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Pellegrino y su pizarra, motivos para creer

Mauricio Pellegrino vivirá mañana su primera final como entrenador, nada menos que ante el Barcelona en la Copa del Rey de España. Y será un partido con aires reivindicativos para el técnico argentino del Alavés. No pasó demasiado tiempo desde aquel 1 de diciembre de 2012, cuando Pellegrino fue destituido como entrenador del Valencia. Ahora está en la final de Copa con el Alavés, todo un éxito para un equipo tan modesto, y mañana tendrá mucho que ganar y poco que perder, pues el Barcelona es el absoluto favorito.

«Que sea mi primera final es un gran estímulo para mí y veo a mis jugadores que están igual«, indicó el jueves el sudamericano de 45 años. «Están con mucha ilusión. Es una buena sensación, algo que es normal y que ha pasado durante todo el año«.

Hierático y poco dado a la emoción, a Pellegrino por fin le sonrió la fortunda después de amargas experiencias anteriores, principalmente la vivida en Valencia. Allí fue jugador de jerarquía y el club le dio su primera oportunidad como entrenador profesional. Pero la aventura salió muy mal y fue despedido en pocos meses. Se marchó entre lágrimas y con cierta sensación de fracaso.

El entrenador tampoco tuvo demasiada suerte en su siguiente destino, Estudiantes de La Plata, y luego ganó en autoestima con su trabajo en Independiente. Pero se puede decir que su primer gran éxito como entrenador profesional llegó en el Alavés.

Pellegrino necesitaba tomarse una revancha después de su amarga experiencia en Valencia, demostrar que valía para un banquillo de la Liga española. Y la apuesta fue la más modesta posible: asumir las riendas de un recién ascendido con el único objetivo de lograr la permanencia, aunque fuera en la última jornada. Pero mejoró, y de largo, la expectativa más generosa.

El Alavés completó una temporada extraordinaria. Con un presupuesto de 49 millones de euros (52 millones de dólares), acabó noveno con 55 puntos, mucho más cerca de los puestos europeos que del descenso.

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El conjunto vasco es lo que se podría calificar como «un equipo de autor», un conjunto que lleva la firma de su entrenador, una forma de jugar absolutamente reconocible que expone a la perfección varios aspectos: enorme fortaleza defensiva, orden, armonía entre líneas, solidaridad en el esfuerzo, estudio del rival y, sobre todo, voluntad de competir.

El equipo vasco no tardó nada en demostrar que su regreso a la elite del fútbol español iba en serio, pues en la primera jornada de Liga ya empató 1-1 en el campo del Atlético de Madrid, el mismo rival ante el que igualó sin goles el 28 de enero en la vuelta después de desplegar un magnífico fútbol.

Pero el primer gran aviso de lo que era este Alavés llegó el 10 de septiembre en el Camp Nou, cuando derrotó por 2-1 al Barcelona. Los azulgrana se vengarían después con un 6-0 en la vuelta. Mañana tiene una cita de nuevo con Lionel Messi y compañía en el estadio Vicente Calderón. El Barcelona es el favorito, pero el Alavés tiene en Pellegrino y su pizarra motivos para creer.

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