_Alemania

Sonrisas, lágrimas y épica

Los clubes alemanes han protagonizado algunas finales de competición europea muy interesantes y recordadas con el paso de los años. Hay dos que destacan sobre todas ellas, obviando la que disputaron Bayern y Dortmund en el año 2013, que tuvo final feliz y triste para el fútbol alemán. Toca recordar al Leverkusen que se hizo con la Copa UEFA en 1988 ganando al RCD Espanyol en una eliminatoria a doble partido y al Bayern que perdió la Liga de Campeones, en dos minutos, ante el Manchester United.

SONRISAS. COPA UEFA 1987-88

El Bayer Leverkusen de Enrich Ribbeck consiguió el pase para la tercera competición continental tras finalizar en sexta posición la temporada anterior, haciéndose con la última plaza que la Bundesliga daba para disputar dicho torneo. En aquel equipo destacaban nombres como Herbert Waas y Christian Schreier, sus máximo goleadores, o el coreano Cha-Bum Kun.

La aventura de aquel año para los de la farmacéutica comenzó en el Ernst Happel de Viena, donde el Bayern había perdido la final de Copa de Europa meses atrás, ante el FC Porto, o la selección germana cayó ante España varias décadas después, en la final de la Eurocopa. Allí, ante el Austria Viena, el primer partido acabó sin goles, con todo a decidir para la vuelta. En la vuelta no hubo dudas, puesto que los germanos se impusieron por 5-1, dejando fuera a su oponente con cierta claridad. El Espanyol, por otro lado, hacía añicos las esperanzas del Borussia Mönchengladbach, venciéndoles también por 5-1 en el global de la eliminatoria.

La siguiente ronda tuvo al Toulouse como contendiente, decidiéndose la eliminatoria en Alemania gracias a un gol de Schreier y al empate de la ida en Francia (1-1). Mientras tanto, el conjunto catalán eliminaba al AC Milan, quienes serían campeones de la Copa de Europa por dos veces consecutivas. Un solitario gol de Götz en Leverkusen decidió también la siguiente eliminatoria para ellos, tras empatar ante el Feyenoord días antes, superando la ronda de octavos de final. El RCD Espanyol, por su parte, asaltaba de nuevo la ciudad de Milán venciendo al Inter.

En cuartos de final, ante el FC Barcelona, el brasileño Tita anotó el único gol transcurrida la hora de juego del partido de vuelta. El Espanyol también derrotó por la mínima al Víktovice checo. La trayectoria de ambos clubes estaba siendo similar hasta esa ronda, al menos en lo que a resultados se refiere. Excepto la primera ronda, el resto fueron decididas prácticamente por un gol de diferencia. En semifinales tocó duelo fratricida ante el Werder Bremen, que se decantó para el lado del Bayer gracias a un tanto de Reinhardt en la ida. Los periquitos, por su parte, jugaban la vuelta con un 2-0 en contra, remontándolo a un minuto del final de la prórroga y consiguiendo el pase a la gran final.

Llegó el momento del primer round con Sarriá como escenario. Un doblete de Losada y otro tanto de Soler pusieron la eliminatoria cuesta arriba para los de Ribbeck, que vieron cómo su rival les pasaba por encima. Pero aún tenían la esperanza de darle la vuelta en su territorio. Al descanso del partido reinaba el pesimismo. No se había conseguido ningún gol antes de la primera parte, lo que ponía aún más complicadas las posibilidades de título para el conjunto germano. Pero, tras la reanudación, llegó el milagro. Tita, Götz y Cha Bum-Kum empataron la final en 24 minutos y el título se acabó decidiendo en los penaltis, donde fue mejor el Leverkusen, que falló sólo uno de cuatro lanzamientos, mientras que los catalanes fallaron tres de cinco.

LÁGRIMAS. COPA DE EUROPA 1998-99

Los bávaros se habían visto sorprendidos por el recién ascendido Kaiserslautern la temporada anterior de aquella nueva final europea, relevándolos a la segunda plaza en la competición liguera. Tras eliminar en la previa al Obilic de Belgrado de manera solvente, el Bayern quedó encuadrado en un grupo junto al Brondby danés, el FC Barcelona y, casualmente, el Manchester United. A la siguiente ronda accedieron alemanes e ingleses, con empates entre ellos en los duelos directos (2-2 en el Olímpico y 1-1 en Old Trafford). Y esa fase de grupos no había empezado nada bien, con la derrota en Dinamarca por 2-1, pero aquella fue, en ese momento, la única en dicha parte de la temporada.

Para más curiosidad, el Kaiserslautern volvía a cruzarse en el camino en los cuartos de final de esa Liga de Campeones ante el club que les quitó el título de liga, de manera sorprendente, ganándoles en ambos duelos directos, algo que no consiguió nadie aquella temporada. Los muniqueses, en esta ocasión, no tuvieron rival, puesto que pasaron a semifinales con una victoria global de 6-0.

En las semifinales, el penúltimo escalón antes de poder levantar el trofeo, el Bayern de Ottmar Hitzfeld se vio con el Dinamo Kiev, disputando la ida en tierras ucranianas y con un partido más que emocionante, que acabó con un empate con muchos goles (3-3). Un día en el que Andriy Shevchenko se desató, marcando dos de los tantos de su equipo. Los alemanes perdían 3-1 en el minuto 50 del encuentro y los tantos de Effenberg y Jancker en el último tramo del partido elevaron las esperanzas bávaras de disputar una nueva final si en la vuelta se imponían en su casa. Tras aquel encuentro frenético, la vuelta se disputó días después y se decantó con un solitario gol de Mario Basler, que colocaba a los de Múnich en una nueva final, ante un rival al que ya se habían enfrentado meses antes, el Manchester United de Alex Ferguson.

El Camp Nou había sido la sede elegida para esa final entre dos de los transatlánticos europeos. Pronto, cumpliéndose seis minutos de la final, Mario Basler adelantaba a los alemanes en el marcador. El mismo que marcó el tanto que les daba el pase a la final, anotaba también en el último partido. El técnico escocés metió en la segunda mitad a Teddy Sheringham y Ole Gunnar Solskjaer, el actual técnido de los red devils, sin saber que, ellos dos, dejarían una huella imborrable en una de las finales más recordadas de la historia. El encuentro había cumplido los 90 minutos y se jugaba el descuento. En dos jugadas a balón parado, los ingleses le dieron la vuelta al marcador, con tantos de los futbolistas que salieron desde el banquillo por parte del conjunto británico. El Manchester United ganaba la copa en el último suspiro. Los dos minutos más dramáticos de la historia del Bayern Münich, que vio cómo se le escapó un título que tenían en la mano por dos jugadas que pudieron ser evitables. Así es la vida, si la de la UEFA de 1988 fue una final con resultado feliz, la de la Copa de Europa del 99 se convirtió en pesadilla para un equipo acostumbrado a ganar títulos, tanto en el país, como en el continente.

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Los clubes alemanes han protagonizado algunas finales de competición europea muy interesantes y recordadas con el paso de los años. Hay dos que destacan sobre todas ellas, obviando la que disputaron Bayern y Dortmund en el año 2013, que tuvo final feliz y triste para el fútbol alemán. Toca recordar al Leverkusen que se hizo con la Copa UEFA en 1988 ganando al RCD Espanyol en una eliminatoria a doble partido y al Bayern que perdió la Liga de Campeones, en dos minutos, ante el Manchester United.

SONRISAS. COPA UEFA 1987-88

El Bayer Leverkusen de Enrich Ribbeck consiguió el pase para la tercera competición continental tras finalizar en sexta posición la temporada anterior, haciéndose con la última plaza que la Bundesliga daba para disputar dicho torneo. En aquel equipo destacaban nombres como Herbert Waas y Christian Schreier, sus máximo goleadores, o el coreano Cha-Bum Kun.

La aventura de aquel año para los de la farmacéutica comenzó en el Ernst Happel de Viena, donde el Bayern había perdido la final de Copa de Europa meses atrás, ante el FC Porto, o la selección germana cayó ante España varias décadas después, en la final de la Eurocopa. Allí, ante el Austria Viena, el primer partido acabó sin goles, con todo a decidir para la vuelta. En la vuelta no hubo dudas, puesto que los germanos se impusieron por 5-1, dejando fuera a su oponente con cierta claridad. El Espanyol, por otro lado, hacía añicos las esperanzas del Borussia Mönchengladbach, venciéndoles también por 5-1 en el global de la eliminatoria.

La siguiente ronda tuvo al Toulouse como contendiente, decidiéndose la eliminatoria en Alemania gracias a un gol de Schreier y al empate de la ida en Francia (1-1). Mientras tanto, el conjunto catalán eliminaba al AC Milan, quienes serían campeones de la Copa de Europa por dos veces consecutivas. Un solitario gol de Götz en Leverkusen decidió también la siguiente eliminatoria para ellos, tras empatar ante el Feyenoord días antes, superando la ronda de octavos de final. El RCD Espanyol, por su parte, asaltaba de nuevo la ciudad de Milán venciendo al Inter.

En cuartos de final, ante el FC Barcelona, el brasileño Tita anotó el único gol transcurrida la hora de juego del partido de vuelta. El Espanyol también derrotó por la mínima al Víktovice checo. La trayectoria de ambos clubes estaba siendo similar hasta esa ronda, al menos en lo que a resultados se refiere. Excepto la primera ronda, el resto fueron decididas prácticamente por un gol de diferencia. En semifinales tocó duelo fratricida ante el Werder Bremen, que se decantó para el lado del Bayer gracias a un tanto de Reinhardt en la ida. Los periquitos, por su parte, jugaban la vuelta con un 2-0 en contra, remontándolo a un minuto del final de la prórroga y consiguiendo el pase a la gran final.

Llegó el momento del primer round con Sarriá como escenario. Un doblete de Losada y otro tanto de Soler pusieron la eliminatoria cuesta arriba para los de Ribbeck, que vieron cómo su rival les pasaba por encima. Pero aún tenían la esperanza de darle la vuelta en su territorio. Al descanso del partido reinaba el pesimismo. No se había conseguido ningún gol antes de la primera parte, lo que ponía aún más complicadas las posibilidades de título para el conjunto germano. Pero, tras la reanudación, llegó el milagro. Tita, Götz y Cha Bum-Kum empataron la final en 24 minutos y el título se acabó decidiendo en los penaltis, donde fue mejor el Leverkusen, que falló sólo uno de cuatro lanzamientos, mientras que los catalanes fallaron tres de cinco.

LÁGRIMAS. COPA DE EUROPA 1998-99

Los bávaros se habían visto sorprendidos por el recién ascendido Kaiserslautern la temporada anterior de aquella nueva final europea, relevándolos a la segunda plaza en la competición liguera. Tras eliminar en la previa al Obilic de Belgrado de manera solvente, el Bayern quedó encuadrado en un grupo junto al Brondby danés, el FC Barcelona y, casualmente, el Manchester United. A la siguiente ronda accedieron alemanes e ingleses, con empates entre ellos en los duelos directos (2-2 en el Olímpico y 1-1 en Old Trafford). Y esa fase de grupos no había empezado nada bien, con la derrota en Dinamarca por 2-1, pero aquella fue, en ese momento, la única en dicha parte de la temporada.

Para más curiosidad, el Kaiserslautern volvía a cruzarse en el camino en los cuartos de final de esa Liga de Campeones ante el club que les quitó el título de liga, de manera sorprendente, ganándoles en ambos duelos directos, algo que no consiguió nadie aquella temporada. Los muniqueses, en esta ocasión, no tuvieron rival, puesto que pasaron a semifinales con una victoria global de 6-0.

En las semifinales, el penúltimo escalón antes de poder levantar el trofeo, el Bayern de Ottmar Hitzfeld se vio con el Dinamo Kiev, disputando la ida en tierras ucranianas y con un partido más que emocionante, que acabó con un empate con muchos goles (3-3). Un día en el que Andriy Shevchenko se desató, marcando dos de los tantos de su equipo. Los alemanes perdían 3-1 en el minuto 50 del encuentro y los tantos de Effenberg y Jancker en el último tramo del partido elevaron las esperanzas bávaras de disputar una nueva final si en la vuelta se imponían en su casa. Tras aquel encuentro frenético, la vuelta se disputó días después y se decantó con un solitario gol de Mario Basler, que colocaba a los de Múnich en una nueva final, ante un rival al que ya se habían enfrentado meses antes, el Manchester United de Alex Ferguson.

El Camp Nou había sido la sede elegida para esa final entre dos de los transatlánticos europeos. Pronto, cumpliéndose seis minutos de la final, Mario Basler adelantaba a los alemanes en el marcador. El mismo que marcó el tanto que les daba el pase a la final, anotaba también en el último partido. El técnico escocés metió en la segunda mitad a Teddy Sheringham y Ole Gunnar Solskjaer, el actual técnido de los red devils, sin saber que, ellos dos, dejarían una huella imborrable en una de las finales más recordadas de la historia. El encuentro había cumplido los 90 minutos y se jugaba el descuento. En dos jugadas a balón parado, los ingleses le dieron la vuelta al marcador, con tantos de los futbolistas que salieron desde el banquillo por parte del conjunto británico. El Manchester United ganaba la copa en el último suspiro. Los dos minutos más dramáticos de la historia del Bayern Münich, que vio cómo se le escapó un título que tenían en la mano por dos jugadas que pudieron ser evitables. Así es la vida, si la de la UEFA de 1988 fue una final con resultado feliz, la de la Copa de Europa del 99 se convirtió en pesadilla para un equipo acostumbrado a ganar títulos, tanto en el país, como en el continente.

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