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Una estrella en ciernes

Joel Sierra @_JoeLSierra_ 30-05-2018

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En su gesto facial y en la
determinación de su juego no es difícil adivinar la voluntad extrema de querer
ser grande. Hacía unos cuantos años, quizá desde el más temprano salto de
Agüero al Atlético de Madrid en 2006, que un proyecto argentino de futura
estrella del fútbol mundial no tenía, antes de ser testado en la élite, tanto
calado, un potencial tan elevado y unos visos tan realistas de convertirse en
una certeza en el medio plazo, a la hora de dar el salto directo desde Sudamérica
a un grande europeo, como Lautaro Martínez en su llegada al Inter de Milán. Un
fichaje avalado personalmente por dos tótems nerazurri como Javier Zanetti y Diego Milito, a su vez,
secretario técnico de Racing de Avellaneda, el equipo de procedencia del
talentoso delantero de 20 años y en el que ha registrado 19 goles y cuatro
asistencias en los 27 partidos en los que ha participado entre la pasada
Superliga argentina y la fase de grupos de la vigente edición de la Copa
Libertadores. Cifras que hablan de un gol producido cada 100 minutos
disputados.

Sin embargo, no es al Kun a quien
Lautaro más se asemeja en sus trazos sobre los terrenos de juego, sino a otro
exfutbolista atlético como Radamel Falcao, a quien el nuevo número diez
interista ha declarado abiertamente que admira y en quien se ha fijado
atentamente desde siempre para tratar de imitar muchos de sus movimientos de killer. Y, en parte, lo ha
conseguido. Lautaro posee la fisonomía para ser una tanqueta mortífera en zonas
de gol, es un gran rematador de primeras, tiene recursos con el balón en los
pies para no limitar su ratio de acción, llega muy bien al remate, es un
finalizador certero y frío, casi nunca se complica, y también es un cabeceador
óptimo sin llegar, obviamente, al nivel del colombiano. Al menos, de momento.
Además, dentro del área sabe ganar la posición y el balón de forma casi
indetectable, lo que demuestra su instinto y su agilidad mental, imponiéndose
casi siempre a la espalda del primer defensor y anticipándose al segundo marcador
con voracidad.

Más allá de ello, Lautaro
Martínez es un atacante que sabe manejar muy bien su cuerpo, ganar pelotas,
protegerlas con afán, generarse su espacio y darle continuidad con sencillez a
la maniobra ofensiva. No es en absoluto un delantero de gran envergadura
(1.74m), pero posee igualmente una gran capacidad de choque que, sumada a una
amplitud de movimientos mayor que la actual de su referente colombiano, le
posibilita hacerse presente unos cuantos metros por detrás del área, aun sin
ser un prodigio técnico ni un gran pasador. Todo ello le permite ser un punta
bastante autosuficiente y complementario con un segundo delantero con el que
repartirse los espacios, las recepciones y los movimientos en profundidad, como
ha venido demostrando en Racing junto al veterano Lisandro López. Sin obviar
que el catálogo de sus condiciones le permite actuar con la misma energía y
resolución como única punta de lanza del ataque.

Esta característica lo hace, a
priori, perfectamente compatible con un Mauro Icardi que ha venido echando en
falta en el Inter de contar un socio directo que, partiendo habitualmente por
detrás de su posición, cargase asimismo el área y dividiera atenciones para
liberarlo más frecuentemente y aumentar las posibilidades y los porcentajes de
éxito de cada ataque. Una figura que, en la segunda parte de la recién
concluida temporada, ha venido ejerciendo Rafinha y con la que el equipo de
Luciano Spalletti ha conseguido elevar el nivel de juego y de competitividad de
forma más que evidente. Y un rol que Lautaro puede, egoístamente, utilizar para
sublimar su primera toma de contacto con la élite y, colectivamente, para
potenciar las necesidades del sistema de una forma más palpable y desde una
óptica mucho más enfocada al remate, algo de lo que vive necesariamente el
joven delantero argentino, y, al mismo tiempo, para desatar todo el poderío y
la presencia en las transiciones ofensivas y en el contragolpe que ha venido
demostrando en Argentina.

Pese la mayor dotación para
participar, aunque no para orquestar, del juego global y para caer asiduamente
a zonas intermedias que la del capitán interista; Lautaro Martínez comparte con
Icardi la capacidad de concentración y la efectividad para no necesitar
aparecer en muchas ocasiones durante los encuentros antes de desatar el
aguijonazo que lo conduzca al gol. Es un jugador siempre intenso, agresivo en
la presión, que puede asumir recepciones de espaldas al arco y después
protagonizar valiosísimos apoyos o realizar un amago hacia un lado, seguido de un
giro repentino hacia el otro, justo antes de sacar el latigazo, en un
movimiento muy típico del ‘Tigre’ Falcao. Un jugador que aúna potencia,
contundencia, olfato, desparpajo, vocación de liderazgo y una inteligente
actitud vertical que no cae en precipitaciones o individualismos infértiles.

Un compendio de virtudes que se
enmarca dentro de una mentalidad ganadora y de una actitud profesional que
están cargadas de base al 100%. Lautaro Martínez está a unos meses de cumplir
21 años, pero ya parece preparado y «cocinado» para, paso a paso,
empezar a dominar en Europa como ha venido haciendo en el último año en
Argentina. Un delantero con todo por delante para seguir creciendo, pero al
contrario que muchas otras grandes promesas ofensivas llegadas desde Latinoamérica
a las grandes ligas europeas, con un perfil de futbolista ya cincelado,
definido y contrastado como líder, y no solo por el juego, en uno de los
grandes clubes de su país. Un delantero que, por tanto, ya conoce lo que supone
acarrear con la responsabilidad y que ostenta una confianza rebosante en sus
propios medios. Lautaro es consciente de ello, pero no lo dirá porque también
sabe que antes que hablar hace falta demostrarlo una, dos, diez y treinta
veces. Sabe que es una estrella internacional en ciernes y llega a Europa con
una sola misión: convertirse en una estrella internacional con todas las de la
ley. Y también sabe que lo conseguirá.

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En su gesto facial y en la
determinación de su juego no es difícil adivinar la voluntad extrema de querer
ser grande. Hacía unos cuantos años, quizá desde el más temprano salto de
Agüero al Atlético de Madrid en 2006, que un proyecto argentino de futura
estrella del fútbol mundial no tenía, antes de ser testado en la élite, tanto
calado, un potencial tan elevado y unos visos tan realistas de convertirse en
una certeza en el medio plazo, a la hora de dar el salto directo desde Sudamérica
a un grande europeo, como Lautaro Martínez en su llegada al Inter de Milán. Un
fichaje avalado personalmente por dos tótems nerazurri como Javier Zanetti y Diego Milito, a su vez,
secretario técnico de Racing de Avellaneda, el equipo de procedencia del
talentoso delantero de 20 años y en el que ha registrado 19 goles y cuatro
asistencias en los 27 partidos en los que ha participado entre la pasada
Superliga argentina y la fase de grupos de la vigente edición de la Copa
Libertadores. Cifras que hablan de un gol producido cada 100 minutos
disputados.

Sin embargo, no es al Kun a quien
Lautaro más se asemeja en sus trazos sobre los terrenos de juego, sino a otro
exfutbolista atlético como Radamel Falcao, a quien el nuevo número diez
interista ha declarado abiertamente que admira y en quien se ha fijado
atentamente desde siempre para tratar de imitar muchos de sus movimientos de killer. Y, en parte, lo ha
conseguido. Lautaro posee la fisonomía para ser una tanqueta mortífera en zonas
de gol, es un gran rematador de primeras, tiene recursos con el balón en los
pies para no limitar su ratio de acción, llega muy bien al remate, es un
finalizador certero y frío, casi nunca se complica, y también es un cabeceador
óptimo sin llegar, obviamente, al nivel del colombiano. Al menos, de momento.
Además, dentro del área sabe ganar la posición y el balón de forma casi
indetectable, lo que demuestra su instinto y su agilidad mental, imponiéndose
casi siempre a la espalda del primer defensor y anticipándose al segundo marcador
con voracidad.

Más allá de ello, Lautaro
Martínez es un atacante que sabe manejar muy bien su cuerpo, ganar pelotas,
protegerlas con afán, generarse su espacio y darle continuidad con sencillez a
la maniobra ofensiva. No es en absoluto un delantero de gran envergadura
(1.74m), pero posee igualmente una gran capacidad de choque que, sumada a una
amplitud de movimientos mayor que la actual de su referente colombiano, le
posibilita hacerse presente unos cuantos metros por detrás del área, aun sin
ser un prodigio técnico ni un gran pasador. Todo ello le permite ser un punta
bastante autosuficiente y complementario con un segundo delantero con el que
repartirse los espacios, las recepciones y los movimientos en profundidad, como
ha venido demostrando en Racing junto al veterano Lisandro López. Sin obviar
que el catálogo de sus condiciones le permite actuar con la misma energía y
resolución como única punta de lanza del ataque.

Esta característica lo hace, a
priori, perfectamente compatible con un Mauro Icardi que ha venido echando en
falta en el Inter de contar un socio directo que, partiendo habitualmente por
detrás de su posición, cargase asimismo el área y dividiera atenciones para
liberarlo más frecuentemente y aumentar las posibilidades y los porcentajes de
éxito de cada ataque. Una figura que, en la segunda parte de la recién
concluida temporada, ha venido ejerciendo Rafinha y con la que el equipo de
Luciano Spalletti ha conseguido elevar el nivel de juego y de competitividad de
forma más que evidente. Y un rol que Lautaro puede, egoístamente, utilizar para
sublimar su primera toma de contacto con la élite y, colectivamente, para
potenciar las necesidades del sistema de una forma más palpable y desde una
óptica mucho más enfocada al remate, algo de lo que vive necesariamente el
joven delantero argentino, y, al mismo tiempo, para desatar todo el poderío y
la presencia en las transiciones ofensivas y en el contragolpe que ha venido
demostrando en Argentina.

Pese la mayor dotación para
participar, aunque no para orquestar, del juego global y para caer asiduamente
a zonas intermedias que la del capitán interista; Lautaro Martínez comparte con
Icardi la capacidad de concentración y la efectividad para no necesitar
aparecer en muchas ocasiones durante los encuentros antes de desatar el
aguijonazo que lo conduzca al gol. Es un jugador siempre intenso, agresivo en
la presión, que puede asumir recepciones de espaldas al arco y después
protagonizar valiosísimos apoyos o realizar un amago hacia un lado, seguido de un
giro repentino hacia el otro, justo antes de sacar el latigazo, en un
movimiento muy típico del ‘Tigre’ Falcao. Un jugador que aúna potencia,
contundencia, olfato, desparpajo, vocación de liderazgo y una inteligente
actitud vertical que no cae en precipitaciones o individualismos infértiles.

Un compendio de virtudes que se
enmarca dentro de una mentalidad ganadora y de una actitud profesional que
están cargadas de base al 100%. Lautaro Martínez está a unos meses de cumplir
21 años, pero ya parece preparado y «cocinado» para, paso a paso,
empezar a dominar en Europa como ha venido haciendo en el último año en
Argentina. Un delantero con todo por delante para seguir creciendo, pero al
contrario que muchas otras grandes promesas ofensivas llegadas desde Latinoamérica
a las grandes ligas europeas, con un perfil de futbolista ya cincelado,
definido y contrastado como líder, y no solo por el juego, en uno de los
grandes clubes de su país. Un delantero que, por tanto, ya conoce lo que supone
acarrear con la responsabilidad y que ostenta una confianza rebosante en sus
propios medios. Lautaro es consciente de ello, pero no lo dirá porque también
sabe que antes que hablar hace falta demostrarlo una, dos, diez y treinta
veces. Sabe que es una estrella internacional en ciernes y llega a Europa con
una sola misión: convertirse en una estrella internacional con todas las de la
ley. Y también sabe que lo conseguirá.

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