_Otros

Ser ‘Niño’ de por vida

David Sánchez @dasanchez__ 22-05-2018

etiquetas:

Las caras hablan por sí solas. Hablan sin
pronunciar una sola palabra. Porque saben lo que va a ocurrir. Porque son
conscientes que, tras el día de hoy, habrá un vacío. Un vacío lleno –qué extraña sensación- con esa
Europa League final que ha rematado su periplo vestido de rojiblanco. Ese
trofeo con el que soñaba cuando sus pecas deslumbraban por los campos con el
mismo brillo que el escudo de su camiseta. Con el mismo orgullo que lo ha
paseado todo este tiempo. Y lo seguirá haciendo. Porque, con el Atleti, uno
nace y muere.

Ser de Torres es sentir al Atleti con la
misma humildad que el de Fuenlabrada. Ser de Torres se compara con muy pocas
cosas en la vida. Solo porque serlo es inherente al Atlético de Madrid en una
plenitud interior que genera un estado de paz que el budismo querría. Ser de
Torres es verse reflejado en aquel pequeño que, en la temporada 1993-1994,
entraba por primera vez al Calderón, ante el Compostela, en la grada lateral, junto
a su padre y prendido de la mano de Aurelio, su abuelo. Eso es el Atleti. De
padres a hijos.

Ser de Torres es viajar al 27 de mayo de
2001. Jornada 39. El equipo, en Segunda. Minuto 64. Cartelón arriba. Fernando,
al césped sagrado del Manzanares. “
Cuando era chaval
pensaba que al llegar lo tenía todo hecho pero estaba equivocado: aquel día
sólo di el primer paso
”. Ahora, en el silencio de un estadio vacío,
se sigue escuchando el “Fernando Tooooorres,
lololololo, Fernando Tooooorres lololololo
”.

Como se vio el viernes en Neptuno, donde las
lágrimas ahogaron al ‘Niño’. A ese mismo impúber que vio y celebró, tras la
valla, al Atleti del doblete en el mismo sitio. Que coge el micro y lanza al
cielo de la capital, entre lágrimas, aquello de “a todos los niños que tengan
sueños, nada es imposible. Y, si eres atlético, menos”. Su sueño es la mejor de
las realidades ahora. Se cierra el círculo. Merecido. Si no sabes de dónde
vienes, es difícil saber adónde quieres ir. Fernando es pasión, es esfuerzo y es
trabajo. Es el triunfo de un sentimiento.

Hoy el Metropolitano llena el caudal del
Manzanares. No importa la distancia. El Atleti se mudó pero hoy hay mucho de
Calderón en el nuevo estadio. Allí Fernando se construyó. Vivió su regreso, con
unas gradas colmadas, que lo recibieron con vítores y aplausos. Los mismos que
le despiden llorando en este eterno 20 de mayo de 2018. El corazón guarda
fotos. No hay mejor sitio.

Fernando es el viejo escudo. Aquel que
Luis le enseñó que “no se pisa”. El que está por encima de todos y todo. El que
traspasa la piel teñida de rojo, blanco y azul. El que llena el aire de una
ilusión especial después de cada “Atleti,
yo te amo”.
El de Fernando es el mejor de los amores a un escudo. Cuestión
de creer, nunca dejar de creer.

Porque el Atleti, como dijo en su día
Tiago, es eso “que te roza y te hace, para toda una vida”. Es una fusión de
emociones edulcoradas con letras de Sabina. Es llevar la camiseta del club, al
día siguiente, pese a la derrota. “
Fueron años duros –en Segunda-
pero nunca llevé con más orgullo nuestra bandera que cuando no la quería
nadie”.
Si uno no entiende aún qué es el Atlético
de Madrid, quizá puede empezar a hacerlo mirándose en los ojos de Fernando
Torres.

Hoy le suplico al cielo que detenga el
tiempo. Que no pase. Que me arrope con la bandera que ondea allá afuera. Que me
acoja con la ternura y el amor de un equipo embebido en una bendita locura. Hoy
no quiero romper la acreditación. Hoy quiero bajar por Pirámides cantando. Hoy
quiero bailar bajo la lluvia de Madrid. La que te despide con tristeza a ti,
Fernando. Unida a las 68.000 almas que vertebran el Metropolitano tratando de
sostenerlo en pie –como si pudieran-. Hoy, más que nunca, quiero regresar años atrás.
Lo siento. Lo deseo.

Hoy, más que nunca, quiero ser ‘Niño’ de
por vida. Ya nada volverá a ser como antes.

Sp_

siguenos en:

©2019 Copyright Sphera Sports | Derechos reservados

Las caras hablan por sí solas. Hablan sin
pronunciar una sola palabra. Porque saben lo que va a ocurrir. Porque son
conscientes que, tras el día de hoy, habrá un vacío. Un vacío lleno –qué extraña sensación- con esa
Europa League final que ha rematado su periplo vestido de rojiblanco. Ese
trofeo con el que soñaba cuando sus pecas deslumbraban por los campos con el
mismo brillo que el escudo de su camiseta. Con el mismo orgullo que lo ha
paseado todo este tiempo. Y lo seguirá haciendo. Porque, con el Atleti, uno
nace y muere.

Ser de Torres es sentir al Atleti con la
misma humildad que el de Fuenlabrada. Ser de Torres se compara con muy pocas
cosas en la vida. Solo porque serlo es inherente al Atlético de Madrid en una
plenitud interior que genera un estado de paz que el budismo querría. Ser de
Torres es verse reflejado en aquel pequeño que, en la temporada 1993-1994,
entraba por primera vez al Calderón, ante el Compostela, en la grada lateral, junto
a su padre y prendido de la mano de Aurelio, su abuelo. Eso es el Atleti. De
padres a hijos.

Ser de Torres es viajar al 27 de mayo de
2001. Jornada 39. El equipo, en Segunda. Minuto 64. Cartelón arriba. Fernando,
al césped sagrado del Manzanares. “
Cuando era chaval
pensaba que al llegar lo tenía todo hecho pero estaba equivocado: aquel día
sólo di el primer paso
”. Ahora, en el silencio de un estadio vacío,
se sigue escuchando el “Fernando Tooooorres,
lololololo, Fernando Tooooorres lololololo
”.

Como se vio el viernes en Neptuno, donde las
lágrimas ahogaron al ‘Niño’. A ese mismo impúber que vio y celebró, tras la
valla, al Atleti del doblete en el mismo sitio. Que coge el micro y lanza al
cielo de la capital, entre lágrimas, aquello de “a todos los niños que tengan
sueños, nada es imposible. Y, si eres atlético, menos”. Su sueño es la mejor de
las realidades ahora. Se cierra el círculo. Merecido. Si no sabes de dónde
vienes, es difícil saber adónde quieres ir. Fernando es pasión, es esfuerzo y es
trabajo. Es el triunfo de un sentimiento.

Hoy el Metropolitano llena el caudal del
Manzanares. No importa la distancia. El Atleti se mudó pero hoy hay mucho de
Calderón en el nuevo estadio. Allí Fernando se construyó. Vivió su regreso, con
unas gradas colmadas, que lo recibieron con vítores y aplausos. Los mismos que
le despiden llorando en este eterno 20 de mayo de 2018. El corazón guarda
fotos. No hay mejor sitio.

Fernando es el viejo escudo. Aquel que
Luis le enseñó que “no se pisa”. El que está por encima de todos y todo. El que
traspasa la piel teñida de rojo, blanco y azul. El que llena el aire de una
ilusión especial después de cada “Atleti,
yo te amo”.
El de Fernando es el mejor de los amores a un escudo. Cuestión
de creer, nunca dejar de creer.

Porque el Atleti, como dijo en su día
Tiago, es eso “que te roza y te hace, para toda una vida”. Es una fusión de
emociones edulcoradas con letras de Sabina. Es llevar la camiseta del club, al
día siguiente, pese a la derrota. “
Fueron años duros –en Segunda-
pero nunca llevé con más orgullo nuestra bandera que cuando no la quería
nadie”.
Si uno no entiende aún qué es el Atlético
de Madrid, quizá puede empezar a hacerlo mirándose en los ojos de Fernando
Torres.

Hoy le suplico al cielo que detenga el
tiempo. Que no pase. Que me arrope con la bandera que ondea allá afuera. Que me
acoja con la ternura y el amor de un equipo embebido en una bendita locura. Hoy
no quiero romper la acreditación. Hoy quiero bajar por Pirámides cantando. Hoy
quiero bailar bajo la lluvia de Madrid. La que te despide con tristeza a ti,
Fernando. Unida a las 68.000 almas que vertebran el Metropolitano tratando de
sostenerlo en pie –como si pudieran-. Hoy, más que nunca, quiero regresar años atrás.
Lo siento. Lo deseo.

Hoy, más que nunca, quiero ser ‘Niño’ de
por vida. Ya nada volverá a ser como antes.

etiquetas: