17, la Sub19, la Sub20 y la Sub21, jugando también en los Juegos Olímpicos de 2012 y teniendo como mayor éxito la Eurocopa Sub21 conquistada en 2013.

Por su precocidad, por su capacidad para jugar en posiciones interiores y en demarcaciones más posicionales, Del Bosque le llamó a filas con solo 21 años para ser el recambio generacional de los dos jugadores del Barcelona. En cambio, pese a su gran hacer en la temporada 2013-2014, cuando el Atlético ganó la Liga con el canterano en plan estrella y llegó a la final de la Champions League, Koke apenas contó en el Mundial de 2014 de Brasil. Ahí empezó para él un pozo del que nunca ha sabido salir, pues si bien Del Bosque siempre confió en su versatilidad (le hizo jugar incluso como carrilero derecho), nunca tuvo la continuidad ni el peso de ser un jugador titular.

Con la llegada de Lopetegui comenzó a ver la luz con la absoluta. Julen ya le había tenido como pieza clave en todas las inferiores y el canterano rojiblanco fue parte importante de la clasificación para la Euro 2016, aunque su protagonismo fue decayendo hasta el punto que en el torneo de Francia apenas disputó 19 minutos. Pasada la cita, Lopetegui volvió a darle las llaves del mediocentro, pues sin él la cosa había funcionado peor que con él sobre el verde. Luego llegó Rusia, la tensión Rubiales-Lopetegui y un paréntesis de unas semanas donde España fue carne de quedar eliminada desde el primer día.

La coyuntura terminó con Luis Enrique en el banquillo (y también con Robert Moreno) y esa pareció ser la decisión que condicionó toda la carrera del rojiblanco en la Roja. Simplemente, a Luis Enrique parece no gustarle, pues desde el primer día nunca ha contado con él. El seleccionador entiende un juego más rápido y de transición, mientras que Koke es un futbolista más pausado, más atropellado. Con 44 partidos disputados como internacional (seguro que a estas alturas, y con la proyección que presentaba, se esperaba que tuviera muchos más), Koke ha pasado el que quizás sea el momento más duro de su carrera futbolística.

En sus inicios, un jugador mucho más vistoso, Koke sigue siendo el centrocampista que más asistencias de gol ha repartido en esta década (68) en el campeonato español y solo le superan en la tabla general Messi y Benzema. En su día, compartía protagonismo con jugadores como Özil e Iniesta. El caso, es que su transformación en un centrocampista más todoterreno le ha privado de ese último toque en profundidad o al hueco para dotarle de unas capacidades distintas. Koke es el futbolista que más kilómetros recorre por partido en el Atlético de Madrid, que a su vez, lidera en los últimos años la categoría de equipo que más distancia cubre tanto en España como en competición europea.

Pero ha sido esta temporada, cuando más cuestionado ha estado porque ahora hace cosas más difíciles de ver, cuando más se ha notado su importancia o su ausencia sobre el campo. Koke, que sufrió una lesión muscular a finales de diciembre, se perdió siete partidos por aquellas molestias cuando su rendimiento estaba en el alambre. De esos siete duelos, el Atlético perdió cuatro, empató uno y solo pudo vencer en dos. Para ponerlo en perspectiva, con Koke sobre el campo, el Atlético ha jugado este año 31 partidos, de los que solo ha perdido cuatro (Juventus, Bayer Leverkusen, Real Sociedad y Barcelona).

Desde que regresó de su lesión, el Atlético no conoce la derrota y ese descanso a él le ha venido particularmente bien, pues para un futbolista mucho más suelto, mucho más depurado y con una carga emocional menor. Se ha quitado un peso demostrando, con resultados, que es fundamental en los esquemas de un Simeone que nunca ha tenido una sola duda pese a que su capitán llegara incluso a ser silbado esta campaña por cierto sector de la grada. Su momento, sin duda, era de selección española. Luis Enrique debería haber dado convocatoria para los partidos que se tendrían que haber jugado la semana pasada y Koke, que no ha sido nunca de un estilo de jugador de su agrado, tenía todas las papeletas para haber estado en ella. “Yo estoy abierto a que los jugadores me sorprendan”, admitió sobre el rojiblanco en la única convocatoria que le llamó. Seguro que hasta el día de Anfield, Koke estaba al menos en sus pensamientos.

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En su primera gran temporada como el máximo peso pesado del vestuario, Koke ha recogido el brazalete y ha cumplido (está cumpliendo, si es que alguna vez termina la campaña) con creces. Bañando semana tras semana por la crítica pública, la misma que duda del hacer de Simeone y cuestiona la salud de un club que vive la mejor época de su vida, Koke ha trabajado en silencio para seguir siendo el mismo jugador fundamental desde que debutara, allá en tiempos de Quique Sánchez Flores. Quizás no tenga el carisma de Gabi, el lustre de Torres o el liderazgo que desprendía Godín, pero el vallecano, toda una vida en rojiblanco, es sin duda la prolongación del entrenador sobre el campo.

Llama mucho la atención que un jugador con una polivalencia suma, con un derroche de empeño y sin apenas lagunas tácticas ni técnicas, nunca haya contado en demasía para la selección española cuando parecía claro candidato al relevo generacional que dejaban los Xavi e Iniesta. Koke, que tiene solo 28 años, se convertirá en menos de dos en el jugador con más partidos en la historia del Atlético de Madrid, donde entró con seis años y con cuyo primer equipo debutó antes de la mayoría de edad. Koke ha formado parte de la Roja desde su categoría Sub16 y ha pasado por todas. La Sub17, la Sub19, la Sub20 y la Sub21, jugando también en los Juegos Olímpicos de 2012 y teniendo como mayor éxito la Eurocopa Sub21 conquistada en 2013.

Por su precocidad, por su capacidad para jugar en posiciones interiores y en demarcaciones más posicionales, Del Bosque le llamó a filas con solo 21 años para ser el recambio generacional de los dos jugadores del Barcelona. En cambio, pese a su gran hacer en la temporada 2013-2014, cuando el Atlético ganó la Liga con el canterano en plan estrella y llegó a la final de la Champions League, Koke apenas contó en el Mundial de 2014 de Brasil. Ahí empezó para él un pozo del que nunca ha sabido salir, pues si bien Del Bosque siempre confió en su versatilidad (le hizo jugar incluso como carrilero derecho), nunca tuvo la continuidad ni el peso de ser un jugador titular.

Con la llegada de Lopetegui comenzó a ver la luz con la absoluta. Julen ya le había tenido como pieza clave en todas las inferiores y el canterano rojiblanco fue parte importante de la clasificación para la Euro 2016, aunque su protagonismo fue decayendo hasta el punto que en el torneo de Francia apenas disputó 19 minutos. Pasada la cita, Lopetegui volvió a darle las llaves del mediocentro, pues sin él la cosa había funcionado peor que con él sobre el verde. Luego llegó Rusia, la tensión Rubiales-Lopetegui y un paréntesis de unas semanas donde España fue carne de quedar eliminada desde el primer día.

La coyuntura terminó con Luis Enrique en el banquillo (y también con Robert Moreno) y esa pareció ser la decisión que condicionó toda la carrera del rojiblanco en la Roja. Simplemente, a Luis Enrique parece no gustarle, pues desde el primer día nunca ha contado con él. El seleccionador entiende un juego más rápido y de transición, mientras que Koke es un futbolista más pausado, más atropellado. Con 44 partidos disputados como internacional (seguro que a estas alturas, y con la proyección que presentaba, se esperaba que tuviera muchos más), Koke ha pasado el que quizás sea el momento más duro de su carrera futbolística.

En sus inicios, un jugador mucho más vistoso, Koke sigue siendo el centrocampista que más asistencias de gol ha repartido en esta década (68) en el campeonato español y solo le superan en la tabla general Messi y Benzema. En su día, compartía protagonismo con jugadores como Özil e Iniesta. El caso, es que su transformación en un centrocampista más todoterreno le ha privado de ese último toque en profundidad o al hueco para dotarle de unas capacidades distintas. Koke es el futbolista que más kilómetros recorre por partido en el Atlético de Madrid, que a su vez, lidera en los últimos años la categoría de equipo que más distancia cubre tanto en España como en competición europea.

Pero ha sido esta temporada, cuando más cuestionado ha estado porque ahora hace cosas más difíciles de ver, cuando más se ha notado su importancia o su ausencia sobre el campo. Koke, que sufrió una lesión muscular a finales de diciembre, se perdió siete partidos por aquellas molestias cuando su rendimiento estaba en el alambre. De esos siete duelos, el Atlético perdió cuatro, empató uno y solo pudo vencer en dos. Para ponerlo en perspectiva, con Koke sobre el campo, el Atlético ha jugado este año 31 partidos, de los que solo ha perdido cuatro (Juventus, Bayer Leverkusen, Real Sociedad y Barcelona).

Desde que regresó de su lesión, el Atlético no conoce la derrota y ese descanso a él le ha venido particularmente bien, pues para un futbolista mucho más suelto, mucho más depurado y con una carga emocional menor. Se ha quitado un peso demostrando, con resultados, que es fundamental en los esquemas de un Simeone que nunca ha tenido una sola duda pese a que su capitán llegara incluso a ser silbado esta campaña por cierto sector de la grada. Su momento, sin duda, era de selección española. Luis Enrique debería haber dado convocatoria para los partidos que se tendrían que haber jugado la semana pasada y Koke, que no ha sido nunca de un estilo de jugador de su agrado, tenía todas las papeletas para haber estado en ella. “Yo estoy abierto a que los jugadores me sorprendan”, admitió sobre el rojiblanco en la única convocatoria que le llamó. Seguro que hasta el día de Anfield, Koke estaba al menos en sus pensamientos.

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