_Betis

Superlópez

Joel Sierra @_JoeLSierra_ 05-12-2018

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Apuntaba a serlo, pero a cada
partido que juega lo confirma más y más. El fichaje que hizo el pasado verano
el Real Betis a coste cero con Pau López ha sido sin duda una de las mejores
operaciones del mercado estival de traspasos en La Liga a tenor de su rendimiento
y de su potencial en una demarcación tan fundamental como la de portero para la
construcción de un equipo. En apenas una docena de partidos, el meta gironí ya
ha hecho olvidar la figura de Antonio Adán, uno de los futbolistas de mayor
rendimiento sostenido en el último lustro en clave verdiblanca, y se ha
convertido en un fijo en las convocatorias de Luis Enrique con la selección
española. Todo ello a base de una creciente colección de paradas determinantes
y de una predisposición total de sus aptitudes hacia un estilo de juego muy
marcado y concreto, tanto con La Roja, como especialmente en el día a día a las
órdenes de Quique Setién.

En este sentido, Pau López es un
portero ideal para un estilo de juego que busque dominar y estructurarse a
través de la pelota y con una edificación del juego desde atrás. El catalán es
el guardameta titular del actual campeonato español que más veces juega el
balón durante los noventa minutos, el que más pases por partido ejecuta, con un
promedio de 32.1, y el que mayor cantidad de envíos buenos realiza por
encuentro de todos, con 24.4 pases. Además de ello, solamente Marc-André ter
Stegen y Thibaut Courtois superan su porcentaje de acierto en el pase (76.1%),
a pesar de que en las últimas jornadas el portero del Betis está potenciando
sensiblemente los lanzamientos en largo, que no pelotazos, como quedó patente
sin ir más lejos en el tanto de Loren ante el Celta, una acción en la que el
primer pase de la precisa secuencia de gol partió de su bota izquierda en un saque
de meta milimétrico y decisiva para la posterior resolución de la maniobra
ofensiva hacia la posición de Francis más allá de la divisoria.

Una de las características que
más impresionan de Pau López sobre un terreno de juego es sin duda su
tranquilidad para afrontar las situaciones de juego más delicadas, su gestión
de la tensión intrínseca que todo partido de fútbol encierra. El exjugador del
Espanyol no necesita para nada una personalidad más tendente al histrionismo,
ni la gestualidad más manierista tan típica de su oficio para transmitir a su
zaga una seguridad y una confianza absolutas. Pau es un portero muy sobrio y
también de grandes reflejos, con una capacidad reactiva francamente reseñable
en los remates a poca distancia, tanto para atajar arriba como abajo, y además
posee una considerable envergadura para no sufrir en los balones aéreos, aunque
los blocajes por alto son seguramente una de los puntos que necesita mejorar.
Pese a ello, en las pelotas a ras de suelo o a media altura es uno de los arqueros
de La Liga que más destaca en esa faceta prácticamente contracultural de no
conceder rechaces en el área o saques de esquina a los rivales.

Gracias a sus aptitudes y al
rendimiento ascendente que está extrayendo de ellas, Pau López ya se ha
configurado en el conjunto bético como uno de esos porteros que ganan muchos
puntos o, incluso, directamente partidos. La mano en el ángulo inferior
izquierdo de su arco a Twumasi en Mendizorroza para amarrar un punto en el
último minuto, la parada arriba a un cabezazo potentísimo de Stuani para
quedarse con los tres puntos en su ciudad natal, la estirada para desviar a
córner el zurdazo de Suso que buscaba la escuadra en el duelo de Europa League
ante el Milan en el Villamarín, la doble intervención ante Sandro, de forma
milagrosa la segunda de ellas, para certificar la victoria ante la Real
Sociedad en el último de sus partidos hasta la fecha, sus actuaciones en el
Metropolitano o en Villarreal para mantener a los suyos en el partido a pesar
de las posteriores derrotas… son solamente algunos de los ejemplos más
evidentes del gran impacto de su juego en los resultados de su equipo a través
de sus paradas en jugadas nítidas de gol.

Pau parece diseñado para
destacarse en esa puntualidad tan típica de los porteros de los equipos más
grandes de la élite y está empezando a desarrollar esa virtud de una manera
todavía más notoria. La virtud de aquellos guardametas que tienen que
permanecer siempre concentrados y conectados a las situaciones de juego, aunque
estas, en su inmensa mayoría, sucedan en mucho mayor número y durante más
tiempo más lejos que cerca de sus inmediaciones. La virtud de aquellos
guardametas que tienen que resolver con aciertos muy concretos las contadas
acciones de peligro del rival, las cuales, normalmente, se dan desde posiciones
bastante más claras, por el mayor espacio a explotar del que disponen cuando
pueden salir de campo propio, de las que tendría que afrontar defendiendo los
tres palos para un equipo menos dominador y que conceda muchos menos metros a
la espalda de su bloque defensivo.

Una línea estilística que puede
recordar a porteros como Víctor Valdés en su día, en un compendio de virtudes
que perfectamente pueden hacer de Pau López en la actualidad, seguramente no el
mejor, pero sí el guardameta español más completo y mejor enfocado al sello
futbolístico y al ADN de la selección, ese que tanta importancia le otorga al
juego de pies de su portero y que premia la aparición fundamental en momentos
críticos por cómo favorece la actitud constantemente ofensiva o dominadora del
sistema global en el que se integra. A sus 24 años y con el considerable margen
de mejora que todavía tiene por delante, plantearse su titularidad con España,
con las ligeras dudas que está mostrando David De Gea cuando defiende la
portería de La Roja de por medio, no sería un debate para nada descabellado. Lo
consiga o no a medio plazo, el hecho de que su nivel actual encaje a la
perfección como posible número uno de España ya habla a las claras de la
magnitud que ha alcanzado como guardameta un Pau López que se ha convertido ya
en el superhéroe que el Betis necesita atrás para continuar centrando su fútbol
en todo aquello que ocurra desde los pies de su propio portero en adelante.

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Apuntaba a serlo, pero a cada
partido que juega lo confirma más y más. El fichaje que hizo el pasado verano
el Real Betis a coste cero con Pau López ha sido sin duda una de las mejores
operaciones del mercado estival de traspasos en La Liga a tenor de su rendimiento
y de su potencial en una demarcación tan fundamental como la de portero para la
construcción de un equipo. En apenas una docena de partidos, el meta gironí ya
ha hecho olvidar la figura de Antonio Adán, uno de los futbolistas de mayor
rendimiento sostenido en el último lustro en clave verdiblanca, y se ha
convertido en un fijo en las convocatorias de Luis Enrique con la selección
española. Todo ello a base de una creciente colección de paradas determinantes
y de una predisposición total de sus aptitudes hacia un estilo de juego muy
marcado y concreto, tanto con La Roja, como especialmente en el día a día a las
órdenes de Quique Setién.

En este sentido, Pau López es un
portero ideal para un estilo de juego que busque dominar y estructurarse a
través de la pelota y con una edificación del juego desde atrás. El catalán es
el guardameta titular del actual campeonato español que más veces juega el
balón durante los noventa minutos, el que más pases por partido ejecuta, con un
promedio de 32.1, y el que mayor cantidad de envíos buenos realiza por
encuentro de todos, con 24.4 pases. Además de ello, solamente Marc-André ter
Stegen y Thibaut Courtois superan su porcentaje de acierto en el pase (76.1%),
a pesar de que en las últimas jornadas el portero del Betis está potenciando
sensiblemente los lanzamientos en largo, que no pelotazos, como quedó patente
sin ir más lejos en el tanto de Loren ante el Celta, una acción en la que el
primer pase de la precisa secuencia de gol partió de su bota izquierda en un saque
de meta milimétrico y decisiva para la posterior resolución de la maniobra
ofensiva hacia la posición de Francis más allá de la divisoria.

Una de las características que
más impresionan de Pau López sobre un terreno de juego es sin duda su
tranquilidad para afrontar las situaciones de juego más delicadas, su gestión
de la tensión intrínseca que todo partido de fútbol encierra. El exjugador del
Espanyol no necesita para nada una personalidad más tendente al histrionismo,
ni la gestualidad más manierista tan típica de su oficio para transmitir a su
zaga una seguridad y una confianza absolutas. Pau es un portero muy sobrio y
también de grandes reflejos, con una capacidad reactiva francamente reseñable
en los remates a poca distancia, tanto para atajar arriba como abajo, y además
posee una considerable envergadura para no sufrir en los balones aéreos, aunque
los blocajes por alto son seguramente una de los puntos que necesita mejorar.
Pese a ello, en las pelotas a ras de suelo o a media altura es uno de los arqueros
de La Liga que más destaca en esa faceta prácticamente contracultural de no
conceder rechaces en el área o saques de esquina a los rivales.

Gracias a sus aptitudes y al
rendimiento ascendente que está extrayendo de ellas, Pau López ya se ha
configurado en el conjunto bético como uno de esos porteros que ganan muchos
puntos o, incluso, directamente partidos. La mano en el ángulo inferior
izquierdo de su arco a Twumasi en Mendizorroza para amarrar un punto en el
último minuto, la parada arriba a un cabezazo potentísimo de Stuani para
quedarse con los tres puntos en su ciudad natal, la estirada para desviar a
córner el zurdazo de Suso que buscaba la escuadra en el duelo de Europa League
ante el Milan en el Villamarín, la doble intervención ante Sandro, de forma
milagrosa la segunda de ellas, para certificar la victoria ante la Real
Sociedad en el último de sus partidos hasta la fecha, sus actuaciones en el
Metropolitano o en Villarreal para mantener a los suyos en el partido a pesar
de las posteriores derrotas… son solamente algunos de los ejemplos más
evidentes del gran impacto de su juego en los resultados de su equipo a través
de sus paradas en jugadas nítidas de gol.

Pau parece diseñado para
destacarse en esa puntualidad tan típica de los porteros de los equipos más
grandes de la élite y está empezando a desarrollar esa virtud de una manera
todavía más notoria. La virtud de aquellos guardametas que tienen que
permanecer siempre concentrados y conectados a las situaciones de juego, aunque
estas, en su inmensa mayoría, sucedan en mucho mayor número y durante más
tiempo más lejos que cerca de sus inmediaciones. La virtud de aquellos
guardametas que tienen que resolver con aciertos muy concretos las contadas
acciones de peligro del rival, las cuales, normalmente, se dan desde posiciones
bastante más claras, por el mayor espacio a explotar del que disponen cuando
pueden salir de campo propio, de las que tendría que afrontar defendiendo los
tres palos para un equipo menos dominador y que conceda muchos menos metros a
la espalda de su bloque defensivo.

Una línea estilística que puede
recordar a porteros como Víctor Valdés en su día, en un compendio de virtudes
que perfectamente pueden hacer de Pau López en la actualidad, seguramente no el
mejor, pero sí el guardameta español más completo y mejor enfocado al sello
futbolístico y al ADN de la selección, ese que tanta importancia le otorga al
juego de pies de su portero y que premia la aparición fundamental en momentos
críticos por cómo favorece la actitud constantemente ofensiva o dominadora del
sistema global en el que se integra. A sus 24 años y con el considerable margen
de mejora que todavía tiene por delante, plantearse su titularidad con España,
con las ligeras dudas que está mostrando David De Gea cuando defiende la
portería de La Roja de por medio, no sería un debate para nada descabellado. Lo
consiga o no a medio plazo, el hecho de que su nivel actual encaje a la
perfección como posible número uno de España ya habla a las claras de la
magnitud que ha alcanzado como guardameta un Pau López que se ha convertido ya
en el superhéroe que el Betis necesita atrás para continuar centrando su fútbol
en todo aquello que ocurra desde los pies de su propio portero en adelante.

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