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Un nuevo fútbol

Borja Pardo @Borja_Pardo 15-05-2020

Una gran competición como la Bundesliga levanta la persiana este sábado y eso ha hecho despertar los instintos más básicos de cualquier aficionado al fútbol. Mucha gente está expectante ante otro paso más de la cacareada y falsa ‘nueva normalidad’.

Esta -¿apresurada?- reapertura se produce en un contexto muy complicado atendiendo a las dudas, los miedos y los cambios obligados motivados por una amenaza real que jamás pensamos que nos tocaría vivir. Demasiada incertidumbre para asegurar una continuidad, demasiados condicionantes para disfrutar de la cosa más importante dentro de las menos importantes.

Los ingredientes para cocinar esta vuelta al fútbol de alta competición son tan perversos como envenenados: futbolistas poniendo en jaque su salud, presiones diversas de las televisiones, los clubes y los lobbys empresariales vinculados al fútbol, y unos aficionados confinados en casa impotentes ante las exigencias del guión de esta nueva versión pandémica del célebre ‘The Show Must Go On‘.

Se vuelve, sí, pero la posibilidad de que en unos días – o semanas- se den más contagios dentro y fuera del verde es alta. Esa amenaza está a la vuelta de la esquina, agazapada, esperando cualquier irresponsabilidad individual o colectiva. Esa lúgubre sombra será la testigo de cargo de lo que acontezca en unos estadios que buscan fórmulas para mitigar el hormigón y el cemento de unas lacónicas gradas vacías.

Signal Iduna Park, Dortmund (Photo by INA FASSBENDER/AFP via Getty Images)


El fútbol a puerta cerrada, sin aficionados, es como el pan sin sal o el arroz blanco hervido. Tal vez sirva para nutrirte como necesidad básica del ser humano, pero no gusta. Está claro que esta decisión de omitir al público obedece a criterios de seguridad y salud, pero lo cierto es que privar del calor de la hinchada a la competición es amputar la esencia de este deporte en beneficio del negocio. En esta tesitura, la competición tal vez prosiga y se pueda acabar, pero sin aficionados el fútbol no es fútbol, es otra cosa.

El universo balompédico mirará con atención lo que acontezca en Alemania en estos próximos días, y es que otras ligas punteras como España, Inglaterra o Italia, cruzan los dedos para que el tren del fútbol no descarrile y así poder reabrir sus competiciones a mediados de junio. Para La Liga, la Premier League y la Serie A, los alemanes han pasado a ser sus conejillos de indias. La única realidad es que como ‘al roedor’ le pase algo no habrá fútbol seguramente hasta septiembre.

En definitiva, vuelve el fútbol, ‘un nuevo fútbol’ de mínimos y sin corazón. Ya veremos por cuanto tiempo y a que precio. ¿Compensa volver así? El tiempo lo dirá.

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Una gran competición como la Bundesliga levanta la persiana este sábado y eso ha hecho despertar los instintos más básicos de cualquier aficionado al fútbol. Mucha gente está expectante ante otro paso más de la cacareada y falsa ‘nueva normalidad’.

Esta -¿apresurada?- reapertura se produce en un contexto muy complicado atendiendo a las dudas, los miedos y los cambios obligados motivados por una amenaza real que jamás pensamos que nos tocaría vivir. Demasiada incertidumbre para asegurar una continuidad, demasiados condicionantes para disfrutar de la cosa más importante dentro de las menos importantes.

Los ingredientes para cocinar esta vuelta al fútbol de alta competición son tan perversos como envenenados: futbolistas poniendo en jaque su salud, presiones diversas de las televisiones, los clubes y los lobbys empresariales vinculados al fútbol, y unos aficionados confinados en casa impotentes ante las exigencias del guión de esta nueva versión pandémica del célebre ‘The Show Must Go On‘.

Se vuelve, sí, pero la posibilidad de que en unos días – o semanas- se den más contagios dentro y fuera del verde es alta. Esa amenaza está a la vuelta de la esquina, agazapada, esperando cualquier irresponsabilidad individual o colectiva. Esa lúgubre sombra será la testigo de cargo de lo que acontezca en unos estadios que buscan fórmulas para mitigar el hormigón y el cemento de unas lacónicas gradas vacías.

Signal Iduna Park, Dortmund (Photo by INA FASSBENDER/AFP via Getty Images)


El fútbol a puerta cerrada, sin aficionados, es como el pan sin sal o el arroz blanco hervido. Tal vez sirva para nutrirte como necesidad básica del ser humano, pero no gusta. Está claro que esta decisión de omitir al público obedece a criterios de seguridad y salud, pero lo cierto es que privar del calor de la hinchada a la competición es amputar la esencia de este deporte en beneficio del negocio. En esta tesitura, la competición tal vez prosiga y se pueda acabar, pero sin aficionados el fútbol no es fútbol, es otra cosa.

El universo balompédico mirará con atención lo que acontezca en Alemania en estos próximos días, y es que otras ligas punteras como España, Inglaterra o Italia, cruzan los dedos para que el tren del fútbol no descarrile y así poder reabrir sus competiciones a mediados de junio. Para La Liga, la Premier League y la Serie A, los alemanes han pasado a ser sus conejillos de indias. La única realidad es que como ‘al roedor’ le pase algo no habrá fútbol seguramente hasta septiembre.

En definitiva, vuelve el fútbol, ‘un nuevo fútbol’ de mínimos y sin corazón. Ya veremos por cuanto tiempo y a que precio. ¿Compensa volver así? El tiempo lo dirá.

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