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Un problema de altura

Corría el minuto cuatro de la segunda parte en Balaídos cuando Diego Costa se echaba la mano al muslo, se tiraba al suelo y se quedaba un rato lamentándose en la valla publicitaria porque otra vez su cuerpo había hecho ‘clac’. Simeone se desgañitaba en la banda porque se iba a quedar con uno menos si João Félix no se daba prisa en cambiarse para ingresar en el césped, pero a la vez le pedía la misma rapidez a Felipe para que ocupara el lugar de un Mario Hermoso que iba a ser desplazado a la izquierda en detrimento del canterano Manu Sánchez, el sacrificado. El cambio pocos lo entendieron, sobre todo de una manera tan repentina tras haberse reanudado la segunda mitad pocos segundos antes, pero tuvo su explicación en la altura.

Sin Costa en el terreno, el Atleti apenas disponía de un par de jugadores altos para defender y atacar las jugadas a balón parado, para imponerse en los balones aéreos en la medular. Un hándicap que en el fútbol moderno, donde el físico es vital, podía hacer perder los tres puntos a un equipo que ya estaba sufriendo con cada córner, con cada falta y con cada centro del rival. Solo Savic y Hermoso no se habrían bastado para achicar el agua y repeler el peligro de los Murillo, Tapia y Araujo. Suerte, eso sí, que el Celta sea otro de los equipos que más acusan esa ausencia de altura.

Diego Costa, en el momento de su lesión ante el Celta. (Octavio Passos/Getty Images)

El Atlético ha ido perdiendo centímetros temporada tras temporada y es así como un equipo absolutamente dominador del balón parado se ha ido quedando poco a poco como casi inútil en la ofensiva y como vulnerable en la defensiva. De tener a la vez en el césped a jugadores como Godín, Miranda o Giménez, Tiago, Raúl García, Saúl y Mandzukic o Diego Costa, a contar apenas con un par de centrales y con el propio Saúl. Suma, además, que tiene en el equipo a priori titular a dos de los futbolistas más bajitos de la competición, como son Correa y el recién llegado Torreira. Suma además, que habituales como Lodi, Trippier y esporádicos como Lemar tampoco destacan por su envergadura. Curioso es el caso de Savic, quizás el mejor defensor en estas lindes, pero nulo a la hora de tener que atacar un balón para hacer gol.

Así se explica que un equipo que llegó a meter entre 15 y 25 goles a balón parado por temporada entre 2013 y 2016, haya decaído en esa faceta donde en algunas de las últimas apenas ha rozado los 10 y donde el curso pasado cuando la pandemia frenó todo apenas llevaba tres. No es que a Koke se le haya olvidado poner un balón parado, ni que consumados especialistas como Trippier o Lemar no sepan de repente centrar, sino que las posibilidades para marcar se ven totalmente reducidas cuando tus atacantes tienen peores condiciones físicas.

La presencia en el once de un futbolista como Torreira también antoja, de manera paralela, que su acompañante en la medular tenga que ser Saúl. Quizás Koke, pero con el ‘8’ siempre pendiente a ayudar a sus compañeros menos dotados de altura en cada balón largo de cualquiera de los dos porteros o cualquiera de las defensas de cada lado, pues el Atlético lleva desde que se marchó Tiago sin encontrar un pivote que sepa dominar el juego aéreo y por tanto pueda colocar mejor al equipo y en buena disposición en estas lindes. Porque el Atlético, que hace solo un lustro acuñó el término Atlético Aviación, como homenaje al nombre antiguo del club y definiendo una suerte que siempre le era favorable, hoy es una plantilla que tiembla un poco cada vez que ve volar un balón sobre los aposentos de Oblak y que se siente un poco más inerte cuando tiene que poner el esférico en el banderín.

Imagen de cabecera: Octavio Passos/Getty Images)

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Corría el minuto cuatro de la segunda parte en Balaídos cuando Diego Costa se echaba la mano al muslo, se tiraba al suelo y se quedaba un rato lamentándose en la valla publicitaria porque otra vez su cuerpo había hecho ‘clac’. Simeone se desgañitaba en la banda porque se iba a quedar con uno menos si João Félix no se daba prisa en cambiarse para ingresar en el césped, pero a la vez le pedía la misma rapidez a Felipe para que ocupara el lugar de un Mario Hermoso que iba a ser desplazado a la izquierda en detrimento del canterano Manu Sánchez, el sacrificado. El cambio pocos lo entendieron, sobre todo de una manera tan repentina tras haberse reanudado la segunda mitad pocos segundos antes, pero tuvo su explicación en la altura.

Sin Costa en el terreno, el Atleti apenas disponía de un par de jugadores altos para defender y atacar las jugadas a balón parado, para imponerse en los balones aéreos en la medular. Un hándicap que en el fútbol moderno, donde el físico es vital, podía hacer perder los tres puntos a un equipo que ya estaba sufriendo con cada córner, con cada falta y con cada centro del rival. Solo Savic y Hermoso no se habrían bastado para achicar el agua y repeler el peligro de los Murillo, Tapia y Araujo. Suerte, eso sí, que el Celta sea otro de los equipos que más acusan esa ausencia de altura.

Diego Costa, en el momento de su lesión ante el Celta. (Octavio Passos/Getty Images)

El Atlético ha ido perdiendo centímetros temporada tras temporada y es así como un equipo absolutamente dominador del balón parado se ha ido quedando poco a poco como casi inútil en la ofensiva y como vulnerable en la defensiva. De tener a la vez en el césped a jugadores como Godín, Miranda o Giménez, Tiago, Raúl García, Saúl y Mandzukic o Diego Costa, a contar apenas con un par de centrales y con el propio Saúl. Suma, además, que tiene en el equipo a priori titular a dos de los futbolistas más bajitos de la competición, como son Correa y el recién llegado Torreira. Suma además, que habituales como Lodi, Trippier y esporádicos como Lemar tampoco destacan por su envergadura. Curioso es el caso de Savic, quizás el mejor defensor en estas lindes, pero nulo a la hora de tener que atacar un balón para hacer gol.

Así se explica que un equipo que llegó a meter entre 15 y 25 goles a balón parado por temporada entre 2013 y 2016, haya decaído en esa faceta donde en algunas de las últimas apenas ha rozado los 10 y donde el curso pasado cuando la pandemia frenó todo apenas llevaba tres. No es que a Koke se le haya olvidado poner un balón parado, ni que consumados especialistas como Trippier o Lemar no sepan de repente centrar, sino que las posibilidades para marcar se ven totalmente reducidas cuando tus atacantes tienen peores condiciones físicas.

La presencia en el once de un futbolista como Torreira también antoja, de manera paralela, que su acompañante en la medular tenga que ser Saúl. Quizás Koke, pero con el ‘8’ siempre pendiente a ayudar a sus compañeros menos dotados de altura en cada balón largo de cualquiera de los dos porteros o cualquiera de las defensas de cada lado, pues el Atlético lleva desde que se marchó Tiago sin encontrar un pivote que sepa dominar el juego aéreo y por tanto pueda colocar mejor al equipo y en buena disposición en estas lindes. Porque el Atlético, que hace solo un lustro acuñó el término Atlético Aviación, como homenaje al nombre antiguo del club y definiendo una suerte que siempre le era favorable, hoy es una plantilla que tiembla un poco cada vez que ve volar un balón sobre los aposentos de Oblak y que se siente un poco más inerte cuando tiene que poner el esférico en el banderín.

Imagen de cabecera: Octavio Passos/Getty Images)

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