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Valiente como Gabe

Diego G. Argota @Diego21Garcia 01-07-2020

En primavera de 2009, con 22 años y terminando su último curso de universidad, Gabriele Grunewald, a quien todos llamaban Gabe, recibió una noticia que la dejó destrozada por dentro. Sufría cáncer, alojado en las glándulas salivales, e iba a ver frenado a corto plazo su buen futuro en el mundo del atletismo. Consumada mediofondista, destacaba en las pruebas de 1.500 y 3.000 metros, aunque de vez en cuando se animaba también con el 800 y el 5.000. Sabedora de sus posibilidades y que el motivo de su frenazo era causa mayor, pidió un año adicional a la NCAA para terminar sus estudios y, tras someterse a cirugía y a una dura recuperación, pudo seguir compitiendo un año más, donde logró recortar sus marcas y acabó en segunda posición en los campeonatos universitarios en su prueba fetiche, el 1.500. Y nunca dejó de correr.

Totalmente recuperada, o eso parecía, las mejores multinacionales no dudaron en presentarle una oferta ahora que había terminado la época estudiantil y acababa de dar el paso al profesionalismo. Ella se decantó por Brooks, firma que ya había utilizado previamente sin contrato. Pero poco tiempo pasó hasta que volviera a recibir malas noticias, pues en octubre supo que en su batalla contra el cáncer solo había superado el primer asalto. Esta vez, el tumor estaba alojado en la glándula tiroides, que también le fue extirpada, haciendo una recuperación un poco más duradera. Pero tampoco dejó nunca de correr.

Volvió a superar la enfermedad para empezar a disfrutar de sus mejores años como profesional. En el calendario tenía anotado 2012 como una fecha clave. Con los Juegos Olímpicos de Londres en el horizonte, Gabe se preparó para superar los Trials y ser una de las tres mujeres presentes en la capital inglesa representando a su país. Para su mala suerte, terminó en cuarta posición, a un solo puesto del éxito y a milésimas de la vencedora. Nunca estuvo tan cerca de acudir a unos JJOO como en 2012, pero no iba a dejar de intentarlo.

Ese pequeño traspiés no hizo más que sacar su mejor versión. Meses después de los Trials logró su mejor marca personal en 1.500 parando el crono en 4:01:48, un tiempo que le habría valido para estar muy arriba en cualquier Meeting y que también le habría servido incluso para pasar las series más rápidas en Londres hasta la final, que fue mucho más lenta que las semifinales. Una marca que colocó a Gabe como una de las mejores atletas norteamericanas de todos los tiempos, concretamente en la posición número 12.

En 2014 se coronó campeona de EEUU en 3.000 metros en pista cubierta, por lo que pudo acudir al Mundial de Sopot, en una prueba totalmente dominada por las africanas que se disputaron Dibaba y Obiri y donde la norteamericana terminó novena. A sus 28 años estaba entrando en la madurez total del atleta de medio fondo. Ya se había estrenado en un Mundial, había sido campeona nacional y ya estaba compitiendo con las mejores. Era impensable que su sueño de acudir a unos Juegos Olímpicos no se le diera en Río en 2016.

Así, apareció en los Trials dispuesta a doblar en 5.000 y 1.500, siendo la carrera larga la primera de las dos con el hándicap de tener que abordar las series preliminares de ambas en el mismo día. No pasó de la primera serie en el 5.000, sintiéndose ahogada, vacía y sin fuerzas, y guardando lo poco que le podía quedar para exigirse en su prueba favorita, donde logró pasar sin apuros a la final. Pero en ella nuevamente se sintió vacía, entrando a cola del grupo, cortada, y casi a 20 segundos de su mejor marca. Puede que el esfuerzo hubiera sido demasiado, pero eran muchas las que habían optado por doblar, ¿por qué no había recuperado igual que siempre?

Quizás la respuesta esté en lo que ya estaba sucediendo en su cuerpo. No lo sabía, pero el cáncer había vuelto. Esta vez un tumor que le había afectado de manera más severa el hígado. Se tuvo que extirpar más de la mitad del órgano en una cirugía que le dejó una alargada cicatriz imposible de ocultar cada vez que se tenía que poner un kit corto de atletismo y que levantaba las curiosidades de quienes se cruzaban con ella, ya fuera en un entrenamiento o en plena competición.

Uno de esos curiosos fue la estrella de la televisión Chip Gaines, a quien conoció en Central Park en 2017. Para entonces, ya había sido informada de que el cáncer no había desaparecido con la operación de hígado, y que numerosos quistes se habían reproducido, por lo que comenzó a recibir series de quimioterapia que afectó profundamente a sus marcas. Era la cuarta vez que se enfrentaba a la enfermedad en apenas 8 años. Esta vez, tampoco dejó de correr. Es más, su historia de lucha y superación la había dotado de una profunda legión de fans que la apoyaban en cada carrera por cada rincón de Norteamérica.

Gabriele Grunewald, en 2017.

Su relación con Gaines es casi de guion de película de superación. Gaines siempre había fantaseado con correr un maratón, pero la realidad es que nunca se había siquiera calzado unas zapatillas de correr. Su historia es la de aquel que se promete ir al gimnasio cada principio de mes y acaba sin cruzar nunca la puerta del recinto que lleva años pagando o del que se pone la alarma todas las noches para salir a correr a la mañana temprano y siempre acaba haciéndose el dormido cuando suena.

Cuando Gabe reconoció a Gaines, sentando en un banco y lamentándose consigo mismo por todos los kilos de más que le sobraban, no dudó en decirle que si de verdad era su voluntad, en cuatro meses podría correr un maratón. A su ritmo, parando, incluso caminando tramos, pero terminándolo y cruzando la línea final. Gaines no se lo podía creer, pero entabló amistad con aquella que se convirtió en su entrenadora, recibió energía de cada palabra de su historia de superación y se involucró en ‘BraveLikeGabe’, la fundación de la atleta para recaudar fondos en la lucha contra el cáncer infrecuente.

Cuatro meses después de conocerse, Chip Gaines fue el anfitrión de su propia maratón, incluyendo pruebas de 5.000 metros y media maratón, donde casi 20.000 participantes se dieron cita y donde se consiguió recaudar más de 200.000 euros para la fundación. Gaines terminó la prueba en casi cinco horas y media. Un año después, en 2019, las ganancias fueron incluso mejores. Pero la situación había empeorado. Si bien en 2018 Gabe había ganado la prueba de 5 kilómetros y después había buscado a Gaines para correr unos pocos kilómetros con él, en 2019 estaba tan débil que se tuvo que borrar a última hora cuando su presencia estaba confirmada, aunque sí que le animó desde la grada. Tampoco pudo participar en su propia carrera, un 5.000 que también celebraba su segunda edición, en el mes de mayo.

Ya hace un año que la vida es un poco más injusta y el mundo es un poco peor. Gabe Grunewald falleció en junio de 2019, tras varias semanas hospitalizada y después de más de 10 años de batalla contra el cáncer. Una campeona de Estados Unidos a la que le faltó un poquitín de fortuna para llegar a los JJOO y cumplir su sueño, pero que dejó un legado mucho más importante tras de sí. Toda una comunidad que no la conoce pero que ha servido para inspirarla. Sé valiente, como Gabe.

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En primavera de 2009, con 22 años y terminando su último curso de universidad, Gabriele Grunewald, a quien todos llamaban Gabe, recibió una noticia que la dejó destrozada por dentro. Sufría cáncer, alojado en las glándulas salivales, e iba a ver frenado a corto plazo su buen futuro en el mundo del atletismo. Consumada mediofondista, destacaba en las pruebas de 1.500 y 3.000 metros, aunque de vez en cuando se animaba también con el 800 y el 5.000. Sabedora de sus posibilidades y que el motivo de su frenazo era causa mayor, pidió un año adicional a la NCAA para terminar sus estudios y, tras someterse a cirugía y a una dura recuperación, pudo seguir compitiendo un año más, donde logró recortar sus marcas y acabó en segunda posición en los campeonatos universitarios en su prueba fetiche, el 1.500. Y nunca dejó de correr.

Totalmente recuperada, o eso parecía, las mejores multinacionales no dudaron en presentarle una oferta ahora que había terminado la época estudiantil y acababa de dar el paso al profesionalismo. Ella se decantó por Brooks, firma que ya había utilizado previamente sin contrato. Pero poco tiempo pasó hasta que volviera a recibir malas noticias, pues en octubre supo que en su batalla contra el cáncer solo había superado el primer asalto. Esta vez, el tumor estaba alojado en la glándula tiroides, que también le fue extirpada, haciendo una recuperación un poco más duradera. Pero tampoco dejó nunca de correr.

Volvió a superar la enfermedad para empezar a disfrutar de sus mejores años como profesional. En el calendario tenía anotado 2012 como una fecha clave. Con los Juegos Olímpicos de Londres en el horizonte, Gabe se preparó para superar los Trials y ser una de las tres mujeres presentes en la capital inglesa representando a su país. Para su mala suerte, terminó en cuarta posición, a un solo puesto del éxito y a milésimas de la vencedora. Nunca estuvo tan cerca de acudir a unos JJOO como en 2012, pero no iba a dejar de intentarlo.

Ese pequeño traspiés no hizo más que sacar su mejor versión. Meses después de los Trials logró su mejor marca personal en 1.500 parando el crono en 4:01:48, un tiempo que le habría valido para estar muy arriba en cualquier Meeting y que también le habría servido incluso para pasar las series más rápidas en Londres hasta la final, que fue mucho más lenta que las semifinales. Una marca que colocó a Gabe como una de las mejores atletas norteamericanas de todos los tiempos, concretamente en la posición número 12.

En 2014 se coronó campeona de EEUU en 3.000 metros en pista cubierta, por lo que pudo acudir al Mundial de Sopot, en una prueba totalmente dominada por las africanas que se disputaron Dibaba y Obiri y donde la norteamericana terminó novena. A sus 28 años estaba entrando en la madurez total del atleta de medio fondo. Ya se había estrenado en un Mundial, había sido campeona nacional y ya estaba compitiendo con las mejores. Era impensable que su sueño de acudir a unos Juegos Olímpicos no se le diera en Río en 2016.

Así, apareció en los Trials dispuesta a doblar en 5.000 y 1.500, siendo la carrera larga la primera de las dos con el hándicap de tener que abordar las series preliminares de ambas en el mismo día. No pasó de la primera serie en el 5.000, sintiéndose ahogada, vacía y sin fuerzas, y guardando lo poco que le podía quedar para exigirse en su prueba favorita, donde logró pasar sin apuros a la final. Pero en ella nuevamente se sintió vacía, entrando a cola del grupo, cortada, y casi a 20 segundos de su mejor marca. Puede que el esfuerzo hubiera sido demasiado, pero eran muchas las que habían optado por doblar, ¿por qué no había recuperado igual que siempre?

Quizás la respuesta esté en lo que ya estaba sucediendo en su cuerpo. No lo sabía, pero el cáncer había vuelto. Esta vez un tumor que le había afectado de manera más severa el hígado. Se tuvo que extirpar más de la mitad del órgano en una cirugía que le dejó una alargada cicatriz imposible de ocultar cada vez que se tenía que poner un kit corto de atletismo y que levantaba las curiosidades de quienes se cruzaban con ella, ya fuera en un entrenamiento o en plena competición.

Uno de esos curiosos fue la estrella de la televisión Chip Gaines, a quien conoció en Central Park en 2017. Para entonces, ya había sido informada de que el cáncer no había desaparecido con la operación de hígado, y que numerosos quistes se habían reproducido, por lo que comenzó a recibir series de quimioterapia que afectó profundamente a sus marcas. Era la cuarta vez que se enfrentaba a la enfermedad en apenas 8 años. Esta vez, tampoco dejó de correr. Es más, su historia de lucha y superación la había dotado de una profunda legión de fans que la apoyaban en cada carrera por cada rincón de Norteamérica.

Gabriele Grunewald, en 2017.

Su relación con Gaines es casi de guion de película de superación. Gaines siempre había fantaseado con correr un maratón, pero la realidad es que nunca se había siquiera calzado unas zapatillas de correr. Su historia es la de aquel que se promete ir al gimnasio cada principio de mes y acaba sin cruzar nunca la puerta del recinto que lleva años pagando o del que se pone la alarma todas las noches para salir a correr a la mañana temprano y siempre acaba haciéndose el dormido cuando suena.

Cuando Gabe reconoció a Gaines, sentando en un banco y lamentándose consigo mismo por todos los kilos de más que le sobraban, no dudó en decirle que si de verdad era su voluntad, en cuatro meses podría correr un maratón. A su ritmo, parando, incluso caminando tramos, pero terminándolo y cruzando la línea final. Gaines no se lo podía creer, pero entabló amistad con aquella que se convirtió en su entrenadora, recibió energía de cada palabra de su historia de superación y se involucró en ‘BraveLikeGabe’, la fundación de la atleta para recaudar fondos en la lucha contra el cáncer infrecuente.

Cuatro meses después de conocerse, Chip Gaines fue el anfitrión de su propia maratón, incluyendo pruebas de 5.000 metros y media maratón, donde casi 20.000 participantes se dieron cita y donde se consiguió recaudar más de 200.000 euros para la fundación. Gaines terminó la prueba en casi cinco horas y media. Un año después, en 2019, las ganancias fueron incluso mejores. Pero la situación había empeorado. Si bien en 2018 Gabe había ganado la prueba de 5 kilómetros y después había buscado a Gaines para correr unos pocos kilómetros con él, en 2019 estaba tan débil que se tuvo que borrar a última hora cuando su presencia estaba confirmada, aunque sí que le animó desde la grada. Tampoco pudo participar en su propia carrera, un 5.000 que también celebraba su segunda edición, en el mes de mayo.

Ya hace un año que la vida es un poco más injusta y el mundo es un poco peor. Gabe Grunewald falleció en junio de 2019, tras varias semanas hospitalizada y después de más de 10 años de batalla contra el cáncer. Una campeona de Estados Unidos a la que le faltó un poquitín de fortuna para llegar a los JJOO y cumplir su sueño, pero que dejó un legado mucho más importante tras de sí. Toda una comunidad que no la conoce pero que ha servido para inspirarla. Sé valiente, como Gabe.

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Valiente como Gabe

Diego G. Argota @Diego21Garcia
01-07-2020