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Quinceañeros

Daniel Fernández-Pacheco @DFPV96 04-03-2020

Sé de alguien que preguntó al guardia de seguridad de Goodison Park que dónde estaba el coche de Leighton Baines que, por favor, no se le podía escapar. Cuando este le respondió con el lugar correspondiente, el susodicho esperó en su vehículo mientras llovía y le pidió que le firmara la camiseta cuando, por fin, el futbolista terminó sus quehaceres en el vestuario. Lástima que para que alguien te estampe su firma, necesites un bolígrafo. El protagonista no lo tenía. Baines, decidido a irse a casa porque no soportaba la fina pero insistente lluvia de Liverpool, sacó con premura un rotulador de su guantera y le firmó la zamarra previamente a hacerse una foto con él. Había pasado hora y media del encuentro correspondiente a la Premier League. Asegura que valió la pena la espera.

Es mejor no decir nombres, pero si alguien se merece tiempo es el lateral del Everton. El de Kirby llegó en 2007 por seis millones de libras, un precio alto por un lateral en aquellos tiempos, y desde ahí ha estado toda su carrera, cuajando una trayectoria que pocos pueden soñar. Él siempre quiso jugar en el primer equipo de los toffees, pero tuvo que buscarse la vida en el Wigan Athletic cuando era niño. Fue claro con Roy Keane, técnico del Sunderland en aquel momento y que ansiaba con tenerle en sus filas cuando ya destacaba en los latics. Los black cats perseguían su zurda de terciopelo desde hacía meses y tras varias intentonas consiguieron el permiso para hablar con él. Su charla fue un golpe duro para el mítico centrocampista del United, que pensaba que iba a conseguir que firmara el contrato: «Después del saludo, lo primero que me dijo es que él era un evertonian y si recibía una oferta suya se iba a marchar allí. Aprecié su honestidad.”  

Honestidad: Que actúa rectamente, cumpliendo su deber y de acuerdo con la moral. Quizás esa sea una de las palabras que mejor le definan. Pero no es solo esa la razón por la que el lateral es uno de los mayores iconos de su gente, la de la parte azul de la ciudad de los Beatles. Uno no se gana la fama en la élite siendo un tipo honrado. Baines es uno de los futbolistas que más ocasiones ha creado en toda la historia de la Premier League. Desde la banda izquierda. Siendo lateral en equipos que no han predominado por ser tremendamente ofensivos. Creó, especialmente, una sinergia con Steven Pienaar que le reconoció como uno de los mejores jugadores del principio de la década en la máxima categoría del fútbol inglés. Todos le miraban. De hecho, el actual Kevin De Bruyne, por poner un ejemplo, no ha podido superar sus mejores números en más de una temporada.

Por ello, en agosto de 2013 le llamó David Moyes para fichar por el Manchester United. El escocés apretó para llevarse a Old Trafford a dos de sus mejores futbolistas en sus 12 temporadas en Merseyside: él y Marouane Fellaini. Solo uno de ambos sucumbió al poder de los red devils. Solo uno apretó las tuercas del club para dar lo que parecía un gran salto en su carrera. Y ese no era Baines. El inglés, posteriormente, reconoció que si hubiera estado en otro club habría presionado por su traspaso. Pero el respeto por el Everton le alejó de las negociaciones a sabiendas que cualquier decisión, en manos de la entidad de sus amores, era buena para él. Si decidían no aceptar las suculentas ofertas era porque el club no lo requería y podía seguir peloteando por el flanco izquierdo de Goodison Park. Si se marchaba, jugaría la Champions League. Lo máximo para un futbolista.

Desde aquel momento la carrera de Baines ha transcurrido por un cauce tranquilo. Las malas decisiones del club a nivel global le han dejado sin títulos y sin poder haber debutado en la máxima competición continental, uno de sus mayores sueños. La llegada de Lucas Digne, alimentada por sus problemas físicos, le dejaron en el banquillo. Aun así, sigue luchando por su puesto: «No puedes decir, como futbolista, que desconectas porque no juegas. No obtengo los minutos que quiero y ahí es donde obtienes tu condición física para el partido. Entonces, ¿qué más puedo hacer para llegar a ese nivel? Siempre trato de hacer un trabajo extra con el staff para alcanzarlo«, aseguraba a la web oficial.

Ya no suele jugar como antes, excepto los encuentros que el francés ha estado lesionado. Este curso, sus apariciones han sido tan extraordinarias que ya se pide que firme un nuevo contrato. Baines, amigo y gran fan de los Arctic Monkeys, ha entrado en esa etapa de absoluta madurez en todos los sentidos. Tiene tiempo para pensar en su futuro. Le encanta la fotografía y ha asegurado que “siempre está buscando maneras de mejorar con la cámara, mirando tutoriales.” Pero, esta fase también es dura para el aficionado que le quiere porque sabe que cada vez le queda menos y que ya no hay renovaciones por 5 años, ya que tiene 35 primaveras. Hasta que no estampe su firma nadie puede estar nadie tranquilo. Especialmente el amigo que estuvo 90 minutos esperando cerca de su vehículo. Os aseguro que lo está pasando fatal.

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Sé de alguien que preguntó al guardia de seguridad de Goodison Park que dónde estaba el coche de Leighton Baines que, por favor, no se le podía escapar. Cuando este le respondió con el lugar correspondiente, el susodicho esperó en su vehículo mientras llovía y le pidió que le firmara la camiseta cuando, por fin, el futbolista terminó sus quehaceres en el vestuario. Lástima que para que alguien te estampe su firma, necesites un bolígrafo. El protagonista no lo tenía. Baines, decidido a irse a casa porque no soportaba la fina pero insistente lluvia de Liverpool, sacó con premura un rotulador de su guantera y le firmó la zamarra previamente a hacerse una foto con él. Había pasado hora y media del encuentro correspondiente a la Premier League. Asegura que valió la pena la espera.

Es mejor no decir nombres, pero si alguien se merece tiempo es el lateral del Everton. El de Kirby llegó en 2007 por seis millones de libras, un precio alto por un lateral en aquellos tiempos, y desde ahí ha estado toda su carrera, cuajando una trayectoria que pocos pueden soñar. Él siempre quiso jugar en el primer equipo de los toffees, pero tuvo que buscarse la vida en el Wigan Athletic cuando era niño. Fue claro con Roy Keane, técnico del Sunderland en aquel momento y que ansiaba con tenerle en sus filas cuando ya destacaba en los latics. Los black cats perseguían su zurda de terciopelo desde hacía meses y tras varias intentonas consiguieron el permiso para hablar con él. Su charla fue un golpe duro para el mítico centrocampista del United, que pensaba que iba a conseguir que firmara el contrato: «Después del saludo, lo primero que me dijo es que él era un evertonian y si recibía una oferta suya se iba a marchar allí. Aprecié su honestidad.”  

Honestidad: Que actúa rectamente, cumpliendo su deber y de acuerdo con la moral. Quizás esa sea una de las palabras que mejor le definan. Pero no es solo esa la razón por la que el lateral es uno de los mayores iconos de su gente, la de la parte azul de la ciudad de los Beatles. Uno no se gana la fama en la élite siendo un tipo honrado. Baines es uno de los futbolistas que más ocasiones ha creado en toda la historia de la Premier League. Desde la banda izquierda. Siendo lateral en equipos que no han predominado por ser tremendamente ofensivos. Creó, especialmente, una sinergia con Steven Pienaar que le reconoció como uno de los mejores jugadores del principio de la década en la máxima categoría del fútbol inglés. Todos le miraban. De hecho, el actual Kevin De Bruyne, por poner un ejemplo, no ha podido superar sus mejores números en más de una temporada.

Por ello, en agosto de 2013 le llamó David Moyes para fichar por el Manchester United. El escocés apretó para llevarse a Old Trafford a dos de sus mejores futbolistas en sus 12 temporadas en Merseyside: él y Marouane Fellaini. Solo uno de ambos sucumbió al poder de los red devils. Solo uno apretó las tuercas del club para dar lo que parecía un gran salto en su carrera. Y ese no era Baines. El inglés, posteriormente, reconoció que si hubiera estado en otro club habría presionado por su traspaso. Pero el respeto por el Everton le alejó de las negociaciones a sabiendas que cualquier decisión, en manos de la entidad de sus amores, era buena para él. Si decidían no aceptar las suculentas ofertas era porque el club no lo requería y podía seguir peloteando por el flanco izquierdo de Goodison Park. Si se marchaba, jugaría la Champions League. Lo máximo para un futbolista.

Desde aquel momento la carrera de Baines ha transcurrido por un cauce tranquilo. Las malas decisiones del club a nivel global le han dejado sin títulos y sin poder haber debutado en la máxima competición continental, uno de sus mayores sueños. La llegada de Lucas Digne, alimentada por sus problemas físicos, le dejaron en el banquillo. Aun así, sigue luchando por su puesto: «No puedes decir, como futbolista, que desconectas porque no juegas. No obtengo los minutos que quiero y ahí es donde obtienes tu condición física para el partido. Entonces, ¿qué más puedo hacer para llegar a ese nivel? Siempre trato de hacer un trabajo extra con el staff para alcanzarlo«, aseguraba a la web oficial.

Ya no suele jugar como antes, excepto los encuentros que el francés ha estado lesionado. Este curso, sus apariciones han sido tan extraordinarias que ya se pide que firme un nuevo contrato. Baines, amigo y gran fan de los Arctic Monkeys, ha entrado en esa etapa de absoluta madurez en todos los sentidos. Tiene tiempo para pensar en su futuro. Le encanta la fotografía y ha asegurado que “siempre está buscando maneras de mejorar con la cámara, mirando tutoriales.” Pero, esta fase también es dura para el aficionado que le quiere porque sabe que cada vez le queda menos y que ya no hay renovaciones por 5 años, ya que tiene 35 primaveras. Hasta que no estampe su firma nadie puede estar nadie tranquilo. Especialmente el amigo que estuvo 90 minutos esperando cerca de su vehículo. Os aseguro que lo está pasando fatal.

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Daniel Fernández-Pacheco @DFPV96
21-01-2022