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SD Eibar: una cuadrilla de amigos

En la primavera de 2014 tuve la fortuna de realizar una ruta por Guipúzcoa junto a unos amigos. Fueron cuatro días intensos en los que a duras penas pudimos visitar una decena de municipios. La última noche, con la nostalgia que suponía regresar de nuevo a la rutina, nos acercamos a San Sebastián para tomar unos pintxos en la Parte Vieja. Era tarde, pero todos los bares rebosaban de gente. En uno de ellos, de cuyo nombre quisiera acordarme, abrimos el debate sobre el estatus de la Real Sociedad en la Liga. Rápidamente, y sin tiempo para exponer nuestras teorías, un paisano nos abordó en la barra y exclamó: «¡Quien de verdad tiene mérito en esta tierra es el Eibar! Son una cuadrilla de amigos, pero hay que ganarles…». Aquella intervención nos dejó sin argumentos, ni siquiera supimos qué contestar, pero desvió definitivamente nuestra tertulia hacia otro lugar con la misma firmeza que en aquel momento demostraba el equipo armero en Segunda.

Meses después el Eibar ascendió, por vez primera en su historia, a la máxima categoría del fútbol nacional. Y hasta hoy. Un más que justo premio a un club humilde que hizo de su existencia una razón familiar. Aquel hombre acertó de pleno. El Eibar es mucho más que fútbol. Es una familia. Una cuadrilla de amigos. Y quien ha tenido la suerte de vivirlo desde dentro así lo atestigua. Pregunten a Raúl Albentosa, Keko o Borja Bastón, entre otros. Quien viste su camiseta regresa a la esencia del balompié de antaño. Del que se juega en las plazoletas y en los verdes prados del País Vasco. Un magnífico ejemplo es Pedro León, que vive una segunda juventud; o Sergi Enrich, uno de los mejores delanteros del momento, que, tras haber pasado por un buen número de equipos, ha encontrado al fin su sitio. El Eibar no ficha jugadores; los acoge y los forma como personas. Los integra en un entorno en el que los propios futbolistas se sienten queridos. Como en casa. Esa es la clave. El rendimiento, pues, resulta directamente proporcional a la cobertura emocional que se les brinda desde que pisan por primera vez Ipurua.

Pero si de algo puede presumir este Eibar es de coraje y pundonor. Es una verdadera delicia ver cómo disputa cada pelota este equipo. Todos bregan por una causa común. Y de eso tiene buena parte de culpa José Luis Mendilibar. El Eibar muerde en cada duelo, se desloma en cada acción. Un ejemplo de solidaridad. Nunca da un partido por perdido. Lógico y normal que cada vez sea menos utópico pensar en verle algún día paseándose por Europa. Su presupuesto es limitadísimo, pero su capacidad de superación es envidiable. Las bases son cada vez más sólidas. Y los futbolistas parecen haber asimilado con creces su labor en el terreno de juego. Todos saben cuál es su cometido. Queda demostrado cada jornada. El camino que queda por delante es arduo, lleno de espinas, pero a estas alturas ya ha firmado virtualmente su permanencia en Primera otro año más. Pocos cuentan con el Eibar, pero ningún otro equipo puede presumir de ser una familia como ellos. Ya saben, son una cuadrilla de amigos, ¡pero cómo cuesta ganarles…!

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