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Reflexión sobre el «cuando quieren, vuelan»

Fermín Suárez @FerminSuarez03 07-03-2014

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Fermín SUÁREZ

Fermín SUÁREZ – El Barça sigue sin tener claro cuál es el sendero de la regularidad. Corrijo: sí que sabe cómo encontrarlo (a los éxitos me remito), pero prefiere atajar a base de cartillas de racionamiento, conscientes sus jugadores de la exigencia que implica el tramo final de temporada y la disputa del Mundial.

Puede invitar a la reflexión que, en el enfrentamiento de España contra Italia, partieran de inicio cinco azulgranas (Alba, Busi, Iniesta, Cesc y Pedro) y todos rayaran a un alto nivel. Pero no estamos hablando solamente de un alto nivel técnico, que ya se presupone, sino también de una gran exuberancia física puesto que metieron una marcha más y se contagiaron de la envergadura de la cita –es evidente que sólo era un amistoso pero la enjundia del rival suponía un banco de pruebas excelente para Del Bosque–. Es decir, cuando quieren, vuelan. O, mejor dicho, vuela la pelota, aunque también es cierto que ante Italia había un canalizador llamado Thiago al que, en vez de quemarle el balón, lo abrasaba con pases precisos y potentes a uno o dos toques. Tal vez eso en el Barça ya no ocurra con tanta asiduidad.

El adiós de una leyenda. Puyol abandonará el Barça a final de temporada con la vitola de haber sido, no hace mucho, uno de los mejores centrales del mundo. Con Piqué, llegó a consolidar un eje de la defensa impenetrable, impecable e intratable. El estilo del mejor Barça de la historia no se hubiera entendido sin dos centrales que tiraran la línea defensiva tan arriba, ejerciendo presión e inclinación sobre el resto de líneas para estirarlas y que los jugadores ofensivos pudieran robar cerca del área contraria. Y Puyol, en ese cometido, fue clave, un mariscal que se sentía cómodo dejando pistas de aterrizaje a sus espaldas porque sabía que con su bravura y velocidad podría remediar cualquier contraataque. Siempre arriesgaba porque era consciente de que a su equipo jugar de ese modo le beneficiaba, pero eso nunca ha sido fácil para un central, que suele despuntar y vivir más cómodo arropado por el centro del campo y pertrechado cerca del área. Lástima que tenga que hablar de él en pasado pese a que todavía le quede fútbol. Pero fútbol de menos exigencia.


Carles Puyol dejará el FC Barcelona el 30 de junio | Getty Images

El inicio del cambio. Valdés y Puyol marcharán, y Xavi tras el Mundial deberá racionar aún más sus esfuerzos. Tres de los cinco emblemas del equipo (más Iniesta y Messi), aquellos que en su momento dieron el sello y el corazón, ya no estarán en condiciones de capitanear el rejuvenecimiento de la plantilla. Un cambio paulatino se antoja necesario. Pocas veces en la historia un equipo había convivido tanto tiempo con el éxito pese a la carga inhumana de partidos y competiciones que arrastra. Aun así, el Barça ya aplazó este verano una ocasión propicia para aderezar el equipo con nuevos condimentos que contagiaran al resto de ilusión y ambición, y que pusieran en aprietos a los titulares desde los entrenamientos. Ter Stegen ya está pactado, Rafinha regresará tras cesión y ahora se necesita (al igual que en este verano) un central. David Luiz, Balanta, Agger, Vergini, Umtiti, Mangala, Musacchio, Laporte, Dragovic, Schar, Iñigo o Gouweleeuw vuelven a nutrir la lista de futuribles.

La afición despierta. Ante el Almería, se escucharon silbidos en el Camp Nou por parte de un sector minoritario de la afición, aburrido del ritmo tedioso y parsimonioso que estaba imprimiendo un Barça que hasta el minuto 82 no finiquitó a un Almería totalmente inofensivo. La afición exigió. La afición se expresó. La afición no quiere goleadas atronadoras, no quiere espectáculos circenses. En cambio, sí quiere compromiso y sudor sobre el césped. Al público no se le puede engañar. Paco Jémez dijo hace poco en una entrevista a El País que “que cojones le damos al público para que venga a vernos, tenemos una responsabilidad con el que paga”. El Barça se dio cuenta del descontento parcial y atornilló el encuentro subiendo la intensidad y marcando dos goles. Cuando quieren, vuelan.

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Fermín SUÁREZ – El Barça sigue sin tener claro cuál es el sendero de la regularidad. Corrijo: sí que sabe cómo encontrarlo (a los éxitos me remito), pero prefiere atajar a base de cartillas de racionamiento, conscientes sus jugadores de la exigencia que implica el tramo final de temporada y la disputa del Mundial.

Puede invitar a la reflexión que, en el enfrentamiento de España contra Italia, partieran de inicio cinco azulgranas (Alba, Busi, Iniesta, Cesc y Pedro) y todos rayaran a un alto nivel. Pero no estamos hablando solamente de un alto nivel técnico, que ya se presupone, sino también de una gran exuberancia física puesto que metieron una marcha más y se contagiaron de la envergadura de la cita –es evidente que sólo era un amistoso pero la enjundia del rival suponía un banco de pruebas excelente para Del Bosque–. Es decir, cuando quieren, vuelan. O, mejor dicho, vuela la pelota, aunque también es cierto que ante Italia había un canalizador llamado Thiago al que, en vez de quemarle el balón, lo abrasaba con pases precisos y potentes a uno o dos toques. Tal vez eso en el Barça ya no ocurra con tanta asiduidad.

El adiós de una leyenda. Puyol abandonará el Barça a final de temporada con la vitola de haber sido, no hace mucho, uno de los mejores centrales del mundo. Con Piqué, llegó a consolidar un eje de la defensa impenetrable, impecable e intratable. El estilo del mejor Barça de la historia no se hubiera entendido sin dos centrales que tiraran la línea defensiva tan arriba, ejerciendo presión e inclinación sobre el resto de líneas para estirarlas y que los jugadores ofensivos pudieran robar cerca del área contraria. Y Puyol, en ese cometido, fue clave, un mariscal que se sentía cómodo dejando pistas de aterrizaje a sus espaldas porque sabía que con su bravura y velocidad podría remediar cualquier contraataque. Siempre arriesgaba porque era consciente de que a su equipo jugar de ese modo le beneficiaba, pero eso nunca ha sido fácil para un central, que suele despuntar y vivir más cómodo arropado por el centro del campo y pertrechado cerca del área. Lástima que tenga que hablar de él en pasado pese a que todavía le quede fútbol. Pero fútbol de menos exigencia.


Carles Puyol dejará el FC Barcelona el 30 de junio | Getty Images

El inicio del cambio. Valdés y Puyol marcharán, y Xavi tras el Mundial deberá racionar aún más sus esfuerzos. Tres de los cinco emblemas del equipo (más Iniesta y Messi), aquellos que en su momento dieron el sello y el corazón, ya no estarán en condiciones de capitanear el rejuvenecimiento de la plantilla. Un cambio paulatino se antoja necesario. Pocas veces en la historia un equipo había convivido tanto tiempo con el éxito pese a la carga inhumana de partidos y competiciones que arrastra. Aun así, el Barça ya aplazó este verano una ocasión propicia para aderezar el equipo con nuevos condimentos que contagiaran al resto de ilusión y ambición, y que pusieran en aprietos a los titulares desde los entrenamientos. Ter Stegen ya está pactado, Rafinha regresará tras cesión y ahora se necesita (al igual que en este verano) un central. David Luiz, Balanta, Agger, Vergini, Umtiti, Mangala, Musacchio, Laporte, Dragovic, Schar, Iñigo o Gouweleeuw vuelven a nutrir la lista de futuribles.

La afición despierta. Ante el Almería, se escucharon silbidos en el Camp Nou por parte de un sector minoritario de la afición, aburrido del ritmo tedioso y parsimonioso que estaba imprimiendo un Barça que hasta el minuto 82 no finiquitó a un Almería totalmente inofensivo. La afición exigió. La afición se expresó. La afición no quiere goleadas atronadoras, no quiere espectáculos circenses. En cambio, sí quiere compromiso y sudor sobre el césped. Al público no se le puede engañar. Paco Jémez dijo hace poco en una entrevista a El País que “que cojones le damos al público para que venga a vernos, tenemos una responsabilidad con el que paga”. El Barça se dio cuenta del descontento parcial y atornilló el encuentro subiendo la intensidad y marcando dos goles. Cuando quieren, vuelan.

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