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Tras la tormenta

Cristina Caparrós @criscaparros 19-09-2018

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A horas de su debut en Champions League, Coutinho se mostró
esperanzado con el objetivo que el Barcelona persigue en sus últimas
temporadas. La conquista del continente europeo es cada vez más
compleja, y el último capítulo de sus intentos dejó un sabor
amargo, de aquellos que necesitas resolver con unos largos tragos
para desprenderte de su intenso aroma, mientras la lluvia te coge de
imprevisto con los zapatos descubiertos y sin paraguas. Se antoja
como una fusión imposible, que no termina de suceder, ni cuando
parece tan inalcanzable ni cuando se muestra más viable.

El
Barcelona ha ido perdiendo piezas clave de sus años más gloriosos,
y ésta es una temporada crucial para que Ernesto Valverde pueda dar
un paso al frente en la conversión de este nuevo Barcelona, que
ahora posee una completa plantilla que define diversos recursos ante
la lectura del rival.

Contar
con Coutinho en la competición europea es, sin duda, un diamante en
bruto. Su adaptación en la pasada temporada fue más rápida de lo
esperado. Ocupando diversas demarcaciones fue mostrando el talento de
su individualidad y su entendimiento para acoplarse a lo colectivo. A
pesar de que su llegada provocó el eco de ser relevo de Iniesta, la
realidad es que son jugadores muy distintos, y ambos terminaron
compartiendo minutos en diversas ocasiones, incluso en un mismo
carril. La versatilidad de Coutinho, por izquierda y derecha,
permitió a Valverde disponer de más recursos en la zona ofensiva.
El Txingurri sigue observando dónde el brasileño puede serle más
útil en su mapa de ruta. A día de hoy, algo apunta a consolidar a
Coutinho de interior, a pesar de no serlo, siendo más necesario en
este momento en la medular, aunque en noches como la del arranque de
Champions el francés y el brasileño puedan obstruirse entre ellos,
debido a la proximidad y a sus acciones ofensivas. Un rompecabezas
que Valverde, a prueba de encajar distintas piezas, deberá ir
compensando y completando en la presente campaña.

Sin
lugar a dudas, lo que está claro es que Coutinho es un jugador
llamado a convertirse en uno de los pilares de la estructura
azulgrana. Un talento que, ya sea más cerca o más alejado del área,
de la creación o de la finalización, debe ser amortizado y
garantizar su margen de mejora para ajustarse a las necesidades que
plantea Valverde.

Coutinho
parece ser uno de los mejores fichajes que el Barcelona haya hecho en
los últimos años. La repercusión en sus entradas al terreno de
juego desde la suplencia son las señas que identifican cómo debe ir
ganando más peso en un equipo que necesita nutrirse con sus
movimientos y combinaciones. Además de ser uno de esos jugadores que
agradeces ver, completamente estético en sus movimientos con balón.
Uno de esos brasileños que está devolviéndole a la Canarinha esa
magia tan característica, como ya demostró en el papel que ejerció
en el Mundial que despedimos este pasado verano.

El
siete azulgrana se encuentra ante el reto de hacerse indispensable, y
brillar en una competición que tuvo que observar desde la grada en
su primer año en Barcelona. Será esencial hallar la comodidad que
le hace estar a la altura que le exige el propio esférico, con quien
desata esa extensa imaginación y su particular electricidad que,
como en plena tempestad, es tan veloz como los rayos que acuden a
advertir del estruendo. Y posiblemente, Coutinho termine siendo para
el Barça el frescor que queda tras la tormenta.

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A horas de su debut en Champions League, Coutinho se mostró
esperanzado con el objetivo que el Barcelona persigue en sus últimas
temporadas. La conquista del continente europeo es cada vez más
compleja, y el último capítulo de sus intentos dejó un sabor
amargo, de aquellos que necesitas resolver con unos largos tragos
para desprenderte de su intenso aroma, mientras la lluvia te coge de
imprevisto con los zapatos descubiertos y sin paraguas. Se antoja
como una fusión imposible, que no termina de suceder, ni cuando
parece tan inalcanzable ni cuando se muestra más viable.

El
Barcelona ha ido perdiendo piezas clave de sus años más gloriosos,
y ésta es una temporada crucial para que Ernesto Valverde pueda dar
un paso al frente en la conversión de este nuevo Barcelona, que
ahora posee una completa plantilla que define diversos recursos ante
la lectura del rival.

Contar
con Coutinho en la competición europea es, sin duda, un diamante en
bruto. Su adaptación en la pasada temporada fue más rápida de lo
esperado. Ocupando diversas demarcaciones fue mostrando el talento de
su individualidad y su entendimiento para acoplarse a lo colectivo. A
pesar de que su llegada provocó el eco de ser relevo de Iniesta, la
realidad es que son jugadores muy distintos, y ambos terminaron
compartiendo minutos en diversas ocasiones, incluso en un mismo
carril. La versatilidad de Coutinho, por izquierda y derecha,
permitió a Valverde disponer de más recursos en la zona ofensiva.
El Txingurri sigue observando dónde el brasileño puede serle más
útil en su mapa de ruta. A día de hoy, algo apunta a consolidar a
Coutinho de interior, a pesar de no serlo, siendo más necesario en
este momento en la medular, aunque en noches como la del arranque de
Champions el francés y el brasileño puedan obstruirse entre ellos,
debido a la proximidad y a sus acciones ofensivas. Un rompecabezas
que Valverde, a prueba de encajar distintas piezas, deberá ir
compensando y completando en la presente campaña.

Sin
lugar a dudas, lo que está claro es que Coutinho es un jugador
llamado a convertirse en uno de los pilares de la estructura
azulgrana. Un talento que, ya sea más cerca o más alejado del área,
de la creación o de la finalización, debe ser amortizado y
garantizar su margen de mejora para ajustarse a las necesidades que
plantea Valverde.

Coutinho
parece ser uno de los mejores fichajes que el Barcelona haya hecho en
los últimos años. La repercusión en sus entradas al terreno de
juego desde la suplencia son las señas que identifican cómo debe ir
ganando más peso en un equipo que necesita nutrirse con sus
movimientos y combinaciones. Además de ser uno de esos jugadores que
agradeces ver, completamente estético en sus movimientos con balón.
Uno de esos brasileños que está devolviéndole a la Canarinha esa
magia tan característica, como ya demostró en el papel que ejerció
en el Mundial que despedimos este pasado verano.

El
siete azulgrana se encuentra ante el reto de hacerse indispensable, y
brillar en una competición que tuvo que observar desde la grada en
su primer año en Barcelona. Será esencial hallar la comodidad que
le hace estar a la altura que le exige el propio esférico, con quien
desata esa extensa imaginación y su particular electricidad que,
como en plena tempestad, es tan veloz como los rayos que acuden a
advertir del estruendo. Y posiblemente, Coutinho termine siendo para
el Barça el frescor que queda tras la tormenta.

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