_Real Mallorca

Un problema al Kubo

Joel Sierra @_JoeLSierra_ 03-01-2020

El Mallorca es el equipo que menos puntuación acumula en La Liga en los últimos cinco partidos. Incluso el Espanyol, colista de la categoría, ha logrado sumar un punto más que el solitario empate que han cosechado los de Vicente Moreno en este tramo de la competición. El cuadro bermellón está inmerso en un proceso de cambios dentro de su habitual 4-4-2 para conseguir darle a Takefusa Kubo, el jugador de su plantilla que más cosas puede cambiar y condicionar por sí mismo, su lugar en el sistema.

El japonés está partiendo desde la banda derecha y, aunque la joven perla nipona tiene siempre dos o tres acciones por encuentro en las que es capaz de derribar individualmente el plan defensivo del rival, da la sensación de que le faltan socios adecuados para poder expresarse al máximo de su potencial actual. Una impresión que se ha dado incluso cuando ha jugado cerca de Aleix Febas, el compañero que mejor puede entender su mismo lenguaje futbolístico a una velocidad de ejecución similar.

El Mallorca, con Kubo plenamente escorado, está necesitando y reclamando algo más en ataque que la propia capacidad de regate y las conducciones cortas del japonés y que la prácticamente única opción de remate en el área que supone Ante Budimir para conectar el centro lateral, el otro jugador harto fundamental para la fase ofensiva de los de Vicente Moreno, ya sea en ataques un poco más estáticos y pausados, o acumulando un juego mucho más directo que pueda poner de cara la segunda línea y que es también el más habitual.

Más allá de esta búsqueda del lugar más propicio en el sistema para que la calidad técnica de Kubo eleve el techo del Mallorca, el equipo balear está encontrando el segundo de sus grandes problemas en la defensa de su propia área. Un dilema que está siendo originado en gran número por una cantidad desmedida de errores no forzados, por una falta de calidad defensiva significativa en ese tipo de situaciones o por la ausencia de una concentración o de una velocidad de reacción de primer nivel.

Los baleares han cometido hasta diez penaltis antes de finalizar la primera vuelta liguera. Muchos de ellos relacionados con las causas referidas y con meter al pie a destiempo en situaciones límite. Una acción en la que su mediocentro Iddrisu Baba, que acostumbra a hundir en exceso su posición cuando defiende abajo, suele caer demasiado a menudo. De hecho, tres de las diez penas máximas han sido cometidas por el ghanés. En definitiva, una estadística defensiva global –es el dato de penaltis en contra más elevado de los últimos treinta años a mitad de Liga– muy preocupante para un conjunto destinado a pelear por no descender hasta el final de la temporada.

El Mallorca es un equipo reactivo y muy organizado, pero quizá está echando en falta una mayor flexibilidad táctica para hacer mutar su sistema en función de las situaciones de juego y de los rivales y también una mejor lectura para saber “desordenarse” en busca de jugadas de ataque más ventajosas y con un punto más de complejidad En este sentido, la incidencia de Kubo, aun excesivamente ocasional para el volumen que los bermellones necesitarían, está muy condicionada por la altura del bloque de su equipo, ya que es un futbolista que no posee recorridos demasiado largos y que claramente prefiere recibir en el pico del área o en la media luna en lugar de en posiciones más cercanas a la medular.

Sin embargo, los de Vicente Moreno sufren bastante para encontrar superioridades por dentro en campo rival y suele conducir su juego hacia los costados de manera muy temprana, por lo que su lado fuerte sigue siendo, paradójicamente, el que ocupa el más vertical y caótico Lago Junior por la izquierda, en lugar de la zona de Kubo, quien, por otra parte, a pesar de ser un jugador que puede extraer muchas ventajas si recibe al pie en tres cuartos de campo con asiduidad, carece totalmente de una cuota goleadora relevante, lo cual es un problema añadido para un equipo que apenas promedia un gol por encuentro.

Para intentar afianzar su apuesta de Kubo en la derecha, Vicente Moreno viene utilizando últimamente a Dani Rodríguez por dentro, como acompañante de Budimir sin balón y como mediapunta cuando su equipo tiene el cuero. Una opción que chirría un poco por tratarse de un perfil claramente de banda y, por tanto, fuera de posición, aunque teóricamente pueda sonar interesante para una cobertura más efusiva del carril central, una presión contra la salida rival más eficaz que la que pueden ejecutar nombres como el de Febas o el propio Kubo y, al mismo tiempo, una alternativa que divida por dentro por piernas y sea el potencial receptor del pase vertical interior del que tan necesitado está este Mallorca.

Esta renovada disposición en la que Vicente Moreno viene invirtiendo, quién sabe si con una cierta visión a medio plazo dentro de la temporada, podría activar de forma muy interesante la carta de Cucho Hernández, toda vez que el colombiano ya se ha recuperado definitivamente de su lesión. Si se encuentra en plenitud física, Cucho permite amenazar desde muchos metros de distancia respecto al arco rival y tiene asimismo una notable capacidad para dividir y regatear por dentro y para recoger las segundas pelotas que genera el buen juego de espaldas que suele esgrimir Ante Budimir.

Además, en ausencia de Febas, que ha pasado a ser más suplente que titular en las últimas fechas, y a pesar de ser un futbolista con una sensibilidad asociativa mucho menor, el ex del Huesca puede también dar sentido a las recepciones más bajas de Kubo si el Mallorca sigue sin lograr situar sus toques más cerca del pico del área. Un Kubo que puede encontrar en él, tras salir del regate, a un apoyo habitual, con motor y que puede picar al espacio para dar más opciones a Salva Sevilla en la distribución y estirar al equipo también por dentro y no solo por izquierda. Todo ello, con la teórica cuota de gol que les falta a nombres como el del nipón, sin ir más lejos.

El grueso de los problemas recientes del Mallorca se focaliza en estos tres aspectos, principalmente: la falta de socios y de la constitución del mejor contexto posible para Kubo, los grandes problemas que está viviendo en área propia pese a su buena organización defensiva, y la ausencia de un juego interior que haga aumentar la productividad goleadora sensiblemente. Si el Mallorca no corrige lo antes posible sus deficiencias en estos tres apartados, sus problemas podrían verse multiplicados y con ellos, sus opciones de permanencia reducidas en gran medida, si es que no logra aumentar su ritmo de puntuación.

Sin embargo, incluso en esta situación tan escasa de buenos resultados que vive actualmente, no todo son malas noticias. El Mallorca ha descubierto a tiempo que tiene a una futurible estrella en pleno apogeo alrededor de la cual puede poner a girar su potencial ofensivo, ligar a ella la búsqueda de la tan necesaria dosis de calidad diferencial en Primera División y confiar buena parte de su competitividad. Y, como añadido, acaba de sacarse de la manga un as con la reaparición de Cucho Hernández, un perfil que puede adquirir mucho sentido dentro de su plan de juego y otorgarle varios matices muy valiosos a su ataque.

Mientras tanto, Kubo parece que seguirá aumentando su rendimiento, edificando su progresión y haciendo más evidentes sus galones dentro del equipo a medida que avance la temporada si todo transcurre con cierta normalidad. A poco que su entrenador pula las carencias de su estructura para encontrarlo en mejores situaciones, para rodearlo de forma más conveniente y pierda también el temor a otorgarle cierta manga para que pueda pisar los pasillos interiores con mayor frecuencia y a mayor altura, el Mallorca puede solucionar la mayor parte de sus problemas, siempre que deje de dilapidar en su propia área lo que el talento del japonés y un mejor funcionamiento colectivo a nivel ofensivo con él como protagonista puedan originar en campo rival.

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El Mallorca es el equipo que menos puntuación acumula en La Liga en los últimos cinco partidos. Incluso el Espanyol, colista de la categoría, ha logrado sumar un punto más que el solitario empate que han cosechado los de Vicente Moreno en este tramo de la competición. El cuadro bermellón está inmerso en un proceso de cambios dentro de su habitual 4-4-2 para conseguir darle a Takefusa Kubo, el jugador de su plantilla que más cosas puede cambiar y condicionar por sí mismo, su lugar en el sistema.

El japonés está partiendo desde la banda derecha y, aunque la joven perla nipona tiene siempre dos o tres acciones por encuentro en las que es capaz de derribar individualmente el plan defensivo del rival, da la sensación de que le faltan socios adecuados para poder expresarse al máximo de su potencial actual. Una impresión que se ha dado incluso cuando ha jugado cerca de Aleix Febas, el compañero que mejor puede entender su mismo lenguaje futbolístico a una velocidad de ejecución similar.

El Mallorca, con Kubo plenamente escorado, está necesitando y reclamando algo más en ataque que la propia capacidad de regate y las conducciones cortas del japonés y que la prácticamente única opción de remate en el área que supone Ante Budimir para conectar el centro lateral, el otro jugador harto fundamental para la fase ofensiva de los de Vicente Moreno, ya sea en ataques un poco más estáticos y pausados, o acumulando un juego mucho más directo que pueda poner de cara la segunda línea y que es también el más habitual.

Más allá de esta búsqueda del lugar más propicio en el sistema para que la calidad técnica de Kubo eleve el techo del Mallorca, el equipo balear está encontrando el segundo de sus grandes problemas en la defensa de su propia área. Un dilema que está siendo originado en gran número por una cantidad desmedida de errores no forzados, por una falta de calidad defensiva significativa en ese tipo de situaciones o por la ausencia de una concentración o de una velocidad de reacción de primer nivel.

Los baleares han cometido hasta diez penaltis antes de finalizar la primera vuelta liguera. Muchos de ellos relacionados con las causas referidas y con meter al pie a destiempo en situaciones límite. Una acción en la que su mediocentro Iddrisu Baba, que acostumbra a hundir en exceso su posición cuando defiende abajo, suele caer demasiado a menudo. De hecho, tres de las diez penas máximas han sido cometidas por el ghanés. En definitiva, una estadística defensiva global –es el dato de penaltis en contra más elevado de los últimos treinta años a mitad de Liga– muy preocupante para un conjunto destinado a pelear por no descender hasta el final de la temporada.

El Mallorca es un equipo reactivo y muy organizado, pero quizá está echando en falta una mayor flexibilidad táctica para hacer mutar su sistema en función de las situaciones de juego y de los rivales y también una mejor lectura para saber “desordenarse” en busca de jugadas de ataque más ventajosas y con un punto más de complejidad En este sentido, la incidencia de Kubo, aun excesivamente ocasional para el volumen que los bermellones necesitarían, está muy condicionada por la altura del bloque de su equipo, ya que es un futbolista que no posee recorridos demasiado largos y que claramente prefiere recibir en el pico del área o en la media luna en lugar de en posiciones más cercanas a la medular.

Sin embargo, los de Vicente Moreno sufren bastante para encontrar superioridades por dentro en campo rival y suele conducir su juego hacia los costados de manera muy temprana, por lo que su lado fuerte sigue siendo, paradójicamente, el que ocupa el más vertical y caótico Lago Junior por la izquierda, en lugar de la zona de Kubo, quien, por otra parte, a pesar de ser un jugador que puede extraer muchas ventajas si recibe al pie en tres cuartos de campo con asiduidad, carece totalmente de una cuota goleadora relevante, lo cual es un problema añadido para un equipo que apenas promedia un gol por encuentro.

Para intentar afianzar su apuesta de Kubo en la derecha, Vicente Moreno viene utilizando últimamente a Dani Rodríguez por dentro, como acompañante de Budimir sin balón y como mediapunta cuando su equipo tiene el cuero. Una opción que chirría un poco por tratarse de un perfil claramente de banda y, por tanto, fuera de posición, aunque teóricamente pueda sonar interesante para una cobertura más efusiva del carril central, una presión contra la salida rival más eficaz que la que pueden ejecutar nombres como el de Febas o el propio Kubo y, al mismo tiempo, una alternativa que divida por dentro por piernas y sea el potencial receptor del pase vertical interior del que tan necesitado está este Mallorca.

Esta renovada disposición en la que Vicente Moreno viene invirtiendo, quién sabe si con una cierta visión a medio plazo dentro de la temporada, podría activar de forma muy interesante la carta de Cucho Hernández, toda vez que el colombiano ya se ha recuperado definitivamente de su lesión. Si se encuentra en plenitud física, Cucho permite amenazar desde muchos metros de distancia respecto al arco rival y tiene asimismo una notable capacidad para dividir y regatear por dentro y para recoger las segundas pelotas que genera el buen juego de espaldas que suele esgrimir Ante Budimir.

Además, en ausencia de Febas, que ha pasado a ser más suplente que titular en las últimas fechas, y a pesar de ser un futbolista con una sensibilidad asociativa mucho menor, el ex del Huesca puede también dar sentido a las recepciones más bajas de Kubo si el Mallorca sigue sin lograr situar sus toques más cerca del pico del área. Un Kubo que puede encontrar en él, tras salir del regate, a un apoyo habitual, con motor y que puede picar al espacio para dar más opciones a Salva Sevilla en la distribución y estirar al equipo también por dentro y no solo por izquierda. Todo ello, con la teórica cuota de gol que les falta a nombres como el del nipón, sin ir más lejos.

El grueso de los problemas recientes del Mallorca se focaliza en estos tres aspectos, principalmente: la falta de socios y de la constitución del mejor contexto posible para Kubo, los grandes problemas que está viviendo en área propia pese a su buena organización defensiva, y la ausencia de un juego interior que haga aumentar la productividad goleadora sensiblemente. Si el Mallorca no corrige lo antes posible sus deficiencias en estos tres apartados, sus problemas podrían verse multiplicados y con ellos, sus opciones de permanencia reducidas en gran medida, si es que no logra aumentar su ritmo de puntuación.

Sin embargo, incluso en esta situación tan escasa de buenos resultados que vive actualmente, no todo son malas noticias. El Mallorca ha descubierto a tiempo que tiene a una futurible estrella en pleno apogeo alrededor de la cual puede poner a girar su potencial ofensivo, ligar a ella la búsqueda de la tan necesaria dosis de calidad diferencial en Primera División y confiar buena parte de su competitividad. Y, como añadido, acaba de sacarse de la manga un as con la reaparición de Cucho Hernández, un perfil que puede adquirir mucho sentido dentro de su plan de juego y otorgarle varios matices muy valiosos a su ataque.

Mientras tanto, Kubo parece que seguirá aumentando su rendimiento, edificando su progresión y haciendo más evidentes sus galones dentro del equipo a medida que avance la temporada si todo transcurre con cierta normalidad. A poco que su entrenador pula las carencias de su estructura para encontrarlo en mejores situaciones, para rodearlo de forma más conveniente y pierda también el temor a otorgarle cierta manga para que pueda pisar los pasillos interiores con mayor frecuencia y a mayor altura, el Mallorca puede solucionar la mayor parte de sus problemas, siempre que deje de dilapidar en su propia área lo que el talento del japonés y un mejor funcionamiento colectivo a nivel ofensivo con él como protagonista puedan originar en campo rival.

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David Orenes @david_lrl
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