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PROGRESO

Edu Rodríguez @EduRodri1996 27-08-2018

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El Barcelona encara la temporada 2018/19 con el objetivo de ganar la Champions League. Los resultados del último lustro son insuficientes y, para ello, se ha confeccionado una plantilla a la altura del reto. Los fichajes de Lenglet, Arthur, Vidal y Malcom no mejoran el teórico XI de gala, pero sí el banquillo, el gran talón de Aquiles de los azulgranas en los últimos tiempos.

El Barcelona siempre ha echado en falta jugadores capaces de revolucionar un partido. Esos futbolistas llamados a ser protagonistas cuando los encuentros se atascan y los nervios aparecen. Con Lenglet Valverde gana un perfecto escudero de la pareja Piqué-Umtiti, con Arthur gana control, con Vidal carácter y con Malcom desparpajo y un 1vs1.

De los cuatro refuerzos, Arturo Vidal ha sido el que más controversia ha generado, por alejarse de lo que es definido como el ADN azulgrana. En este caso, cabe tener en cuenta quién es el entrenador y qué busca. Valverde llegó la temporada pasada y pidió a Paulinho, un perfil más físico para determinados contextos. Tras el adiós del brasileño, Ernesto necesitaba un sustituto y el elegido, pese a las diferencias entre ambos futbolistas, fue Vidal, más completo que su predecesor. El fichaje del chileno por precio y por lo que puede aportar era una oportunidad de mercado que no debía desaprovecharse. No llega al Barcelona para ser titular, sino para ser un recurso y una pieza clave en campos en los que al equipo le pueda costar más, como podrían ser Mestalla, el Sánchez Pizjuán o el Wanda Metropolitano.

En cómputos generales, la dirección deportiva ha conseguido lo que buscaba: aumentar la competencia. Esta, sobre el papel, es buena, pero no es garantía de nada. El Barcelona se ha reforzado bien, pero ahora debe saber extraer el jugó de ello. Valverde contará con más alternativas, pero también deberá lidiar con más egos. Las primeras convocatorias, donde prácticamente cualquier jugador está capacitado para ser titular, son buena prueba de ello. La gestión del grupo será más importante que nunca.

Más allá de lo futbolístico, cabe remarcar también que, a diferencia de otros veranos, la gestión en este mercado ha sido excelente. Por un lado, porque por primera vez se ha vendido a precio de mercado. Es decir, no existe esa sensación de haber regalado jugadores. Tanto es así, que el club ingresará más dinero que el que ha gastado. Por otro lado, porque se ha trabajado sin hacer ruido y con sentido. Ya es habitual ver un sinfín de nombres en la prensa verano tras verano. De tantos que aparecen es normal que acaben acertando. No obstante, tanto la llegada de Vidal como la de Malcom fueron inesperadas. De la noche al día. Ese es un indicativo de que las cosas se están haciendo bien. El progreso es patente.

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El Barcelona encara la temporada 2018/19 con el objetivo de ganar la Champions League. Los resultados del último lustro son insuficientes y, para ello, se ha confeccionado una plantilla a la altura del reto. Los fichajes de Lenglet, Arthur, Vidal y Malcom no mejoran el teórico XI de gala, pero sí el banquillo, el gran talón de Aquiles de los azulgranas en los últimos tiempos.

El Barcelona siempre ha echado en falta jugadores capaces de revolucionar un partido. Esos futbolistas llamados a ser protagonistas cuando los encuentros se atascan y los nervios aparecen. Con Lenglet Valverde gana un perfecto escudero de la pareja Piqué-Umtiti, con Arthur gana control, con Vidal carácter y con Malcom desparpajo y un 1vs1.

De los cuatro refuerzos, Arturo Vidal ha sido el que más controversia ha generado, por alejarse de lo que es definido como el ADN azulgrana. En este caso, cabe tener en cuenta quién es el entrenador y qué busca. Valverde llegó la temporada pasada y pidió a Paulinho, un perfil más físico para determinados contextos. Tras el adiós del brasileño, Ernesto necesitaba un sustituto y el elegido, pese a las diferencias entre ambos futbolistas, fue Vidal, más completo que su predecesor. El fichaje del chileno por precio y por lo que puede aportar era una oportunidad de mercado que no debía desaprovecharse. No llega al Barcelona para ser titular, sino para ser un recurso y una pieza clave en campos en los que al equipo le pueda costar más, como podrían ser Mestalla, el Sánchez Pizjuán o el Wanda Metropolitano.

En cómputos generales, la dirección deportiva ha conseguido lo que buscaba: aumentar la competencia. Esta, sobre el papel, es buena, pero no es garantía de nada. El Barcelona se ha reforzado bien, pero ahora debe saber extraer el jugó de ello. Valverde contará con más alternativas, pero también deberá lidiar con más egos. Las primeras convocatorias, donde prácticamente cualquier jugador está capacitado para ser titular, son buena prueba de ello. La gestión del grupo será más importante que nunca.

Más allá de lo futbolístico, cabe remarcar también que, a diferencia de otros veranos, la gestión en este mercado ha sido excelente. Por un lado, porque por primera vez se ha vendido a precio de mercado. Es decir, no existe esa sensación de haber regalado jugadores. Tanto es así, que el club ingresará más dinero que el que ha gastado. Por otro lado, porque se ha trabajado sin hacer ruido y con sentido. Ya es habitual ver un sinfín de nombres en la prensa verano tras verano. De tantos que aparecen es normal que acaben acertando. No obstante, tanto la llegada de Vidal como la de Malcom fueron inesperadas. De la noche al día. Ese es un indicativo de que las cosas se están haciendo bien. El progreso es patente.

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