_Ciclismo

Pianura

Enrique Julián Gómez @EnriqueJulian23 21-05-2019

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Despectivamente, se conoce como típica etapa de primera semana a aquellas jornadas de inicios de una gran vuelta con fuga de tercera fila, pelotón a ritmo tranquilo y cambios de rasante catalogados como puertos de cuarta categoría. 

 

“La pegatina más inútil de siempre”, escribía en Twitter Thomas De Gendt al pegarse una gráfica con una línea completamente recta en el manillar. Ni siquiera una rampita presentaba la etapa que unía Rávena y Módena en apenas 145 kilómetros. Un recorrido completamente llano que chirría para un décimo día de Giro d’Italia, pero que busca sin éxito su paradójica coherencia en el hecho de formar parte de la Grande Partenza de la carrera, que salió hace más de una semana en Bologna, a apenas una hora de distancia de la meta. 

 

Seguramente los ciclistas agradecieron este perfil tras el primer día de descanso. Probablemente se perdió la oportunidad de preparar una emboscada teniendo en cuenta el enorme desgaste de la anterior etapa en la durísima contrarreloj de San Marino y  el pelotón aprovechó para pasear por la Vía Emilia hacia el noroeste entre los maizales, campos de trigo y cereales, verdes en esta época y motor de la rica Pianura Padana

 

Así, con su esencia de primera semana, el sprint era inevitable. Fran Ventoso, veterano vencedor de dos etapas del Giro, intentó sorprender al pelotón, donde cundió un nerviosismo que culminó en el último de los tópicos de este tipo de días. Una caída en el último kilómetro terminó con el ciclamino Ackermann y Moschetti en el suelo. Vía libre para que Arnaud Démare, perfectamente lanzado por Guarnieri, aguantara el empuje de Viviani para conseguir su deseada primera victoria en el Giro. Una alegría, un día más para el líder Conti y un día menos para el inicio de la montaña. 

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Despectivamente, se conoce como típica etapa de primera semana a aquellas jornadas de inicios de una gran vuelta con fuga de tercera fila, pelotón a ritmo tranquilo y cambios de rasante catalogados como puertos de cuarta categoría. 

 

“La pegatina más inútil de siempre”, escribía en Twitter Thomas De Gendt al pegarse una gráfica con una línea completamente recta en el manillar. Ni siquiera una rampita presentaba la etapa que unía Rávena y Módena en apenas 145 kilómetros. Un recorrido completamente llano que chirría para un décimo día de Giro d’Italia, pero que busca sin éxito su paradójica coherencia en el hecho de formar parte de la Grande Partenza de la carrera, que salió hace más de una semana en Bologna, a apenas una hora de distancia de la meta. 

 

Seguramente los ciclistas agradecieron este perfil tras el primer día de descanso. Probablemente se perdió la oportunidad de preparar una emboscada teniendo en cuenta el enorme desgaste de la anterior etapa en la durísima contrarreloj de San Marino y  el pelotón aprovechó para pasear por la Vía Emilia hacia el noroeste entre los maizales, campos de trigo y cereales, verdes en esta época y motor de la rica Pianura Padana

 

Así, con su esencia de primera semana, el sprint era inevitable. Fran Ventoso, veterano vencedor de dos etapas del Giro, intentó sorprender al pelotón, donde cundió un nerviosismo que culminó en el último de los tópicos de este tipo de días. Una caída en el último kilómetro terminó con el ciclamino Ackermann y Moschetti en el suelo. Vía libre para que Arnaud Démare, perfectamente lanzado por Guarnieri, aguantara el empuje de Viviani para conseguir su deseada primera victoria en el Giro. Una alegría, un día más para el líder Conti y un día menos para el inicio de la montaña. 

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