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‘Sonrisas y lágrimas’

Tania Martín @TaniaMartinC 23-03-2018

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Cuantísimos recuerdos se me vienen a la cabeza al pensar en
todo lo vivido en el Estadio Vicente Calderón: sonrisas, lágrimas, enfados,
alegría, y un sinfín de sensaciones difíciles de explicar. No hay nada más
bonito que recordar lo vivido, aunque no termine como esperabas, como fue mi
caso. Pero empecemos por el principio. Voy a echar la vista atrás casi 15 años.

Mi primer recuerdo no es contra Real Madrid, Sevilla o
Barcelona. No. Es en la temporada 2001/2002, en Segunda División y en la tarde
de un domingo soleado un 27 de abril: Atlético de Madrid – Nàstic de Tarragona.
Diego Alonso, Antonio López, Hibic, Aguilera, Nagore, el ‘Mono’ Burgos en
portería y Fernando Torres, que recuerde, formaban parte del once inicial. En
el banquillo Luis Aragonés. Y en las gradas, qué os voy a contar… ¡ambientazo!

Se adelantaba el Nàstic, tras unos minutos llenos de
intensidad en los que el balón pasaba de un equipo a otro en décimas de
segundo. No tardó en responder Diego Alonso a pase de Torres. Y se quedaría así
el marcador hasta la segunda parte, que sería de infarto. Nada más comenzar,
volvió a marcar Diego Alonso. Y recuerdo perfectamente como Diego lo celebraba
en el fondo sur mientras una avalancha de gente se agolpaba en la valla para
festejar con él el gol. Ese gol no era uno cualquiera, ese gol era de Primera.

Poco después empataba el Nàstic. Y de nuevo, el Atlético se
pondría por delante en el marcador. Esta vez Correa, el ‘Petete’, uno de mis
jugadores favoritos de aquella época, sería el encargado de anotar. El Calderón
explotaba de alegría.

Y esto que os voy a contar, lo tengo grabado como si esa
falta se estuviera produciendo en ese momento. Cuando faltaba un minuto para
terminar el partido, una falta lanzada por Cuéllar se colaba por la portería
del ‘Mono’ Burgos, en el fondo norte, empatando el partido. A la vez que se
hacía el silencio en el Vicente Calderón, el árbitro pitaba el final del partido.
Volvían las lágrimas, pero de tristeza. El Atleti rozó el ascenso a Primera,
pero se le escapó en los minutos finales ante su afición. Volví a casa triste,
pero con una cosa muy clara que transmití a mis tíos: “yo creo que la semana
que viene vamos a volver a llorar, pero de alegría. Seguro que vamos a subir”.

Con 10 años tenía claro lo que significaba el Atleti.
El Atleti era fe, pasión, sufrimiento y coraje. Y hoy, con unos cuantos más,
sigo teniendo claro que eso mismo es el Atleti.

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Cuantísimos recuerdos se me vienen a la cabeza al pensar en
todo lo vivido en el Estadio Vicente Calderón: sonrisas, lágrimas, enfados,
alegría, y un sinfín de sensaciones difíciles de explicar. No hay nada más
bonito que recordar lo vivido, aunque no termine como esperabas, como fue mi
caso. Pero empecemos por el principio. Voy a echar la vista atrás casi 15 años.

Mi primer recuerdo no es contra Real Madrid, Sevilla o
Barcelona. No. Es en la temporada 2001/2002, en Segunda División y en la tarde
de un domingo soleado un 27 de abril: Atlético de Madrid – Nàstic de Tarragona.
Diego Alonso, Antonio López, Hibic, Aguilera, Nagore, el ‘Mono’ Burgos en
portería y Fernando Torres, que recuerde, formaban parte del once inicial. En
el banquillo Luis Aragonés. Y en las gradas, qué os voy a contar… ¡ambientazo!

Se adelantaba el Nàstic, tras unos minutos llenos de
intensidad en los que el balón pasaba de un equipo a otro en décimas de
segundo. No tardó en responder Diego Alonso a pase de Torres. Y se quedaría así
el marcador hasta la segunda parte, que sería de infarto. Nada más comenzar,
volvió a marcar Diego Alonso. Y recuerdo perfectamente como Diego lo celebraba
en el fondo sur mientras una avalancha de gente se agolpaba en la valla para
festejar con él el gol. Ese gol no era uno cualquiera, ese gol era de Primera.

Poco después empataba el Nàstic. Y de nuevo, el Atlético se
pondría por delante en el marcador. Esta vez Correa, el ‘Petete’, uno de mis
jugadores favoritos de aquella época, sería el encargado de anotar. El Calderón
explotaba de alegría.

Y esto que os voy a contar, lo tengo grabado como si esa
falta se estuviera produciendo en ese momento. Cuando faltaba un minuto para
terminar el partido, una falta lanzada por Cuéllar se colaba por la portería
del ‘Mono’ Burgos, en el fondo norte, empatando el partido. A la vez que se
hacía el silencio en el Vicente Calderón, el árbitro pitaba el final del partido.
Volvían las lágrimas, pero de tristeza. El Atleti rozó el ascenso a Primera,
pero se le escapó en los minutos finales ante su afición. Volví a casa triste,
pero con una cosa muy clara que transmití a mis tíos: “yo creo que la semana
que viene vamos a volver a llorar, pero de alegría. Seguro que vamos a subir”.

Con 10 años tenía claro lo que significaba el Atleti.
El Atleti era fe, pasión, sufrimiento y coraje. Y hoy, con unos cuantos más,
sigo teniendo claro que eso mismo es el Atleti.

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