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Tapar agujeros

Joel Sierra @_JoeLSierra_ 04-02-2022

Tapar agujeros. Esas son las dos palabras más pronunciadas y más escuchadas entre aquellas personas a las que les toca la lotería cuando llegan las cámaras y les plantan los micrófonos delante. Pagar la hipoteca, cancelar el préstamo, dar la entrada para un piso… No sabemos si a la Juventus le ha tocado recientemente la lotería, lo que sí sabemos es que se ha gastado 75 millones de euros en Dusan Vlahovic para, en el corto plazo, hacer eso mismo: tapar agujeros.

Vlahovic llega a Turín para pagar la hipoteca de una temporada con una proyección actual de puntos que dejaría al club bianconero fuera de la próxima Champions, para cancelar la enorme nostalgia —aunque la Juve haya pretendido negárselo a sí misma— de los goles con los que Cristiano Ronaldo sostenía su competitividad y para dar la entrada de cara a un futuro mejor, más grande, más imponente, más esperanzador, más acorde a su estatus y de nuevo ganador.

El propio Massimiliamo Allegri afirmaba hace un año que si un equipo llegaba al mes de enero sin funcionar como debía significaba que el entrenador había trabajado mal. La carta Vlahovic es, en este sentido, un intento por parte del club bianconero de conseguir desde lo individual lo que ya se ha demostrado en estos seis meses que esta Juve es incapaz de conseguir desde lo colectivo. Un all-in que tiene que funcionar desde el primer día, sin tiempo para adaptaciones, aunque el carácter y las virtudes claras y contundentes de Vlahovic no lo pondrán difícil a priori.

Vlahovic es un delantero centro que ha ido puliendo su juego más allá del gol a través de marcar cada vez más goles, valga la redundancia y la paradoja. Un proceso que también suele acaecer del mismo modo con los equipos y que es exactamente aquello que busca la Juventus con su fichaje. Aumentar el nivel de su hasta ahora grisácea propuesta futbolística y, como consecuencia, elevar su competitividad con los tantos del serbio como único acicate. Y con el riesgo económico y deportivo de no clasificarse para la próxima Champions League, Agnelli y compañía no se podían permitir esperar al próximo verano. Tenía que ser ya. Aquí y ahora.

Vlahovic supone una vía de escape al juego colectivo, un arma letal ajena a él. Ahora mismo, pocos jugadores en Italia tienen más condiciones de ganar partidos por sí mismos que el balcánico. Es cierto que no es en absoluto una pieza destinada a mejorar el fútbol de la Juventus, muy lejos de los estándares mínimos para un club de su categoría, pero es un atajo para ganar. Y de los gordos. De los que te reduce la distancia con los rivales a base de mordiscos de gol.

Esa facilidad para marcar, que ya anticipó la pasada temporada echándose a una Fiorentina en serios apuros a las espaldas (algo que, entendiendo lo doloroso que es para Florencia que el enésimo talento criado allí vuele hacia la Juve, sería justo seguir reconociendo y recordando), se está viendo confirmada durante el presente curso. Vlahovic no solo es el futbolista que más goles ha marcado junto a Immobile (17), es el jugador que más remata de la Serie A y el 2º con mejor diferencia entre goles generados (xG) y reales (+4.3), lo que indica que es un definidor excelso, también desde situaciones poco probables estadísticamente. Volumen y calidad. Ya sea con la zurda (su pie natural), con la diestra, de cabeza, de penalti, al primer toque, desde fuera del área, en formato rechace o en acrobacia, el ya exjugador viola es sinónimo de pólvora.

Vlahovic es, por tanto, una solución inmediata para una Juventus cuyas dificultades también se ven claramente reflejadas a través de los datos. Un líder a nivel de voracidad y mentalidad para revitalizar un ataque que no funciona. Los de Allegri son el 10º equipo de la Serie A en disparos entre palos por partido y en xG generados, y el 11º en número de goles a favor. Un balance que sitúa a los de Turín por debajo de equipos como el Sassuolo o el Empoli. Números que se quedan lejísimos de los admisibles para un club como la Juventus y que dan muestra de unos límites preocupantes en cuanto a generación ofensiva, consecuencia directa de una estructura colectiva que sufre muchísimo para fluir y progresar junta hasta el área a través del balón.

En este contexto, a pesar de ser un futbolista que no supone un upgrade de cara a reforzar la idea colectiva, dado que no es un nueve especialmente dotado para el juego de apoyos y para asumir maniobras de espaldas al arco que pongan en órbita a todo el frente de ataque; y de que probablemente vaya a “obligar” a Allegri a aumentar, aunque sea ligeramente, el baricentro de su equipo para llegar hasta él más veces y en mejores condiciones, Vlahovic es un delantero que sabe manejarse muy bien atacando espacios amplios y siendo una referencia directa.

Digamos que es más Batistuta que Ibrahimovic, con quien tanto se le ha comparado desde su explosión en el Franchi. No es tan sutil ni tan técnico como el sueco, pero es pura contundencia en el remate, un nueve de acción directa, potente atacando espacios e incluso transportando él mismo el balón en transiciones largas. “Podría rematar con una venda en los ojos y marcar igualmente, como el Bati”, declaró ‘Ciccio’ Baiano hace unos meses, excompañero del argentino en la Fiorentina de los noventa. De hecho, Vlahovic es el futbolista que más pases progresivos recibe del campeonato, lo que da buena cuenta de que a sus 22 años es ya un jugador franquicia y con una aspiración clara: seguir siéndolo desde el día uno en la Juventus.

En este punto de la temporada y del proyecto técnico, con un equipo bianconero que no puede dar un volantazo de un día para otro a sus intenciones de dejar de lado la vía ofensivista de Sarri y Pirlo para abrazar la fe allegriana del equilibrio por encima de todas las cosas, del bloque bajo como certeza a la que asirse ante las dificultades y del 1-0 como resultado idílico y con el agravante del futuro inmediato de Dybala en la cuerda floja, la Juve ficha exactamente lo que necesita. Y lo que necesita es tapar agujeros a base de goles. ¿Hay en el fútbol una forma mejor de hacerlo, de resolver un problema estructural en el corto plazo, que esa? Seguramente no.

Y cuando haya cumplido con esa primera misión (para nada sencilla), la de asegurar una plaza de Champions en Serie A con su productividad directa como piolet para agarrarse y como cuerda para ir remontando la pared de la montaña, Vlahovic pasará a ser la piedra angular sobre la que (re)construir la Juventus del mañana en términos ofensivos. Tal vez la primera Juventus que apuesta de forma tan manifiesta por la juventud y por la proyección para volver a ganar, para volver a ser la Juventus, en definitiva. Eso es Vlahovic hoy en clave Juventus. Un redentor en la inmediatez. Y si lo consigue, el futuro será suyo. Y en él, amigo mío, todo está por escribir.

Imagen de cabecera: Juventus FC

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Tapar agujeros. Esas son las dos palabras más pronunciadas y más escuchadas entre aquellas personas a las que les toca la lotería cuando llegan las cámaras y les plantan los micrófonos delante. Pagar la hipoteca, cancelar el préstamo, dar la entrada para un piso… No sabemos si a la Juventus le ha tocado recientemente la lotería, lo que sí sabemos es que se ha gastado 75 millones de euros en Dusan Vlahovic para, en el corto plazo, hacer eso mismo: tapar agujeros.

Vlahovic llega a Turín para pagar la hipoteca de una temporada con una proyección actual de puntos que dejaría al club bianconero fuera de la próxima Champions, para cancelar la enorme nostalgia —aunque la Juve haya pretendido negárselo a sí misma— de los goles con los que Cristiano Ronaldo sostenía su competitividad y para dar la entrada de cara a un futuro mejor, más grande, más imponente, más esperanzador, más acorde a su estatus y de nuevo ganador.

El propio Massimiliamo Allegri afirmaba hace un año que si un equipo llegaba al mes de enero sin funcionar como debía significaba que el entrenador había trabajado mal. La carta Vlahovic es, en este sentido, un intento por parte del club bianconero de conseguir desde lo individual lo que ya se ha demostrado en estos seis meses que esta Juve es incapaz de conseguir desde lo colectivo. Un all-in que tiene que funcionar desde el primer día, sin tiempo para adaptaciones, aunque el carácter y las virtudes claras y contundentes de Vlahovic no lo pondrán difícil a priori.

Vlahovic es un delantero centro que ha ido puliendo su juego más allá del gol a través de marcar cada vez más goles, valga la redundancia y la paradoja. Un proceso que también suele acaecer del mismo modo con los equipos y que es exactamente aquello que busca la Juventus con su fichaje. Aumentar el nivel de su hasta ahora grisácea propuesta futbolística y, como consecuencia, elevar su competitividad con los tantos del serbio como único acicate. Y con el riesgo económico y deportivo de no clasificarse para la próxima Champions League, Agnelli y compañía no se podían permitir esperar al próximo verano. Tenía que ser ya. Aquí y ahora.

Vlahovic supone una vía de escape al juego colectivo, un arma letal ajena a él. Ahora mismo, pocos jugadores en Italia tienen más condiciones de ganar partidos por sí mismos que el balcánico. Es cierto que no es en absoluto una pieza destinada a mejorar el fútbol de la Juventus, muy lejos de los estándares mínimos para un club de su categoría, pero es un atajo para ganar. Y de los gordos. De los que te reduce la distancia con los rivales a base de mordiscos de gol.

Esa facilidad para marcar, que ya anticipó la pasada temporada echándose a una Fiorentina en serios apuros a las espaldas (algo que, entendiendo lo doloroso que es para Florencia que el enésimo talento criado allí vuele hacia la Juve, sería justo seguir reconociendo y recordando), se está viendo confirmada durante el presente curso. Vlahovic no solo es el futbolista que más goles ha marcado junto a Immobile (17), es el jugador que más remata de la Serie A y el 2º con mejor diferencia entre goles generados (xG) y reales (+4.3), lo que indica que es un definidor excelso, también desde situaciones poco probables estadísticamente. Volumen y calidad. Ya sea con la zurda (su pie natural), con la diestra, de cabeza, de penalti, al primer toque, desde fuera del área, en formato rechace o en acrobacia, el ya exjugador viola es sinónimo de pólvora.

Vlahovic es, por tanto, una solución inmediata para una Juventus cuyas dificultades también se ven claramente reflejadas a través de los datos. Un líder a nivel de voracidad y mentalidad para revitalizar un ataque que no funciona. Los de Allegri son el 10º equipo de la Serie A en disparos entre palos por partido y en xG generados, y el 11º en número de goles a favor. Un balance que sitúa a los de Turín por debajo de equipos como el Sassuolo o el Empoli. Números que se quedan lejísimos de los admisibles para un club como la Juventus y que dan muestra de unos límites preocupantes en cuanto a generación ofensiva, consecuencia directa de una estructura colectiva que sufre muchísimo para fluir y progresar junta hasta el área a través del balón.

En este contexto, a pesar de ser un futbolista que no supone un upgrade de cara a reforzar la idea colectiva, dado que no es un nueve especialmente dotado para el juego de apoyos y para asumir maniobras de espaldas al arco que pongan en órbita a todo el frente de ataque; y de que probablemente vaya a “obligar” a Allegri a aumentar, aunque sea ligeramente, el baricentro de su equipo para llegar hasta él más veces y en mejores condiciones, Vlahovic es un delantero que sabe manejarse muy bien atacando espacios amplios y siendo una referencia directa.

Digamos que es más Batistuta que Ibrahimovic, con quien tanto se le ha comparado desde su explosión en el Franchi. No es tan sutil ni tan técnico como el sueco, pero es pura contundencia en el remate, un nueve de acción directa, potente atacando espacios e incluso transportando él mismo el balón en transiciones largas. “Podría rematar con una venda en los ojos y marcar igualmente, como el Bati”, declaró ‘Ciccio’ Baiano hace unos meses, excompañero del argentino en la Fiorentina de los noventa. De hecho, Vlahovic es el futbolista que más pases progresivos recibe del campeonato, lo que da buena cuenta de que a sus 22 años es ya un jugador franquicia y con una aspiración clara: seguir siéndolo desde el día uno en la Juventus.

En este punto de la temporada y del proyecto técnico, con un equipo bianconero que no puede dar un volantazo de un día para otro a sus intenciones de dejar de lado la vía ofensivista de Sarri y Pirlo para abrazar la fe allegriana del equilibrio por encima de todas las cosas, del bloque bajo como certeza a la que asirse ante las dificultades y del 1-0 como resultado idílico y con el agravante del futuro inmediato de Dybala en la cuerda floja, la Juve ficha exactamente lo que necesita. Y lo que necesita es tapar agujeros a base de goles. ¿Hay en el fútbol una forma mejor de hacerlo, de resolver un problema estructural en el corto plazo, que esa? Seguramente no.

Y cuando haya cumplido con esa primera misión (para nada sencilla), la de asegurar una plaza de Champions en Serie A con su productividad directa como piolet para agarrarse y como cuerda para ir remontando la pared de la montaña, Vlahovic pasará a ser la piedra angular sobre la que (re)construir la Juventus del mañana en términos ofensivos. Tal vez la primera Juventus que apuesta de forma tan manifiesta por la juventud y por la proyección para volver a ganar, para volver a ser la Juventus, en definitiva. Eso es Vlahovic hoy en clave Juventus. Un redentor en la inmediatez. Y si lo consigue, el futuro será suyo. Y en él, amigo mío, todo está por escribir.

Imagen de cabecera: Juventus FC

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