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Dovi: honor al subcampeón

Andrea Dovizioso, tras salir desde la segunda fila, luchaba por la victoria en el circuito de Montmeló en 2010. Un duelo frente a Jorge Lorenzo, que era líder en la general. A diez vueltas del final, en la curva de la Caixa, Dovi terminó por los suelos y con sus posibilidades de ganar aquel Gran Premio.

Lógicamente, cuando un piloto cae debe asimilar lo sucedido, digerir el error o la fatalidad. Y probablemente solo tenga ganas de estar en paz. Sin embargo, aquel 5 de julio de 2010, se abrió la puerta del box de Andrea Dovizioso y, tras su semblante apagado, conservaba una tímida sonrisa para quién estuviera allí.

Me llevé una foto para el recuerdo y una corta pero cómoda conversación. No tenía prisa, aquella prontitud y rapidez que suele exteriorizarse en los pasillos que conectan con los motorhomes. Pronunció algunas palabras sobre la caída y le quito asperezas al asunto, con su positivismo y la calma que transmitía. Con una particular amabilidad. Desde aquel día, intuí que Andrea Dovizioso era tan buen tipo como nos habíamos imaginado.

El Mundial de 2017 arrancó con dos victorias de Viñales, una de las grandes esperanzas previas al inicio, ocasionado, en parte, por la potencia del foco de Yamaha. La primera victoria de Dovizioso llegó en Mugello. Sumó hasta colarse en ocho podios, de los cuales en seis ocasiones posó para la foto en la parte más alta del cajón. Curiosamente, las mismas victorias que ha logrado el campeón del Mundo de Moto GP. Datos que manifiestan la solidez que ha mostrado Dovi en este campeonato.

Probablemente pocos apostaron inicialmente por la lucha del desenlace. Al fin y al cabo, era el décimo Mundial de Andrea en la categoría reina, y el mayor hito en los nueve anteriores fue el tercer puesto en la general en 2011. Pero poco a poco, Dovizioso creyó e hizo creer en él.

(Getty)

Dovi ha llevado a Márquez al límite, que se ha agenciado su sexto Mundial, el cuarto de Moto GP, con una diferencia de 37 puntos. Ha intentado, siendo un mortal, asfixiar a un extraterrestre que puso en su bolsillo cuatro de los cinco Mundiales de Moto GP en los que compitió, haciendo sombra a otros nombres propios y a la historia.

El motociclismo, desde la pantalla, puede parecer hasta fácil. Acostumbrados a tantas maravillas que suceden sobre el asfalto. Sin embargo, la complejidad es abrumadora. No es únicamente una cuestión de talento. Pequeños errores, centímetros. La exigencia de una concentración absoluta.

A Dovizioso no le pudo la presión de quién no está acostumbrado a llevar la luz del foco principal. Al fin y al cabo, sin ser el principal protagonista, es un viejo conocido. De este modo, concentrado en el objetivo y confiando cada vez más en materializarlo, dio varios golpes encima de la mesa. Los últimos, en Japón y Sepang. Quiso intentarlo hasta el último momento, lejos de la timidez de sus sonrisas.

Dovi certificó que podía competir frente a las bestias que antes visualizó de otro tamaño, y nunca tiró la toalla. Sin duda, una caída que ha significado el final de las opciones para lograr un sueño puede ser sinónimo de lucha.

La batalla de Márquez y Dovizioso ha mostrado un fair play que no ha dejado lugar a las polémicas, algo que echábamos de menos. Porque la rivalidad es necesaria, pero en el motociclismo gusta respirarla de un modo distinto. Con olor a gasolina, y nada más. Y si en la última carrera de la temporada hubo intento de ello con el famoso mapping, Andrea se encargaría de cortarlo rápidamente para aportar la paz. Un señor. Honesto, prudente, familiar, y a quien le gusta pasar desapercibido. Con la sencillez de reconocer la superioridad de un rival con auténtica naturalidad. Reflejo de los valores del deporte.

(Getty)

Ante un desenlace que puede hacer feliz a muchos, algunos de esos mismos pueden sentir una espina. Es fácil empatizar con un tipo como Andrea Dovizioso y sentirse una pequeña parte de ese sueño no cumplido. Un subcampeón querido y respetado que, lejos de lo mediático, se ha ganado el corazón y la admiración de muchos.

¿Perdió su oportunidad? ¿Era ésta o ninguna? El tiempo lo dirá, pero sobretodo, no le den por derrotado. Es cosa de dos, máquina y hombre. Los avances y ajustes de la moto tendrán su peso, y Ducati ya ha demostrado el logro de disponer de una moto ganadora. El resto, volverá a ponerlo Dovi.

La caída del pasado domingo me trasladó a esa escena de 2010 en el circuito de Montmeló. Levantarse, mirar al futuro con serenidad. El tiempo venidero deberá tenerle en cuenta. A su talento y a esa maravillosa humildad que le convierte, sin duda, en un piloto especial.

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Andrea Dovizioso, tras salir desde la segunda fila, luchaba por la victoria en el circuito de Montmeló en 2010. Un duelo frente a Jorge Lorenzo, que era líder en la general. A diez vueltas del final, en la curva de la Caixa, Dovi terminó por los suelos y con sus posibilidades de ganar aquel Gran Premio.

Lógicamente, cuando un piloto cae debe asimilar lo sucedido, digerir el error o la fatalidad. Y probablemente solo tenga ganas de estar en paz. Sin embargo, aquel 5 de julio de 2010, se abrió la puerta del box de Andrea Dovizioso y, tras su semblante apagado, conservaba una tímida sonrisa para quién estuviera allí.

Me llevé una foto para el recuerdo y una corta pero cómoda conversación. No tenía prisa, aquella prontitud y rapidez que suele exteriorizarse en los pasillos que conectan con los motorhomes. Pronunció algunas palabras sobre la caída y le quito asperezas al asunto, con su positivismo y la calma que transmitía. Con una particular amabilidad. Desde aquel día, intuí que Andrea Dovizioso era tan buen tipo como nos habíamos imaginado.

El Mundial de 2017 arrancó con dos victorias de Viñales, una de las grandes esperanzas previas al inicio, ocasionado, en parte, por la potencia del foco de Yamaha. La primera victoria de Dovizioso llegó en Mugello. Sumó hasta colarse en ocho podios, de los cuales en seis ocasiones posó para la foto en la parte más alta del cajón. Curiosamente, las mismas victorias que ha logrado el campeón del Mundo de Moto GP. Datos que manifiestan la solidez que ha mostrado Dovi en este campeonato.

Probablemente pocos apostaron inicialmente por la lucha del desenlace. Al fin y al cabo, era el décimo Mundial de Andrea en la categoría reina, y el mayor hito en los nueve anteriores fue el tercer puesto en la general en 2011. Pero poco a poco, Dovizioso creyó e hizo creer en él.

(Getty)

Dovi ha llevado a Márquez al límite, que se ha agenciado su sexto Mundial, el cuarto de Moto GP, con una diferencia de 37 puntos. Ha intentado, siendo un mortal, asfixiar a un extraterrestre que puso en su bolsillo cuatro de los cinco Mundiales de Moto GP en los que compitió, haciendo sombra a otros nombres propios y a la historia.

El motociclismo, desde la pantalla, puede parecer hasta fácil. Acostumbrados a tantas maravillas que suceden sobre el asfalto. Sin embargo, la complejidad es abrumadora. No es únicamente una cuestión de talento. Pequeños errores, centímetros. La exigencia de una concentración absoluta.

A Dovizioso no le pudo la presión de quién no está acostumbrado a llevar la luz del foco principal. Al fin y al cabo, sin ser el principal protagonista, es un viejo conocido. De este modo, concentrado en el objetivo y confiando cada vez más en materializarlo, dio varios golpes encima de la mesa. Los últimos, en Japón y Sepang. Quiso intentarlo hasta el último momento, lejos de la timidez de sus sonrisas.

Dovi certificó que podía competir frente a las bestias que antes visualizó de otro tamaño, y nunca tiró la toalla. Sin duda, una caída que ha significado el final de las opciones para lograr un sueño puede ser sinónimo de lucha.

La batalla de Márquez y Dovizioso ha mostrado un fair play que no ha dejado lugar a las polémicas, algo que echábamos de menos. Porque la rivalidad es necesaria, pero en el motociclismo gusta respirarla de un modo distinto. Con olor a gasolina, y nada más. Y si en la última carrera de la temporada hubo intento de ello con el famoso mapping, Andrea se encargaría de cortarlo rápidamente para aportar la paz. Un señor. Honesto, prudente, familiar, y a quien le gusta pasar desapercibido. Con la sencillez de reconocer la superioridad de un rival con auténtica naturalidad. Reflejo de los valores del deporte.

(Getty)

Ante un desenlace que puede hacer feliz a muchos, algunos de esos mismos pueden sentir una espina. Es fácil empatizar con un tipo como Andrea Dovizioso y sentirse una pequeña parte de ese sueño no cumplido. Un subcampeón querido y respetado que, lejos de lo mediático, se ha ganado el corazón y la admiración de muchos.

¿Perdió su oportunidad? ¿Era ésta o ninguna? El tiempo lo dirá, pero sobretodo, no le den por derrotado. Es cosa de dos, máquina y hombre. Los avances y ajustes de la moto tendrán su peso, y Ducati ya ha demostrado el logro de disponer de una moto ganadora. El resto, volverá a ponerlo Dovi.

La caída del pasado domingo me trasladó a esa escena de 2010 en el circuito de Montmeló. Levantarse, mirar al futuro con serenidad. El tiempo venidero deberá tenerle en cuenta. A su talento y a esa maravillosa humildad que le convierte, sin duda, en un piloto especial.

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