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Sufrir es vivir

Joel Sierra @_JoeLSierra_ 10-03-2020

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Vicente Moreno

Ipurua es sin duda uno de los estadios de La Liga que más condiciona tradicionalmente el plan habitual del equipo visitante con su juego directo, sus constantes envíos laterales al corazón del área, su excelente presión adelantada y su alta capacidad para vivir en campo rival. Una circunstancia que se está repitiendo incluso en la presente temporada, en la que el Eibar se ha mostrado bastante menos fiable en casa y solamente ha cosechado hasta la fecha el 49% de los puntos en disputa en su feudo, por el 58% que ganó en casa la pasada campaña. Con esa idea muy bien asimilada saltó el RCD Mallorca de Vicente Moreno al estadio eibartarra en su último partido.

El entrenador bermellón mudó de piel y apostó por un cambio de sistema: un 5-3-2 con tres centrales para proteger por acumulación el área ante la falta de calidad defensiva que está siendo uno de sus lastres, dos interiores técnicos y agresivos con la pelota (Take Kubo y Dani Rodríguez) para salir con espacios sobre todo en conducción y dos puntas muy complementarios entre sí (Cucho Hernández y Ante Budimir) para que uno se encargase de las caídas a la izquierda, de la tarea de estirar y producir por ese costado y de cerrar la banda para defenderse sin pelota en un 5-4-1, y el otro de la responsabilidad de asimilar y bajar el juego directo para poner de cara a la segunda línea y servir de referencia en el área. Y no pudo salirle mejor, ya que la idea resultó ganadora desde el pitido inicial.

Además de reforzar las bandas sin balón y de mejorar la defensa aérea del punto de penalti (21 despejes entre los tres centrales y hasta cinco remates bloqueados) de cara a contener el constante centro lateral que el Eibar es capaz de situar en el corazón del área desde que cruza la medular, especialmente gracias a la zurda de Cote, el Mallorca planteó un repliegue intensivo con el que protegió bien el carril central y los costados de su área y que contaba con una notable capacidad para salir, preferentemente en largo hacia Budimir, y así evitar que surtiera efecto la presión alta de los de José Luis Mendilibar, o a través de Lumor por la izquierda, seguramente el futbolista más decisivo del plan, mientras Alejandro Pozo por el otro lado se mantenía atado para controlar, junto a las ayudas de Baba, a Cote y Fabián Orellana en el sector más débil defensivamente del sistema por la presencia de Kubo por delante.

Esta segunda y más peligrosa forma de salir desde atrás de manera vertical hacia la mitad del rival que planteó con sabiduría Vicente Moreno, permitía al Cucho ofrecerse asiduamente en apoyo al potente carrilero ghanés en el carril intermedio o incluso en el pico izquierdo del área y a Kubo, a su vez, le daba tiempo para acercarse desde la zona menos frecuentada del ataque mallorquinista, la banda derecha, al rescate de las recepciones del colombiano. El japonés pudo tener de ese modo varios valiosos contactos con la pelota en sus zonas predilectas, en plena mediapunta y por detrás del doble pivote del Eibar, para generar combinaciones y jugadas por dentro a través de su enorme calidad técnica. Fue exactamente así, con esa sucesión de nombres, como llegó la falta previa al primer gol del equipo.

El futbolista nipón, por su parte, está aprendiendo a marchas forzadas y de una forma que le será muy útil para el resto de su carrera deportiva a ponerse a disposición del planteamiento colectivo en todo momento y por esa misma razón apenas tuvo oportunidad de que sus compañeros lo encontrasen con cierto espacio por delante de la línea del balón. Eso sí, en la única ocasión en la que lo hicieron, tras un robo adelantado de un Dani Rodríguez que fue clave para explotar los pocos metros con amplitud que encontró por dentro el Mallorca, Kubo se encargó de sentenciar el choque y de conseguir la primera victoria a domicilio de temporada para su equipo con un disparo cruzado desde la media luna, donde ya es realmente un futbolista decisivo en La Liga.

Con el cambio de Budimir por Lago Júnior a falta todavía de veinte minutos para el final y con el Eibar totalmente volcado, obligando a los bermellones a un ejercicio de resistencia prolongado, parecía que Vicente Moreno estaba quitando del césped a la única posibilidad que tenía en él para sacudirse el dominio y encontrar un punto de continuidad en campo contrario que recogiese los envíos largos desde la defensa. Sin embargo, la presencia del marfileño, en un movimiento que demostró la gran dirección de campo del técnico valenciano para leer el partido, le dio al Mallorca un arma añadida para poder salir desde atrás con conducciones largas en lugar de con balones largos, las cuales hicieron mayor daño al lento retorno defensivo del Eibar y le permitieron, además, alejar durante un poco más de tiempo el peligro de sus primeros treinta metros.

Sufrir, para equipos que luchan cada fin de semana y desde el inicio de la temporada por aferrarse a la categoría como el cuadro bermellón, es sinónimo de estar vivo, de seguir vivo. Manejarse en marcadores cortos, evitar los errores no forzados en el área propia, saber salir con profundidad hacia la portería en pocos toques pero incisivos son herramientas fundamentales cuando se rema a contracorriente. Sufrir, para el Mallorca de aquí a final de temporada, seguirá siendo sinónimo de sobrevivir. Y si logra saber sufrir y adaptarse a su rival tan bien como lo hizo en su visita al Eibar -quién sabe si no habrá encontrado incluso un nuevo sistema que le permita competir mejor en las jornadas restantes- estará mucho más cerca de conseguir su ansiado objetivo: vivir otro año más instalado en la élite del fútbol, aunque sea para volver a sufrir.

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Ipurua es sin duda uno de los estadios de La Liga que más condiciona tradicionalmente el plan habitual del equipo visitante con su juego directo, sus constantes envíos laterales al corazón del área, su excelente presión adelantada y su alta capacidad para vivir en campo rival. Una circunstancia que se está repitiendo incluso en la presente temporada, en la que el Eibar se ha mostrado bastante menos fiable en casa y solamente ha cosechado hasta la fecha el 49% de los puntos en disputa en su feudo, por el 58% que ganó en casa la pasada campaña. Con esa idea muy bien asimilada saltó el RCD Mallorca de Vicente Moreno al estadio eibartarra en su último partido.

El entrenador bermellón mudó de piel y apostó por un cambio de sistema: un 5-3-2 con tres centrales para proteger por acumulación el área ante la falta de calidad defensiva que está siendo uno de sus lastres, dos interiores técnicos y agresivos con la pelota (Take Kubo y Dani Rodríguez) para salir con espacios sobre todo en conducción y dos puntas muy complementarios entre sí (Cucho Hernández y Ante Budimir) para que uno se encargase de las caídas a la izquierda, de la tarea de estirar y producir por ese costado y de cerrar la banda para defenderse sin pelota en un 5-4-1, y el otro de la responsabilidad de asimilar y bajar el juego directo para poner de cara a la segunda línea y servir de referencia en el área. Y no pudo salirle mejor, ya que la idea resultó ganadora desde el pitido inicial.

Además de reforzar las bandas sin balón y de mejorar la defensa aérea del punto de penalti (21 despejes entre los tres centrales y hasta cinco remates bloqueados) de cara a contener el constante centro lateral que el Eibar es capaz de situar en el corazón del área desde que cruza la medular, especialmente gracias a la zurda de Cote, el Mallorca planteó un repliegue intensivo con el que protegió bien el carril central y los costados de su área y que contaba con una notable capacidad para salir, preferentemente en largo hacia Budimir, y así evitar que surtiera efecto la presión alta de los de José Luis Mendilibar, o a través de Lumor por la izquierda, seguramente el futbolista más decisivo del plan, mientras Alejandro Pozo por el otro lado se mantenía atado para controlar, junto a las ayudas de Baba, a Cote y Fabián Orellana en el sector más débil defensivamente del sistema por la presencia de Kubo por delante.

Esta segunda y más peligrosa forma de salir desde atrás de manera vertical hacia la mitad del rival que planteó con sabiduría Vicente Moreno, permitía al Cucho ofrecerse asiduamente en apoyo al potente carrilero ghanés en el carril intermedio o incluso en el pico izquierdo del área y a Kubo, a su vez, le daba tiempo para acercarse desde la zona menos frecuentada del ataque mallorquinista, la banda derecha, al rescate de las recepciones del colombiano. El japonés pudo tener de ese modo varios valiosos contactos con la pelota en sus zonas predilectas, en plena mediapunta y por detrás del doble pivote del Eibar, para generar combinaciones y jugadas por dentro a través de su enorme calidad técnica. Fue exactamente así, con esa sucesión de nombres, como llegó la falta previa al primer gol del equipo.

El futbolista nipón, por su parte, está aprendiendo a marchas forzadas y de una forma que le será muy útil para el resto de su carrera deportiva a ponerse a disposición del planteamiento colectivo en todo momento y por esa misma razón apenas tuvo oportunidad de que sus compañeros lo encontrasen con cierto espacio por delante de la línea del balón. Eso sí, en la única ocasión en la que lo hicieron, tras un robo adelantado de un Dani Rodríguez que fue clave para explotar los pocos metros con amplitud que encontró por dentro el Mallorca, Kubo se encargó de sentenciar el choque y de conseguir la primera victoria a domicilio de temporada para su equipo con un disparo cruzado desde la media luna, donde ya es realmente un futbolista decisivo en La Liga.

Con el cambio de Budimir por Lago Júnior a falta todavía de veinte minutos para el final y con el Eibar totalmente volcado, obligando a los bermellones a un ejercicio de resistencia prolongado, parecía que Vicente Moreno estaba quitando del césped a la única posibilidad que tenía en él para sacudirse el dominio y encontrar un punto de continuidad en campo contrario que recogiese los envíos largos desde la defensa. Sin embargo, la presencia del marfileño, en un movimiento que demostró la gran dirección de campo del técnico valenciano para leer el partido, le dio al Mallorca un arma añadida para poder salir desde atrás con conducciones largas en lugar de con balones largos, las cuales hicieron mayor daño al lento retorno defensivo del Eibar y le permitieron, además, alejar durante un poco más de tiempo el peligro de sus primeros treinta metros.

Sufrir, para equipos que luchan cada fin de semana y desde el inicio de la temporada por aferrarse a la categoría como el cuadro bermellón, es sinónimo de estar vivo, de seguir vivo. Manejarse en marcadores cortos, evitar los errores no forzados en el área propia, saber salir con profundidad hacia la portería en pocos toques pero incisivos son herramientas fundamentales cuando se rema a contracorriente. Sufrir, para el Mallorca de aquí a final de temporada, seguirá siendo sinónimo de sobrevivir. Y si logra saber sufrir y adaptarse a su rival tan bien como lo hizo en su visita al Eibar -quién sabe si no habrá encontrado incluso un nuevo sistema que le permita competir mejor en las jornadas restantes- estará mucho más cerca de conseguir su ansiado objetivo: vivir otro año más instalado en la élite del fútbol, aunque sea para volver a sufrir.

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