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El ‘11D’ ya es el día de la dignidad

Domingo Ortiz @Domingortiz 12-12-2021

En Valencia se luchó y consiguió lo que parecía un imposible. Fue el día del compromiso de lo autóctono, del amor incondicional por un escudo, de la honradez y honestidad, de la rebelión ante los despropósitos, de la justicia poética, del alzamiento e insurrección ante una tiranía y del primoroso merecimiento. Fue el día de la dignidad del valencianismo y de Cristiano Piccini. Círculo cerrado.

Comenzó con más de 15.000 personas gritando por las calles y acabó con más de 30.000 explotando de júbilo en Mestalla ante la lealtad del lateral. Si hay alguien que ha sufrido lo que no está en los escritos (valorando incluso dejar el fútbol profesional) ese ha sido el italiano. Por eso, que calcara la imagen del gol ante el Huesca en la misma portería y significando la victoria en los instantes finales -como en diciembre de 2018- fue una representación casi divina y un caudal de sentimientos difíciles de gestionar sin soltar una lágrima. Marcha cívica multitudinaria y Cristiano Piccini dando los tres puntos. Poesía romántica. O intimista, más bien. Como la de Rosalía de Castro.

El 11 de diciembre de 2021 quedará cincelado como ejemplo de protesta ante la negligencia de Meriton y como ejemplo del servicio de un futbolista entregado que tuvo que trepar todas las adversidades que encontró durante dos años. A las 12.00, la marea valencianista quiso enseñarle a Peter Lim lo que es el sentimiento de pertenencia, su malestar e indignación por tratar sin escrúpulos a una institución centenaria como un muñeco de trapo, invitándole a que se deshaga de una vez de sus acciones y mostrando su disconformidad con todo lo ocurrido en estos siete años que lleva al frente de la mayoría accionarial del club. Eso y que les regale a sus acólitos que tiene en el día a día un viaje de vuelta a Singapur de no retorno. No recuerdo un presidente con tan poco decoro como el que tiene ahora el Valencia. Amante de las hostilidades y provocaciones. Seguidor acérrimo de la graduación. Y no precisamente de la de Oxford o Cambridge. Todo eso ocurrió a mediodía. Un ferviente ejercicio de honestidad por parte de todos. Pero no fue el único. Sobre las 20:30, Cristiano Piccini ondeó la dignidad por Mestalla dando la victoria a su equipo tras un gran partido desde su salida al campo por el infortunio de Lato. Operaciones, golpes mentales durísimos, calvarios sin luz, retrocesos interminables… un sinfín de desamparos fueron los que expulsó en el minuto 86. Con una sonrisa picarona y con los brazos abiertos de par en par. Era la estampa de la justicia. El equipo le siguió como si no hubiese un mañana. Todos lo buscaban sabedores del espinoso camino que había tenido que recorrer. Y Mestalla cerraba los puños celebrando y diciéndose a sí mismo: decencia por la mañana y decencia por la tarde. Día para enmarcar.

Nadie sabe si valdrá de mucho o de poco esa masiva salida a la calle reclamando recuperar el club, dado que no se habita en la cabeza del magnate (cada vez me cuesta escribir en el orden correcto la ‘n’ y la ‘g’) ni tampoco si ese gol de Piccini en los últimos minutos servirá para estar a final de temporada en la zona noble de la tabla, pero sí sé de la importancia de lo vivido porque, por encima de todo, fue una celebración de amor y perseverancia. De respeto y honestidad. De militancia y agradecimiento. De humildad y entereza. Un 11D que, para los suyos y tras lo vivido, ya es el día de la dignidad.


Foto cabecera: Twitter Valencia CF


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En Valencia se luchó y consiguió lo que parecía un imposible. Fue el día del compromiso de lo autóctono, del amor incondicional por un escudo, de la honradez y honestidad, de la rebelión ante los despropósitos, de la justicia poética, del alzamiento e insurrección ante una tiranía y del primoroso merecimiento. Fue el día de la dignidad del valencianismo y de Cristiano Piccini. Círculo cerrado.

Comenzó con más de 15.000 personas gritando por las calles y acabó con más de 30.000 explotando de júbilo en Mestalla ante la lealtad del lateral. Si hay alguien que ha sufrido lo que no está en los escritos (valorando incluso dejar el fútbol profesional) ese ha sido el italiano. Por eso, que calcara la imagen del gol ante el Huesca en la misma portería y significando la victoria en los instantes finales -como en diciembre de 2018- fue una representación casi divina y un caudal de sentimientos difíciles de gestionar sin soltar una lágrima. Marcha cívica multitudinaria y Cristiano Piccini dando los tres puntos. Poesía romántica. O intimista, más bien. Como la de Rosalía de Castro.

El 11 de diciembre de 2021 quedará cincelado como ejemplo de protesta ante la negligencia de Meriton y como ejemplo del servicio de un futbolista entregado que tuvo que trepar todas las adversidades que encontró durante dos años. A las 12.00, la marea valencianista quiso enseñarle a Peter Lim lo que es el sentimiento de pertenencia, su malestar e indignación por tratar sin escrúpulos a una institución centenaria como un muñeco de trapo, invitándole a que se deshaga de una vez de sus acciones y mostrando su disconformidad con todo lo ocurrido en estos siete años que lleva al frente de la mayoría accionarial del club. Eso y que les regale a sus acólitos que tiene en el día a día un viaje de vuelta a Singapur de no retorno. No recuerdo un presidente con tan poco decoro como el que tiene ahora el Valencia. Amante de las hostilidades y provocaciones. Seguidor acérrimo de la graduación. Y no precisamente de la de Oxford o Cambridge. Todo eso ocurrió a mediodía. Un ferviente ejercicio de honestidad por parte de todos. Pero no fue el único. Sobre las 20:30, Cristiano Piccini ondeó la dignidad por Mestalla dando la victoria a su equipo tras un gran partido desde su salida al campo por el infortunio de Lato. Operaciones, golpes mentales durísimos, calvarios sin luz, retrocesos interminables… un sinfín de desamparos fueron los que expulsó en el minuto 86. Con una sonrisa picarona y con los brazos abiertos de par en par. Era la estampa de la justicia. El equipo le siguió como si no hubiese un mañana. Todos lo buscaban sabedores del espinoso camino que había tenido que recorrer. Y Mestalla cerraba los puños celebrando y diciéndose a sí mismo: decencia por la mañana y decencia por la tarde. Día para enmarcar.

Nadie sabe si valdrá de mucho o de poco esa masiva salida a la calle reclamando recuperar el club, dado que no se habita en la cabeza del magnate (cada vez me cuesta escribir en el orden correcto la ‘n’ y la ‘g’) ni tampoco si ese gol de Piccini en los últimos minutos servirá para estar a final de temporada en la zona noble de la tabla, pero sí sé de la importancia de lo vivido porque, por encima de todo, fue una celebración de amor y perseverancia. De respeto y honestidad. De militancia y agradecimiento. De humildad y entereza. Un 11D que, para los suyos y tras lo vivido, ya es el día de la dignidad.


Foto cabecera: Twitter Valencia CF