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Con la ambición por bandera

David Orenes @david_lrl 10-01-2020

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waterpolo femenino

El waterpolo es, sin duda, uno de los deportes estrella en nuestro país. Introducido en 1908 desde las playas de Barcelona, fue en los años ochenta cuando la selección española comenzó a ser realmente competitiva, logrando su primera medalla (bronce) en el Europeo celebrado en 1983 en Roma. El nivel ha aumentado de forma considerable hasta el punto de que tanto la masculina como la femenina son consideradas potencias mundiales. Tanto, que en el pasado Mundial ambas hicieron historia al meterse en la final y se clasificaron directamente para los Juegos Olímpicos de Tokio.

Si nos centramos en las mujeres, podemos hablar de una década de lo más prodigiosa: cuatro medallas europeas, tres mundiales y una olímpica. Por supuesto, dos son los grandes hitos: el subcampeonato olímpico en Londres 2012 y la conquista del Mundial en 2013, precisamente en Barcelona, tras derrotar primero a la invencible Estados Unidos en cuartos de final en una de las grandes proezas del deporte femenino en los últimos tiempos. Ha llovido desde aquello, y la plantilla, todavía dirigida por Miki Oca, ha tenido que reinventarse pese a que la media de edad del equipo rondaba los 21 años.

Tras el bajón en el Mundial de Kazán en 2015 -se pasó de ganar a caer al séptimo puesto- el seleccionador tuvo que hacer sacrificios, como dejar fuera a la leyenda Jennifer Pareja, lo que causó un gran revuelo y provocó su retirada prematura. «La ilusión que tenía por jugar se me ha quitado”, dijo entonces la nombrada mejor jugadora del mundo en 2013. Oca hizo hasta cuatro cambios más, y aunque no se subió al podio en Río, pronto llegaron las alegrías: dos platas mundiales y un bronce continental en tres años, volviéndose a colocar entre las mejores del planeta. 

Pese a todo, hasta siete jugadoras campeonas del mundo hace siete años se mantienen en la estructura del equipo, entre ellas una Laura Ester que se ha consolidado como una de las grandes guardametas del panorama internacional, hasta el punto de ser nombrada mejor jugadora europea de waterpolo de forma reciente. La pregunta, con otro Europeo a las puertas, un sinfín de medallas en el bolsillo y el billete a Tokio asegurado, es evidente: ¿se puede mantener viva la ambición?

“Siempre queremos estar entre las mejores. Los Juegos Olímpicos de Tokio es lo que nos empuja a afrontar todo lo que viene con toda la ilusión del mundo», aseguró un Miki Oca que repite la lista con la que conquistó la plata mundial el pasado verano. En Budapest, ciudad donde las guerreras del agua ya ganaron un oro europeo en 2014 y una plata en 2017, tratarán de seguir haciendo historia y avisar de lo que nos espera en los Juegos. Confianza plena.

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El waterpolo es, sin duda, uno de los deportes estrella en nuestro país. Introducido en 1908 desde las playas de Barcelona, fue en los años ochenta cuando la selección española comenzó a ser realmente competitiva, logrando su primera medalla (bronce) en el Europeo celebrado en 1983 en Roma. El nivel ha aumentado de forma considerable hasta el punto de que tanto la masculina como la femenina son consideradas potencias mundiales. Tanto, que en el pasado Mundial ambas hicieron historia al meterse en la final y se clasificaron directamente para los Juegos Olímpicos de Tokio.

Si nos centramos en las mujeres, podemos hablar de una década de lo más prodigiosa: cuatro medallas europeas, tres mundiales y una olímpica. Por supuesto, dos son los grandes hitos: el subcampeonato olímpico en Londres 2012 y la conquista del Mundial en 2013, precisamente en Barcelona, tras derrotar primero a la invencible Estados Unidos en cuartos de final en una de las grandes proezas del deporte femenino en los últimos tiempos. Ha llovido desde aquello, y la plantilla, todavía dirigida por Miki Oca, ha tenido que reinventarse pese a que la media de edad del equipo rondaba los 21 años.

Tras el bajón en el Mundial de Kazán en 2015 -se pasó de ganar a caer al séptimo puesto- el seleccionador tuvo que hacer sacrificios, como dejar fuera a la leyenda Jennifer Pareja, lo que causó un gran revuelo y provocó su retirada prematura. «La ilusión que tenía por jugar se me ha quitado”, dijo entonces la nombrada mejor jugadora del mundo en 2013. Oca hizo hasta cuatro cambios más, y aunque no se subió al podio en Río, pronto llegaron las alegrías: dos platas mundiales y un bronce continental en tres años, volviéndose a colocar entre las mejores del planeta. 

Pese a todo, hasta siete jugadoras campeonas del mundo hace siete años se mantienen en la estructura del equipo, entre ellas una Laura Ester que se ha consolidado como una de las grandes guardametas del panorama internacional, hasta el punto de ser nombrada mejor jugadora europea de waterpolo de forma reciente. La pregunta, con otro Europeo a las puertas, un sinfín de medallas en el bolsillo y el billete a Tokio asegurado, es evidente: ¿se puede mantener viva la ambición?

“Siempre queremos estar entre las mejores. Los Juegos Olímpicos de Tokio es lo que nos empuja a afrontar todo lo que viene con toda la ilusión del mundo», aseguró un Miki Oca que repite la lista con la que conquistó la plata mundial el pasado verano. En Budapest, ciudad donde las guerreras del agua ya ganaron un oro europeo en 2014 y una plata en 2017, tratarán de seguir haciendo historia y avisar de lo que nos espera en los Juegos. Confianza plena.

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